Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

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Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

En 1938 la Universidad de Harvard (USA) comenzó una investigación llamada “Estudio sobre el desarrollo adulto”. Su principal objetivo era determinar qué es lo que realmente nos hace felices. La investigación se extiende hasta la actualidad y es uno de los más completos en su área.

Para realizar la investigación se pidió la colaboración de 700 hombres jóvenes, inicialmente. Algunos de ellos eran personas que gozaban de una posición acomodada, mientras que otros pertenecían a clases pobres de Boston. Los investigadores acompañaron a estas personas a lo largo de sus vidas para evaluar cómo buscaban y eventualmente construían su felicidad.

Actualmente la investigación cuenta con más de 1.000 hombres y mujeres, algunos de los cuales son hijos de la primera generación de voluntarios. El actual director del estudio es el psiquiatra Robert Waldinger, que también es maestro Zen.

Con base en las conclusiones extraídas en estos 76 años de estudio, el profesor Waldinger ofreció un pequeño esquema de lo que podría llamarse “una buena vida”. La investigación ha permitido establecer qué es lo que realmente hace felices a las personas (o al menos la mayoría) y enseguida te contamos cuáles son algunos de esos hallazgos.

Lo más felices nos hace: la calidad de nuestras relaciones

Una de las conclusiones más importantes del estudio sobre el desarrollo adulto es que las personas se sienten auténticamente felices cuando logran establecer relaciones humanas de calidad. “Lo que encontramos es que en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo”, dijo Waldinger.

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Respecto a la pregunta sobre qué es una relación de buena calidad, el académico señaló que es aquella en la cual te sientes confiado y puedes ser tú mismo. En otras palabras, no te sientes juzgado y tienes la convicción de que cuentas con la otra persona en prácticamente cualquier circunstancia. Este tipo de vínculo puede hacerse con la pareja, con la familia o con amigos y compañeros.

El dinero y la fama son cortinas de humo

En varias ocasiones la investigación ha aplicado cuestionarios sobre el concepto de felicidad entre los participantes, e incluso entre personas que no forman parte del estudio. Les preguntan qué les haría felices. Un 80% de los consultados ha dicho que sería feliz si tuviera más dinero y un 50% aseguró que la fama le daría la dicha. Sin embargo, tras analizar los resultados después de que mejorara la condición económica o los éxitos sociales de estas personas se concluyó que la suposición que hacían a priori no se reflejaba en los resultados después de la mejora.

mujer con máscara negra

Todo parece indicar que el dinero y la fama actúan en nuestras mentes como una especie de cortina de humo. Se podría concluir que quienes piensan de ese modo no están admitiendo que lo que buscan en el fondo es aprobación, respeto y compañía. Sin darse cuenta asumen que dinero y a la fama serán vehículos para ganar más y mejores vínculos con los demás.

Esto quiere decir que inconscientemente creen que si tuvieran mayor dinero o fama, serían más valorados por los demás, lo cual es falso. Tanto la fama como el dinero sí atraen nuevos vínculos, pero en muchos casos se trata de nexos poco auténticos, no basados en la genuina valoración del otro. Muchos se acercan a los ricos y famosos por los beneficios que pueden obtener, pero no porque experimenten auténtico afecto por esas personas.

Si ya hay una respuesta, ¿por qué no somos más felices?

El estudio de Harvard ha encontrado la respuesta a la pregunta de cómo podemos ser felices y se trata de una respuesta relativamente sencilla y muy concreta. Pero esto lleva a una nueva pregunta: ¿por qué entonces hay tantas personas infelices? ¿No bastaría con que invirtieran más tiempo y esfuerzo en sus relaciones para que pudieran vivir mejor? Ahí está realmente la clave del asunto.

Establecer relaciones de calidad no es tan sencillo. Y no lo es porque exige que para hacerlo hayamos desarrollado previamente un conjunto de valores y virtudes que no están simplemente ahí, servidas a la carta. Para construir vínculos valiosos necesitamos ser generosos, bondadosos, pacientes y cercanos en el trato.

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En la vida, el asunto no es encontrar “personas especiales” con las que podamos establecer vínculos maravillosos. De lo que se trata más bien es de que nosotros mismos seamos maravillosos en nuestras relaciones. Esto es lo que constituye la base de un vínculo de calidad.

La conclusión fundamental de los 76 años que tiene el estudio de Harvard es muy simple: todos buscamos, fundamentalmente, ser amados. Eso sería un sinónimo de ser felices. Sin embargo, muchas veces no se logra construir relaciones de amor genuino porque todavía nosotros no hemos desarrollado esa profunda capacidad de dar amor.

Vía: lamenteesmaravillosa

Signos de que tu relación de pareja se ha desgastado

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Signos de que tu relación de pareja se ha desgastado

Toda relación de pareja pasa por diversas etapas. Algunas veces este proceso lleva a un fortalecimiento de la relación, pero en otros casos hay un desgaste.

Cuando las afinidades son menos que las diferencias, invariablemente necesitamos avanzar a otra lado. Este es un proceso que se da de forma silenciosa y pasa porque todos avanzamos y con el tiempo buscamos nuevas cosas.

Una relación de pareja requiere de un esfuerzo y atención constantes. Pero estas dos cosas no surgen de forma automática. Quizás sientes que la relación de pareja que tienes ahora ya no te interesa tanto como antes. No te debes sentir culpable por esto.

Debes identificar si estás pasando por un cambio profundo que puede llevar la relación a otro nivel o si ésta ya no tiene futuro. Los signos de que tu relación de pareja se ha desgastado son:

Pareja sentada en un banco separada

Ya no conoces a la otra persona

Cuando una relación de pareja inicia, lo normal es tener largas conversaciones. Sueles hablar de lo bueno, lo malo, las preocupaciones del día a día, etc. La compenetración llega a ser tan fuerte que con solo ver a la otra persona puedes saber lo que le pasa. Con el tiempo, esto ayuda a tener una comunicación más fluida y tu pareja se convierte también en tu mejor amigo.

Sabrás que tu relación de pareja se ha desgastado cuando ya no conozcas a tu pareja ni tengas interés en él o ella. Cuando ya te da igual lo que anhela o ya no te preocupa ayudarle a alcanzar sus sueños. A veces puede parecer que la rutina les hace una mala jugada y que no están juntos porque necesitan cambiar de aires.

Pero si descubres que realmente ya no te hace falta y que en realidad disfrutas más el tiempo lejos de tu pareja, es hora de analizar lo que está pasando. Llegados a este punto lo mejor suele ser terminar con la relación.

