Ni en un día se quiere ni en dos se olvida

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Ni en un día se quiere ni en dos se olvida

“Ni en un día se quiere ni en dos se olvida”, pero esta frase se borró de mi mente cuando te vi por primera vez. Cuando nuestros ojos se cruzaron y me dedicaste la primera sonrisa. Cuando mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido guiado por cada paso que dabas hacia mí. Y fue entonces, cuando apenas habían transcurrido unos minutos desde que nos conocimos, que me enamoré de ti.

Me enamoré de cada detalle de tu piel, de tu olor y de lo que imaginé que sería tu forma de ser. Te imaginé sin conocerte y en mi imaginación eras perfecto. Pero esa perfección solo estaba en mi mente, la realidad, tan sabia como cruel, me enseñó que no todo lo que nos imaginamos, lo que soñamos, ocurre.

Ahora sé que, en cuestiones de amor, solo puede amarse a quien realmente se conoce, todo lo demás son cuentos, son expectativas que nadie tiene por qué cumplir. Por eso amar es conocerse y olvidar es dejar un pedazo de ti que has compartido y construido con alguien a tu lado.

La idealización del otro es el veneno del amor

Ahora espero no volver a ser esa chica que olvida que la idealización del otro es el veneno del amor. Un veneno que te secuestra la razón y te hace ver en el otro lo que está solo en tu imaginación. Esto hizo que, pasase lo que pasase, siempre viera en el otro lo que yo deseaba, no la realidad. Esa a la que tarde o temprano se le cumple el capricho de imponerse.

Aunque en la mayor parte de las películas que veo sus protagonistas con una mirada se juran amor eterno, aunque en muchas novelas el amor lo defina un simple pestañeo, esto no ocurre en la vida real. O, sí ocurre, pero después la historia sigue y los hechizos se rompen o mutan, pudiendo ser mejor que un instante o terminando en la nada. Esa misma nada en la que te falta el aire.

pareja abrazada disfrutando de su amor

El enamoramiento es un proceso de conocimiento mutuo, un proceso que para ser real lleva su tiempo; ni mucho ni poco, el suyo. Por eso espero ser esa chica que no olvida que la realidad es más compleja que la ficción y que los cuentos, cuentos son. Que escribirlos es fácil cuando la tinta  no es tu sangre, cuando las que en el horizonte se dibujan no son tus dudas ni tus esperanzas.

Y aunque mi historia de amor fue más un cuento que una realidad, eso no implica que al darme de bruces con la realidad, el dolor también fuera ficción. Los sentimientos nunca son producto de la imaginación, lo que sentía era real, tan real que aunque basados en un castillo sin cimientos, duelen de verdad.

“Es duro amar a un príncipe de cuento cuando solo aparece en tus sueños. Al despertar todo es pesadilla, al despertar no eres la que olvida lo que soñó, sino la chica que está rota por las expectativas que puso en alguien que nunca existió”

Aquel que olvida lo que ama sin dolor no sabe lo que es el amor

Por mucho que me digan que un clavo se olvida con otro clavo, yo solo puedo responder que aquel que olvida lo que ama sin dolor, no sabe lo que es el amor. Porque el amor no duele, ni daña, es el olvido de lo que has amado y no ha funcionado lo que realmente te marca.

Es la vida que habías imaginado con ese príncipe de cuento que resultó ser rana, lo que pierdes al ver lo que realmente pasa. Por eso no eres solo la que olvida, eres la que reconstruye su futuro cuando lo que querías te falta, cuando imaginabas algo que nunca tuviste pero que añorabas.

Pareja distante

Entonces empiezas desde cero pero mucho más sabia, los cuentos son historias, historias para la infancia. Cuando creces dejas de ver príncipes o ranas que te hacen completa o te dañan. Cuando creces ya nadie te hace falta, porque eres tú la única, ahora te valoras, te quieres y no te sientes extraña, porque nada te completa, porque nada te falta. Te vales por ti misma y ya no eres la que olvida o la que imagina una vida de cuento, sino la que se ama.

Eres la que reconstruye su futuro cuando lo que querías te falta, cuando imaginabas algo que nunca tuviste pero que añorabas.

La persona sensible es de pocas palabras, pero su interior habla a cada instante

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La persona sensible es de pocas palabras, pero su interior habla a cada instante

La persona sensible habla un lenguaje propio, el de las emociones. Es un idioma perceptivo muy íntimo, ese donde el corazón queda siempre a flor de piel y a instantes, uno puede sentirse vulnerable. Sin embargo, algo que entienden muy bien estas personas es que la vulnerabilidad puede ser un don excepcional, un tendón psíquico lleno de fortalezas. También, de peligros por supuesto, pero para minimizar los riesgos también existe un arma poderosa: la inteligencia emocional.

La persona sensible siempre ha estado ahí, camuflada y a veces hasta diluida entre el paisaje humano. A su vez, algo que todos sabemos es que no es fácil habitar en un mundo que nos obliga a ser semejantes, a reaccionar del mismo modo, a ver la realidad a través de un mismo cristal… como si todos tuviéramos las mismas dioptrías y hablásemos un mismo idioma emocional.

“Cuando uno está atento a todo, se vuelve sensible, y ser sensible es tener una percepción interna de la belleza, es tener el sentido de la belleza”

-Jiddu Krishnamurti-

El día a día de la persona altamente sensible tiene a menudo la forma del lomo de un erizo o la textura del tallo espinoso de una rosa. Todo les duele un poco más y a su vez también todo les emociona más. Algo así es extraño a ojos de un espectador inmune y desconocedor de tal sensibilidad, a alguien que sin respeto ni conciencia no duda en decirles aquello de “es que te lo coges todo a la tremenda, tienes que ser más duro/a y espabilar de una vez”.

Sin embargo, ¿cómo hacerlo? Según nos explican diferentes trabajos como el del doctor Ted Zeff en su libro “Guía de supervivencia para la persona altamente sensible”,disponen de un sistema nervioso hipersensible y de unas áreas cerebrales que funcionan a mayor intensidad, como es el caso de la ínsula y de esas regiones relacionadas con la empatía y la reactividad emocional.

No es posible “ser más duro” cuando se posee un cerebro que sintoniza con el mundo mediante otra frecuencia. Nadie puede convertirse en algo que no es, nadie puede tampoco bajar el volumen de las propias emociones cuando estas nos desbordan, cuando el alma nos habla y la realidad, de pronto, se ilumina de increíbles matices que solo uno mismo puede ver…

hojas pegadas a un cristal

La persona sensible y el volumen demasiado elevado de su entorno

Es posible que muchos de nosotros tengamos al clásico amigo o familiar al que denominamos -cariñosamente- el “mírame y no me toques”. Nos llama la atención su afinado sentido del olfato y ante todo del tacto. Hay determinadas telas que no pueden llevar porque le hacen daño, porque le pican, porque le dan reacciones alérgicas.

