Me gusta le gente que es congruente con lo que dice y hace

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Me gusta le gente que es congruente con lo que dice y hace

Sería mucho más interesante decir que me gusta la gente que es congruente con lo que piensa, dice y hace, sin embargo, solo el pensador es dueño de sus pensamientos, así que el acceso es limitado. Lo que sí puede estar a nuestra disposición es analizar la coherencia entre las palabras y los actos de alguien más.

Evidentemente solo despertará nuestro interés en términos de análisis de congruencia, lo que tenga que ver con alguien que tiene cabida y alcance en nuestras vidas de alguna manera, desde un gobernante hasta una pareja.

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Una persona que no puede mantener sus palabras, que sus acciones son inconsistentes con lo que dice, que hace una cosa hoy y otra diferente en corto tiempo, que promete hacer algo y no lo cumple, que pide oportunidades basado en su palabra y sus acciones no están en sintonía, resulta poco confiable.

La palabra es un compromiso, tiene un valor y las palabras que pronunciamos en donde hay otras personas involucradas debe contener responsabilidad.

Muchas veces la incongruencia viene determinada por la poca madurez emocional y el no saber actuar en concordancia con el fin planteado, pero esto no es una excusa, ni un aliciente para la imagen que se refleja de poca confiabilidad.

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Una persona que no es capaz de sostener sus acciones en relación a lo que dice, puede leerse de varias maneras: no está en capacidad de hacer lo que dice hará, no quiere hacerlo o peor aún no sabe lo que quiere y una vez verbalizadas sus intenciones toma diferentes rutas, da vueltas en “U”, se paraliza, etc.

Se necesita madurez para comprometerse y herramientas para materializar acciones, cuando hay escasez de alguno de estos componentes, los resultados tienden a ser la desconfianza, la pérdida de valor de la palabra y la disminución de posibles oportunidades futuras.

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Son los hechos los que dan forma a las promesas, a las palabras, a las intenciones planteadas de cambio, pero si ni siquiera la palabra puede mantenerse, verbalizando y actuando de manera errática, confiar en una persona con este tipo de manifestaciones sería realmente un reto al destino.

Leer a alguien es un proceso complejo, que requiere de mucha objetividad, de no predisponernos, de darle el voto de confianza, sin embargo, algunas veces, la persona nos facilita la lectura y nos invita a no seguir leyendo, para nuestra propia protección.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

La belleza se posa en el árbol de quienes se sienten en paz

Paz

La belleza se posa en el árbol de quienes se sienten en paz

Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas transmiten belleza en todo lo que hacen o por qué otras personas encuentran conflictos allá por donde pasan. La respuesta podría estar en las actitudes y comportamientos que nos acercan a estar en paz con nosotros mismo y por ende con los demás. La paz es difícil de hallar, pero podríamos empezar con la máxima de no lastimar a los demás con lo que nos causa dolor a nosotros mismos.

Buda preguntó una vez: el mal hacer se debe a la mente. Así, si la mente se transforma, ¿el mal hacer puede permanecer? Esta cuestión nos lleva a la reflexión. Sería bueno modificar la manera de pensar acerca de las cosas y situaciones para que mejoren. Si nuestro pensamiento cambia en el proceso, también lo harán nuestras vidas.

Cada persona tiene su propia idea o concepción de la paz. Pero, diferentes estudios psicológicos nos ayudan a que no la confundamos con otros conceptos que se le parecen o que se le asocian. Por ejemplo, la paz no es aburrimiento, porque precisamente al experimentarla es cuando comenzamos a movernos. Tampoco es ausencia de dificultad, porque no hay nada más difícil que poder sentirse completamente en paz.

Manos iluminadas

Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.

¿Por qué algunas personas nos hacen sentir bien?

Las personas en paz transmiten una energía especial que les hace brillar y que crean en los demás sentimientos positivos. Esto es debido a las neuronas espejo, las cuales hacen que tendamos a reproducir a nivel mental lo que hace la persona que tenemos delante nosotros. Por lo tanto, cuando estemos con estas personas también nosotros encontramos cierta paz.

Además, las emociones son tan contagiosas como los resfriados. Un experimento de David Goleman, psicólogo estadounidense y profesor de psicología en la Universidad de Harvard, así lo puso de manifiesto. Los participantes que se sometieron al estudio fueron contagiados por las emociones de las personas que observaban en fotografías.

Hay personas que nos hacen sentir bien. Que nos transmiten sensaciones agradables o nos recuerdan momentos especiales. Nos envuelven con una placentera sensación de tranquilidad o seguridad, ya que aportan un halo de protección a nuestra vida diaria. Aunque a veces no sepamos explicar muy bien por qué, estas personas están llenas de detalles que van sumando positividad a nuestra vida y que hacen que nos sintamos a gusto.