Parece que el único interesado en la relación eres tú

Cada uno tiene personalidades muy distintas y obligaciones que cumplir. Por eso no es raro que de pronto tu pareja no pueda mandarte un mensaje de buenos días o que parezca distraído. Pero puedes darte cuenta de que tu relación de pareja se ha desgastado cuando tú eres el único que pone interés en lo que ocurre.

El problema es más profundo que simplemente dejar de enviar mensajes o dejar de llamar al otro. Se trata de que la comunicación ya no fluye de forma natural sino que se concentran en cumplir con lo esperado: un beso de buenos días o comer juntos pero sin hablar del futuro. ¿Tu pareja está haciendo planes a futuro sin preguntarte? ¿Estos planes te incluyen o en realidad le daría igual si estás o no en ellos?

Hombre con paraguas detrás de su pareja

Ya no te interesa el sexo… con tu pareja

La pasión y el deseo sexual son dos de los aspectos más importantes dentro de la relación de pareja. Aunque es cierto que ciertos cambios y la rutina pueden afectar, siempre queda algo de deseo entre las dos personas. Pero una relación de pareja que ya se ha desgastado tendrá menos necesidad de explorar estas áreas de su vida en común.

Algo va mal cuando aparecen las infidelidades o cuando tú o tu pareja ponen cualquier tipo de pretexto para no tener intimidad. Eso sí, debes estar seguro de que no hay otro aspecto físico o emocional que afecte su sexualidad.

Habla sobre tu relación de pareja

Cuando una relación de pareja se ha desgastado y no tiene más futuro te darás cuenta. Es probable que no estés list@ para aceptarlo y que por eso dudes. Esto es muy válido y natural porque cuando inicias una relación lo haces con la idea de que dure por mucho tiempo.

Pero si estos signos han aparecido debes tomarte un momento para hablar con tu pareja y entender lo que realmente está pasando. En caso de que lo consideren necesario, pueden acudir a terapia de pareja o probar a estar separados un tiempo y ver qué pasa. Esto les ayudará a entender si realmente necesitan al otro en su vida como pareja, como amigo o de ninguna forma.

Vía: lamenteesmaravillosa

El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

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El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

A menudo, no falta quien defiende aquello de que las personas sarcásticas son más inteligentes, más ágiles y brillantes en el dominio de las palabras. Sin embargo, esa forma de ingenio a veces se carga de veneno, de una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.

El sarcasmo como forma de comunicación tiene muchos adeptos y seguidores. Por ejemplo, lo podemos ver en varias series de televisión, ahí donde sus protagonistas muestran una mente privilegiada, excepcional y a instantes inspiradora, capaz de resolver infinidad de enigmas criminales y desafíos médicos. Sin embargo, estos personajes se caracterizan a la vez por un tipo de lenguaje mordaz, aderezado por ciertas dosis de desprecio hilvanadas por grandes dotes de sarcasmo.

Hemos de tenerlo claro, este tipo de lenguaje mordaz, satírico pero ingenioso es claramente perjudicial para la comunicación efectiva. En ocasiones, no solo hay un claro desprecio, muchas veces existe una clara incapacidad de establecer un diálogo neutral, un intercambio armónico de mensajes donde no se derive en la burla como forma de expresar poder o dominancia.

Por otro lado, hay un aspecto que no conviene descuidar. El sarcasmo es más común entre personas que mantienen una relación de confianza, como pueden ser los compañeros de trabajo, nuestros familiares o incluso nuestras parejas. Un hecho que intensifica aún más el efecto desgastante y afilado de esta dimensión.

Los “matones” intelectuales y su arma favorita: el sarcasmo

Hay un tipo de bullying para el cual existe una mayor indulgencia. Hablamos sin duda del sarcasmo, y ese tipo de agresiones tan comunes como permitidas que se dan ante todo en nuestro mundo adulto, en nuestros entornos laborales y en especial en esos espacios privados donde se encierran las dinámicas antes señaladas: las de pareja, familia e incluso de amistad.

Según el “Ranking Bully Types” del 2010, los matones intelectuales están especializados en la condescendencia. Son perfiles que camuflan sus inseguridades a través de grandes palabras y frases arrogantes. A su vez, disfrutan consiguiendo que los demás se sientan inferiores bajo la clara creencia de que ellos son más inteligentes, más hábiles y, por supuesto, brillantes.

Lo más negativo de todo ello es que muchas veces glorificamos estos comportamientos o incluso los interpretamos como bromas inocentes. Al principio, hay quien es incapaz de ver en ese acto una forma de intimidación o desprecio. Uno termina sonriendo el ingenio y el sutil juego de palabras admirándose por tal artimaña lingüística. Sin embargo, cuando el matón intelectual persiste cada día en su artillería verbal, la cosa no solo cambia, sino que tiene consecuencias serias.

La primera consecuencia es la vulneración del vínculo relacional con esa persona. Es un atentado hacia la autoestima del otro, es una agresión y un “matoneo” constante e implacable. El segundo aspecto, tan interesante como devastador a la vez, es descubrir que el artesano del sarcasmo rara vez es consciente de su comportamiento ni de sus actos intimidantes.

Estas personalidades suelen camuflar una clara insensibilidad interpersonal o social, un embotamiento emocional donde lo único que se busca a cada instante es imponer su destreza intelectual, su habilidad de palabra e ingenio, porque esas son las únicas herramientas de las que dispone el sarcástico para reafirmarse como persona.

Tres modos de hacer frente a las agresiones sarcásticas

Es muy posible que a todos nos cautive el sutil ingenio verbal de personajes como Sherlock Holmes. Sin embargo, más allá de una mente brillante y un cerebro maravillosamente dotado, debe existir también una persona cercana, empática y respetuosa. Porque de nada importa el ingenio de una frase si el mensaje que transmite es dañino.

Este tipo de dinámicas pueden verse muchas veces en esas cenas que se hacen con amigos. No suele faltar, por ejemplo, esa pareja (ya sea hombre o mujer) que deja caer un comentario sarcástico y ocurrente sobre el cónyuge que al instante provoca las risas de toda la mesa, excepto de la propia víctima. De algún modo, todos son cómplices de esa agresión encubierta, de ese desprecio camuflado ante el que debemos estar más atentos para poner límites. Para frenarlos. Te explicamos cómo.

