Solemos entender el valor de los momentos cuando se convierten en recuerdos

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Solemos entender el valor de los momentos cuando se convierten en recuerdos

La realidad es que pocas personas logran percatarse de lo que viven en su momento presente y darle el valor que corresponda, especialmente por estar pensando en otra cosa o esperando algo diferente que podría ocurrir en el futuro.

La frase: era feliz y no lo sabía, tiene tanto contenido de verdad que produce tristeza, vamos por la vida detrás de algo que muchas veces ni siquiera sabemos exactamente qué es lo que es, para luego de mucho recorrer, sentir que ese algo lo tuvimos en nuestras manos y no supimos reconocerlo.

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Debemos estar conscientes del presente, donde todo ocurre, debemos ser capaces de apreciar las cosas importantes en los pequeños detalles, ésas que nos dibujan en el rostro una sonrisa. Podemos tener nuestra mente siempre ocupada, por lo general preocupada  y de esta manera perdernos lo que tenemos justo en frente, esa persona especial que nos acaricia, ese juego con nuestro hijo pequeño que a veces queremos que termine pronto para hacer cosas de “mayor importancia”, ese café matutino que nos despierta y muchas veces nos tomamos por el simple hábito adquirido, son solo muestras de pequeños detalles que llenan nuestras vidas.

El poder accionar es algo que solo ocurre en el presente, porque es de lo único que disponemos, poder decir lo que sentimos, poder abrazar, poder dar, poder recibir, solo lo podemos hacer en un solo tiempo. El pasado son solo recuerdos que traemos al presente de una manera por lo general distorsionada y el futuro aun no es accesible a nuestras vidas.

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Así que no permitamos que algo esté en nuestros recuerdos para darle valor, no vivamos buscando aquello que creemos necesitar, ni esperando que las condiciones cambien para ser felices. Seamos felices con lo que tenemos en este preciso momento, demos prioridad a nuestros afectos, dediquémonos tiempo, hagamos las cosas con amor y entrega, pensemos que no tendremos otra oportunidad para vivir un momento determinado, así que hagámoslo desde el corazón, que cuando llegue a ser un recuerdo no queramos sumarle valor, ni mucho menos cambiarlo, que estemos satisfechos con lo que dimos e hicimos con los recursos que teníamos para ese entonces.

La vida se diluye rápidamente, saquémosle el jugo, exprimamos el tiempo, perdamos la costumbre de postergar, de no decir lo que sentimos, de no disfrutar y de no agradecer. Cada momento contiene la magia que nosotros le impartamos. Si este fuese tu último momento, ¿cómo lo vivirías?

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Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Tanto que hacer con tu vida y ¿prefieres dedicarla a lo que no te hace feliz?

Tanto que hacer con tu vida y ¿prefieres dedicarla a lo que no te hace feliz?

Parece un tanto ilógico, pero es lo que hacemos la mayoría de las personas con nuestro tiempo. Dedicamos la mayor parte de nuestra vida a cosas que no nos hacen felices, muchas veces ni siquiera logramos descubrir qué es aquello que nos hace vibrar, vivimos una vida sin propósito, sin pasión, en donde cada uno de sus días se parece mucho al anterior.

La vida nos ha sido ofrecida para disfrutarla, para bailarla, para sentir sus aromas y entender sus mensajes, la vida es para conocer personas, sitios, sabores, para admirar amaneceres y dormirnos con el sonido del mar de fondo, la vida es para admirar cada milagro, para enamorarnos de lo que hacemos, para reír, incluso para llorar, para aprender a amar y para ser amados.

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La vida es complicada si la vemos de esa manera, si aprendemos a relajarnos, a fluir con ella y a dedicarle nuestro tiempo a lo que nos hace feliz, realmente estaremos montados en la ola correcta, aprendiendo y creciendo, pero siempre disfrutando.

El amar la vida comienza por amarnos a nosotros mismos, aceptarnos, dejar de juzgarnos y limitarnos, no sabotear nuestros planes y menos nuestra vida cuando creemos que todo marcha bien, sentirnos merecedores de todas las bendiciones, porque ellas están allí disponibles para cada uno de nosotros. Solo cuando miramos con ojos de escasez es que obtenemos de la vida sobras y migajas.

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Pensemos prósperamente, no nos conformemos con un poquito, ni un parcial, vayamos detrás de sueños gigantes, que si nos sentimos capaces y merecedores, esos sueños se nos harán pequeños. Aprendamos a valorar las pequeñas cosas, que de seguro más adelante nos daremos cuenta de que en esos detalles estaba lo realmente importante de la vida.

