Las personas complicadas o el arte de hacer difícil lo sencillo

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Las personas complicadas o el arte de hacer difícil lo sencillo

Hay personas así, complicadas y demandantes, de las que tienen un problema para cada solución, una contradicción para cada evidencia y una tormenta para cada instante de calma. Son petulantes y ladrones de paz interna, personalidades complejas que adoran las discusiones, que agotan, debilitan y que hemos de aprender a manejar para preservar nuestra integridad mental y emocional.

A muchos nos encantaría poder llevar a este tipo de perfiles a nuestra bandeja de “spam”, a una dimensión paralela donde nuestra realidad más cercana quedara a salvo e intacta. Sin embargo, si hay algo que todos sabemos es que ya sea en nuestra familia, en nuestro entorno laboral o incluso en el grupo de amigos, nunca faltan este tipo de personas complejas con las que estamos -casi- obligados a convivir.

A veces, al apartarnos de las personas complicadas, hasta nuestra salud mejora…

Decía Confucio en sus textos que hay personas que parecen encontrar algún tipo de recompensa encontrando fallos en los demás. Esto puede llegar a ser muy invalidante si quien ejerce esta práctica es nuestra pareja o un padre o una madre con sus hijos. La personalidad “complicada”, entendida como aquella que muestra comportamientos erráticos, desiguales, narcisistas, manipuladores, y a instantes hasta agresivos psicológicamente, encierran tras de sí matices que es necesario conocer en profundidad.

El arte de hacer difícil lo sencillo esconde un laberinto de problemas emocionales que nos será muy útil descubrir.

Mujer dormida

Las personas complicadas o la habilidad de ver el mundo desde el plano negativo

Todos somos complicados a nuestra manera. Cada uno de nosotros disponemos de esos ovillos particulares alojados en la mente y el corazón, donde se entremezclan miedos con inseguridades, frustraciones con ansiedades. Sin embargo, la principal diferencia respecto a esos otros perfiles que habitan en lado más extremo de la complejidad es la incapacidad para establecer relaciones sociales y afectivas funcionales, respetuosas y estables.

El rasgo más evidente de estas personas es que presentan una clara inestabilidad emocional. Algo así ya nos avisa sin duda de una serie de problemas subyacentes que explican esa rigidez, esa inflexibilidad e inclinación constante por buscar el fallo ajeno, por dejar en evidencia, por hacer fácil lo difícil y echar raíces en el subsuelo de la negatividad.

Las personas complicadas, y esto es importante tenerlo en cuenta, pueden padecer alguna distimia (un trastorno afectivo de carácter depresivo crónico) o incluso algún tipo de trastorno de la personalidad que sin duda, dificulte ese trato cotidiano y significativo con las personas que conforman su entorno cercano.

Otras veces, y de esto habla Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional”, cuando atravesamos situaciones de estrés elevado y continuado en el tiempo, dejamos de pensar con claridad, no somos capaces de ver las prioridades y tenemos una “tendencia natural” a ver las cosas mucho más complicadas de lo que son en realidad.

Con todo esto queremos decir algo tan sencillo como evidente: las personas difíciles y complicadas, esas con las que en ocasiones nos suele costar tanto convivir, pueden esconder algún tipo problema subyacente que explique ese patrón de comportamiento.A veces, son hombres o mujeres que necesitan ayuda.

Por otro lado, también nosotros mismos podemos, en un momento dado, vivir con esa nube oscura en la cabeza, ahí donde la vida, a instantes, no es tremendamente complicada, como un puzzle al que le faltan piezas, como un juego de tetris imposible de resolver.

Tácticas inteligentes para tratar a las personas complicadas

En vista de lo expuesto anteriormente, ya tenemos claro que en primer lugar es recomendable ser sensibles ante estos comportamientos y entender que las personas complicadas pueden estar pasando por un momento personal delicado. No obstante, y por otro lado, también las hay que han cronificado sus manías, sus artimañas narcisistas y ese deseo encubierto por hacer difícil la vida a los demás.

Si es este el caso, si cerca de nosotros hay algún perfil con estas mismas características lo primero que debemos tener claro es lo siguiente: no podemos cambiar su forma de ser, pero sí el modo en que interactuamos con ellos/as para que sus actos nos afecten menos. Te explicamos cómo.

Los hilos invisibles que mantienen nuestros comportamientos

5 claves para mantener el control con los perfiles complicados

La recomendación más evidente es la siguiente: establecer distancia. Ahora bien, no nos referimos solo a la “distancia física” – que como ya sabemos no siempre es posible- nos referimos a la necesidad de establecer barreras psicológicas y emocionales. Un desafío complejo que podemos conseguir con estas claves:

  • Debemos comunicarnos siempre con asertividad.
  • Deja claro cómo te sientes cada vez que la persona complicada hace o dice algo que te afecta, te daña o te molesta. Hay que poner sobre la mesa cuáles son los efectos de sus acciones.
  • Hay que detallarle qué es lo que no puede hacer, lo que no debe repetirse.
  • A su vez, es recomendable ofrecerle alternativas a sus acciones para que las tenga en cuenta (la próxima vez estaría bien que no te fijaras solo en mis errores, si aportaras soluciones o propuestas en lugar de críticas todo iría mejor. Yo sé que puedes hacerlo y confío en ello).
  • Por último, es muy acertado también mantener siempre la calma y entender que perder los nervios hará que la situación se vuelva más tensa. Lo ideal es construir una barrera de distancia, un espacio de seguridad.

Para concluir, hay personas con una tendencia natural a complicarse y a complicar la vida de los demás. Seamos capaces primero de entender sus ópticas y de intuir si detrás ellas existe algún tipo de problema que reclame nuestra ayuda. Si no es así, no cabe otra opción que desplegar nuestros paraguas emocionales para protegernos de sus tormentas personales.

5 consideraciones que toda persona mayor merece

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5 consideraciones que toda persona mayor merece

La intolerancia frente a la vejez es otro de esos males contemporáneos que se instalaron en el mundo de manera gradual y sin saber a qué hora. De ser una fuente amorosa de sabiduría, las personas mayores pasaron a convertirse en seres con los que muchos no saben qué hacer. Al pasar de cierto número de años, muchos se enfrentan al rechazo, al olvido o al desprecio.

El ideal contemporáneo se centra en la juventud como fuente de todo bienestar. Pese a que esto es falso, muchos lo dan por cierto y actúan en consecuencia. La fortaleza física es ahora más o menos un fetiche. Una persona mayor no cabe en esa ecuación y su vulnerabilidad no es algo con lo que se quiera lidiar.

Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario”.