Mujer con nubes alrededor agresiones

Cómo defenderse de la persona sarcástica

La primera recomendación es simple y básica: no asumiremos una actitud pasiva ante el sarcasmo. Tampoco se trata de reaccionar con rabia, iniciando una afrenta poco útil. No podemos olvidar que, generalmente, estamos ante una persona muy hábil con las palabras, pero pobre con las emociones, y es ahí donde tenemos nuestra ventaja. Por tanto, lo primero que haremos es expresar con tranquilidad “que no nos ha sentado bien el comentario”.

  • Exige literalidad. El sarcástico tiene un máster en las metáforas y en las más siniestras ironías. No las aceptes, exígele que sea literal. Las personas maduras transmiten valentía y claridad en la palabra, los inseguros se camuflan en los juegos de palabra.
  • La tercera recomendación es explicarle al “matón intelectual” los efectos de su comportamiento. Si es nuestro compañero de trabajo o un amigo, hay que dejarle claro que no nos hace sentir bien y que en caso de no mostrar más amabilidad o cercanía, optaremos por la distancia.

Por otro lado, si el artesano del sarcasmo es nuestra pareja, hablaremos del dolor que nos causa y de que ese atentado continuo hacia nuestra autoestima no es reflejo de un amor sincero, ni lógico, ni consciente ni maduro. Exige respeto, honestidad y afecto transmitido a través de ese alimento enriquecedor que es el lenguaje y la palabra.

Recuerda siempre que el sarcasmo y los agresores intelectuales no merecen ser alimentados con la admiración, sino cortados con la verdad de aquello que ocasionan sus actos.

Imagen principal cortesía de Nicoletta Ceccoli

Vía: lamenteesmaravillosa

La dignidad personal es reconocer que merecemos algo mejor

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La dignidad personal es reconocer que merecemos algo mejor

Las personas tenemos un precio, un valor indiscutible llamado dignidad personal. Es una dimensión incondicional que nos recuerda cada día que nadie puede ni debe utilizarnos, que somos libres, seres valiosos, responsables de nosotros mismos y merecedores a su vez de un adecuado respeto.

La dignidad es sin duda uno de los conceptos más interesantes a la vez que descuidados dentro del campo del crecimiento personal. De algún modo a muchos se nos ha olvidado que esta dimensión no depende del reconocimiento externo, nadie tiene por qué otorgarnos un valor determinado para que nosotros mismos nos sintamos merecedores de obsequios.

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca meramente como medio”
-Immanuel Kant-

La dignidad es una cualidad inherente que viene de “fábrica”. Tal y como dijo Martin Luther King una vez, no importa cuál sea tu oficio, no importa el color de tu piel ni cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria. Todos somos dignos, y todos tenemos la capacidad de construir una sociedad mucho mejor basada en el reconocimiento de uno mismo y en el de los demás.

Sin embargo, dignidad y vulnerabilidad siempre van de la mano. Porque esta cualidad innata depende directamente de nuestro balance emocional y de la autoestima. De hecho, en ocasiones basta con que alguien nos quiera mal para que no nos sintamos dignos de ser amados. Basta también con que pasemos una temporada sin empleo para llegar a pensar que no somos dignos ni útiles para esta sociedad.

Te proponemos reflexionar sobre ello con nosotros.

Qué no es dignidad personal

Entender desde bien temprano que merecemos lo mejor, que debemos ser respetados por lo que somos, tenemos y nos caracteriza, no es orgullo. Defender nuestra identidad, nuestra libertad y nuestro derecho a tener voz propia, opinión y unos valores, no es narcisismo. En el momento que entendemos todo esto nuestra personalidad se refuerza y conseguimos una adecuada satisfacción interna.

Sin embargo, hemos de admitirlo, si hay una dimensión de nuestro bienestar psicológico que más secuelas deja tras haberla descuidado, olvidado o dejado en manos de otros, es ella, la dignidad. De ahí, que siempre debamos recordar algo muy sencillo a la vez que ilustrativo: la esperanza no es lo último que una persona debe perder; en realidad, lo que jamás debemos perder es la dignidad personal.

Veamos a continuación de qué maneras se nos escapa este valor, este principio de fortaleza interior.

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Perdemos la dignidad personal cuando…

La dignidad no son unas llaves que ponemos en nuestros bolsillos y que de vez en cuando, dejamos a otros para que nos las guarden. La dignidad no es una posesión material es un valor intransferible, incondicional, propio y privado de cada uno. No se deja, no se pierde ni se vende: va contigo SIEMPRE.

  • Las personas perdemos nuestra dignidad cuando nos dejamos humillar y boicotear de forma sistemática.
  • Perdemos nuestra dignidad de forma fulminante cuando dejamos de amarnos a nosotros mismos.
  • La dignidad se pierde cuando nos volvemos conformistas y aceptamos mucho menos de lo que merecemos.
  • Por curioso que nos parezca, también podemos dejar escapar esta dimensión en el momento en que nos excedemos, en que exigimos privilegios y vulneramos el sentido del equilibrio y la igualdad respecto a nuestros semejantes.

Tal y como podemos ver, no solo la falta de seguridad personal y de amor propio genera la pérdida de esta raíz de nuestro bienestar. A veces, hay quien se vuelve indigno en el momento en que da el paso hacia el abuso, hacia la falta de consideración y el egoísmo extremo.

Los 5 pilares de la dignidad personal

La dignidad es quizá un tema mucho más tratado por la filosofía que por la psicología. Kant, por ejemplo, definió en su momento a la persona con adecuada dignidad personal como alguien con conciencia, voluntad propia y autonomía. Sin embargo, en las definiciones más clásicas sobre esta dimensión se descuida un aspecto esencial: la dignidad también se expresa cuando somos capaces de conseguir que quienes nos rodean, se sientan respetados, dignos y valorados.

“Todo ser humano es persona. Hay que respetar a la persona como referente, con independencia de que posea o no la propiedad de la conciencia”.
-Evandro Agazzi-

Estamos pues ante un valor personal, pero también ante una actitud proactiva. No importa que nos venga de “fábrica” como señalábamos al inicio. Debemos ser capaces de propiciar y crear entornos donde impere la dignidad, ya sea en nuestras familias, en nuestros entornos laborales y en la propia sociedad.