Niña con paloma

La paz es la felicidad del alma

El ser humano busca la felicidad más que ninguna otra cosa. Esa es la meta consciente o inconsciente de todas nuestras actividades, de todos nuestros afanes. Buscamos la felicidad en determinadas situaciones, en oficios concretos o en determinadas personas para que nos aporten lo que nos falta para complementarnos.

Pero, una vez que obtenemos lo que deseamos, descubrimos que no podemos ser felices si no estamos en paz con nosotros mismos. La paz es la condición indispensable de la felicidad. La paz interior es una sensación subjetiva de bienestar, es impalpable pero muy real ya que nos llena de una profunda tranquilidad. Se trata de un estado en el que nos liberamos de las principales preocupaciones, miedos, estrés y sufrimiento.

La felicidad del alma es un estado en el que nos apartamos mental y emocionalmente de los problemas y conflictos cotidianos haciendo un alto en la vertiginosidad de la rutina diaria. Muchas personas piensan que es imposible alcanzar un estado de paz interior. Afirman que la vida cotidiana es tan incierta y a veces tan caprichosa que no es posible encontrar la serenidad.

Sin embargo, eso no implica que sea imposible alcanzar la paz interior. Cuando tenemos un locus de control interno podemos decidir qué guerras vale la pena luchar. Una vez que tomamos las riendas de nuestra vida, podemos aspirar a la paz interior.

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Muévete y el camino aparecerá

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Muévete y el camino aparecerá

Muévete y el camino aparecerá. Puede que no lo haga hoy, ni tampoco mañana, pero en cada paso dado con firmeza la mente se aclara y las oportunidades surgen. Tampoco importan las veces que te hayas perdido, porque en cada sendero equivocado nos encontramos a nosotros mismos, y ese aprendizaje es sin duda el más valioso.

La vida es movimiento, y si no lo asumimos desde un principio de este modo, quedaremos relegados al ostracismo de quien no entiende que tras los cambios llegan las oportunidades o que no basta solo con esperar para que la felicidad llame a nuestra puerta. Todo logro llega tras una lucha. Todo éxito acontece tras la férrea dedicación de quien invierte tiempo, de quien entiende de sacrificios y de esa voluntad donde no cabe la palabra rendición.

Ahora bien, hay algo que en ocasiones falla en esta fórmula. Nos han inculcado desde niños que debemos ser capaces de luchar por nuestro sueños. Nos esforzamos en cultivarnos a través de unos estudios, alimentamos esperanzas y esperamos ser un día esa mano de obra especializada y puntera capaz de crear un mundo mejor donde se tengan en cuenta nuestros esfuerzos, nuestra valía.

Si embargo, esto no siempre se cumple. Tal y como explicó una vez Nicholas Kristof, periodista especializado en derechos humanos, hemos llegado a un punto en nuestra sociedad moderna donde parecen haberse terminado las oportunidades, o más concretamente, “la igualdad de oportunidades”. Puede parecer fatalista, no hay duda, pero muchos estarán de acuerdo en que a veces, no basta con luchar hasta la extenuación para hallar el triunfo.

Estamos ante una fórmula que empieza a fallar y que requiere tal vez, de otro enfoque. Hay que poner en marcha otro tipo de camino. Te invitamos a descubrirlo a continuación.

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El camino de la desigualdad y el caos personal

Michael Spence ganó el premio nobel de economía en el 2001. Tal y como nos explica a través de diversos artículos, hemos llegado a un punto donde hay una regla de tres que casi nunca falla: a mayor riqueza o nivel de modernidad de un país, mayores son las desigualdades sociales.

Evolución económica no va de la mano de la evolución humanitaria ni aún menos de los derechos personales, esos que nos dignifican como especie. Es como si hubiéramos vuelto a esa conciencia de clase del medievo, donde unas élites se alzan en la cúspide y más abajo, se halla una clase media en serio peligro de extinción.

No es este el momento de ahondar en cuestiones políticas, pero estamos ante una realidad que tiene un claro impacto sobre nuestra salud psicológica. El caos personal al que puede llevarnos este contexto es inmenso, por ello es vital que mantengamos a flote nuestra brújula interior para aprender a sobrevivir en un entorno cambiante, a instantes implacable y muy poco sensible con las necesidades de las personas.

Es muy posible que durante mucho tiempo hayamos enfocado nuestra estrategia vital de forma errónea. Buscamos nuestro camino en el exterior. Hemos desgastado las suelas de nuestros zapatos y agotado nuestro corazón en busca de oportunidades entre múltiples senderos, arroyos y sinuosas carreteras que no nos han llevado a ninguna parte. Tal vez, sea el momento de dirigir nuestra mirada a otro camino: el de nuestro interior.

Seguidamente, te explicamos en qué consiste esta nueva propuesta.