-Arthur Schopenhauer-

Las personas más frágiles resultan muchas veces relegadas. Así pasa con los niños, las personas mayores y los enfermos, entre otros. Los adultos jóvenes, sanos, fuertes y en pleno uso de sus potencialidades, siempre andan en busca de alguien en quien delegar la atención y los cuidados que son su responsabilidad. Ya hablemos de sus propios hijos, o sus propios padres o familiares, pareciera que no hay tiempo para ellos.

Por eso les queremos dedicar este artículo, porque con su bregar en la vida se han ganado al menos estas cinco consideraciones que vamos a detallar a continuación.

No intentes cambiar a una persona mayor

De por sí, intentar cambiar a alguien roza la falta de respeto. ¿Quién te dice a ti que tienes la verdad, la razón o la facultad para intentar algo así? Solo quien se cree mejor que otros intenta cambiar a los demás. Y el concepto de “mejor” o “peor” es extremadamente relativo y muy peligroso además cuando lo utilizamos en primera persona.

cuidadores de ancianos

Con independencia de quien hablemos, una persona de mayor ya “ha toreado en muchas plazas”. Se ha formado sus propios criterios, acertados o no. Ha adquirido sus propios hábitos, gustos y costumbres. Nadie tiene derecho a intentar convencerla de que debe pensar o actuar de otra manera. Y, de hecho, es muy probable que por más que lo intentes, no logres que cambie de parecer. Al aceptarlos les evitas y te evitas malos ratos innecesarios.

No entres en discusiones con ellas

Puede que tu padre o tu abuelo estén convencidos de algo que a ti te puede parecer absurdo. Sus creencias religiosas o políticas podrían ser muy diferentes a las tuyas. Las personas mayores, de buena fe, a veces quieren intentar convencerte de que ellos tienen la razón.

No olvides que una persona mayor ha acopiado un gran bagaje, que no es para nada despreciable. Si piensa como piensa no es fruto de la casualidad, sino de vivencias y conocimientos adquiridos. No es una buena idea enfrascarte en discusiones inútiles para que logre entender tu punto de vista. Regálale una escucha afectuosa y respetuosa: la merece.

Apóyalas en sus intereses y aficiones

Muchas veces las personas de mayores se muestran tímidas o temerosas con sus propios intereses o aficiones. En el mundo actual, su palabra no es muy tenida en cuenta, a menos que ocupen puestos de poder. Aunque muchos se muestren aburridos o apáticos, hay otros muchos que todavía sienten que tienen mensajes que trasmitir y esos mensajes son importantes.

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Puede ser la lectura, o la jardinería o incluso el deporte. Sería lindo que tú trataras de descubrir esos intereses huérfanos. Y si los conoces, o has averiguado cuáles son, vale la pena que apoyes a esa persona para que vaya más allá del interés. En el ocaso de la vida tener una afición o un interés aplicado puede ser un bálsamo extraordinario.

Acepta sus limitaciones físicas y cognitivas sin criticarlas

Dicen que hay una prueba que todos deberíamos hacer. Taparnos los oídos con algodones, aplicar vaselina sobre los ojos y amarrar dos ladrillos a nuestras piernas. Luego, tratar de vivir así por una hora. De esa manera sabríamos cómo se siente estar en una edad avanzada. Quizás así también aprenderíamos a ser más tolerantes con las limitaciones de las personas mayores.

Si paseas con una persona mayor, camina a su ritmo y no le pidas más de lo que puede dar. Si no te escucha cuando hablas, esfuérzate tú por hablar más fuerte y claro, en lugar de recriminarle a él por no oírte. Escucha sus quejas de salud sin ofuscarte y trátalo como a ti te gustaría que te tratasen a su edad.

Pasa por alto sus manías

Algunas personas mayores pueden ser bastante caprichosas y tercas. Incluso pueden ser traviesos o desafiantes. En verdad, hay un momento en que vuelven a comportarse como niños. Y en medio de ese infantilismo tardío hay unos cuantos que desarrollan comportamientos extravagantes.

Recuerda que detrás de la manera de actuar de una persona mayor hay una razón. Están viviendo cambios muy grandes y se enfrentan a la idea de que van a morir en unos años. Sus obstinaciones y caprichos les ayudan a compensar su sentimiento de vulnerabilidad o su miedo. No le des a esas conductas más importancia de la que tienen.

Persona mayor asomada mirando

Los padres o los abuelos mayores también son una fuente de sabiduría, aunque no hayan aprendido a leer y a escribir. Escucharles y pasar tiempo con ellos puede nutrir tu corazón de manera sorprendente. Acoger su vulnerabilidad te convierte en una persona mejor y le da a tu vida un sentido más profundo.

Vía: lamenteesmaravillosa

Empatía: ¿qué caracteriza a las personas que la poseen?

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Empatía: ¿qué caracteriza a las personas que la poseen?

La empatía es un arte, una capacidad excepcional programada genéticamente en nuestro cerebro con la que sintonizar con los sentimientos e intenciones de los demás. Sin embargo, y aquí llega el problema, no todos logran “encender” esta linterna que ilumina el proceso de construcción de las relaciones más sólidas y enriquecedoras.

Algo que escuchamos con frecuencia es aquello de que “tal persona no tiene empatía”, “que aquella otra es una egoísta y que carece por completo de ella”. Bien, algo que es importante aclarar desde un principio es que nuestro cerebro dispone de una arquitectura muy afinada mediante la que favorecer esa “conexión”. La empatía, al fin y al cabo, es una estrategia más con la que mediar en la supervivencia de nuestra especie: nos permite entender a la persona que tenemos delante y nos facilita la posibilidad de establecer una relación profunda con ella.

Esa estructura cerebral donde la neurociencia ha situado nuestra empatía está en el  giro supramarginal derecho, un punto situado justo entre el lóbulo parietal, el temporal y el frontal. Gracias a la actividad de estas neuronas logramos separar nuestro mundo emocional y nuestras cogniciones para ser más receptivos en un momento dado, hacia las de los demás. 

Ahora bien, aclarado este dato, la siguiente pregunta sería, entonces… ¿si todos disponemos de esta estructura cerebral, por qué hay personas más o menos empáticas e incluso quienes presentan una ausencia total y absoluta de ella? Sabemos, por ejemplo, que el trastorno antisocial de la personalidad tiene como principal característica esa falta de conexión emocional con los demás. Sin embargo, dejando a un lado el aspecto clínico o psicopatológico son muchas las personas que simplemente, no llegan a desarrollar esta habilidad.

Las experiencias tempranas, los modelos educativos o incluso el contexto social, hace que esta maravillosa facultad se debilite a favor de un egocentrismo social muy marcado. Tanto es así, que tal y como nos revela un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan, los universitarios de hoy en día son hasta un 40% menos empáticos que los estudiantes de los años 80 y 90.