A veces, un simple pellizco o un sonido más elevado de lo normal les causan un dolorintenso. También son ellos los que estando en medio de una reunión o en una fiesta, terminan retirados en un rincón con ganas de volver a casa.

Su umbral de percepción sensitiva es diferente, de hecho, tal y como nos explica Judith Orloff, psiquiatra y autora de “Libertad emocional” todo estímulo se multiplica en ellos por 50. Ahora bien, no todo tiene por qué ser doloroso, ese delicado umbral perceptivo y emocional tiene la capacidad también de sintonizar con la belleza de la vida de una forma tan intensa que a la gran mayoría se nos escapa.

Decir por tanto que la alta sensibilidad es un don, no es ningún error, aunque eso sí, la persona debe ser hábil a la hora de gestionar y filtrar adecuadamente cada estímulo que recibe. Cuando lo logran, cuando consiguen aplicar un escudo protector en su entorno para cuidar de su autoestima e integridad emocional, alcanzan un nivel de madurez sensitiva excepcional.

Son ellos los que captan la singularidad de los detalles, ellos quienes alcanzan la plenitud en el silencio, en sus instantes de preciada soledad, ahí donde cualquier actividad, en especial las artísticas, se tornan vibrantes, como una estallido sinestésico de sensaciones, de placeres, de emociones sutiles difíciles de explicar para quienes no pertenecen a ese 20% de la población en el que se incluyen las personas altamente sensibles (PAS).

mano tocando la luz del arco iris representando a la persona sensible

El hombre altamente sensible y su mundo de silencio

Álex ha quedado a tomar un café con su hermana después del trabajo. Le explica que lleva todo el día con un nudo en el estómago y que se siente profundamente agotado. Su jefe le ha hecho unas cuantas observaciones al respecto de su tarea como jefe de ventas, pequeñas críticas que Álex no se ha tomado muy bien. De hecho, le han afectado tanto que sus otros compañeros han ironizado todo el día con el tema. Aún más, sabe que en la oficina ya tiene un mote: “el drama-queen”.

Este sencillo ejemplo da forma a una realidad compleja que experimentan muchos hombres PAS, porque en realidad, la alta sensibilidad no es exclusiva del género femenino. La mitad de la población altamente sensible es masculina, y son ellos los que se ven más coaccionados por una sociedad que aún no ve con buenos ojos al “hombre sensible”, a esa persona que vive sus emociones a flor de piel, ese a quien le duelen más las críticas, ese de lágrima fácil, que prefiere los deportes en solitario y que empatiza de forma muy intensa con su entorno.

chico sobre rocas en una playa representando a una persona sensible

A pesar de que la alta sensibilidad sea un tema conocido ya por el gran público, son muchas las personas que siguen habitando en ese rincón silencioso donde mirar y callar, donde no hacerse notar, donde mantener a veces las distancias prudenciales para no quedar muy dañado. Cada uno sobrevive como puede en un mundo de alfileres, lo sabemos; sin embargo, el respeto, y ese principio vital de “ser y dejar ser” debería destacar en todos nuestros entornos para que todos alcanzáramos así una verdadera plenitud personal.

Vía: lamenteesmaravillosa

Más vale bueno por conocer que malo conocido

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Más vale bueno por conocer que malo conocido

Si queréis que os cuente un secreto, yo dejé de estar de acuerdo con este refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” cuando la profe de mates se puso enferma y vino otra a sustituirla… Estábamos acostumbrados a la misma profesora que llevaba un par de años con nosotros y eso del cambio no nos hacía mucha gracia. De hecho recuerdo como madres y alumnos comentaban entre bromas este refrán…

Cuando apareció esta nueva profesora que no te regañaba al equivocarte en una materia que a veces genera cierta angustia, que tenía una paciencia y una dulzura que a la otra le faltaba, entendí que ese pequeño miedo que habíamos tenido durante unos días, había sido totalmente absurdo. Desde entonces decidí desterrar ese refrán para siempre de mi vida…

Dejemos atrás este viejo refrán

No, no nos hemos equivocado, el refrán reza así: “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”, pero, ¿realmente creéis que está acertado? Aunque es cierto que casi todos estamos de acuerdo con la gran mayoría de refranes, en este caso es un no rotundo…

Mujer mirando al horizonte al atardecer

¿Por qué?, ¿no crees que es un refrán que aplaude al miedo?, ¿mejor te quedas en tu “área de confort” aunque sea mala que salir de ella y conocer nuevos mundos que pueden ser maravillosos para ti?

Imagínate que estás anclado en una relación amorosa que no va bien y aparece un nuevo amor que llama a tu puerta… imagina que llevas años en un trabajo que no te gusta pero en el que estás cómodo y seguro, y aparece la oportunidad de tu vida…

¿Realmente crees que es cierto lo que dice el refrán? Piénsalo por un momento y deja de tenerle miedo al miedo. El susto de subirte al escenario dura unos minutos, pero… ¿ y el enorme regocijo que sientes cuando escuchas los aplausos?, ¿merece o no merece la pena?.

Cómo desafiar a este viejo refrán

Para dejar de tener miedo a los cambios o a lo que puede depararnos la vida, os dejamos a continuación unos consejos que os ayudarán a dar el paso para dar el cambio en vuestras vidas:

  • Poco a poco. Los seres humanos somos así, el cambio nos asusta. Pero si te da miedo un gran cambio. ¿Por qué no empiezas con pequeños cambios para ponerte a prueba? A las personas nos dan miedo los cambios sí pero también tenemos mucha más capacidad de adaptación de lo que creemos.
  • Con cabeza. Sopesa ambas situaciones, ¿realmente merece la pena apostar por lo nuevo y dejar lo viejo? Pues entonces deja ya esos gastados zapatos y cálzate los nuevos.
  • Cambia las frases y pensamientos negativos por positivos. Todo empieza en nuestra cabeza. En lugar de “Esto va a ser un desastre” ¿por qué no lo cambias por un “Esto va a ser una experiencia que me va a ayudar a crecer como persona y seguro que ya por eso me merece la pena vivirlo”.