Veamos ahora qué pilares sustentan esta valiosa dimensión.

circulo de mujeres en dignidad

Cómo aprender a ser personas con una dignidad más fuerte

El primer aspecto es comprender que somos dueños de nosotros mismos. Somos nuestros directores de orquesta, nuestros gurús personales, nuestro timón de mando y nuestra brújula. Nadie tiene por qué llevarnos ni arrastrarnos a océanos que no son nuestros, a escenarios que nos traen la infelicidad.

  • El segundo pilar es sin duda algo tan simple como complicado en ocasiones: darnos permiso para alcanzar aquello que queremos. Muchas veces no nos sentimos merecedores de algo mejor, de algo bueno y enriquecedor. Nos limitamos a aceptar lo que la vida ha querido traernos como si fuéramos actores de reparto en el teatro de nuestras vidas.
  • Define tus valores. Aspectos tan básicos como una identidad fuerte, una buena autoestima y unos valores sólidos configuran las raíces de nuestra dignidad personal, y esos aspectos que nadie puede ni debe vulnerar jamás.
  • Autoreflexión y meditación. A lo largo del día, es conveniente que tengamos un instante para nosotros mismos. Es un espacio propio donde tomar contacto con nuestro ser para hacer un adecuado diagnóstico sobre cómo nos sentimos. La dignidad queda “tocada” de muy diversas formas a lo largo de cada día, y es necesario identificar esos golpes, esas pequeñas heridas que sanar.

Por último, y no menos importante, es vital también que seamos capaces de cuidar de la dignidad de los demás. Lo señalábamos antes, porque ser digno es también saber reconocer al igual, sea cual sea su condición, su situación, su origen, su estatus o su raza. Aprendamos por tanto a crear sociedades más justas empezando siempre por nosotros mismos, por nuestra dignidad.

Vía: lamenteesmaravillosa

Ser bueno no es lo mismo que ser tonto

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Ser bueno no es lo mismo que ser tonto

Ser bueno no es para nada sinónimo de ser tonto. Según un estudio de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, ser bueno es rentable porque nos proporciona bienestar emocional. Los valores humanos actúan en este caso como factores de protección.

Existen diez valores aplicables a todas las culturas que son considerados como buenos.La bondad, el universalismo, la independencia del pensamiento, llevar una vida excitante, hedonismo, logro o éxito personal, el poder y valores más tradicionales como la seguridad, la conformidad y la tradición.

Llevar una vida acorde a valores bondadosos nos proporciona protección frente a una sociedad que muestra cada vez más un umbral de tolerancia más bajo hacia los problemas. Cada vez hay más problemas adaptativos que acaban generando patología, como son las depresiones, los cuadros de ansiedad, el estrés, etc.

Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro

Todo aquello que lanzamos hacia los demás es un boomerang que recibiremos en gran medida según obremos. Cuando buscamos el bien para nuestros semejantes, ya sea a través de un pensamiento, un sentimiento o una acción, potenciamos conexiones con los demás. Una conexiones que nos reportan emociones confortables, protagonistas de nuestro bienestar emocional.

La mayoría de lo que damos se nos es devuelto en algún momento o circunstancia de la vida, muchas veces multiplicado. Así que si se trata de ayudar, a través del amor debemos saber que, al darlo, automáticamente estamos abriéndonos para que se cumpla en nosotros esa ley natural mediante la cual se vuelve a reciclar el sentimiento.

La construcción del bien común es una labor de todos. En el momento actual hay una sensación de indiferencia en la sociedad, la gente está harta y se ha instaurado la desconfianza. Todos tenemos la sensación de que en muchos aspectos la vida nos han engañado. Más allá del diagnóstico de la situación, la cuestión fundamental es cómo salir de ella.

La sociedad necesita comportamientos ejemplares de cada uno de los individuos que la componen: con independencia de juzgar a las personas que lo hicieron mal en el pasado, esta es la única forma honesta de asegurarnos un futuro mejor.

Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas

El único símbolo de superioridad es la bondad

Todo acto de bondad es una demostración de poder. Ser una persona benevolente no implica aumentar la tolerancia frente a lo ruin, o tener conformidad hacia lo inepto, sino más bien tener la voluntad de hacer el bien. Recuerda que eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu vida.

Para Buda Gautama, por encima de todo está la bondad afectuosa. Así como la luz de la luna ilumina sesenta veces más que la de las estrellas, la bondad afectuosa libera al corazón de una forma sesenta veces más efectiva que todos los demás logros juntos. Si nos alimentamos de bondad, los miedos y los pesares morirán rápidamente de hambre.

La paciencia es la virtud que mejor describe a las buenas personas. Enmarca la capacidad de dar libertad y margen de error a las personas que queremos. El arte de la bondad parece que es un bien escaso, pero quizás es más común de lo que creemos.

La mejor forma en que la vida recompensa a las buenas persona es a través de la gratitud. Un halago significa que reconocen nuestra labor, el cariño significa que nuestra compañía es grata para otros, el agradecimiento significa que somos capaces de ser útiles para otras personas, ya sean con nuestras palabras, actitudes o conductas. Los tres elementos a la vez (halagos, cariño y gratitud) nos permiten tener relaciones más estrechas y cercanas.

“La gente buena es sabia porque, de forma consciente o inconsciente, entiende de lo que se trata; lo que hacemos por los demás lo hacemos por nosotros mismos”

No me grites que estoy sorda de un pie

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No me grites que estoy sorda de un pie

No me grites que estoy sorda de un pie y por mucho que alces la voz no te voy a obedecer. Yo sigo mi camino y a veces me equivoco, pero por mucho que grites no harás que aminoren mis pasos: solo mostrarás tu falta de educación.

Ya sabes lo que dicen, no por mucho gritar uno tiene más razón, sino al contrario, uno obtiene menos respeto y mayor incomprensión. Dicen que las palabras son el mejor vehículo para la comunicación, pero también dicen, y lo olvidamos más, que cuanto más suben de volumen más valor pierden.

Gritamos porque es un recurso fácil para llamar la atención, pero lo que en realidad demostramos es nuestra falta de habilidades de comunicación.

Para llegar a un punto de encuentro valen más un “gracias” o un “por favor”, una expresión razonada, que no unos gritos que silencian cualquier tipo de razón. No me grites, cuéntame, escúchame, ten paciencia y ayúdame a aprender de mis errores. Aprendamos el uno del otro, no nos perdamos en aullidos sonoros como si fuéramos lobos, no somos animales salvajes, somos seres racionales.