La vida actual tiene ya tantos estímulos y tantos distractores para muchos jóvenes y no tan jóvenes, que dejamos de ser plenamente conscientes del momento presente e incluso de la persona que tenemos ante nosotros. Los hay que están más sintonizados a sus dispositivos electrónicos que a los sentimientos de los demás, y eso, es un problema sobre el cual deberíamos reflexionar.

Para profundizar un poco más en el tema, te proponemos a continuación conocer qué rasgos definen a las personas que sí disponen de una autoestima auténtica, útil y esencial con la que establecer relaciones saludables y un adecuado desarrollo social.

Manos traspasando energía

La empatía útil Vs la empatía proyectada

Una aspecto básico que conviene aclarar desde un principio es qué entendemos por empatía útil, porque aunque nos sorprenda, no basta  simplemente “con tener empatía” para construir relaciones sólidas o para mostrar eficacia emocional en nuestras interacciones cotidianas.

Para entenderlo te pondremos un sencillo ejemplo. María acaba de llegar a casa cansada, agotada de mente y molesta. Acaba de tener una discusión con sus padres. Cuando Roberto, su pareja, la ve, lee de inmediato en su expresión y en su tono de voz que algo no va bien, interpreta su malestar emocional y en lugar de generar una respuesta o una conducta adecuada, opta por aplicar la empatía proyectada, es decir, amplifica aún más esa negatividad con frases como “ya vienes otra vez enfadada, es que te coges las cosas a la tremenda, siempre te pasa lo mismo, mira qué cara llevas…”.

No hay duda de que muchas personas son hábiles a la hora de empatizar emocional y cognitivamente con los demás (sienten y entienden qué ocurre), sin embargo en lugar de mediar en la canalización y en la adecuada gestión de ese malestar, lo intensifican.

La persona hábil en empatía, por tanto, es aquella capaz de ponerse en los zapatos ajenos sabiendo en todo momento cómo acompañar en ese proceso sin dañar y sin actuar como un espejo donde se amplifique el dolor. Porque a veces no es suficiente con comprender, hay que saber ACTUAR.

La auténtica empatía deja a un lado los juicios

Nuestros juicios diluyen nuestra capacidad de acercamiento real hacia los demás. Nos sitúan en un bando, en un lado del cristal, en una perspectiva muy reducida: la nuestra. Cabe decir, además, que no resulta precisamente fácil escuchar a alguien sin emitir juicios internos, sin poner una etiqueta, sin valorar a esa persona como hábil, torpe, fuerte, despistada, madura o inmadura.

Todos lo hacemos en mayor o menor grado, sin embargo, si fuéramos capaces de despojarnos de ese traje, veríamos a las personas de una forma más auténtica, empatizaríamos mucho mejor y captaríamos con más precisión la emoción del otro.

Es algo que deberíamos practicar a diario. Una habilidad que según varios estudios suele llegar a medida que nos hacemos mayores, puesto que la empatía, así como la capacidad de escuchar sin juzgar, es más común a media que acumulamos experiencias.

Las personas con empatía disponen de una buena conciencia emocional

La empatía forma parte indispensable de la Inteligencia Emocional. Sabemos que este enfoque, esta ciencia o área tan exitosa de la psicología y el crecimiento personal está de moda, pero… ¿Hemos aprendido de verdad a ser buenos gestores de nuestro mundo emocional?

  • La verdad es que no mucho. En la actualidad, seguimos viendo muchas personas que manejan a la ligera y con supuesta eficacia términos como la autorregulación, la resilencia, la proactividad, la asertividad… Sin embargo, carecen de un auténtico inventario emocional y siguen dejándose llevar por la ira, la rabia o la frustración como lo haría un niño de 4 años.
  • Otros en cambio, piensan que ser “empático” es sinónimo de sufrimiento, como un contagio emocional donde sentir lo que otro sienten para experimentar el mismo dolor ajeno como una suerte de mimetismo del malestar.

No es lo adecuado. Debemos entender que la empatía sana, útil y constructiva parte de esa persona que es capaz de gestionar sus propias emociones, que dispone de una autoestima fuerte, que sabe poner límites y que a su vez, es hábil a la hora de acompañar emocional y cognitivamente a los demás.

La empatía y el compromiso social

La neurociencia y la psicología moderna definen la empatía como el pegamento social que mantiene unidas a las personas y que a su vez, genera un compromiso real y fuerte entre nosotros.

Por curioso que parezca, en el reino animal el concepto de empatía está muy presente por una razón muy concreta que hemos señalado al inicio: la supervivencia de la especie. Algo así genera que muchos animales y diversas especies muestren comportamientos de cooperación donde atrás queda la clásica idea de la “supervivencia del más fuerte”. Un ejemplo de ello lo podemos ver en ciertas ballenas, capaces de atacar a las orcas para defender a las focas.

Sin embargo, entre nosotros predomina en muchos casos el efecto inverso, a saber, la necesidad de imponernos los unos sobre otros, de buscarnos enemigos, de alzar fronteras, de crear muros, de invisibilizar personas o incluso de atacar al más débil solo por ser débil o ser diferente (pensemos en los casos de bullying).

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Por su parte, las personas que se caracterizan por una auténtica empatía creen en el compromiso social. Porque la supervivencia no es un negocio ni debe entender de políticas, de intereses o de egoísmos. Sobrevivir no es solo permitir que nuestro corazón bombee, es disponer de dignidad, de respeto, es sentirnos valorados, libres y parte de un todo donde todos somos valiosos.

Esa es pues la auténtica empatía: ponernos en el lugar del otro para facilitar a su vez una convivencia llena de armonía. Trabajemos en ello cada día.

El síndrome del corazón roto: muy habitual en la mujer

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El síndrome del corazón roto: muy habitual en la mujer

Perder a un ser querido o sufrir un dura decepción puede, literalmente, rompernos el corazón. Hablamos de la cardiomiopatía de Takotsubo, un tipo de patología que más que fracturar este órgano, lo que hace es deformarlo. Una impronta dolorosa que tiene poco de poético pero sí un género favorito: la mujer.

En la actualidad, el síndrome del corazón roto aún no es muy conocido. Tampoco queda claro por qué casi el 95% de los casos diagnosticados pertenecen al género femenino. Sin embargo, la prevalencia está ahí y no podemos cerrar los ojos a una realidad evidente. El mundo emocional impacta en ocasiones como un latigazo directo al corazón. Sin piedad. Nos hace creer que vamos a perder la vida, aunque afortunadamente, no suele ser así.