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Movimiento interior y creación

Ya lo dijo Carl Gustav Jung, si miramos hacia fuera, soñamos; pero si volvemos nuestra mirada hacia el interior, despertamos. Es pues momento de despertar. No importa la edad que tengamos, si somos adolescentes o si ya han pasado sesenta inviernos por nuestra vida, lo cierto es que aún nos quedan infinidad de primaveras y es necesario disfrutarlas en plenitud iniciando una revolución interna.

Nos hemos pasado media vida conjugando el verbo “buscar”. Buscamos trabajo, buscamos pareja, buscamos nuevas oportunidades y buscamos esa felicidad soñada con la que sentirnos vivos. Es hora de utilizar otro verbo: “crear para permitir que nos encuentren”. Veamos los pasos a seguir.

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Claves para encontrar tu camino

Algo que nos proponen especialistas en crecimiento personal es que debemos entender primero a qué nos estamos enfrentando. Reconocer a nuestro enemigo en lugar de resistirnos a él nos puede ayudar a tener una visión más realista de las cosas.

  • Conexión interior. En la actualidad hay un área que cada vez está adquiriendo mayor relevancia: el de las intuiciones. Quien es capaz de escuchar, confiar y entender sus propias intuiciones tendrá una conexión real con sus necesidades. Además, obtendrá ese aprendizaje vital e inconsciente que forma parte de nuestra personalidad.
  • Enfrentar la contradicción. Si hay algo a lo que nos enfrentamos día a día es a la contradicción. Si tengo tanto que ofrecer, ¿por qué nadie me tiene en cuenta? ¿Por qué me rechazan? ¿Es que quizá no soy lo bastante bueno para el mundo? El peligro de este tipo de contradicciones vitales es que minan nuestra autoestima. Dejemos a un lado este enfrentamiento continuo para tomar conciencia de nuestras fortalezas, de nuestras aptitudes y habilidades. Reforcémoslas.
  • En un mundo de personas iguales, atrévete a ser diferente. Hasta el momento, has intentado encontrar tu camino moviéndote en las mismas direcciones que los demás. Somos demasiados haciendo lo mismo, la sociedad y la educación recibida se ha encargado de dar al mundo personas semejantes que piensan del mismo modo, así pues… ¿y si intentamos ser diferentes?

Ahonda en tus capacidades para explotarlas y ofrecer cosas nuevas a esta sociedad tan demandante. En lugar de buscar, atrévete a crear, a innovar, a dar forma a un camino que nace directamente desde tu corazón para seducir a los demás. Al fin y al cabo el éxito no está en tener poder, el éxito está en hacer aquello que nos hace felices mientras servimos de inspiración a los demás.

Vía: Lamenteesmaravillosa

Reconozco que muchas veces he sentido miedo, pero he actuado a pesar de él

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Reconozco que muchas veces he sentido miedo, pero he actuado a pesar de él

Muchas veces nos podemos sentir un tanto cobardes al reconocer nuestros temores, al decir: “Tengo miedo”, pero el miedo es tan natural y tan antiguo como el hombre como lo conocemos, el miedo nos ha ayudado a sobrevivir y sí es cierto que en la actualidad es bastante poco frecuente encontrarse con un tigre cara a cara, pues el miedo nos puede hacer reaccionar de una manera específica en condiciones de emergencia.

Sentir miedo no está mal, se complica la historia cuando es el miedo el que toma el lápiz y escribe nuestro libro de vida, el que nos pone las techos, las fronteras, las barreras y nos dice hasta aquí no, por allá no, es muy arriesgado, es preferible no salir de acá, esto debe ser mejor que aquello desconocido y nosotros como su subordinado actuamos en consecuencia.

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Podemos sentir miedo, pero no podemos permitir nunca que sea quien tome las decisiones o nos limite en la vida. Mucho menos en una vida que pierde un poco el sentido cuando no apostamos, cuando no nos arriesgamos.

Ciertamente para seguir un camino, debemos abandonar otro y esto puede generarnos una sensación desagradable, después de todo no nos ha ido mal con el anterior camino, por lo que llevamos recorrido podemos hacer un pronóstico y pudiésemos saber cómo y hacia dónde nos conduce. Pero el nuevo camino está allí a nuestro alcance, esperando materializarse con cada uno de nuestros pasos. Sí, es arriesgado, es diferente, es desconocido, pero algo en nuestro corazón sencillamente nos dice: ¡recórrelo!

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Que nos puede salir mal y quizás nos entren ganas desesperadas de echar el camino atrás y retomar el anterior, puede ser… Pero de cualquier manera nadie nos puede garantizar qué hubiese resultado de nosotros de continuar por el anterior.