El que grita nos busca para atacarnos con su arma de combate: la palabra

No me grites, no me ataques, no utilices las palabras sin medirlas. Sé consciente de que las palabras, si no pasan el filtro de la razón, pueden envenenar toda una relación. Sé valiente y habla. Piensa que si me gritas no habrá punto de encuentro porque no voy a entrar en tu juego.

No me intimides a voces, porque no voy a escucharte. Voy a huir de tus aullidos como si conmigo no hablaras, porque para hablarme antes tienes que respetarme. Y las claves del respeto vienen de saber escuchar y aceptar que no todo el mundo piensa como tú… y habrá algunas cuestiones en las que ese mundo empiece conmigo.

No hay mayor forma de respeto ante uno mismo que no haciendo caso de las faltas de respeto que cometen hacia ti. Si quieren tu atención deben merecérsela, no se la regales a unos gritos de un cualquiera.

Si no sabes cómo comunicarte, si sientes que estás frustrado y la ira llega a tu boca antes de que puedas pensar lo que dices, ponte en mi lugar y quizás así me entiendas y no me grites. Si no sabes cómo hacerlo te daré un consejo: “los dramas, las etiquetas, los “debería” y los “tengo siempre la razón” no son buenos alimentos para una relación”.

Tampoco ayuda eso de guardarse las pequeñas cosas para luego gritar a todo volumen y con detalles aquello que te molestó. No me grites pasados unos días. Háblame, enséñame, comparte conmigo aquello que te molestó y así podemos estudiar si lo nuestro tiene o no solución. Lo nuestro, porque es nuestro…

Y si nos encontramos en una bifurcación, será mejor que cada uno escojamos nuestro camino en lugar de usar los gritos para expresar nuestro dolor. No me grites porque así no aprendemos nada, no me grites si me aprecias o me amas.

chica tapándole cara su pareja

Si quieres enseñar modales, haz de modelo

No me digas tus bondades, no te vendas como víctima o eterno sufridor, muéstrame aquello que quieres; sé un modelo, no un provocador. Si pides algo más vale que sea algo que tú haces y que lo pidas con educación. Recuerda que recibe aquel que da, no el que exige sin demostrar nada.

Piensa que todos nos equivocamos, que no somos perfectos… pero que también aprendemos, cambiamos y construimos cosas a nuestro alrededor. Háblame de tus miedos, ábreme tu corazón, déjame entenderte y así podamos cambiar los gritos por un “por favor”.

Aprendamos juntos, conozcámonos, no intentemos cambiarnos, sino que intentemos ser como somos, pero con más educación. No me grites cuando no te guste lo que hago porque si me quieres me aceptas tal y como soy. No intentes cambiarme a gritos, así solo haces daño. No me grites porque estoy sorda de un pie y por mucho que lo hagas no dirás a dónde voy.

7 formas invisibles de machismo

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7 formas invisibles de machismo

Muchas veces es difícil reconocer el machismo. A menudo se camufla en comportamientos que parecen inofensivos. La cultura misma lo alimenta y hace que se transmita en pequeñas dosis cotidianas. Pero esas pequeñas dosis, sumadas, conforman toda una cosmovisión que sigue otorgándole un papel cuestionable a la mujer.

Ningún espacio de la vida diaria está a salvo del machismo. Es una conducta tan acendrada que se transmite y retransmite inconscientemente. La mujer enfrenta día a día insinuaciones o actitudes de discriminación que muchas veces pasan desapercibidas, pero que implícitamente la agreden profundamente.

“—Entonces, ¿por qué les pagaban menos? —Bueno chico, es obvio —dijo el panadero encogiéndose de hombros—. Son mujeres”.

-Juan Gómez-Jurado-

Aunque las mujeres han alcanzado derechos que antes no tenían, todavía falta mucho. Se sabe por ejemplo que en general ganan salarios menores. Y que en muchos trabajos tienen que probar una excelencia fuera de lo normal para obtener ascensos.

La calle también es uno de esos escenarios en los que muchas veces se libra una batalla de géneros. Hay ciudades en el mundo que debieron implementar transportes públicos exclusivamente femeninos para proteger a la mujer. En pleno siglo XXI esto es, por lo menos, preocupante. También hay otras formas de machismo cotidiano que vale la pena examinar y que enseguida te presentamos.

1. El machismo en la frase “Te hace falta un novio”

Esta frase tiene que ver con tus estados de ánimo. Si estás muy triste poco importa el porqué. La conclusión es que necesitas un hombre a tu lado. Se supone que las mujeres se ponen insoportables si no tienen un hombre al lado. Así que si estás preocupada, tensa o estresada, muchas veces te dirán “Lo que te hace falta es un novio”.

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Esta frase en realidad encierra un componente muy agresivo. Plantea a la mujer como un ser “en falta” y concluye que lo masculino es todo lo que ella necesita para estar bien. Se trata de una de esas fórmulas que parten de la idea de que la mujer es el “sexo débil” y que necesita, sí o sí, de un hombre para ser feliz.

2. Tienes que cuidar tu apariencia, sino, ¿quién se va a fijar en ti?

Debes arreglarte siempre, tener un cuerpo armónico, lucir agradable. De lo contrario estás condenada a la invisibilidad. En otras palabras, a la inexistencia. Se asume de entrada que la belleza física es el único atributo que le otorga una presencia social a la mujer.

El problema de este tipo de afirmaciones es que esconden una amenaza muy agresiva que pasa desapercibida. Confinan el papel social de la mujer a la seducción. Minan la seguridad y el amor propio. Y reafirman la idea de que la mujer existe para gusto del hombre y no para ningún otro propósito.

“Se confina el papel social de la mujer a la seducción”

3. El día que te cases…

Es una frase que los padres, y muy especialmente la madre, le repiten incansablemente a sus hijas en ciertas culturas. Se habla de “El día que te cases…” como su destino final. En el fondo, lo que están afirmando es que su proyecto de vida debe apuntar al matrimonio. Y a ser la buena esposa de algún hombre.

Se supone que la mujer ya ha alcanzado un lugar importante en la ciencia, la política y la cultura. Sin embargo, es de verdad muy frecuente escuchar este tipo de frases en los hogares. Quizás piensan que otras mujeres pueden escalar hacia grandes posiciones, pero su hija o su hermana no.

4. Deberías ser más femenina

La adjudicación de los roles de género es un asunto cultural. No existe alguna ley biológica que indique que un hombre no pueda ser sensible, o que una mujer no pueda ser ruda. Simplemente las culturas han distribuido la delicadeza de este modo. Quizás para impedir que la mujer se subleve o confronte al hombre.