Se estima que entre el 1 y el 2% de las mujeres diagnosticadas por un ataque cardíaco lo que sufren en realidad es el síndrome del corazón roto. Es una dolencia que puede visualizarse perfectamente en las pruebas de diagnóstico, porque el corazón queda temporalmente deformado en su lado izquierdo. Es la huella clara de ese instante en que el estrés se vuelve tóxico en nuestro organismo y moldea en nuestros órganos, como buen artesano, la marca del dolor.

Es importante conocer sus desencadenantes y ahondar un poco más en la cardiomiopatía de Takotsubo. Te invitamos a descubrirlo.

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El síndrome del corazón roto, cuando lo metafórico se vuelve realidad

Si el sonido de los corazones rotos fuera audible, es probable que se convirtiera en esa banda sonora triste tan habitual en nuestro día a día. Ahora bien, a pesar de que la mayoría ha experimentado esta sensación alguna vez, lo que origina la cardiomiopatía de Takotsubo es algo más delicado, más profundo a la vez que complejo.

Cuando hablamos de problemas cardíacos los asociamos casi de modo automático a los hombres. Si esto es así es por una razón muy sencilla. La hormonas salvaguardan -en cierta medida- el corazón de las mujeres durante gran parte de su vida, haciéndolas más resistentes. Aunque no invulnerables. Sin embargo, a partir de la menopausia esta pequeña barrera defensiva cae y el corazón empieza a ser menos resistente al estrés, a la ansiedad…

Muchos de estos enemigos silenciosamente instalados en nuestra mente y nuestro cuerpo van debilitando el tejido emocional. Hasta que un día, solo hace falta una decepción o una mala noticia para que esa tela se rompa del todo. Se produce la liberación repentina de grandes dosis de catecolaminas, unas sustancias similares a la adrenalina. En el corazón dispara su frecuencia cardiaca hasta producir un pequeño daño en el músculo cardiaco. Una deformidad.

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No se nos ha roto el corazón, pero casi. Lo metafórico se vuelve realidad y creemos morir. Los síntomas son similares a los de un infarto de miocardio, sin embargo, las pacientes suelen recibir el alta al cabo de 3 o 4 días. El corazón se encoge, grita en silencio, pero se recupera. El tratamiento con betabloqueantes siempre es efectivo y no hay secuelas. Aunque eso sí, nadie nos garantiza que no podamos volver a experimentar el síndrome del corazón roto…

Cuidar del corazón es también cuidar de las emociones

Tal y como señalábamos al inicio, el síndrome del corazón roto aún no dispone de mucha documentación científica. Fue descrito por primera vez en los años 90 en Japón. De ahí que su nombre haga referencia a un tipo de vasijas abombadas y de cuello estrecho llamadas “Tako-Tsubo” y que los nipones usaban para cazar pulpos. A su vez, se sabe también que suele sufrirse más en las épocas de verano o primavera en mujeres que ya han llegado a la menopausia.

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Síntomas del síndrome del corazón roto

Los síntomas del síndrome del corazón roto son:

  • La cardiomiopatía de Takotsubo no da síntomas previos. Aparece como un infarto, con la misma intensidad y con el mismo dolor.
  • Surgirá siempre en un contexto de estrés intenso, al recibir una mala noticia o cuando la persona se sienta, literalmente, desbordada.
  • Notaremos arritmias, insuficiencia cardíaca, mareos y una presión severa y devastadora en el pecho.

Gestionar las emociones para cuidar del corazón

La mente femenina, por lo general, suele tener un pequeño defecto. Priorizar muchas veces las emociones ajenas a las propias. En su afán de protección y atención siempre focalizará sus energías en la familia, en sus hijos, en su pareja… Poco a poco sus preocupaciones y ese delicado mundo emocional se convierte en un agujero negro que, tarde o temprano, implosiona.

Por ello, es necesario que reflexionemos en los siguientes aspectos:

  • No dejes para mañana lo que te preocupa hoy. Drena emociones, día a día. Pocos ejercicios son tan liberadores como liberar lo que oprime, como desahogar lo que nos quema por dentro.
  • No podemos ni debemos dar solución a todo lo que nos envuelve. Mantener a todo el mundo complacido es un foco de estrés muy destructivo.
  • El síndrome de corazón roto surge muchas veces tras un duro impacto emocional. Queda claro que nadie puede estar preparado para afrontar una pérdida, una separación, una dura decepción.
  • Sin embargo, lo que sí podemos hacer es instaurar en nuestro interior unos buenos “cimientos” para que ese impacto “no nos rompa”. Se trataría de asumirlo con la flexibilidad de esos materiales que primero reciben el impacto y luego, son capaces de recuperar su forma original.

Regálate tiempo, haz ejercicio moderado, practica yoga y priorízate como lo que eres: la persona más importante del teatro de tu vida. Haz de tu corazón tu mejor arma en estos tiempos complejos. En estos entornos donde solo cabe una cosa: aunar fortalezas para conquistar nuestra felicidad, nuestra calma interior.

Vía: lamenteesmaravillosa

Inspiramos confianza cuando las acciones secundan nuestras palabras

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Inspiramos confianza cuando las acciones secundan nuestras palabras

Inspiramos confianza en los demás cuando las acciones confirman y reiteran las palabras que decimos. “La acción expresa las prioridades” dijo Mahatma Gandhi con tan sencilla agudeza… Las expresa fidedignamente. La acciones son un signo de verdad, de autenticidad. Incluso la falta de acción es también una acción en sí misma.

Las acciones pueden acompañar a las palabras o pueden contradecirlas. Las palabras resultan más confiables si las acompañamos de hechos que señalen en la misma dirección y en el mismo sentido. Hechos que apoyen la veracidad de las frases en las que viajan deseos, promesas, arrepentimientos o intenciones. Los hechos alimentan la confianza y hacen que nos relajemos, que no estemos siempre alerta. Por lo tanto, que la tensión disminuya y que estemos en disposición de disfrutar más de esa relación.

Quizá te sientas identificado con esta parte si eres alguien que confía fácilmente en las personas que son importantes para ti. Cuando confías en ellas, confías en base a una coherencia entre lo que te dicen y lo que hacen por ti. Dejas de pedir fianzas y adelantos, siendo suficientes en sus palabras. De hecho te vendrán a la mente amigos, que incluso no siendo muy expresivos en sus emociones, han demostrado estar ahí, a tu lado en todo momento.

La confianza se da a través de los actos que confirman nuestras palabras

A la vez que también vendrán a tu mente personas en las que confiaste ciegamente por las palabras tan bellas que algún día te dedicaron. Personas aficionadas a las promesas que después demostraron no estar a la altura de lo mismo que prometieron.