Mujer sonriendo en el campo

  • No te autocritiques tanto. No seas tan exigente contigo mismo. Muchas veces no queremos cambiar nada porque si nos equivocamos, nos castigamos y nos autoculpamos. ¿Por qué no te permites equivocarte? ¿Qué de malo tiene?Trabaja tu autoestima.
  • Piensa en todo lo que puede que te estés perdiendo. Cosas maravillosas te pueden estar esperando y tú las dejas escapar por miedo. Piensa por un momento en todas esas personas que conocen y que dieron el paso en su vida… cambiaron de pareja, de trabajo, de residencia… y  su vida ha cambiado un 100%.
  • Deja de ser tan catastrofista. ¿Por qué siempre imaginas lo peor?, ¿por qué no te puedes imaginar lo mejor? Cuando pensamos en positivo y también lo somos, las cosas menos buenas que nos ocurren no parecen tan malas, simplemente porque no las hemos sobredimensionado.

Deja ya ese viejo refrán, no te quedes anclado por miedo, conoce nuevas experiencias, nuevas personas, una nueva vida. Apuesta por el cambio.

Vía: lamenteesmaravillosa

A veces, necesitamos escuchar lo que significamos para alguien

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A veces, necesitamos escuchar lo que significamos para alguien

A veces, necesitamos escuchar un “te quiero”, un “eres importante para mí” o un “gracias por ser como eres”. Saber lo que significamos para alguien no es ningún acto de debilidad. No buscamos sentirnos validados, lo que necesitamos únicamente es escuchar en voz alta lo que siente el corazón, vernos reconocidos y acariciados a través de las palabras, del tono y de una voz sincera.

Recuerda: el amor no es algo intangible ni intraducible, no es humo, no es un perfume, porque el verbo “amar” se declina con nuestros cinco sentidos y es así como nos sentimos nutridos, reconfortados. No tenemos por qué dar por sentados los afectos cuando creamos un vínculo, el “ya sabes lo que siento” no basta ni alimenta una relación, y el “si estoy contigo es por algo” puede suscitar, en ocasiones, más dudas que certezas cuando de verdad amamos a alguien.

Casi nadie necesita escuchar una y otra vez lo que significa para los demás, pero tener a nuestro lado a personas que no hablan el lenguaje de las emociones, que se escabullen y que no perciben la necesidad del otro por ser reconocidos o apreciados a través de la palabra, suele agotar. Incluso, lo que es peor, crean y alimentan dudas, incertidumbres e insondables vacíos.

A menudo, la persona que padece la hambruna de la caricia emocional, expresada a través de la palabra, está obligada a ser una traductora de gestos. Ahí donde leer el cariño a través de las miradas, la preferencia a través de las acciones, y la sinceridad a través de esas conductas cotidianas de un ser amado alexitímico que ni percibe ni expresa. Algo así, puede resultar sin duda agotador…

pareja tomando café

La necesidad de escuchar y sentir que somos importantes para alguien

Sentir el amor, el cariño y el reconocimiento en cada átomo de nuestros sentidos, en cada vibración de nuestros latidos y en cada conexión de nuestras células cerebrales nos confiere equilibrio, bienestar, plenitud. El ser humano está programado genéticamente para conectar con sus semejantes, porque es así como garantizamos nuestra supervivencia, porque es de este modo como hemos logrado avanzar, evolucionar, crecer como especie.

Por tanto, nadie debe auto-percibirse como una persona débil o dependiente si echa en falta que su pareja o sus seres queridos le dediquen una palabra de afecto, un gesto de cariño traducido en una frase amable, en una expresión donde habite por igual la empatía y el cariño. Para nuestro cerebro es un acto muy significativo y de ahí, que necesitar un “gracias”, un “eres increíble” o “me encanta tenerte a mi lado” de vez en cuando sea algo no solo natural, sino lógico y necesario.

Por otro lado, no podemos descuidar algo esencial. No solo los adultos necesitamos escuchar lo que significamos para los demás. Los niños necesitan este tipo de gestos tanto como el alimento tanto como esas manos fuertes que los sujetan mientras aprenden caminar, más que esa ropa con la que se visten o ese juguete tan caro que nos piden a cada instante.

Los niños necesitan el refuerzo positivo de la palabra y la caricia emocional, de esa voz que los valida, que les confiere seguridad, que les inyecta confianza y amor del bueno, de ese que da alas y hace crecer las raíces.

La importancia del vínculo afectivo y la calidad del mismo, determinará muchas conductas futuras; así, todo niño que en esa infancia más temprana se críe en un entorno de frialdad emocional, de inseguridad o de negligencia parental, tiene muchas más probabilidades de desarrollar trastornos de conducta, y claras dificultades a la hora de hacer uso de un adecuado lenguaje emocional.

padre e hijo

Háblame sin miedos, háblame desde el corazón

Los analfabetos emocionales abundan en exceso, y no nos referimos solo a quienes padecen ese trastorno afectivo-cognitivo de la comunicación llamado alexitimia. Es algo más complejo, algo más profundo y que tiene que ver sobre todo en cómo nos educan. Lo podemos ver en muchos de nuestros entornos más cotidianos, escuelas, trabajos, etc, ahí donde crecen en abundancia los “secuestradores emocionales” en lugar de los “facilitadores emocionales”.

Vemos niños que ejercen el bullying en las aulas o en las redes sociales, vemos directivos incapacitados para crear climas laborales más empáticos, respetuosos y creativos. Lo vemos en nuestro modo de comunicarnos, ahí donde llegar a pensar que al hacer uso de los emoticonos y de las caritas sonrientes ya construimos un lenguaje significativo y validante.

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Sin embargo, no es así. Tal y como nos explican en el libro “Corazones Inteligentes” de Natalia Ramos y Pablo Fernandez, a nuestro mundo le falta cierta aplicación práctica de la Inteligencia Emocional. Porque las emociones no se viven en abstracto, no son algo difuso, la vida no es una película de David Lynch, ahí donde el lenguaje narrativo aunque fascinante y simbólico, carece en ocasiones de sentido. La vida necesita un sentido firme y el amor, certezas.

Por tanto, hagamos uso efectivo del lenguaje, permitamos que sea un instrumento que crea y valida. Ahí donde ser valientes, ahí donde permitir que nuestro corazón cuide y acaricie, donde conectar con los demás a través de palabras positivas, de frases que transmiten un afecto real.

Me alejo de ti para no perderme

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Me alejo de ti para no perderme

Me alejo de ti aunque sea la decisión más difícil de tomar, pero lo hago por salud mental y porque necesito avanzar al siguiente punto de mi vida. Algunas veces es necesario dejar atrás a las personas que más amamos para no perder la noción de quién somos.

Las semanas previas a tomar una decisión de este tamaño aparecen las dudas. Cuando te enamoras o le das lugar a otra persona en tu vida, lo haces con la idea de lograr algo duradero. Podemos imaginar toda la vida con esa persona pero un día nos damos cuenta de que hemos caído en alguna situación que ya no es sana y es momento de virar a otro lado.