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El “deberías ser más femenina” es una llamada de atención para que la mujer suavice sus modales, cuando al mismo tiempo también es una invitación a no cuestionar su rol. A adaptarse pasivamente a lo que la cultura le impone. Al tiempo, implícitamente, define las maneras que se consideran “impropias” en los varones.

5. Los piropos en la calle

Es una situación muy incómoda tener que aguantar ciertas frases que pueden dedicarte por la calle. Y más que incómoda, es una situación que puede entrañar un riesgo para la mujer. Pero muchos hombres se sienten con ese derecho, mientras no sean frases ofensivas ni groserías, aclaran. Pocos aceptan que es una agresión injustificada.

Te pueden decir al verte que pareces un ángel, que estás muy bonita. Es posible que te reciten un poema. Sin embargo, es un abuso que no tendrías por qué soportar. Las mujeres que se oponen a este tipo de prácticas son llamadas “feminazis” o “amargadas”.

6. No seas mojigata o no seas tan fácil

El mensaje de la cultura es: está bien que te veas bonita, que seas simpática y que te comportes de manera seductora. Pero no exageres. No muestres más de la cuenta o parecerás una mujer fácil. El secreto está en mostrarte deseable y a la vez difícil de alcanzar.

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El recato, ante todo, alguna insinuación y nada más. Lo demás corre por cuenta del hombre. Él es el encargado de conquistarte y tú de aceptar después de un tiempo. Nada de tomar la iniciativa. Si lo haces dejarás de ser una mujer interesante. Una que otra mirada y ser siempre agradable garantizan que te veas interesante.

Con este tipo de aseveraciones se refuerza la idea de la “mujer-presa”.  La mujer vendría a ser el premio de caza para un hombre. “La presa” a la cual dirige sus avances. En general, una mujer que toma la iniciativa amorosa o se empodera de su vida sexual es vista como amenaza.

7. No seas tan ilusa, el amor es un sueño romántico de las mujeres

El machismo te advierte que el amor es inalcanzable. Solamente se da en los cuentos de hadas. Tú no eres una princesa, sino una simple mortal que vive de sueños e ilusiones. Los hombres no pueden ser románticos y, por lo tanto, no tienes derecho a esperar que lo sean. El amor al estilo “femenino” no es más que una ingenuidad.

Te aseguran que la realidad es muy diferente. Tienes que conformarte con lo que te tocó en suerte. Imagínate que, por esperar tu “príncipe azul”, termines sola para siempre. Atrapa al primer hombre que encuentres o se te puede escapar. Es preferible tener un hombre asegurado o, de lo contrario, el día de mañana te vas a arrepentir.

Todas estas formas de micromachismo hacen daño. No solamente a las mujeres, sino también a los hombres. A nadie le quedan bien las camisas de fuerza. Cada persona es única y el rol de género a veces le queda estrecho a muchos. Ya es hora de abrir la conciencia a esas fórmulas cotidianas y erradicarlas para siempre.

Vía: lamenteesmaravillosa

Desarrolla estas 3 habilidades para prevenir la depresión

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Desarrolla estas 3 habilidades para prevenir la depresión

Se ha hablado mucho acerca de la depresión y sus manifestaciones. También de la forma de encarar sus síntomas. Sin embargo, creo que no se ha hecho suficiente hincapié en algo que es crucial: la depresión se puede prevenir. Pero para lograrlo es necesario desarrollar algunas habilidades.

Para nadie es un secreto que la depresión viene en aumento en todo el mundo. Hay cientos de estudios que así lo certifican. De hecho, hasta se ha convertido en un estado del que muchos hablan como si fuera perfectamente normal. Dicen “Amanecí deprimido” y ya está. Como si no fuera algo que no mereciera atención.

Qué maravillosa ha sido mi vida, ojalá me hubiera dado cuenta de ello antes”.

-Colette-

Aunque se insiste mucho en ello, todavía no es clara para muchos la diferencia entre tristeza y depresión. Esta última no es una condición normal, sino un estado sostenido en el tiempo que requiere de medidas puntuales para erradicarlo. La tristeza es una emoción, la depresión una enfermedad. Y como en toda enfermedad, si se toman medidas a tiempo, es posible prevenir su aparición.

Reconoce tus propias emociones para prevenir la depresión

Es usual que las personas describan sus emociones de forma imprecisa. Esto no es un problema de lenguaje, sino de pensamiento. Muchas veces no se hace el esfuerzo suficiente para captar y definir qué es realmente lo que sientes.

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La verdad es que bautizar y delimitar las emociones no es nada fácil. Solo se logra con un esfuerzo continuado. Ayuda que trates de describir cada emoción por escrito para precisar su naturaleza. ¿Sientes ira o te sientes frustrado? ¿Estás feliz, o más bien eufórico?… A veces las diferencias son sutiles, pero relevantes.

Si aprendes a reconocer tus propias emociones habrás dado un paso gigantesco para prevenir la depresión. Dicho reconocimiento ayuda a poner en orden la mente. En consecuencia, los problemas se comprenden mejor y es más sencillo visualizar los caminos para solucionarlos.

Incrementa la empatía

Un factor clave para prevenir la depresión es el desarrollo de la empatía. Es una habilidad que te permite comprender los sentimientos del otro y ponerte en su lugar. Contribuye a que entiendas la realidad desde el punto de vista de alguien diferente: en diferentes circunstancias, con intereses diferentes y bajo la influencia de pensamiento distintos.

¿Por qué la empatía contribuye a prevenir la depresión? Sin que te des cuenta, el ejercicio de comprender al otro incrementa la comprensión que tienes sobre ti mismo. También permite que salgas de tus islas mentales y veas el mundo desde otra perspectiva. Y, por supuesto, facilita tu relación con los demás.

Las personas empáticas siempre son menos solitarias y más flexibles. Esto conlleva a que también sean más tolerantes y, por ende, menos conflictivas. Una persona con la empatía bien desarrollada difícilmente cae en las garras de la depresión.

Aprende a comunicarte de manera asertiva

La forma como te comunicas con el mundo determina la forma en que te relacionas con el mundo. No hay otra manera de saber qué piensa o que siente una persona, sino a través de la forma como lo comunica. Puede ser con un gesto, con las palabras, incluso con los silencios. También a través de sus manifestaciones artísticas. En últimas, el ser humano siempre está comunicando.