Las palabras, si no se acompañan de hechos que las confirmen, son frágiles en el espacio por el que viajan y en la memoria. Dañan la confianza y la van minando hasta que se hace realmente difícil recuperarla. No se puede confiar en quien dice algo y después en su GPS mental marca otra dirección. Tu ausencia de re-acción muestra también lo que priorizas en la vida.

Piensa en esas personas que llenaron tu corazón con bellas y cuidadas palabras. Tan preciosas estas que…¿cómo uno no va querer dejarse mecer en ese vaivén de belleza y esperanza? Uno quiere confiar… uno no busca que le dañen. Las corazas vienen cuando hay mucho daño acumulado, pero nuestra intención genuina es la de querer confiar.

Confiar en el otro nos aporta seguridad y paz mental

La confianza da seguridad a nuestro mundo interno. Una seguridad que el ser humano necesita para no perder la cordura. Necesitamos congruencia. La incongruencia nos desestabiliza, nos vuelve inseguros, y nos hace estar alertas. Por tanto cuando alguien lastima nuestra confianza de manera reiterada hemos de dar nosotros el siguiente paso.

Si no damos valor a nuestra confianza estamos abocados a relaciones en las que nos pisotearán una y otra vez. Si no nos respetamos, no nos respetarán. Por tanto es importante hacer revisión y balance de a quienes estamos ofreciendo este acto tan bello pero a la vez tan frágil, como es el de confiar. A veces se convierte en un auténtico acto de coraje. ¿Te suena?

Busca actos que secunden tus palabras. No regales palabras a la ligera si no estás muy seguro de que realmente dibujan tus verdaderos sentimientos. No las regales tampoco si crees que no estás preparado para actuar. Da valor tú también a tus palabras. Cuando hay coherencia entre lo que dices y haces estás inspirando confianza y seguridad en el otro. Además, evitas esa disonancia cognitiva que pude resultar tan molesta también para el que la practica.

Las falsas esperanzas te llenan de aire pero no te alimentan

La confianza y la seguridad son pilares fundamentales en toda relación afectiva importante. Amigos hay muchos, pero AMIGOS en mayúsculas no se cuentan con tanta facilidad. Son estos, los que sabes que se escriben en mayúscula y negrita, porque están a tu lado. Porque sus palabras y sus actos se han encadenado de tal manera que no hay inseguridad posible que aceche vuestra relación. Sabes que si hay dificultades te las contran antes de traicionar lo que han dicho.

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Piénsalo, ¿prefieres seguir viviendo de falsas esperanzas de actos que nunca llegan, de palabras que se evaporan en cuanto dejan de emitirse… o prefieres una verdad a tiempo, aunque dolorosa, pero al fin y al cabo congruente con lo que el otro siente…? Al fin y al cabo es la verdad la que siempre nos muestra el camino auténtico, no las falsas esperanzas con sus engañosos horizontes.

La fidelidad es propia de los más inteligentes

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La fidelidad es propia de los más inteligentes

Rodolfo Llinás es un neurocientífico colombiano que ha dedicado la mayor parte de su vida al estudio del cerebro. Dirigió el programa NEUROLAB de la NASA y actualmente es director del departamento de psicología y neurociencias de la Universidad de Nueva York. Hace un tiempo dio una entrevista en la que sorprendió por el mapa que trazó con los conceptos de fidelidad, amor y felicidad.

Sus declaraciones prueban, desde el punto de vista neurológico, lo que muchos intuían por sentido común, experiencia u observación del comportamiento. Afirma que el cerebro es un sistema cerrado, que solamente es “perforado” por los sentimientos. Indica que su funcionamiento guarda cierta analogía con el de un ordenador, con la diferencia de que el cerebro tiene plasticidad y creatividad: se modifica, se nutre y cambia.

La fidelidad es el esfuerzo de un alma noble para igualarse a otra más grande que ella”.

-Goethe-

Según sus extensos y profundos estudios sobre el cerebro, concluye que la estructura intelectual está basada en la emocional. Primero es la emoción y luego la razón. Nos formamos las ideas del mundo no tanto a partir de razonamientos, sino de lo que sentimos. El amor tiene un lugar destacado y la fidelidad es propia de los más inteligentes, según sus palabras.

La fidelidad y la inteligencia

Rodolfo Llinás indica que el área emocional del cerebro es una de las más antiguas. Fue una de las primeras en desarrollarse. Según sus palabras, “es el cerebro truhán, el de los reptiles, donde no existen más que patrones de acción fijos. Por eso ellos se acercan o se van si quieren comida; atacan si quieren defenderse, y tienen sexo si quieren reproducirse”.

El amor tiene su origen en la misma área, pero implica unas funciones fisiológicas diferentes. El amor, dice Llinás, es como una golosina. Y quien está enamorado se vuelve goloso. Desea tener más y más amor de la persona a la que ama. Agrega además que “nadie se muere por exceso de amor.

El amor, señala el científico, no es como hacer gimnasia, sino como bailar, desde el punto de vista fisiológico. Frente al llamado “amor eterno” dice: “Ese es de inteligentes, que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno; cuidarla es mi responsabilidad, y viceversa. Saber que no habrá una puñalada trapera es la norma”.

La fidelidad contribuye a no desgastar energía emocional o intelectual innecesariamente. El ser humano, cuanto más inteligente, más orientado está hacia las grandes preocupaciones de la humanidad, deja de lado las situaciones que inestabilizan su vida o emplea energía para acciones más complejas. Por todo ello, Llinás concluye que el amor eterno es un baile infinito de neuronas entre dos personas inteligentes.

Estudios sobre inteligencia y fidelidad

Rodolfo Llinás no es el único que ha hablado de la relación entre inteligencia y fidelidad. Un estudio dirigido por el doctor Satoshi Kanazawa, especialista en sicología evolutiva, llegó a una conclusión similar. En su investigación se señaló que los hombres con coeficientes intelectuales más altos (superiores a 106) valoran más la fidelidad en pareja. En las mujeres es diferente: todas ellas la valoran, sin que esto guarde relación con su nivel de inteligencia.

El estudio indica que la monogamia es una fase superior de la evolución humana. En principio el humano está estrechamente ligado al comportamiento instintivo del mamífero. Esto le inclina a la poligamia. Pero tanto en la historia de la humanidad, como en la individual de cada hombre, la monogamia parece implicar un nivel superior de evolución.

Verdaderamente la infidelidad tiene como condición tener mucho tiempo libre y mucha disposición emocional para el conflicto. Cuando una buena parte de nuestro tiempo está ocupado es más complicado gastar parte de él en las intrigas y las estrategias que van asociadas a la infidelidad. Tampoco se dispone de tanta energía emocional como para pagar el precio de actuar a escondidas, evitando ser pillados y manteniendo una fachada falsa.