No dejes que la monotonía te atrape, rinde tu tiempo, si tienes obligaciones que cumplir, organiza tu agenda de manera tal de que lo que te hace feliz no quede por fuera, ni un solo día. De igual manera cualquier cosa que demande tu tiempo hazla con amor, con agradecimiento por lo que te ofrece y así estarás entrando en sintonía con la prosperidad de la vida y a tu corazón le será más sencillo mostrarte el camino cuando tu actitud ante la vida es positiva.

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Aprende a silenciar tu mente, a veces ella por no salir de la zona de confort se encarga de alimentar ideas catastróficas asociadas a las consecuencias de atreverse, de ir tras lo que realmente queremos y si le damos control total, terminamos en una castrante cárcel creada por nosotros mismos. Tienes mucho por hacer, dedica tu vida a lo que realmente lo merezca.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Que la vida me perdone las veces que no la viví

Que la vida me perdone las veces que no la viví

Que la vida me perdone las veces que no la viví. Que me perdone los momentos en los que el miedo se adueñó de mí. Que me perdone aquellos pasos que no seguí por no desviarme de mi camino, llano y seguro, por no desviarme de aquello que ya conocía, por miedo a sufrir.

Que la vida me perdone por todo lo que he dejado de hacer. Por todo lo que he perdido al ser desconocido y por mí temido, al salirse de mi zona de confort. Que la vida me perdone por dejar de ser yo misma buscando mi camino, en lugar de pisar por el que otros ya habían recorrido.

Que la vida me perdone por mirar continuamente al pasado y recordar todo aquello en lo que me había equivocado. Y que también me perdone cuando miraba al futuro preguntándome por todo aquello que con otras decisiones en la vida yo podía haber sido.

La vida es lo que es. La vida es el ahora no lo que fue ayer. La vida es este instante, saboréalo antes de que pase.

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Que la vida me de fuerzas para aprender

Ahora que sé esto que escribo, que la vida me de fuerzas para aprender de estos errores que he cometido. No pretendo encadenarme a los recuerdos de aquello que ya he vivido. No pretendo sufrir sin sentido, y aunque sé que la vida dista mucho de ser un camino de rosas, lo que pretendo es no volver a equivocarme siempre con lo mismo.

Pretendo reír hasta que las lágrimas se apoderen de mí o me duela la cara de pasar tanto tiempo así. Pretendo luchar por mis sueños hasta que de ellos sea su dueño. Pretendo hacer las cosas a mi manera y no preocuparme porque lo que haga en un futuro duela; nunca se sabe, no soy adivina, igual simplemente no duela nunca lo que ahora viva.

La vida no dura eternamente. No la desperdicies con los miedos que moran en tu mente. Vive cada segundo como si se fuera a acabar el mundo, porque eso es lo que te hará disfrutar de cada instante como si fuera el último.
Simplemente voy a vivir caminando a paso firme buscando aquello que me haga sentir bien. Aquello que merezca mi tiempo, mi esfuerzo y mi sonrisa, aquello que me haga feliz sin importar el cómo, el dónde y el con quién.

Voy a mirar hacia delante y a brillar con luz propia. No voy a dejar que me afecten las dudas de otros y se me claven en la mete como si fueran propias. No voy a temblar de miedo ante lo que aún no conozco, simplemente voy a lanzarme hacia delante y aprender poco a poco.

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Que la vida me perdone y me dé tiempo para hacer todo lo que quiero

Pero, ante todo, que la vida me perdone por el tiempo que he desperdiciado mirándome al ombligo, preguntándome si todo podía cambiar, pero sin hacer nada para conseguir mi cometido. Y por eso, le pido a la vida que me perdone y me dé tiempo para que ahora que entiendo todo esto, pueda hacer todo lo que quiero y merezco.

Ahora he comprendido que solo si yo actúo y decido, las cosas cambian en cualquier sentido. Puede ser bueno o malo, pero quedarse donde estás por miedo a lo desconocido no ayuda a obtener las recompensas que crees que en tu vida has merecido.

Mírate al espejo y visualiza como quieres ser. Ese es tu camino, esa es tu razón de ser.

No es más sabio el que menos sufre, sino el que no se rinde a pesar de lo sufrido. El que se mueve buscando un nuevo sentido a su vida. El que, aunque tiene miedo no duda en conquistarlo para lograr conseguir una nueva vida. El que sabe que, si no te mueves caducas, y si caducas te arrepentirás de no haberte movido.