Debemos evaluar los pro y los contra de todas las opciones que tenemos, pero sobre todo debemos estar atentos a nuestra intuición, que es la herramienta que nos ayuda a alinearnos con lo que necesitamos para nuestra evolución, para encontrarnos a nosotros mismos, para sentir miedos y vencerlos.

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Solo nosotros podemos hacerle frente a nuestros miedos, cuando no los aceptamos o nos resistimos a ellos, parecieran tomar poder, es solo cuando logramos aceptarlos y actuar a pesar de ellos cuando nos vemos liberados de sus efectos limitantes, cuando nos soltamos las sogas que tenemos alrededor y decimos: ¡Sí puedo! Quizás el resultado sea diferente, pero el solo hecho de creerlo nos coloca en una posición de ventaja.

No permitas que tus miedos controlen tu vida, sí, son parte de ti, pero velos como un reto más de la vida, reto del cual saldrás victorioso desde el momento en el cual entiendas que no eres tus miedos, que ellos no te definen y tendrán tanto poder sobre ti, como tú se los permitas. Actúa a tu favor a pesar del miedo.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

No te conviertas en una persona autodestructiva

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No te conviertas en una persona autodestructiva

Lo identifiquemos o no, estas personas existen, incluso podemos llegar a sabotearnos nuestra propia vida y convertirnos en personas autodestructivas, los rasgos de la personalidad de las personas autodestructivas suelen aparecer en la etapa adulta, y pueden ser el efecto de una amplia variedad de factores contextuales, psicológicos y biológicos.

Estas personas suelen rehuir de todas las experiencias positivas y placenteras que les ofrece la vida. Esto les lleva a generar situaciones y relaciones interpersonales caóticas y en las que suele haber sufrimiento. Además, suelen ser cerrados y no aceptan la ayuda de sus allegados.

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Le llevó largo rato asimilar lo que estaba ocurriendo, la lógica perfecta de la autodestrucción que se extendía ante sus ojos. James Ellroy

 

Varios manuales de diagnóstico señalan las características principales que comparten las personas que tienden hacia conductas y hábitos autodestructivos, entre ellos:

Tiende a relacionarse con personas y desarrollarse en contextos en los que es probable que se produzcan desengaños y decepciones, incluso puede tener tendencia a sufrir maltrato por parte de otras personas, aun pudiendo escoger relacionarse en ambientes más saludables.

No deja que otras personas le ayuden o le aconsejen y aunque muchas veces parezca interesarse en algún consejo, siempre hay intenciones ocultas tras este interés manifiesto.

Si logran alguna mejora importante en su vida (por ejemplo un buen empleo o cualquier otro logro positivo) reaccionan con depresión, sensación de culpa o conductas autolesivas, siempre existe un motivo para lamentar lo que se presenta en su vida.

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Lo que más necesitamos es una persona que nos obligue a hacer lo que sabemos. Ralph Waldo Emerson

a los demás hasta que se enfadan con él y después se siente humillado y ofendido, además resulta una manera de llamar constantemente la atención.

No acepta involucrarse en actividades placenteras, o si lo hace no le gusta reconocer que se lo pasa bien (aun teniendo las habilidades sociales suficientes).

No consigue llevar a cabo las tareas y compromisos necesarios para lograr sus objetivos académicos o profesionales, aunque tenga la capacidad para hacerlo. Puede ayudar a otras personas a mejorar, pero son incapaces de aplicar los conocimientos y actitud necesarios a su propia vida.

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La peor persona es la que no se acepta. Jordan Cortes

 

No acepta que los demás se interesen en su bienestar, esta conducta por parte de los demás puede resultarle muy incómoda.

Es demasiado propenso a auto-sacrificarse para ayudar a otras personas.

Aguanta y no se rebela ante el abuso psicológico, físico o sexual que otras personas le infligen, se convierte en parte de su manera de ser.

Los comportamientos descritos no solo tienen lugar cuando el individuo está deprimido o en unas circunstancias especialmente duras.

Por lo general, todos buscamos que nuestra vida mejore. Buscamos sentirnos cómodos y queridos, nos sentimos motivados a buscar un mayor bienestar y experiencias positivas para nuestra vida. Sin embargo, la conducta autodestructiva rompe con esta tendencia general, y esto es algo que preocupa a los profesionales de la salud mental pues se ha convertido en un patrón común hoy día.

Lo importante en todo caso, es lograr identificar cuando estamos inmersos en este tipo de relaciones o cuando de alguna manera tenemos este tipo de conductas, basta un alarma en nuestro interior, para tomarnos el tiempo de buscar ayuda, a fin de cuentas, es nuestra vida…

Marvi Martínez – Mujer.Guru

La apatía puede ser un síntoma de depresión

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La apatía puede ser un síntoma de depresión

En algunas oportunidades podemos tomar una actitud ante la vida en donde predomine la apatía, esa indiferencia ante lo que nos ocurre, algunos pueden pensar que es una ventaja porque no solo lo bueno deja de importar, sino que también lo que normalmente nos perturba se vuelve neutro, no nos da ni frío ni calor, pero este tipo de apreciaciones cuando no viene de un proceso de sanación progresivo, sino ocurre de manera abrupta puede estar asociado a una depresión, bien sea galopando hacia nosotros o instalada en sí misma.