Resulta mucho más inteligente establecer una relación y refinarla que ir saltando de relación en relación. La monogamia trae grandes satisfacciones, no es un sacrificio. Como toda situación humana con valor, implica esfuerzos. Sin embargo, es mucho más lo que aporta. Si la vida individual se enfoca hacia grandes objetivos, seguro que un compañero o compañera permanente de viaje es un gran tesoro. Y al contrario, si la vida se enfoca a lo banal, una relación estable entorpece esa futilidad e intrascendencia.

Vía: lamenteesmaravillosa

El amor platónico: el deseo perpetuo por lo que nos falta

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El amor platónico: el deseo perpetuo por lo que nos falta

Platón decía que solo amamos aquello que deseamos y solo deseamos aquello que nos falta. Parece que ya en la época del conocido filósofo, existía el sentimiento tan devastador que aun hoy en día perdura y cada vez se enraíza con más fuerza en cada uno de nosotros: la insatisfacción permanente con la vida.

Es como si siempre nos faltase algo. Da igual que a los ojos de los demás, nuestra vida pueda parecer envidiable o que no tengamos de qué ni por qué quejarnos. En nosotros existe un vacío que no sabemos ya como tapar.

En las relaciones de pareja es donde solemos encontrarnos con más frecuencia este sentimiento. Hay tantas personas que necesitan un amor a medida, idealizado, perfecto… Esta visión nostálgica y romántica de las relaciones, ese amor al enamoramiento -que no a una persona concreta- es lo que les hace estar siempre insatisfechos. Así, su idea del amor no está basada en la realidad, sino en la fantasía de lo que podría ser o podría haber sido.

Hay veces, no muchas, que ese deseado amor tan platónico se hace realidad. Es entonces cuando la persona entra en un estado de exaltación en el que se siente embriagado y en el que cree haber tapado esa carencia que la hacía sufrir tanto.

El problema es que pasado un tiempo, empiezan a perder interés y vuelven a la misma dinámica platónica a la que están acostumbrados: desear algo inalcanzable y regodearse en su sufrimiento.

Deseo y placer

Existen multitud de personas que solo encuentran placer o agrado en el deseo. Parece que añorar, soñar, ilusionarse e idealizar es el motor que las hace vibrar. Sin embargo, cuando estas personas obtienen eso que soñaban, se aburren. Una vez que tenemos lo que supuestamente nos completaba, ya no hay cabida para el deseo y la proyección.

Lo que hemos conseguido no es más que algo real, imperfecto y parece que nunca cumple las expectativas del que anhelaba tenerlo.

Corazones

¿Qué es lo que ocurre finalmente? La persona platónica abandona, escapa en busca de nuevo de esa dosis de carencia, de ese deseo que es lo que realmente le hace sentir vivo, aunque sufra, se trata de un sufrimiento con cierto matiz dulce y adictivo. Piensa, que debe existir algo mejor, algo que mantenga su ilusión día tras día como si fuese el primero y, si no es así, es que todavía no lo ha encontrado: su misión será seguir con la búsqueda.

Pensamos en demasiadas ocasiones que la felicidad está en otra parte y que si pudiésemos acceder a ese lugar donde supuestamente nos está esperando, se acabaría toda nuestra insatisfacción. Pero finalmente descubrimos que no es así, que realmente ya lo tenemos todo para poder sentirnos plenos y que si supiésemos modificar ciertos matices -que rara vez cuestan dinero- de nuestro día a día no tendríamos que buscar la felicidad en otra parte.

El problema es que hacer esos cambios la mayoría de las veces nos aterra, nos instala en la ansiedad y en la inseguridad y nos quedamos anclados en lo que podría haber sido.

Aprender a amar lo que no nos falta

El deseo por lo que todavía no hemos conseguido es siempre legítimo y en muchos casos no deja de constituir una motivación positiva. Pero cuando ese deseo se convierte en necesidad y en consecuencia, en un doloroso sufrimiento, entonces nos bloqueamos y nos sentimos vacíos, permanentemente descontentos y anhelantes.

Esta manera de vivir, paradójicamente, no nos permite vivir. No somos libres, sino esclavos de una idea que nos dice como debería ser nuestra vida.

Es preciso entonces aprender a amar lo que no nos falta, lo que está en nuestra vida: ya sea la pareja, el trabajo, los amigos, nuestra ciudad. Todo ello encierra multitud de aspectos positivos que muchas otras personas desearían, a su vez, tener. Se trata de la visión particular de uno mismo, de limpiarse las gafas empañadas de rutina y desilusión y de cambiar voluntariamente aquellos aspectos que no encajan. Además, se trata de hacerlos con ilusión y, en la medida de lo posible, que la motivación sea el miedo.

Chica durmiendo sobre un corazón

Si somos capaces de apreciar y agradecer cada día lo que está en nuestra vida hoy, el sentimiento de “echar en falta” dejará de anclarnos en una ilusión permanente. Viviremos el presente, nos alegraremos de lo que nos sucede, aceptaremos las adversidades y extraeremos siempre una enseñanza o una parte positiva.

Abandonemos los viajes mentales al futuro, así como la queja repetida y constante que hastía hasta al más estoico. Quédate donde estás, arriesga y cambia lo que no te guste de tu vida, pero no anheles la perfección ni un imposible que nunca llegará. Lo que tienes ya es lo perfecto, es lo que debe ser, ¿por qué no empiezas a aprovecharlo?

Vía: lamenteesmaravillosa

Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

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Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

En 1938 la Universidad de Harvard (USA) comenzó una investigación llamada “Estudio sobre el desarrollo adulto”. Su principal objetivo era determinar qué es lo que realmente nos hace felices. La investigación se extiende hasta la actualidad y es uno de los más completos en su área.

Para realizar la investigación se pidió la colaboración de 700 hombres jóvenes, inicialmente. Algunos de ellos eran personas que gozaban de una posición acomodada, mientras que otros pertenecían a clases pobres de Boston. Los investigadores acompañaron a estas personas a lo largo de sus vidas para evaluar cómo buscaban y eventualmente construían su felicidad.

Actualmente la investigación cuenta con más de 1.000 hombres y mujeres, algunos de los cuales son hijos de la primera generación de voluntarios. El actual director del estudio es el psiquiatra Robert Waldinger, que también es maestro Zen.

Con base en las conclusiones extraídas en estos 76 años de estudio, el profesor Waldinger ofreció un pequeño esquema de lo que podría llamarse “una buena vida”. La investigación ha permitido establecer qué es lo que realmente hace felices a las personas (o al menos la mayoría) y enseguida te contamos cuáles son algunos de esos hallazgos.