De lo que comuniques, aunque no quieras, depende la calidad de los vínculos que establezcas. Si guardas silencio, teniendo que decir algo, lo que sigue no es el entendimiento, sino la confusión. Si dices lo que tienes que decir, pero lo haces sin tener en cuenta las formas, lo que sigue no es la comprensión de tu mensaje, sino una reacción a tu crudeza o agresividad.

La comunicación asertiva tiene que ver con lograr expresar lo que sientes y piensas de una manera que pueda ser realmente comprendido por los demás. Lograr esto requiere de un entrenamiento constante. Además, no siempre eres dueño de lo que los demás entienden. Aún así, lo tuyo es decirlo de forma clara, serena y oportuna. Así tendrás mayores posibilidades de que te entiendan.

El reconocimiento de las emociones, la empatía y la comunicación asertiva están íntimamente ligados entre sí. Estas tres habilidades contribuyen de manera decisiva a prevenir la depresión. No surgen de manera espontánea, sino que son destrezas que se deben cultivar. De seguro no es fácil hacerlo, pero bien vale la pena porque todo esto se va a ver reflejado en mayor salud mental y mejor calidad de vida.

Vía: lamenteesmaravillosa

No se puede volver atrás después de haber abierto los ojos

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No se puede volver atrás después de haber abierto los ojos

Hay heridas que en lugar de abrirnos la piel nos abren los ojos. Cuando eso ocurre, no cabe otra opción más que coger los pedazos rotos de nuestra felicidad perdida para recomponer la propia dignidad. Un amor propio necesario para seguir adelante con la cabeza alta y la mirada firme, sin mirar atrás, sin mendigar realidades imposibles…

Este acto de descubrimiento o de toma de conciencia de una verdad, no siempre llega tras un acto doloroso que nos golpea sin esperarlo y sin anestesia. En ocasiones, acontece de forma sibilina, tras muchos pocos que al final hacen “un mucho”, como un rumor discreto pero persistente, que al final nos convence de algo que quizá ya sospechábamos casi desde un principio.

Dentro de una concepción más espiritual, es común hablar de lo que se conoce como el “tercer ojo”. Es sin duda un concepto interesante y curioso que en sus raíces tiene mucho que ver con esta misma idea. Para el budismo y el hinduismo en este ojo se localiza nuestra conciencia y esa intuición que favorece un adecuado despertar personal. Un nuevo estado de atención en el que podemos percibir ciertas cosas que en otros momentos se nos escapan.

Porque ese es quizá el mayor problema que tenemos las personas: miramos pero no vemos. En ocasiones, nos dejamos llevar por nuestras rutinas hasta desdibujarnos en la insatisfacción. También es habitual que nos dejemos atrapar en ciertas relaciones en las que lo damos todo, sin percibir que lo que obtenemos a cambio es el veneno de la infelicidad.

Abrir los ojos a estas realidades no es un simple despertar a la conciencia, es un acto de responsabilidad personal.

Miramos pero no vemos: es momento de abrir los ojos

Fue el propio Aristóteles quien dijo una vez que son nuestros sentidos quienes se limitan a captar la imagen del mundo exterior como un todo. En este sentido, solo cuando hay una clara voluntad podemos ver la verdad, porque es entonces cuando la mente toma un contacto auténtico con lo que le rodea y con sus reveladores detalles.

Conseguirlo no es fácil. Porque se necesita intencionalidad, intuición, sentido crítico y ante todo valentía para ver las situaciones y circunstancias reales y no como nos gustaría que fueran. Decir que muchos de nosotros andamos por nuestra realidad con una venda en los ojos puede sonar algo desolador, pero cuando las personas acuden en busca de un terapeuta con el fin de encontrar el origen de su ansiedad, de su cansancio, de su mal humor y de esa apatía vital que les quita el ánimo y la esperanza, el profesional realiza varios descubrimientos.

Uno de ellos es la férrea resistencia a ver las cosas tal y como son en realidad. “Mi pareja me quiere, sí, a veces me trata mal pero luego, cuando arreglamos las cosas, vuelve a ser esa persona maravillosa que tanto me ama”. “Sí, al final tuve que dejar la relación con esa chica porque a mis padres no les agradaba, pero es que ellos siempre han sabido lo que era mejor para mí…”

hombre con ojos tapados

Las personas nos negamos muchas veces a querer ver las cosas tal y como son por muy y variadas razones. Por temor a vernos a nosotros mismos y a descubrirnos, por miedo a tener que afrontar una verdad, por temor a la soledad, a no saber cómo reaccionar… Estas resistencias psicológicas son obstáculos mentales: empalizadas que actúan como mecanismos de defensa que alejan la felicidad.

No se nos puede olvidar que la felicidad es, por encima de todo, una acto de responsabilidad. Porque cuando por fin uno lo consigue, cuando logramos abrir los ojos, ya no hay vuelta atrás: es momento de actuar.

Cómo aprender a abrir tus ojos

Un modo sencillo, práctico y útil de aprender a abrir los ojos a la verdad es dando un descanso a nuestra mente. Sabemos que algo así puede resultar paradójico, pero no se trata en absoluto de silenciarla, de apagarla o de quitar las llaves al motor de nuestros procesos mentales. Se trata simplemente, de desacelerar, para de algún modo, encender ese “tercer ojo” del que hablan los budistas.

Te enseñamos los pasos a seguir.

  • Sitúate en un lugar relajado, libre de estímulos que capten la atención de tus sentidos más físicos (sonidos, olor, sensaciones físicas de frío, agobio o presión ambiental…).
  • Cuando intentamos aquietar la mente, es común que al instante, irrumpan molestos pensamientos automáticos, intrusivos y carentes de utilidad: cosas que hemos hecho, que hemos dicho, cosas que nos han pasado, que otros nos han dicho…
  • Cada vez que llegue hasta ti uno de estos pensamientos intrusivos, visualiza una piedra que es lanzada a un estanque. Imagina como cómo impacta contra la superficie del agua para después, desaparecer.

  • A medida que logremos controlar y apartar los pensamientos automáticos y sin utilidad, llegarán poco a poco esos otros donde se inscriben los miedos, las molestias, e incluso esas imágenes que se hallan grabadas en nuestros subconsciente y a las que no habíamos prestado atención (una falsa sonrisa, una mirada despectiva…).
  • Es momento de reflexionar sobre esas sensaciones y esas imágenes para preguntarnos por qué nos hacen sentir mal. Lo importante en esta fase es evitar justificaciones y juicios rápidos (mi pareja me ha dicho esa palabra despectiva porque seguramente, yo lo he provocado). Debemos ver las cosas tal y como son, aunque nos parezcan crudas, aunque descubramos que son temiblemente dolorosas.