Perdí mi felicidad a causa de esta relación

Muchas personas creen que ser feliz es algo secundario. También quise creerlo, pero al final me alejo de ti para no perder la sonrisa permanentemente. Es un hecho que las relaciones que tenemos nos afectan en la medida en que les damos importancia.

Cuanto más cercanos somos a una persona, mayor amor y cuidado necesitaremos que él o ella invierta en esa relación.

El estado de la relación afecta la forma en que me siento y la perspectiva que tengo de la vida. Una relación que me hace miserable poco a poco llena cada hueco de mi vida. Si no me alejo de ti ahora, podría terminar con una vida gris que no quiero.

Mujer rubia y triste con los ojos cerrados

Los malos momentos son más que los buenos

No me alejo de ti porque crea que la vida deba ser perfecta. Entiendo que toda relación conlleva altas y bajas, pensar lo opuesto es inmaduro. Pero cuando cada palabra, cada silencio, cada sonrisa y cada charla termina siendo negativo no hay con qué seguir.

Iniciamos esta relación porque encontramos en el otro aquello que nos hacía felices. Cada uno se sentía a gusto y teníamos la posibilidad de crecer juntos. Ahora todos los recuerdos han comenzado a borrarse con las críticas, las lágrimas y la tristezas. Me alejo de ti ahora que aún quedan motivos para sonreír al recordarte.

No puedo imaginar una vida a tu lado

Quizás todo lo anterior no parece suficiente motivo para entender que me alejo de ti. Pero hay algo más importante que debes entender y que me ha costado aceptar: no veo mi vida contigo. Aunque he escuchado que ser amado es lo más importante para mantener una relación, amar es lo que da el verdadero significado a esa decisión.

Tal vez con esta decisión rompo tus ilusiones, pero peor sería mantener una relación en la que solo uno pone de su parte. Me alejo de ti porque ya no puedo pretender que signifiques lo mismo que antes. Es momento de que cada uno siga su camino. No pienses que ha sido culpa tuya o mía, son circunstancias que aparecen en la vida y no se pueden cambiar.

Se ha perdido el tesoro más preciado: la confianza

Otro motivo por el que me alejo de ti es porque te escucho pero ya no te creo. La confianza es el fundamento de toda relación, de pareja o de amistad. Es probable que haya tomado bastante tiempo darme cuenta que no puedo cambiar la situación. Quizás traté por todos los medios de volver a confiar en ti pero no me fue posible.

Pareja cogiéndose de las manos

Una vez que la confianza se fractura es difícil continuar y no por falta de amor o compromiso, simplemente se rompe el lazo que fortalece la relación. Te pido que entiendas que en este caso me alejo de ti porque ya no tiene ningún sentido continuar. Podríamos decir mil cosas pero ninguna sería relevante porque no te creo.

Me alejo de ti para liberarnos

Aunque parezca una decisión dolorosa y creas que solo busco hacerte daño, me alejo de ti para liberarnos. Te quito toda responsabilidad sobre mi, sobre mis decisiones y sobre mis sentimientos. Lo más importante es que me alejo para dar lugar a nuevas experiencias y personas que te llenen como ser humano.

Podría quedarme, pero las puertas a medio cerrar no te dejan avanzar y mereces un amor absoluto. Quiero que cierres esta puerta y que aprendas a ver las que se te abren. Yo haré lo mismo sin olvidar todo lo positivo que trajiste a mi vida. Me alejo de ti para dejarte crecer con libertad.

Vía: lamenteesmaravillosa

A veces no puedo con todo… y no pasa nada

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A veces no puedo con todo… y no pasa nada

A veces no puedo con todo, a veces no alcanzo, no llego, no tengo bastantes manos, ojos y tiempo para todos y todo…. pero no pasa nada. En realidad no importa, porque saber dónde están mis límites y dónde terminan mis ganas es bueno y es saludable. Entender que yo también me necesito y que tengo derecho a decir “no puedo más” responde a la necesidad de no perder el aliento.

Puede parecer irónico, pero si hay un estado al que muchos hemos llegado es a “sentirnos cansados de estar cansados”. Es una experiencia vital abrumadora, no hay duda, porque no solo quedamos cautivos de un cuerpo que se siente agotado, sino que además en nuestra mente se baten dos voces nerviosas que se gritan al unísono. La primera no hace más que repetir aquello de “no te pares ahora, tienes muchas cosas que hacer”, mientras la otra, insiste en forma de letanía “pero si ya no doy más de mí”.

En estas situaciones no sirve de nada cantar el “Let It Go” de Frozen, ni pintar mandalas, ni tomarnos una tarde libre, ni desconectar de todo durante unas horas imaginando que somos los únicos habitantes de la Tierra, que estamos solos y que nada ni nadie requiere nuestra atención inmediata. Son tiritas temporales ante una herida más profunda, anestésicos que en cortan al hemorragia… pero difícilmente cicatrizantes que curan o reparan.

Porque lo creamos o no, hay cansancios que reflejan problemas subyacentes, procesos de estrés y ansiedad muy debilitantes. Lugares en los que nos topamos con la árida imposibilidad de pensar con claridad, de aunar adecuadas estrategias para afrontar un estado de ánimo que puede apagar nuestra vitalidad y hacer que caigamos enfermos.

chico mirando hacia arriba

Me siento “cansado de estar cansado”, agotado de no poder con mis responsabilidades

Para entender la complejidad de estas situaciones te pondremos un sencillo ejemplo en el que reflexionar. Carolina trabaja todos los días de 9 a 5 de la tarde. Cuando termina su jornada laboral se ocupa de su madre con Alzheimer. Todos los meses guarda una parte de su salario para poder pagarle un máster a su hermana pequeña, algo que su marido, actualmente desempleado, no sabe. Carolina quiere lo mejor para todos, desea atender bien a su madre, ofrecerle un buen futuro a su hermana y dar una imagen de normalidad ante su pareja.

El nivel de agotamiento físico y mental al que ha llegado de forma gradual nuestra protagonista es extremo. Hay días en que baraja otras opciones, quizá pagar a una persona para que le ayude con su madre, pero sabe que eso supondría no poder ahorrar para los estudios de su hermana.

Su cerebro busca alternativas y son los lóbulos frontales los que llevan a cabo esta afinada tarea de planificación, reflexión y análisis. Sin embargo, cuando no se hallan adecuadas salidas a los momentos más necesitados, entra en acción nuestro cerebro primitivo.