Lo más felices nos hace: la calidad de nuestras relaciones

Una de las conclusiones más importantes del estudio sobre el desarrollo adulto es que las personas se sienten auténticamente felices cuando logran establecer relaciones humanas de calidad. “Lo que encontramos es que en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo”, dijo Waldinger.

amistades

Respecto a la pregunta sobre qué es una relación de buena calidad, el académico señaló que es aquella en la cual te sientes confiado y puedes ser tú mismo. En otras palabras, no te sientes juzgado y tienes la convicción de que cuentas con la otra persona en prácticamente cualquier circunstancia. Este tipo de vínculo puede hacerse con la pareja, con la familia o con amigos y compañeros.

El dinero y la fama son cortinas de humo

En varias ocasiones la investigación ha aplicado cuestionarios sobre el concepto de felicidad entre los participantes, e incluso entre personas que no forman parte del estudio. Les preguntan qué les haría felices. Un 80% de los consultados ha dicho que sería feliz si tuviera más dinero y un 50% aseguró que la fama le daría la dicha. Sin embargo, tras analizar los resultados después de que mejorara la condición económica o los éxitos sociales de estas personas se concluyó que la suposición que hacían a priori no se reflejaba en los resultados después de la mejora.

mujer con máscara negra

Todo parece indicar que el dinero y la fama actúan en nuestras mentes como una especie de cortina de humo. Se podría concluir que quienes piensan de ese modo no están admitiendo que lo que buscan en el fondo es aprobación, respeto y compañía. Sin darse cuenta asumen que dinero y a la fama serán vehículos para ganar más y mejores vínculos con los demás.

Esto quiere decir que inconscientemente creen que si tuvieran mayor dinero o fama, serían más valorados por los demás, lo cual es falso. Tanto la fama como el dinero sí atraen nuevos vínculos, pero en muchos casos se trata de nexos poco auténticos, no basados en la genuina valoración del otro. Muchos se acercan a los ricos y famosos por los beneficios que pueden obtener, pero no porque experimenten auténtico afecto por esas personas.

Si ya hay una respuesta, ¿por qué no somos más felices?

El estudio de Harvard ha encontrado la respuesta a la pregunta de cómo podemos ser felices y se trata de una respuesta relativamente sencilla y muy concreta. Pero esto lleva a una nueva pregunta: ¿por qué entonces hay tantas personas infelices? ¿No bastaría con que invirtieran más tiempo y esfuerzo en sus relaciones para que pudieran vivir mejor? Ahí está realmente la clave del asunto.

Establecer relaciones de calidad no es tan sencillo. Y no lo es porque exige que para hacerlo hayamos desarrollado previamente un conjunto de valores y virtudes que no están simplemente ahí, servidas a la carta. Para construir vínculos valiosos necesitamos ser generosos, bondadosos, pacientes y cercanos en el trato.

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En la vida, el asunto no es encontrar “personas especiales” con las que podamos establecer vínculos maravillosos. De lo que se trata más bien es de que nosotros mismos seamos maravillosos en nuestras relaciones. Esto es lo que constituye la base de un vínculo de calidad.

La conclusión fundamental de los 76 años que tiene el estudio de Harvard es muy simple: todos buscamos, fundamentalmente, ser amados. Eso sería un sinónimo de ser felices. Sin embargo, muchas veces no se logra construir relaciones de amor genuino porque todavía nosotros no hemos desarrollado esa profunda capacidad de dar amor.

Vía: lamenteesmaravillosa

Signos de que tu relación de pareja se ha desgastado

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Signos de que tu relación de pareja se ha desgastado

Toda relación de pareja pasa por diversas etapas. Algunas veces este proceso lleva a un fortalecimiento de la relación, pero en otros casos hay un desgaste.

Cuando las afinidades son menos que las diferencias, invariablemente necesitamos avanzar a otra lado. Este es un proceso que se da de forma silenciosa y pasa porque todos avanzamos y con el tiempo buscamos nuevas cosas.

Una relación de pareja requiere de un esfuerzo y atención constantes. Pero estas dos cosas no surgen de forma automática. Quizás sientes que la relación de pareja que tienes ahora ya no te interesa tanto como antes. No te debes sentir culpable por esto.

Debes identificar si estás pasando por un cambio profundo que puede llevar la relación a otro nivel o si ésta ya no tiene futuro. Los signos de que tu relación de pareja se ha desgastado son:

Pareja sentada en un banco separada

Ya no conoces a la otra persona

Cuando una relación de pareja inicia, lo normal es tener largas conversaciones. Sueles hablar de lo bueno, lo malo, las preocupaciones del día a día, etc. La compenetración llega a ser tan fuerte que con solo ver a la otra persona puedes saber lo que le pasa. Con el tiempo, esto ayuda a tener una comunicación más fluida y tu pareja se convierte también en tu mejor amigo.

Sabrás que tu relación de pareja se ha desgastado cuando ya no conozcas a tu pareja ni tengas interés en él o ella. Cuando ya te da igual lo que anhela o ya no te preocupa ayudarle a alcanzar sus sueños. A veces puede parecer que la rutina les hace una mala jugada y que no están juntos porque necesitan cambiar de aires.

Pero si descubres que realmente ya no te hace falta y que en realidad disfrutas más el tiempo lejos de tu pareja, es hora de analizar lo que está pasando. Llegados a este punto lo mejor suele ser terminar con la relación.

Parece que el único interesado en la relación eres tú

Cada uno tiene personalidades muy distintas y obligaciones que cumplir. Por eso no es raro que de pronto tu pareja no pueda mandarte un mensaje de buenos días o que parezca distraído. Pero puedes darte cuenta de que tu relación de pareja se ha desgastado cuando tú eres el único que pone interés en lo que ocurre.

El problema es más profundo que simplemente dejar de enviar mensajes o dejar de llamar al otro. Se trata de que la comunicación ya no fluye de forma natural sino que se concentran en cumplir con lo esperado: un beso de buenos días o comer juntos pero sin hablar del futuro. ¿Tu pareja está haciendo planes a futuro sin preguntarte? ¿Estos planes te incluyen o en realidad le daría igual si estás o no en ellos?

Hombre con paraguas detrás de su pareja

Ya no te interesa el sexo… con tu pareja

La pasión y el deseo sexual son dos de los aspectos más importantes dentro de la relación de pareja. Aunque es cierto que ciertos cambios y la rutina pueden afectar, siempre queda algo de deseo entre las dos personas. Pero una relación de pareja que ya se ha desgastado tendrá menos necesidad de explorar estas áreas de su vida en común.