Para que este ejercicio traiga resultados y nos permita abrir los ojos, debemos practicarlo a diario. La verdad ascenderá tarde o temprano hasta nosotros para quitarnos la venda de nuestro corazón y esos cerrojos donde nos hallábamos atrapados e insatisfechos.

Tras esto, ya no seremos los mismos y solo cabrá una opción, una salida y una obligación personal: mirar hacia delante, hacia nuestra propia libertad y felicidad.Quedarse atrás queda ya terminantemente prohibido.

Imágenes cortesía de Kelsey Beckett

Vía: lamenteesmaravillosa

Hasta ayer fui todo lo que pude, hoy soy todo lo que quiero

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Hasta ayer fui todo lo que pude, hoy soy todo lo que quiero

Hasta no hace tanto, muchos de nosotros fuimos aquello que pudimos o que otros nos dejaron ser. Sin embargo, con el tiempo, el corazón se enciende y la mirada se vuelve valiente. Atrás quedaron los miedos, porque hoy, por fin, somos todo lo que queremos, sin restricciones ni reservas y sin miedo al qué dirán.

Lograrlo no siempre es fácil, es resultado de un viaje para el que no siempre compramos los billetes correctos. La realización personal no llega con los años, como lo hacen las primeras canas o las primeras arrugas. Alcanzar la plenitud y esa sensación de bienestar y de equilibrio interno no es algo normativo, ni tampoco un programa que podamos instalar en nuestro cerebro como quien se descarga una aplicación nueva en su teléfono móvil.

Por otro lado, hay algo curioso en todo esto. Cuando en ocasiones pasamos por delante de una cafetería y escuchamos al vuelo alguna que otra conversación, hay una frase que casi siempre se repite. Es como un leitmotiv, como un especie de lamento o casi como una invocación: “Yo lo único que quiero es ser feliz”.

En esta frase se contiene cierta gota de desesperación y una tonelada de anhelos. Es como si muchos de nosotros sintiéramos una especie de “despersonalización”, como si estuviéramos enfrascados en una realidad en la que no nos identificamos, que no nos pertenece porque sencillamente, no nos confiere una felicidad real.

Te proponemos reflexionar sobre ello, te invitamos a hacer cambios para construir una nueva realidad más satisfactoria.

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El secreto para una vida más plena empieza hoy

Durante muchos años la investigación orientada hacia el estudio de la felicidad estaba enfocada a explicarnos cómo podemos ser felices. De hecho, a día de hoy tampoco faltan todos esos manuales de autoayuda que enfocan el tema casi del mismo modo: la felicidad como meta. Ahora bien, la felicidad no debería ser una meta sino una consecuencia, un subproducto de cada una de las acciones que hacemos al cabo del día, esas por las que merece la pena vivir.

Pongamos un ejemplo. Alastair Humphreys es lo que podríamos definir como un “aventurero”. Este escritor y coach motivacional trabaja para el National Geographic y en el 2012 planteó un pequeño desafío a sus lectores a través de la revista. Quiso enseñar a sus seguidores a favorecer su crecimiento personal, a que empezaran a ser quien de verdad deseaban y no lo que otros esperaban de ellos.

Para conseguirlo, los inició en una técnica que él llamó “microaventuras”. Era una invitación directa a encontrar el equilibrio interior iniciando pequeños desafíos cotidianos. La forma para conseguirlo no podía ser más sencilla. Proponía lo siguiente.

Relación sana con la naturaleza

La busca diaria del placer, el conocimiento y la libertad

El secreto para una vida más plena puede empezar hoy pero para ello, necesitamos dos ingredientes básicos: compromiso constante y creatividad. Es así como nuestras micro-aventuras del día a día generarán nuevos pensamientos, nuevas emociones y un mejor bienestar.

Estos serían algunos ejemplos.

  • Cambia de ruta para ir al trabajo. Si vas en coche coge el autobús y observa a la ciudad, a las personas… Si vas en autobús, bájate una parada antes y continua el trayecto a pie. Disfruta del momento, de tu presente, de lo que sientes, de lo que ves y te rodea.
  • Come en un parque, sal de tu círculo habitual de amistades y habla con gente nueva.
  • Rompe la rutina, atrévete a perderte en tu propia ciudad, obliga a tu mirada a buscar cosas diferentes.
  • Madruga, medita al amanecer. Piensa qué quieres conseguir en tu día y decide qué no quieres en él.
  • Oblígate a hacer algo nuevo cada día: un deporte nuevo, un libro nuevo, una afición nueva, una nueva amistad, un nuevo peinado, un nuevo pensamiento, una nueva actitud…
“Hoy puede ser el comienzo de todo lo que te propongas”

Poner en práctica estas sencillas “microaventuras” en el día a día genera pequeños cambios constantes que poco a poco, dan paso a algo nuevo. Es así como entendemos que la auténtica felicidad parte de un proceso y no como una menta inalcanzable que colocarnos en el horizonte. Se trata de derribar muros, barreras y actitudes limitantes para encontrarnos, para permitir que emerja nuestro auténtico ser.

Lo que era ayer y lo que soy en este momento

Hay quien se enorgullece cual regio titán de no haber cambiado nunca. De mantener siempre un mismo estilo de pensamiento, unas mismas actitudes y unas mismas esencias. Hemos de tener cuidado con este tipo de personalidades porque el ser humano, lo queramos o no, está obligado a avanzar como persona, a crecer, a ser flexible y a adaptarse a esta compleja realidad para construir una felicidad más íntegra, real y satisfactoria.

hoy soy todo lo que quiero

No ser la misma persona que ayer no es un drama. Porque a pesar de los golpes, las decepciones y las pérdidas algo nuevo ha surgido de todo ello. Algo hermoso, algo más luminoso y sin duda, mucho más fuerte. Lo que somos hoy no es solo el resultado de nuestro pasado, porque en nuestro ser albergamos también la esperanza del futuro y el placer de un presente que disfrutar siendo nosotros mismos.

Entendamos entonces que la felicidad es un proceso, no un fin. Aprendamos que HOY es siempre el mejor momento para tomar decisiones, para reafirmarnos y cruzar las barreras de nuestros miedos de manera que consigamos tocar la cumbre de todo aquello que de verdad merecemos.

Vía: lamenteesmaravillosa