Sé valiente y vive. Sé valiente y salta, corre, lucha, ríe y llora. Sé valiente ante el mundo porque para eso has nacido. Sé tú y no le tengas que pedir perdón a tu vida. Porque aquello que no hayas vivido no vuelve a ti día tras día. Solo tenemos una vida ¡Haz que cuente! y elige como vivirla.

Vía: Lamenteesmaravillosa

No vivas para trabajar, trabaja para vivir

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No vivas para trabajar, trabaja para vivir

Hay un mito muy extendido según el cual “trabajar más cada día contribuye a forjar un mejor futuro profesional”. Es un mito porque, aunque eventualmente tener extensas jornadas laborales puede contribuir a mejorar los ingresos, con el tiempo a lo que único que ayuda es a que desarrolles fatiga profesional y rindas menos en tus labores.

Trabajar duro es visto por muchos como el camino hacia el éxito. En parte tienen razón, pocas posibilidades existen de triunfar realmente si no es a partir de un esfuerzo continuado. En lo que se equivocan es en el hecho de que el trabajo duro no es necesariamente “sobre-ocupación”. De hecho, está comprobado que el exceso de trabajo conduce a resultados más pobres.

Lo más grave es que muchos descubren estas grandes verdades cuando ya es tarde. Cuando ya han enfermado de estrés o de cualquier otra patología mental. Este descubrimiento también se produce cuando las personas caen en la cuenta de que por su grado de exigencia han perdido momentos que ya no van a recuperar y a los que racionalmente nunca habrían renunciado.

Se enfrentan a un divorcio por el alejamiento emocional de sus parejas, o caen en la cuenta de que sus hijos ya son mayores y jamás compartieron una tarde de juego con ellos. Despiertan un día y al abrir los ojos les invade una profunda pena, un dolor que por otra parte el dinero o el reconocimiento social difícilmente consuela.

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Los efectos de trabajar en exceso

Casi todo el mundo cree que debe trabajar al máximo cuando es joven, con el fin de asegurarse una jubilación acomodada. Sin embargo, pronto se dan cuenta de que después de ocho horas al día dedicadas a una actividad, la mente comienza a divagar y a dispersarse. Cuesta mucho trabajo concentrarse en lo que se hace y, a veces, tener también un sueño reparador.

Con el tiempo, esos síntomas se transforman en un desánimo general. Te sientes triste todo el tiempo, con angustia por tratar de cumplir cabalmente con todas tus obligaciones y con sentimiento de culpa por no lograr que todo sea perfecto.

Es entonces cuando te vuelves irritable. Todo, o casi todo, te desagrada. Entonces justificas tu mal humor diciéndote y diciendo que eres una persona seria, que tus metas están puestas muy alto y que no puedes pasar por la vida sonriendo frente a todo. “Para eso están los perdedores idealistas”, agregas.

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Sientes que ya habrá tiempo para tu vida personal. La oportunidad está aquí y ahora y no puedes dejarla pasar. Claro que tienes que hacer algunos sacrificios, pero tus objetivos lo valen. Sin darte cuenta, te estás convirtiendo en una pieza dentro de un engranaje de la producción y estás cambiando tu salud y tu felicidad por dinero. Un dinero que piensas aprovechar cuando ya no te quede juventud para hacerlo.

No vivas solo para trabajar

Según un estudio de Bannai y Tamakoshi el exceso de trabajo está en la base de casi todos los problemas de sueño y de las enfermedades coronarias. También se ha descubierto que quienes trabajan de más suelen convertirse en consumidores de alcohol con mayor facilidad, desarrollan diabetes tipo 2 más frecuentemente y tienen mayor riesgo de sufrir Síndrome de Burnout.

Da igual por el lado que lo mires, el exceso de trabajo no trae nada bueno; excepto algún dinero extra a fin de mes que, en todo caso, no alcanza para pagar lo que le estás haciendo a tu salud física y emocional.

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La única salida para alejarnos de ese círculo carcelario es la más obvia: trabajar menos. El límite de ocho horas diarias, cinco días a la semana, está bien, aunque hay trabajos que ameritan una jornada menor. Si el desgaste físico, mental o emocional es muy elevado, vale la pena considerar las 6 horas como el límite indicado.

Claro, sabemos que esto no es fácil y que en el camino del cambio pueden aparecer dos grandes barreras. Una, que muchos jefes no van a querer que trabajes menos. Y dos, que debes persuadirte a ti mismo de que trabajar menos no es signo de debilidad, sino de inteligencia.

Frente a lo primero, puedes sortearlo organizando tu labor de tal modo que cumplas tu jornada dedicando el número de horas indicado a las labores difíciles y dejando las demás para actividades sencillas. En cuanto a lo segundo, depende solamente de ti.