Es entonces cuando quedamos inmovilizados, cuando nuestra química cerebral cambia y la mente se convierte en un laberinto sin salida donde quedamos atrapados en el “haga lo que haga todo va a salir mal”. El corazón se acelera, las hormonas pierden su equilibrio y el demonio del miedo nos domina. Ese ciclón interno que todo lo arrasa sume a nuestra mente y a nuestro cuerpo en un estado tan intenso de sobre-activación, que el cansancio se instala en cada átomo, en cada fibra, en cada tendón y en cada parpadeo…

Mujer con los ojos cerrados cansada

A veces no podrás con todo, pero no pasará NADA

“Tengo tantas cosas que hacer que no sé por dónde empezar, pero si no empiezo ya, luego será peor”. “Mi jefe me va echar si no termino esto”. “Mis padres se van a decepcionar si no voy esta tarde”… Si pensamos en esta y otras frases que orlan nuestro lenguaje, nos daremos cuenta de que vivimos enraizados en la inflexión del eterno condicional: si no hago esto es posible que…

Vivir en base a suposiciones asociadas casi siempre a lo catastrófico agota la mente y aniquila el ánimo, así de simple. Asumir con firmeza que en esta vida no se puede con todo es un principio de salud, de higiene emocional, porque quien lo carga todo sobre su espalda tarde o temprano acaba sin fuerzas. Por ello, te proponemos que reflexiones por un momento en las siguientes dimensiones, estamos seguros de que te servirán de ayuda.

Mujer con una flor

¿Cansado de estar cansado? Es momento de cambiar el enfoque

Aunque sea duro admitirlo, a veces, somos nosotros los que caemos en nuestra propia trampa. Decirnos aquello de que “podemos con todo” es un sesgo muy peligroso, un error que corregir de forma adecuada integrando esquemas de pensamientos más integrativos, más auto-respetuosos. Estos serían algunos de ellos:

  • Cada día cuando te levantes, recuerda esta sencilla frase: “estoy haciendo lo mejor que puedo en este momento dados los recursos de los que dispongo y el estado en el que me encuentro”.
  • Evita esas trampas en las que a menudo caemos con nuestro lenguaje o pensamiento. En lugar de “no lo bastante bien, debo trabajar más duro para llegar a todos”, sustitúyelo por “voy a dar lo mejor de mi cada día y en cada instante, pero sin descuidar mi propia persona”.
  • Cuando te sientas agotado/a, cuando percibas que tu cuerpo no da más de sí… a pesar de haber descansado lo suficiente, analiza tus pensamientos. En ocasiones, lo que más desgasta es el propio desánimo, son los pensamientos rumiantes, el “no voy a llegar”, el “haga lo que haga no sirve de nada”.

Por último, y no menos importante, es esencial que cuides y atiendas tus ritmos circadianos y tus rutinas. Tener tiempos de descanso, disponer de unas horas del día para ti, no significa ni mucho menos que rindas menos o que le falles a alguien: es salud, es equilibrio y es bienestar.

Asimismo, tener la valentía de decir en voz alta que tienes límites, que no puedes más o que te niegas a asumir más responsabilidades, tampoco supondrá ninguna catástrofe, no se acabará el mundo, no caerán las estrellas del cielo, ni se marchitarán las flores…

Si lo pruebas, si te atreves a ponerlo en práctica descubrirás que no pasará NADA…

Vía: lamenteesmaravillosa

El chantaje y la coacción: dos enemigos de las relaciones sanas

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El chantaje y la coacción: dos enemigos de las relaciones sanas

Desafortunadamente las relaciones humanas están plagadas de manipulaciones. La mayoría de ellas se dan de forma inconsciente. Las aprendemos sin darnos cuenta y las reproducimos de igual manera. Dos de esos mecanismos manipuladores, que dañan severamente los vínculos personales, son el chantaje y la coacción.

La manipulación, en términos psicológicos, se define como un mecanismo a través del cual una persona logra que otra diga o haga algo, empleando para ello trampas, ardides o engaños. Identifica a las situaciones en las que se utiliza a los demás, o se les convierte en un instrumento para el logro de un fin personal. En muchas ocasiones se manipula deliberadamente, como cuando un político falsea sus propósitos para que voten por él. En otras, especialmente en la vida privada, la manipulación es semiconsciente o inconsciente.

Conozco a quien lo han educado desde la manipulación, el control, el chantaje, la falsedad, la intimidación y la violencia. Lo paradójico es que los educadores se creen víctimas”.

-Autor desconocido-

¿Cómo ejerces el chantaje o la coacción sin darte cuenta? Cuando adoptas una posición de víctima, por ejemplo. Así logras que el otro actúe en función de la culpa y no de su libre conciencia. También se produce cuando desvalorizas a alguien para que siga dependiendo de ti. O cuando te aprovechas de la debilidad del otro para ponerlo a tu servicio de algún modo.

El chantaje psicológico: un lastre emocional

El chantaje psicológico o emocional es una forma de manipulación y, por lo mismo, un acto violento. Se implementa para lograr el control sobre el comportamiento de otra persona y también sobre sus sentimientos. Como todo chantaje, involucra un esquema en el que se disuade al otro de hacer o no hacer algo, en función de una consecuencia negativa. Es algo así como “Hazlo, pero sufrirás por ello”, o “No lo hagas, pero la consecuencia puede ser desastrosa”.

El chantaje psicológico impide que una persona actúe con autonomía y libertad. De eso se encarga el chantajista. Pondrá muy de presente todo lo que le acarreará al otro el asumir o no un determinado comportamiento. Quiere que su víctima actúe como él quiere, no como lo dicten las convicciones personales del otro.

Hay dos pilares sobre los cuales descansan la mayoría de los chantajes emocionales. Uno es la culpa y el otro es la inseguridad. Se pretende hacer creer al otro que sus acciones o decisiones libres son, en realidad, una prueba de su maldad. O que causarán un grave daño. Así se logra que los demás se comporten como el chantajista quiere. “Vete a tu fiesta… Un día ya no estaré en este mundo y ahí sí vas a lamentar no haber pasado más tiempo conmigo”.

La inseguridad es un rasgo que hace bastante manipulable a cualquier persona. Basta con que el chantajista enfatice en los errores, defectos o riesgos que corre el otro, para que este último actúe como un manso corderito. “Cuando te des cuenta de que no tienes idea de eso, me buscas y yo te ayudo a solucionarlo”.

La coacción, entre lo crudo y lo sutil

En la coacción no solamente se implementan métodos para que una persona haga lo que otro quiere, sino que en este caso se busca que haga algo que va en contra de lo que desea. La coacción involucra comportamientos más violentos que el chantaje, aunque también tiene facetas sutiles. De todos modos, la coacción implica una relación de poder y abuso.