Debemos mantener nuestras alarmas sensibles a los cambios y si no estamos muy eufóricos que digamos, debemos impulsarnos nosotros mismos a ver lo que nos está ocurriendo y determinar las posibles causas.

La depresión tiene  múltiples detonantes, desde una falta de centro, pasando por rupturas amorosas, problemas en el trabajo, inestabilidad económica,.., hasta los casos extremos de poca justificación de la existencia misma.

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Cuando sentimos que no encontramos un propósito para nuestras acciones, que nos da igual un resultado u otro, cuando perdemos las esperanzas en algo o en alguien, cuando no logramos conectarnos con la fe y toda la gama de colores se torna en un uniforme gris, debemos tomar medidas tempranas.

¿Cómo evitar una depresión?

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Lo primero y más importante al momento de sentir que estamos propensos a sufrir una depresión es cambiar nuestros pensamientos, sustituir todos aquellos negativos por su contraparte, si algo no nos despierta interés, ubicar aquello que sí lo haga, mantener nuestra mente enfocada en lo positivo y siempre, pase lo que pase agradecer, desde el detalle más sencillo hasta el milagro de estar vivos.

Meditar

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Si aprendemos a hacerlo, esta es la verdadera llave al cielo, la conexión con lo supremo. Callar nuestra mente y descubrirnos más allá de todo aquello con lo que nos identificamos y que por lo general nos produce sufrimientos, es llegar a un nivel de consciencia en donde todas las máscaras se caen y nos vemos en esencia y desde allí no hay depresión que pueda invadirnos.

Alimentarse de manera adecuada

Las mejores medicinas las encontramos en la naturaleza, nuestro estado anímico está influenciado por nuestra ingesta. Hay alimentos que favorecen la producción de serotonina como el chocolate, el platano, huevos, frutos secos que debemos mantener en nuestra dieta. Es importante no descuidar la alimentación porque ante un cuadro potencial o instaurado de depresión nuestras defensas bajan y el no cubrir nuestro desgaste calórico empeorará la situación.

Hacer ejercicio

El hacer ejercicios nos ayuda en todo sentido, nos hace sentirnos fuertes al menos físicamente, aumentar nuestra resistencia, nos abre el apetito, nos ayuda a drenar y canalizar nuestras emociones y nos ayuda en la producción de hormonas vinculadas a la depresión, como la adrenalina y la serotonina.

 

Mantener la fe

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Creer en algo o alguien resulta de mucha ayuda para lidiar con cuadros depresivos, más cuando creemos que somos nosotros los que nos colocamos en una posición o en otra, que tenemos la fuerza necesaria para cambiar las cosas a nuestro favor y de generar exactamente lo que queremos en nuestras vidas.

Estos puntos son de utilidad y siempre procurar que la situación no vaya a más, dedicar tiempo a las cosas que amamos, a nuestros afectos, a actividades que nos apasionen, aunque no nos provoquen tanto. Buscar ayuda puede resultar muy beneficioso.

Todo es producto de una percepción, la vida tiene un propósito general para todos y todos tenemos diferentes vías para alcanzarlo, este no es otro que ser felices y esto solo lo logramos a través de una conexión con nosotros mismos, no dependerá de personas, ni circunstancias externas a nosotros.

Es válido abandonar, mientras que ese abandono no nos incluya a nosotros mismos.

Sara Espejo

Perdonar es poder ir al pasado y regresar ileso

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Perdonar es poder ir al pasado y regresar ileso

Perdonar es una de las herramientas más poderosas con la que contamos y muchas veces no resulta de fácil manejo. Perdonar no significa olvidar, mucho menos significa pretender que no dolió, pero sí significa que dejamos de permitir que esa pena controle nuestras vidas.

Nada más satisfactorio que la libertad, y aunque todos somos esclavos de algo aunque no lo notemos, debemos aprender a gestionar todo aquello que nos ata y nos limita. Cualquier rencor, culpa, odio, resentimiento, que alberguemos en nuestro corazón sin poderlo transformar en energía positiva, tendrá el poder siempre de llevarnos allí y generarnos las veces que lo permitamos todas las emociones negativas que ronden ese recuerdo: rabia, ira, tristeza, desolación, sensación de abandono, frustración, etc…

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Cualquier pensamiento que nos ronde por la cabeza y nos genere una emoción negativa debe ser traído a la luz, debe ser transmutado, sin rechazo, sin darle mucho protagonismo, solo validando por qué nos afecta de una manera determinada y tomando las acciones que nos permitan sanar.