Tres claves para no trabajar en exceso

Para evitar que el trabajo se convierta en una actividad sin fin, que consuma los mejores momentos de tu vida y te arruine la salud, aquí hay tres ideas que puedes aplicar:

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  • Es mejor ahorrar más y trabajar menos. La mayoría de las veces, cuanto más ganas, más gastas. Por eso el dinero jamás te alcanza. Si decides, en cambio, fomentar el hábito del ahorro continuado y consistente, puedes sorprenderte de los resultados. Tal vez debes aprender a posponer el gusto por gastar y planificar mejor tu economía.
  • Escucha a tu cuerpo. Ninguna enfermedad se presenta de manera súbita, sino que se va cocinando poco a poco y lanza múltiples avisos antes de aparecer. No seas insensible a lo que te dice el organismo. Reconoce las señales de la fatiga y préstales atención.
  • Reconoce y acepta tus límites. La madurez comienza cuando eres capaz de reconocer los límites de la realidad, empezando por tus propios límites. Tal vez quieres triunfar más que nadie, pero no puedes hacerlo a cambio de tu salud y tu bienestar. De hecho, si te dedicas con agrado a lo que haces, si pones un “hasta aquí” a tu jornada laboral, tienes mayores probabilidades de alcanzar la excelencia en lo que haces. El dinero, aunque se demore un poco más, probablemente vendrá después.

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Vía Edith Sánchez para lamenteesmaravillosa.

 

Mientras transcurre mi vida, he decidido VIVIRLA

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Mientras transcurre mi vida, he decidido VIVIRLA

La vida nos pone en situaciones difíciles, muy difíciles y aunque no queramos esto sucede a menudo, nos acostumbramos a que unas cuantas lagrimas se llevan nuestras noches quedándonos en vela pensando… imaginando, la mayoría de las veces no encontramos qué hacer  con nuestros problemas que dominan la mayor parte de nuestra mente buscando soluciones que parecen imposibles pero en el fondo sabemos que todo que nos preocupa tiene una solución.

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Es normal no estar donde quieres estar en tu vida, todavía no haber logrado lo que  por tantos años nos hemos propuesto, sentir una frustración increíble porque distintas circunstancias no te dejan ser completamente feliz, o simplemente no ser feliz de la manera que quieres serlo, y esto molesta, frustra, pasan los días, pasa el tiempo  pero no pasa la angustia porque  sabes que no está algo bien en tu vida. La pregunta es ¿Qué harás para arreglarlo? Porque sin duda no puedes vivir infeliz lo que queda de tu existencia.

No es fácil saber a dónde quieres conducir tu vida, siempre existirá una confusión, una pelea entre tu corazón y tu cerebro, entre el deber y el querer, es algo que no podemos cambiar pero si manejar. El primer paso es conscientizar tu norte, ha llegado la hora de tomar las riendas de tu vida, y es necesario tomar la decisión que necesitabas y es la de luchar por tu felicidad, no hay nada más valioso que eso. ¿Sé que quiero? Es una interrogante que no puede faltar en este proceso, define qué quieres lograr, quién quieres ser o bien por qué quieres que se te reconozca, no hay equivocaciones con la respuesta a esta pregunta, viene de tu corazón deja que él hable.

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Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático; viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ese es el precio  que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.- Carl Rogers

Disfruta del camino de ir descubriéndote, cada día se aprenden cosas nuevas y hay que estar abiertas a ellas,  no tengas miedo de tus ideas, habrán caídas y fallas así es la vida no cambiará pero te ayudará a llegar a la meta que tanto buscabas y que tanto anhelabas. Las experiencias te enseñarán a construir tu yo del futuro, por eso si no te gusta algo del presente ¿Qué te impide cambiarlo? ¿Quién te impide cambiarlo?, busca las respuestas en ti, si la respuesta es “yo mismo” deja de limitarte, deja de limitar tus creencias y tu capacidad, porque tú puedes lograrlo.

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Estar desorientado es un estado en el que todo ser humano vive al menos en algún momento de su vida, y en el que pasa un buen tiempo intentando descifrar qué tiene  en su cabeza, qué sucede con todos estos garabatos que parece ser el período actual de su vida, en donde su mente es un desastre, donde no sabe si mudarse, si quedarse, si sanar o amar, ¿Blanco o negro?  Tal vez gris… No le tengas miedo al cambio porque todo cambia para avanzar y el único impedimento para que avances ere tú mismo.

Para hacer cambios en tu vida  es necesario tomar la  determinación  de moverte y seguir pase lo que pase para  lograr lo que quieres.- Yusmairot Castilla

N.G.