En la coacción hay amenazas directas o veladas. Se vale del miedo de los demás, o de su condición de vulnerabilidad frente a algo. La utilizan frecuentemente las figuras de poder para manejar a quienes están bajo su esfera de influencia. En este caso la víctima es consciente de que está siendo manipulada, pero se siente impedida para reaccionar. Puede ser porque el otro es más fuerte y amenaza con violencia física, o porque tiene mayor estatus y puede causar graves daños.

Mientras que en el chantaje afectivo lo usual es que quien lo ejerce sea alguien querido, en la coacción no necesariamente es así. Proviene no tanto de un ser querido, sino de un ser temido. La víctima no se da cuenta de que tiene recursos para resistir a esa forma de manipulación, sino que se deja ubicar en la posición de alguien indefenso frente a la arbitrariedad.

Tanto el chantaje como la coacción son verdaderos cánceres de las relaciones interpersonales. Lo único que consiguen es falsear los sentimientos o anular a las personas. Puede que el victimario se salga con la suya temporalmente, pero, tarde o temprano, será objeto del efecto bumerán. Los manipuladores suelen terminar atrapados en su propia red.

Vía: lamenteesmaravillosa

7 mitos que envenenan la pareja

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7 mitos que envenenan la pareja

La tendencia básica e innata del ser humano es la tendencia al vínculo, al apego y a la relación de pareja. Nace de una relación de fusión y de dependencia con la madre. De una u otra forma, esta tendencia a una relación con vínculo afectivo se mantiene a lo largo de toda la vida.

Desde este punto de partida, casi todas las personas, en algún momento de su ciclo vital, buscan una relación de pareja. Puede ser una relación breve e inestable o prolongada en el tiempo y estable. O una combinación de estas variables.

Sin embargo, estos vínculos afectivos en forma de relación de pareja no están exentos de problemas. Paradójicamente, muchas parejas se mantienen unidas a través del conflicto y la discusión. Parece como si temiesen que si desaparecen los enfrentamientos desaparece la relación.

“Elige a tu pareja con mucho cuidado. De esta decisión dependerá el 90% de toda tu felicidad o tu tristeza; pero después de elegir cuidadosamente, el trabajo apenas empieza”

Los problemas de pareja pueden aparecer y mantenerse por múltiples factores. Aquí nos vamos a centrar en los mitos acerca de las relaciones de pareja. Son aquellas ideas que se dan como ciertas por la sociedad y cultura en la que vivimos pero que, lejos de ayudar, complican el mantenimiento del vínculo afectivo.

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7 mitos que afectan negativamente a tu relación de pareja

Estas ideas que expongo a continuación están extendidas en mayor o menor medida en nuestra sociedad. Las damos por ciertas y apenas las cuestionamos. Sin embargo, el precio a pagar puede llegar a ser muy alto si nos las creemos a pies juntillas.

La pareja debería hacer todo juntos

Se trata del mito de la unión total, cosa que no es posible alcanzar. Si la pareja realizara todo juntos, dejarían de actuar como individuos, renunciando a su propia identidad. Es cierto que hay que contar con el otro, pero no depender absolutamente del otro, pues si este fallara, nosotros iríamos detrás.

Es importante compartir las decisiones dentro de la pareja, pero no todas las decisiones deben ser compartidas con la pareja. En esta idea influye el mito del amor romántico. Este mito nos hace pensar que el estadío del enamoramiento va a durar durante toda la relación, con lo que eso supone.

Todo aquello que no resuelve nada y que produce un enorme daño en la relación, no debe ser compartido. Esa es la regla a seguir. Si nos sintiésemos obligados a decir absolutamente todo, nos sentiríamos invadidos y sin la más mínima posibilidad de mantener nuestra identidad.

Tener un hijo mejora una pareja en crisis

Los hijos consolidan y enriquecen una buena relación de pareja. Sin embargo, empeoran la relación cuando la pareja funciona mal, ya que se convierte en una carga añadida. El cambio a la paternidad exige a los miembros de la pareja adaptaciones importantes. Estas serían imposibles de asumir de manera adecuada si no existe una buena relación de pareja.

Es conveniente que antes de asumir la responsabilidad de tener un hijo exista una sólida relación de pareja, a la vez que flexible. Además, es necesario que los canales de comunicación estén abiertos, ya que es imprescindible para el niño que los padres pongan normas consensuadas y aplicadas por los dos.

La pareja debería ser una sociedad al 50%

La flexibilidad de los roles hombre-mujer es un cambio positivo en general para las relaciones de pareja. Sin embargo, llevarlo de una forma rígida al 50% en no pocos casos causa importantes trastornos en la convivencia cotidiana.

Los convenios aparentemente desiguales pueden promover un mayor equilibrio y armonía. De forma contraria, nos encontraremos con parejas que discuten el número de veces que ha cocinado cada uno o el número de veces que ha puesto la lavadora uno y el otro no.

Pareja discutiendo en el sofá

La pareja puede hacer realidad todos nuestros sueños

Supone una enorme carga de responsabilidad que el otro se sienta responsable de satisfacer todos nuestros sueños y necesidades. Esto es la manifestación de un amoringenuo y de una persona inmadura afectivamente. Son aquellos que necesitan y por eso quieren. Tienen una enorme carencia afectiva que se traslada a su capacidad y habilidad para tomar decisiones.

Sin embargo, los individuos maduros a nivel afectivo pueden o no vivir con su pareja, pero deciden. Eligen vivir con ella porque la quieren, no porque la necesite.

“Nunca por encima de ti, nunca por debajo de ti, siempre a tu lado”

-Walter Winchell-

Los que quieren de verdad adivinan lo que el otro piensa y siente

Este es un mito muy difundido y que produce enormes problemas de comunicación en la relación. Realmente es imposible saber lo que el otro piensa. Es un grave error de comunicación el intentar leer la mente del otro o el pretender que el otro nos la lea. 

Hay parejas que consideran que pierde valor lo que el otro les da si antes tienen que pedírselo. Así, no sólo no disfrutan de lo que reciben y estropean la convivencia, sino que no logran valorar la manifestación de amor que el otro les está dando al ofrecerle aquello que ellos piden y necesitan.

Este mito también tiene enormes consecuencias negativas en el área de la sexualidad.Esto se debe a que el otro debe saber qué tipo de caricia le es más satisfactoria a su pareja. La realidad es que si no lo dice es imposible que el otro se entere.

Un pareja infeliz es mejor que un hogar roto

Hay pocas situaciones más dolorosas y destructivas que una convivencia mantenida solamente por el miedo, la culpa o el deber, donde falta el afecto. Mantener un matrimonio “por los hijos” es hacer responsables, sino culpables, a los mismos, de una relación que solo deben ser responsables de mantenerla los adultos. Se trata de una carga que el hijo no puede mantener y cuando lo intenta suele tener un coste en su propia salud física y mental.