Algo va mal cuando aparecen las infidelidades o cuando tú o tu pareja ponen cualquier tipo de pretexto para no tener intimidad. Eso sí, debes estar seguro de que no hay otro aspecto físico o emocional que afecte su sexualidad.

Habla sobre tu relación de pareja

Cuando una relación de pareja se ha desgastado y no tiene más futuro te darás cuenta. Es probable que no estés list@ para aceptarlo y que por eso dudes. Esto es muy válido y natural porque cuando inicias una relación lo haces con la idea de que dure por mucho tiempo.

Pero si estos signos han aparecido debes tomarte un momento para hablar con tu pareja y entender lo que realmente está pasando. En caso de que lo consideren necesario, pueden acudir a terapia de pareja o probar a estar separados un tiempo y ver qué pasa. Esto les ayudará a entender si realmente necesitan al otro en su vida como pareja, como amigo o de ninguna forma.

Vía: lamenteesmaravillosa

El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

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El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

A menudo, no falta quien defiende aquello de que las personas sarcásticas son más inteligentes, más ágiles y brillantes en el dominio de las palabras. Sin embargo, esa forma de ingenio a veces se carga de veneno, de una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.

El sarcasmo como forma de comunicación tiene muchos adeptos y seguidores. Por ejemplo, lo podemos ver en varias series de televisión, ahí donde sus protagonistas muestran una mente privilegiada, excepcional y a instantes inspiradora, capaz de resolver infinidad de enigmas criminales y desafíos médicos. Sin embargo, estos personajes se caracterizan a la vez por un tipo de lenguaje mordaz, aderezado por ciertas dosis de desprecio hilvanadas por grandes dotes de sarcasmo.

Hemos de tenerlo claro, este tipo de lenguaje mordaz, satírico pero ingenioso es claramente perjudicial para la comunicación efectiva. En ocasiones, no solo hay un claro desprecio, muchas veces existe una clara incapacidad de establecer un diálogo neutral, un intercambio armónico de mensajes donde no se derive en la burla como forma de expresar poder o dominancia.

Por otro lado, hay un aspecto que no conviene descuidar. El sarcasmo es más común entre personas que mantienen una relación de confianza, como pueden ser los compañeros de trabajo, nuestros familiares o incluso nuestras parejas. Un hecho que intensifica aún más el efecto desgastante y afilado de esta dimensión.

Los “matones” intelectuales y su arma favorita: el sarcasmo

Hay un tipo de bullying para el cual existe una mayor indulgencia. Hablamos sin duda del sarcasmo, y ese tipo de agresiones tan comunes como permitidas que se dan ante todo en nuestro mundo adulto, en nuestros entornos laborales y en especial en esos espacios privados donde se encierran las dinámicas antes señaladas: las de pareja, familia e incluso de amistad.

Según el “Ranking Bully Types” del 2010, los matones intelectuales están especializados en la condescendencia. Son perfiles que camuflan sus inseguridades a través de grandes palabras y frases arrogantes. A su vez, disfrutan consiguiendo que los demás se sientan inferiores bajo la clara creencia de que ellos son más inteligentes, más hábiles y, por supuesto, brillantes.

Lo más negativo de todo ello es que muchas veces glorificamos estos comportamientos o incluso los interpretamos como bromas inocentes. Al principio, hay quien es incapaz de ver en ese acto una forma de intimidación o desprecio. Uno termina sonriendo el ingenio y el sutil juego de palabras admirándose por tal artimaña lingüística. Sin embargo, cuando el matón intelectual persiste cada día en su artillería verbal, la cosa no solo cambia, sino que tiene consecuencias serias.

La primera consecuencia es la vulneración del vínculo relacional con esa persona. Es un atentado hacia la autoestima del otro, es una agresión y un “matoneo” constante e implacable. El segundo aspecto, tan interesante como devastador a la vez, es descubrir que el artesano del sarcasmo rara vez es consciente de su comportamiento ni de sus actos intimidantes.

Estas personalidades suelen camuflar una clara insensibilidad interpersonal o social, un embotamiento emocional donde lo único que se busca a cada instante es imponer su destreza intelectual, su habilidad de palabra e ingenio, porque esas son las únicas herramientas de las que dispone el sarcástico para reafirmarse como persona.

Tres modos de hacer frente a las agresiones sarcásticas

Es muy posible que a todos nos cautive el sutil ingenio verbal de personajes como Sherlock Holmes. Sin embargo, más allá de una mente brillante y un cerebro maravillosamente dotado, debe existir también una persona cercana, empática y respetuosa. Porque de nada importa el ingenio de una frase si el mensaje que transmite es dañino.

Este tipo de dinámicas pueden verse muchas veces en esas cenas que se hacen con amigos. No suele faltar, por ejemplo, esa pareja (ya sea hombre o mujer) que deja caer un comentario sarcástico y ocurrente sobre el cónyuge que al instante provoca las risas de toda la mesa, excepto de la propia víctima. De algún modo, todos son cómplices de esa agresión encubierta, de ese desprecio camuflado ante el que debemos estar más atentos para poner límites. Para frenarlos. Te explicamos cómo.

Mujer con nubes alrededor agresiones

Cómo defenderse de la persona sarcástica

La primera recomendación es simple y básica: no asumiremos una actitud pasiva ante el sarcasmo. Tampoco se trata de reaccionar con rabia, iniciando una afrenta poco útil. No podemos olvidar que, generalmente, estamos ante una persona muy hábil con las palabras, pero pobre con las emociones, y es ahí donde tenemos nuestra ventaja. Por tanto, lo primero que haremos es expresar con tranquilidad “que no nos ha sentado bien el comentario”.

  • Exige literalidad. El sarcástico tiene un máster en las metáforas y en las más siniestras ironías. No las aceptes, exígele que sea literal. Las personas maduras transmiten valentía y claridad en la palabra, los inseguros se camuflan en los juegos de palabra.
  • La tercera recomendación es explicarle al “matón intelectual” los efectos de su comportamiento. Si es nuestro compañero de trabajo o un amigo, hay que dejarle claro que no nos hace sentir bien y que en caso de no mostrar más amabilidad o cercanía, optaremos por la distancia.

Por otro lado, si el artesano del sarcasmo es nuestra pareja, hablaremos del dolor que nos causa y de que ese atentado continuo hacia nuestra autoestima no es reflejo de un amor sincero, ni lógico, ni consciente ni maduro. Exige respeto, honestidad y afecto transmitido a través de ese alimento enriquecedor que es el lenguaje y la palabra.

Recuerda siempre que el sarcasmo y los agresores intelectuales no merecen ser alimentados con la admiración, sino cortados con la verdad de aquello que ocasionan sus actos.

Imagen principal cortesía de Nicoletta Ceccoli

Vía: lamenteesmaravillosa