La sanación es una decisión, depende de un trabajo que debe partir de cada uno, pero puede ser inclusive guiado por un especialista, que nos ayude a ver lo que para nosotros pueda no ser evidente. Pero de cualquier manera el darnos cuenta de que algo nos está afectando, que algo que inclusive no sabemos identificar nos daña y nos limita, es el primer paso en la búsqueda del bienestar.

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El estar aferrados a un mal recuerdo, al rencor propio de una herida no sanada, no nos permite ocupar nuestro corazón con otros sentimientos que nos nutran, debemos sacar todo lo que nos pese y definitivamente un perdón que tengamos pendiente, puede ser una de las cosas que más generen carga en nuestro ser.

“El perdonar es liberación; el perdón es pertenencia de cada ser y hay que liberarlo, no con la mente sino con la expansión de la conciencia, con el sentimiento del espíritu, si realmente deseas perdonar.”  ― Norys Uribe Santana

Muchas veces no se trata de otra persona, sino de nosotros mismos, no sabemos perdonar haber hecho las cosas de una manera en particular, no sabemos perdonarnos el no haber tomado riesgos, o haberlos tomado y que los resultados distaran de lo que deseábamos, no sabemos perdonarnos decisiones, acciones, omisiones y no terminamos de aceptarnos, con nuestros aciertos y desaciertos y cuando esto ocurre, viene una cadena de acontecimientos indeseables asociados a nuestros criterios de merecimiento, que se vuelven cada vez más duros con nosotros mismos.

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Aprendamos a perdonar, a liberar, a aceptar y a fluir con cualquier circunstancia, aprendamos a no mirar tanto hacia atrás y a engancharnos justo en lo que nos duele, si vamos a mirar hacia atrás que sea con la capacidad de regresar sin abrir las heridas que se generaron en el pasado, de manera práctica y no torturante para nuestra existencia. El perdón es una llave que nos permite abrir puertas sin resultar heridos, atesoremos esa llave y aprendamos a utilizarla.

Tienes derecho a enfadarte, a protestar y a sentir tu malestar

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Tienes derecho a enfadarte, a protestar y a sentir tu malestar

Aunque quieran convencerte de lo contrario, lo tienes: enfadarte es un derecho y una necesidad emocional. Sentir la contrariedad, la indignación y la rabia del desconcierto es el primer paso para poder afrontar un problema. Piensa que si nos limitamos a tragarnos el enfado una y otra vez sin afrontar lo que hace daño, vulneraremos nuestra autoestima.

Hay que tenerlo claro: permitirnos sentir el enfado no es perder el control, ni evidenciar nuestra debilidad. A menudo, influenciados quizá por una línea más bien espiritual, tendemos a confundir términos e ideas. Sabemos que quien nos enfada nos domina, pero no por ello vamos a desactivar esa emocionalidad negativa para esconderla, no asumirla ni gestionarla. Los enfados tienen un objetivo muy claro: invitarnos a resolver una amenaza concreta.

Por otro lado, algo que también sabemos es que el día a día siempre pone a prueba nuestro equilibrio emocional. Habrá personas que vivan eternamente ofendidas y quienes nunca se tomen nada como algo personal. Cada uno de nosotros avanzamos por nuestra cotidianidad con un filtro determinado, con el cual dejamos pasar o no ciertas emociones y pensamientos.

Sin embargo, todo tiene un límite y una frontera infranqueable. Hablamos de esa barrera que a menudo se cruza de forma arbitraria para vilipendiar nuestra autoestima, para deshilachar nuestra integridad emocional o para manipularnos. El enfado tiene una razón de ser y expresarlo de forma respetuosa en el momento adecuado y en el instante más necesitado es algo catártico y muy saludable.

Te proponemos reflexionar sobre ello.

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Enfadarte, protestar y dar voz a tus emociones también ayuda

Por curioso que parezca, son muy pocos los libros que nos expliquen o argumenten los beneficios del enfado o la indignación. Tradicionalmente, se ha relacionado siempre este tipo de emoción a la ira y la falta de control, a la falta de templanza, de tacto y acierto a la hora de gestionar esa contrariedad vital.

Sin embargo, es bueno recordar que, al igual que ocurre en el proceso del duelo, es necesario dar el paso hacia la aceptación de la propias emociones antes de canalizarlas, antes de transformarlas. Saber qué siento y por qué lo siento es vital a la hora de resolver una encrucijada emocional. Comentábamos que la bibliografía sobre el tema es escasa, aunque por fortuna disponemos de un libro tan interesante como esclarecedor: “Annoying“ (2011), de los científicos Joe Palca y Flora Lichtman.