Lo más adecuado para el bienestar de los hijos y de la pareja, si la relación en inviable, es una separación amistosa. Los hijos deben tener la sensación de que no pierden a unos padres. Aunque se separan como pareja, podrán seguir desarrollando su función de padres de una forma adecuada y beneficiosa para sus hijos.

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Los polos opuestos se atraen y se complementan

Es cierto que si hay algunas diferencias y estas se pueden vivir como enriquecedoras y estimulantes, esto hará la relación más dinámica. Pero los matrimonios satisfactorios generalmente constan de unas similitudes básicas que sobrepasan las diferencias.

Es fácil comprender que si hay muchas diferencias que sobrepasen a las similitudes, y si estas diferencias son realmente polos opuestos, la relación será insatisfactoria. Si a uno de los cónyuges le apetece hablar y compartir sus sentimientos y el otro pasa absolutamente de esta dinámica o piensa que no es la mejor para resolver los problemas, es fácil intuir que habrá graves conflictos en la comunicación.

Si un cónyuge es extrovertido y sociable y el otro es introvertido, habrá conflictos en la relación de pareja. Lo mismo pasará si uno es apasionado y el otro es frío. O si a uno le gusta gastar y el otro es un ahorrador en extremo. Todas estas diferencias traerán seguramente conflictos en la convivencia.

Vía: lamenteesmaravillosa

Carta de un padre que aprendió a crecer con su hija

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Carta de un padre que aprendió a crecer con su hija

Ayer nació y hoy, dentro de un par de horas, va a empezar la Universidad. Ayer me dijeron que iba a ser padre, al poco gateaba y hace unos minutos ha dado su primera clase de autoescuela. Ayer nos miraba como quien mira a dioses y hoy como alguien que mira a personas de las que conoce todos y cada uno de sus defectos, en profundidad. En medio ha pasado solo una noche, una noche en la que me he quedado pensando, embobado, viéndola crecer…

Crecer a ratos, porque otros he tenido que salir a trabajar. En otros me han necesitado sus hermanos, los míos; mis amigos o mis padres; su madre, yo, yo también me he necesitado a veces. He llegado tarde a casa o no se me ocurrían cuentos. Así, salió de la edad de las historias inventadas para empezar a experimentar cómo la realidad puede ser infinitamente más cruel, al igual que encantadora.

Para inventárselas ella, intentando que no la sobreprotegiéramos y nos aplicáramos aquel refrán de “ojos que no ven, corazón que no siente” para cada paso que daba, para cada riesgo que asumía.

Las esperanzas de un padre

Ayer tenía un montón de esperanzas puestas en ella. Esperanzas que eran todas mías y sobre las que ella no había dicho nada. Al menos nada más que señalar el biberón cuando tenía sed o llenarse la boca con lo que pillara cuando tenía hambre. Hoy mis esperanzas siguen siendo mías, pero la realidad es que ella ha construido las suyas y yo he tenido que aceptarlo. Es un proceso que me ha llevado toda la noche.

Me hubiera gustado que fuera abogada. Por que entiendo que son personas que llevan una vida relajada, que se encuentran en una posición importante y que por su formación adquieren un sentido de la justicia superior a la mayoría de los mortales. Sin embargo, ella ha querido ser periodista.

Pero no de las que presentan el telediario, sino de las que viajan y cuentan guerras y ponen voz a esas grandes historias que también son anónimas. A mí me da miedo, tanto que a ratos no me deja dormir. Mientras que ella me mira con esa cara de haberse enamorado de alguien sin apenas conocerlo, pero con el corazón. Como padre esa mirada, su mirada, también me causa orgullo.

Ceder el control

Como padre tampoco ha sido fácil ir cediéndole el control. Siempre la he visto más pequeña de lo que realmente era, más vulnerable, influenciable e inocente. También he visto como muchas veces se dirigía hacia el precipicio con toda la determinación del mundo y he tenido que permitir que lo hiciera, porque por mucho que a mí me hubiera gustado ser su mejor profesor, hay lecciones que solo te enseña la vida o que tienes que aprender con otros.

Está tan guapa, tan guapa acostada. No sé si ella lo sabe, pero es la chica más guapa del mundo. Yo se lo decía muchas veces y ella me sonreía, después pasó a ponerse colorada y finalmente me respondía con un ¡Papá! (no me avergüences).

Me cuesta mucho comprender esa batalla que ha empezado contra su cuerpo, rescatar de mi memoria aquellos momentos en los que a mí también me importaba mucho lo que pensaran los chicos y las chicas de mi edad. Comprender que para entender muchas veces hay que recordar, porque en ese ejercicio también me he encontrado con la nostalgia y se me han empañado los ojos.

El desazón que podía causarme ir al colegio con aquella chaqueta horrible, cosida a mano en los ratos de aburrimiento de mi madre y que picaba como un demonio. No sé cuál habrá sido la chaqueta con la que yo la habré hecho cargar, incluso puede que hayan sido varias. Quizás fueron esas clases de conservatorio a las que la obligué a acudir, hasta que su desapego por la música quebró mi voluntad de que se hiciera amiga de las corcheas y semicorcheas. No conseguí que le gustara, se rascaba delante de mí y yo me consolaba pensando que era bueno para ella.

Por mucho que a mí me hubiera gustado ser su mejor profesor, hay lecciones que solo te enseña la vida o que tienes que aprender con otros.

Mujer jugando

Me he dado cuenta….

Ahora, si volviera empezar, creo que no te obligaría a hacer tantas cosas buenas para ti. Al menos desde fuera, sin compartirlas contigo. Me hubiera gustado haberme dado cuenta de cómo mirabas a la pelota cuando eras pequeña y haber jugado a fútbol contigo. Haber estado menos pendiente de los peligros y más de las ilusiones. No haber llegado muchas veces tarde. Haber accedido a jugar antes de que te rindieras conmigo y encontraras otras chicas con las que hacerlo.

Me hubiera gustado asumir antes que eras perfectamente capaz de abrigarte cuando tenías frío, de comer cuando tenías hambre. Porque esas eran las necesidades que tenías al principio, pero después ya no. Después lo que necesitabas era ánimo con todos los proyectos que empezabas, respuestas con las dudas de tu edad, la compañía de alguien que no fuese director sino apoyo, consuelo y aliento. Quizás en parte fuera el papel que me tocaba, quizás forme parte de ser padre.

Dicen que las emociones son magia… y que los seres humanos podemos tener tanta que somos capaces de experimentar varias emociones a la vez. Me siento triste porque parte del tiempo que no hemos pasado juntos ya no volverá. Supongo que todos los padres sienten en algún momento lo mismo, pero eso no me consuela.

Sin embargo, lo que sí lo hace es que, ahora, cuando te veo librando tus propias batallas me siento orgulloso de que las afrontes de manera honesta. De que equivocadas o acertadas sean las que tú has decidido y en las que has encontrado la pasión. Viéndote crecer he entendido que yo quería una vida fácil para ti y que tú quieres una vida feliz para ti. Solo espero que lo consigas, y por supuesto, que lo compartas conmigo.

P.D: Como ves, hoy también, a parte de padre, he empezado a ser un poco periodista y este artículo me gustaría terminarlo y firmarlo contigo a la hora de comer.

Fotos cortesía de Soosh

Vía: Sergio de Dios Gonzalez – lamenteesmaravillosa

Las personas complicadas o el arte de hacer difícil lo sencillo

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Las personas complicadas o el arte de hacer difícil lo sencillo

Hay personas así, complicadas y demandantes, de las que tienen un problema para cada solución, una contradicción para cada evidencia y una tormenta para cada instante de calma. Son petulantes y ladrones de paz interna, personalidades complejas que adoran las discusiones, que agotan, debilitan y que hemos de aprender a manejar para preservar nuestra integridad mental y emocional.

A muchos nos encantaría poder llevar a este tipo de perfiles a nuestra bandeja de “spam”, a una dimensión paralela donde nuestra realidad más cercana quedara a salvo e intacta. Sin embargo, si hay algo que todos sabemos es que ya sea en nuestra familia, en nuestro entorno laboral o incluso en el grupo de amigos, nunca faltan este tipo de personas complejas con las que estamos -casi- obligados a convivir.

A veces, al apartarnos de las personas complicadas, hasta nuestra salud mejora…

Decía Confucio en sus textos que hay personas que parecen encontrar algún tipo de recompensa encontrando fallos en los demás. Esto puede llegar a ser muy invalidante si quien ejerce esta práctica es nuestra pareja o un padre o una madre con sus hijos. La personalidad “complicada”, entendida como aquella que muestra comportamientos erráticos, desiguales, narcisistas, manipuladores, y a instantes hasta agresivos psicológicamente, encierran tras de sí matices que es necesario conocer en profundidad.

El arte de hacer difícil lo sencillo esconde un laberinto de problemas emocionales que nos será muy útil descubrir.

Mujer dormida

Las personas complicadas o la habilidad de ver el mundo desde el plano negativo

Todos somos complicados a nuestra manera. Cada uno de nosotros disponemos de esos ovillos particulares alojados en la mente y el corazón, donde se entremezclan miedos con inseguridades, frustraciones con ansiedades. Sin embargo, la principal diferencia respecto a esos otros perfiles que habitan en lado más extremo de la complejidad es la incapacidad para establecer relaciones sociales y afectivas funcionales, respetuosas y estables.

El rasgo más evidente de estas personas es que presentan una clara inestabilidad emocional. Algo así ya nos avisa sin duda de una serie de problemas subyacentes que explican esa rigidez, esa inflexibilidad e inclinación constante por buscar el fallo ajeno, por dejar en evidencia, por hacer fácil lo difícil y echar raíces en el subsuelo de la negatividad.

Las personas complicadas, y esto es importante tenerlo en cuenta, pueden padecer alguna distimia (un trastorno afectivo de carácter depresivo crónico) o incluso algún tipo de trastorno de la personalidad que sin duda, dificulte ese trato cotidiano y significativo con las personas que conforman su entorno cercano.

Otras veces, y de esto habla Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional”, cuando atravesamos situaciones de estrés elevado y continuado en el tiempo, dejamos de pensar con claridad, no somos capaces de ver las prioridades y tenemos una “tendencia natural” a ver las cosas mucho más complicadas de lo que son en realidad.

Con todo esto queremos decir algo tan sencillo como evidente: las personas difíciles y complicadas, esas con las que en ocasiones nos suele costar tanto convivir, pueden esconder algún tipo problema subyacente que explique ese patrón de comportamiento.A veces, son hombres o mujeres que necesitan ayuda.

Por otro lado, también nosotros mismos podemos, en un momento dado, vivir con esa nube oscura en la cabeza, ahí donde la vida, a instantes, no es tremendamente complicada, como un puzzle al que le faltan piezas, como un juego de tetris imposible de resolver.

Tácticas inteligentes para tratar a las personas complicadas

En vista de lo expuesto anteriormente, ya tenemos claro que en primer lugar es recomendable ser sensibles ante estos comportamientos y entender que las personas complicadas pueden estar pasando por un momento personal delicado. No obstante, y por otro lado, también las hay que han cronificado sus manías, sus artimañas narcisistas y ese deseo encubierto por hacer difícil la vida a los demás.

Si es este el caso, si cerca de nosotros hay algún perfil con estas mismas características lo primero que debemos tener claro es lo siguiente: no podemos cambiar su forma de ser, pero sí el modo en que interactuamos con ellos/as para que sus actos nos afecten menos. Te explicamos cómo.

Los hilos invisibles que mantienen nuestros comportamientos

5 claves para mantener el control con los perfiles complicados

La recomendación más evidente es la siguiente: establecer distancia. Ahora bien, no nos referimos solo a la “distancia física” – que como ya sabemos no siempre es posible- nos referimos a la necesidad de establecer barreras psicológicas y emocionales. Un desafío complejo que podemos conseguir con estas claves:

  • Debemos comunicarnos siempre con asertividad.
  • Deja claro cómo te sientes cada vez que la persona complicada hace o dice algo que te afecta, te daña o te molesta. Hay que poner sobre la mesa cuáles son los efectos de sus acciones.
  • Hay que detallarle qué es lo que no puede hacer, lo que no debe repetirse.
  • A su vez, es recomendable ofrecerle alternativas a sus acciones para que las tenga en cuenta (la próxima vez estaría bien que no te fijaras solo en mis errores, si aportaras soluciones o propuestas en lugar de críticas todo iría mejor. Yo sé que puedes hacerlo y confío en ello).
  • Por último, es muy acertado también mantener siempre la calma y entender que perder los nervios hará que la situación se vuelva más tensa. Lo ideal es construir una barrera de distancia, un espacio de seguridad.

Para concluir, hay personas con una tendencia natural a complicarse y a complicar la vida de los demás. Seamos capaces primero de entender sus ópticas y de intuir si detrás ellas existe algún tipo de problema que reclame nuestra ayuda. Si no es así, no cabe otra opción que desplegar nuestros paraguas emocionales para protegernos de sus tormentas personales.