En este trabajo se profundiza en el tema del enfado desde un enfoque multidisciplinar donde no falta la neurociencia, la sociología, la antropología y la psicología. Lo primero que nos revelan es que a menudo suelen compararse los enfados con la ira, la frustración o la repugnancia hacia algo o alguien. No es cierto, de hecho, los expertos proponen entender los enfados como una emoción única y exclusiva.

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A su vez, un enfado nunca surge por un acto puntual. Es una acumulación de “muchos pocos haciendo un mucho”, es como el mosquito que revolotea en nuestra habitación cada noche hasta que al final perdemos el sueño y somos incapaces de focalizar nuestra atención en nada más. Sin embargo, y aquí llega lo más importante del tema, sin molestia no hay posibilidad de cambio. Es decir, esa emoción negativa tiene un propósito: quiere que actuemos.

Enfadarse de forma inteligente

El propio Charles Darwin dijo una vez que emociones negativas, como el miedo y la ira, son advertencias que nos conducen a poner en marcha conductas apropiadas para evitar o deshacer un peligro. Prestar atención a lo que nos molesta, nos indigna y nos quita la calma es una muestra de autocomprensión. Actuar de forma acertada en base a esas emociones demuestra sin duda nuestra Inteligencia Emocional.

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Las 4 leyes del enfado inteligente

La primera ley y no menos importante, es tener claro que quien vive eternamente ofendido está abocado a una eterna infelicidad. Hay batallas que no merecen la pena ser libradas, hay aspectos que no merecen nuestra atención y conversaciones que es mejor no iniciar o no alimentar.

  • Enfádate por lo que de verdad turba tu equilibrio personal, pon voz a lo ataca tu autoestima y defiéndete con firmeza ante quien osa hacerte daño.
  • La segunda ley hace referencia a algo muy evidente: defendernos con respeto es posible. Discutir de forma asertiva y sin agredir verbalmente a quien tenemos delante es esencial. Algo que puede y debe hacerse mediante la Inteligencia Emocional.
  • La tercera ley tiene unos pasos muy claros que es necesario interiorizar: escucha, siente, respira, aclara y actúa. Es decir, primero atenderemos el estímulo que nos ofende o nos hace daño. Después tomaremos conciencia de nuestras emociones, sentiremos el enfado. Más tarde respiraremos y aclaremos prioridades.

“Debo actuar y poner límites dejando claro que no deseo que me traten de ese modo. No debo dejar que el propio enfado me inmovilice hasta impedir que pueda pensar. Lo utilizaré para actuar de forma inteligente “

  • La cuarta y última ley para enfadarnos de forma inteligente es el aprendizaje. Cada situación resuelta, afrontada o cada necesidad defendida, debe enseñarnos que la inactividad, el silencio y el “tragar emociones” hace daño y enferma.

No hay que tener miedo de las emociones negativas, entenderlas y gestionarlas es la auténtica llave de nuestro crecimiento personal.

Imágenes cortesía de Nicoletta Ceccoli

Vía: lamenteesmaravillosa

Madurar es aceptar que no todo ocurre como lo deseamos

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Madurar es aceptar que no todo ocurre como lo deseamos

Por múltiples motivos, a lo largo de nuestra vida, nos vamos dando cuenta de que algunas veces los resultados que obtendremos, producto de nuestras decisiones, de nuestros esfuerzos, de nuestros deseos, no tendrán mucho que ver con lo que en algún momento nos proyectamos.

Es cierto que la frustración es una de las peores manifestaciones que podemos sentir, pero también es cierto que mientras mayor capacidad de aceptación desarrollamos, más sencillo resulta el tránsito. Aprender que las cosas se desvían del norte que planteamos y que esto no necesariamente está mal, o va en contra de lo que nos resulta conveniente, es una actitud ante la vida que nos permite fluir con cada experiencia, sacando de ella el mayor beneficio.

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Algunas veces nos damos cuenta de que hemos derramado lágrimas por algo que perdimos, sin notar que eso sería un punto necesario para llegar a donde realmente debemos estar. Evidentemente no se trata de conformarnos con lo que nos ocurre, se trata de aprender a dejar de resistirnos a lo que no resulta de nuestro agrado.

Hay cosas que podremos cambiar y otras que no sabemos cómo tener acceso para generar resultados diferentes o sencillamente por la cadena de acontecimientos previa, no nos resulta posible cambiar y esto debemos aceptarlo y canalizarlo para que no se generen cargas en nosotros que nos limiten, que nos generen peso innecesario o nos mantengan viendo hacia atrás con rabia o con nostalgia.

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Toda experiencia será vivida de acuerdo a las etiquetas y los juicios que le pongamos, si la vemos como una oportunidad, como un paso necesario y dejamos de tildar las cosas de manera negativa, seguramente nos engancharemos menos a la situación, le daremos menos vueltas en la cabeza y una vez ligeros de pensamientos asociados a ello, comenzaremos a manifestar realidades diferentes.

Dejar fluir, avanzar sin aferrarnos es clave si queremos hacer que nuestro tiempo rinda, si queremos hacer una buena inversión de nuestra vida y si deseamos aprovechar mucho más la experiencia. Quedarnos aferrados a lo que pudo ser, cargándonos de culpas, de rencores, pensando en lo pudimos haber hecho y no hicimos, pensando en cómo serían las cosas de haber resultado como las queríamos en un inicio, no nos coloca en una situación favorable, por el contrario nos suspende en un tiempo en el cual no tenemos posibilidad de acción.

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Que las cosas no resulten como la esperábamos puede ser una de las más grandes bendiciones, solo debemos tener paciencia y confiar en que lo mejor es siempre lo que sucede, evidentemente tratando de dar en cada oportunidad lo mejor de nosotros y haciendo día a día una versión mejorada, pulida, madura, sensata y sobre todo feliz de nosotros mismos.

Existen cosas que sólo los niños nos pueden enseñar…

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Existen cosas que sólo los niños nos pueden enseñar…

En la vida cada nuevo día representa una oportunidad, cada persona una enseñanza y realmente podemos aprender de todo y de todos un poco, la sabiduría radica en sacar provecho de cada oportunidad y de aquellas cosas que no se nos presentan de manera directa, sino que logramos vislumbrar por intuición e inspiración.

La enseñanza de los niños es tan sutil, que pocos logran percibirla pues la costumbre nos dice que somos nosotros quienes debemos enseñar a los niños, subestimando la capacidad que tienen ellos de llevarnos por caminos maravillosos e inimaginables, solo debemos tenemos la apertura de abandonar el ego que nos hace pensar que somos superiores y que nuestra obligación es ser guías, cuando muchas veces necesitamos ser guiados.

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“Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros.”
Jean de la Bruyere

Los niños tienen maneras curiosas de demostrar a los adultos, emociones, sensaciones y conocimientos que solo ellos son capaces de transmitir y que no podemos captar de ningún adulto, su inocencia, su voluntad, su sinceridad y desapego del mundo, los hace los mejores maestros, los más desinteresados y sensatos maestros a la hora de ponernos a pensar y llevarnos a lugares recónditos de nuestra consciencia.

La mirada de los niños nos demuestra la virtud de la vida, sus palabras pueden calar en nuestra alma, y sus razonamientos pueden llegar a ser los más profundos que nos lleguen a decir alguna vez, sin prejuicios, sin intenciones, sin ataduras banales.

“No saber lo que ha ocurrido antes de nosotros es como seguir siendo niños”. Marco Tulio Cicerón

Por otra parte, existen una serie de emociones que solo los niños pueden enseñarnos, desde el amor más sublime hasta la frustración más inesperada, a través de ellos solemos tocar nuestra alma en profundidad, pues llegamos a tener acciones y reacciones que jamás llegamos a conocer, son capaces de provocarnos las alegrías más maravillosas y las tristezas más profundas.

inocencia

Las preguntas, los comentarios y los razonamientos de los niños, pueden llevarnos por caminos jamás recorridos, desarrollar nuestra paciencia en su nivel más preciso y causarnos tal confusión y vergüenza, como solo un niño puede hacerlo.

“Los niños adivinan qué personas los aman. Es un don natural que con el tiempo se pierde”. Charles Paul de Kock

Hemos escuchado muchas veces, a personas comentar los bochornos que han tenido que pasar debido a sus hijos, las preguntas incontestables que son capaces de hacer, los pensamientos que nos llevan a la confusión y lo más difícil de enfrentar son los juicios y los reclamos que nos realiza y de los cuales no podemos escapar.

Un niño discrimina entre el amor y el desamor y sin embargo no lo condena, un niño reconoce el maltrato y sin embargo no lo juzga, un niño puede llegar a ver a través de nosotros y hacernos ver las cosas más temerosas de nuestra persona, de allí la intolerancia de muchas personas a estar con niños, esto no tiene que ver con capacidad de tolerancia, más bien con auto conocimiento.

amistad

Si somos capaces de entender lo que nos transmite un niño, siempre tendremos una ventaja frente a los demás, pues solo los niños son capaces de generar ciertas cosas en las personas mayores, de despertar ciertas sensaciones, desde la ternura hasta la confusión, desde el amor profundo y compasivo, hasta los más terribles arrebatos.

Aprende todo lo que puedas de un niño, valora los instantes que pases con ellos, la sabiduría de una conversación, no desde los conocimientos aprendidos y pre formados, sino desde la sinceridad y la humildad de un niño.