La dignidad termina donde comienza la necesidad

mujer con pajaro

La dignidad termina donde comienza la necesidad

Si vemos con detenimiento cada caso en donde la dignidad es tirada por la borda, nos será sencillo en quitarle las capas a la cebolla para llegar finalmente a la causa y ella es siempre una manifestación de necesidad.

Cuando perdemos la dignidad en una relación amorosa, la excusa siempre será: el amor hacia el otro, o bien la falta de amor propio, lo cual puede ser cierto, pero debajo de estas causas hay una necesidad oculta, por lo general una relación de dependencia, que por algún motivo sugiere que el no estar con alguien nos traerá consecuencias negativas, porque esa persona suple o tiene la potencialidad de satisfacer una necesidad: afectiva, económica, moral o de cualquier otra índole y esta necesidad genera sin duda una distorsión del amor, donde por mantener lo que se considera un beneficio, se deja en cada paso rastros de dignidad.

Caminando_entre_lobos_by_Heteferes

Son incontables la cantidad de casos de humillaciones, vejaciones, aprovechamiento de posición, cuando una de las partes siente la necesidad de mantener un vínculo, no solo amoroso, sino laboral, académico, social… esto es justamente por la relación de dependencia, de necesidad y la sensación de incapacidad de prescindir de aquello que representa un beneficio o se siente que de alguna forma aporta, por lo que se puede inclusive colocar en balanza los pros vs la dignidad, al ser evidente que ésta se va perdiendo.

Cuántas veces escuchamos historias que tienen tantas aristas, pero que evidencian una clara necesidad y miedo a perder lo que malamente se tiene, “él me maltrata, pero me provee de techo, alimento y de vez en cuando cariño.” Evidentemente aquí hay un tema de merecimiento que debe ser abordado, para retomar la autoconfianza y reforzar la creencia de que por los propios medios se puede conseguir todo lo que se es recibido en medio de una relación que lleva consigo la pérdida de la dignidad.

mujer con ojos cerrados

Solo hasta el momento que la persona toma la decisión de decir “basta”, la dignidad va en caída libre, es difícil recogerla, y mientras más se pierde, pues parece que la familiaridad con la sensación se hace crónica, por lo cual se entra en un nocivo círculo vicioso, que desencadena la muerte paulatina de la autoestima, de la autoconfianza, del reconocimiento de lo que se es y se puede ser y de las capacidades de salir airoso de esa situación que consume parte importante de la integridad humana.

Aprendamos a no necesitar de nada ni de nadie, de esta manera ya tendremos un paso adelante en la defensa de nuestra dignidad, que una vez quebrada, cuesta un poco recuperar.

mujer con lobo

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Las personas calladas poseen las mentes más interesantes

personas-calladas-1

Las personas calladas poseen las mentes más interesantes

Las personas calladas suelen pasar desapercibidas. Rara vez se tiene en cuenta lo que hay tras esa apariencia serena, cauta y silenciosa. Son personas observadoras, exploradoras de los sentidos que conectan de forma más intensa con la realidad, con los pequeños detalles y con esos mundos sensibles que esconden universos variados y apasionantes.

Cada uno de nosotros procesamos la información de forma distinta, eso es algo que ya sabemos. Sin embargo, en ocasiones, se nos escapa que esas diferencias van ligadas sobre todo a nuestro estilo de personalidad. Según Marti Olsen Laney, autora del libro “The Introvert Advantage“, las personas calladas, las que responden a un perfil introvertido, lo hacen de un modo más pausado, más meticuloso y profundo.

Esto es así por una razón muy concreta, a la vez que fascinante. Todo estímulo en el cerebro de la persona introvertida, hace un complejo recorrido vinculado a la memoria emocional, al análisis y la planificación. Por su parte, las personas más extrovertidas tienen un umbral de sensibilidad un poco menor a los estímulos y son muchos más rápidos a la hora de emitir una respuesta o iniciar una conducta.

No se trata ni mucho menos de ensalzar un estilo de personalidad por encima de otro. De hecho, la mayoría de nosotros podemos tener rasgos de ambas dimensiones, aunque nos encontremos más cerca de una de ellas. Lo que queremos exponer con esto es que a día de hoy, ese silencio en la persona introvertida sigue siendo mal entendido e incluso descuidado en los centros educativos. Te hablamos de ello.

Personas calladas, aves extrañas en un mundo de extrovertidos

Cada día, maestros y profesores ven en sus aulas a esos alumnos que, sentados en las últimas filas, se pasan toda la clase en silencio, absortos en un punto de la clase o garabateando secretamente en sus cuadernos. No les agrada responder en voz alta las preguntas ni interactuar en las lecciones. No funcionan de ese modo. Sin embargo, los centros educativos, e incluso las universidades, siguen valorando al alumno que participa, que diserta, que levanta la mano y contagia entusiasmo e interés con su actitud.

Ese estereotipo que vincula extroversión con éxito o eficacia, sigue muy arraigado en nuestras mentalidades y en nuestra sociedad. Los especialistas en psicología social, por ejemplo, nos indican que en estas últimas décadas el perfil de la persona extrovertida, carismática pero a la vez egocéntrica y poco sensible a las necesidades ajenas, sigue encumbrando con mucha más fuerza nuestros entornos laborales y nuestras élites políticas.

Es como si el ideario colectivo valorara esos rasgos comportamentales y de personalidad como eficaces sin llegar a ver realmente el desempeño productivo, o la capacidad de crear un clima de armonía entre los grupos de trabajo. Sin embargo, y aquí llega lo más contradictorio, las actuales investigaciones sobre liderazgo nos revelan que las personas introvertidas, calladas, reflexivas y pacientes, propiciarían un rendimiento mucho más elevado y un entorno humano más satisfecho.

Por otro lado, la profesora e investigadora Francesca Gino, de la Universidad de Harvard, realizó un trabajo donde demostró que los líderes con un perfil de personalidad introvertido no abundan demasiado en nuestra actualidad. Son aves extrañas en un mundo donde sigue triunfando la extroversión. Sin embargo, en aquellos entornos laborales donde el departamento de dirección cuenta con líder de estilo pausado, reflexivo a la vez que sensible, actúa como gran facilitador a la hora de potenciar las aptitudes de sus trabajadores.

Los empleados son mucho más proactivos, más creativos y se sienten más felices, porque ese líder introvertido les aporta confianza y nuevas oportunidades.

Las personas calladas y sus mentes

Las personas calladas no son necesariamente tímidas. Son pausadas, tienen otro ritmo, otros tiempos y otras necesidades. Para ellas, el mundo, va a veces demasiado rápido y no alcanzan a poder analizar tal y como desean cada aspecto, cada detalle. Porque cada matiz de su realidad debe pasar primero por el filtro de las emociones, y tal delicadeza, tal meticulosidad lleva su tarea, su lenguaje, su artesanía.

Hay quien encuentra el silencio como algo incómodo e insoportable… Tal vez sea porque tienen demasiado ruido en su interior

Las personas calladas no se sienten cómodas siendo el centro de atención. No son el satélite de nadie y prefieren orbitar en espacios privados, a veces hasta solitarios. Este estilo comportamental puede suscitar cierta extrañeza ante las miradas ajenas, de ahí, que muchas veces las personas más silenciosas sean etiquetadas de tímidas, apocadas, reservadas o faltas de interés. Sin embargo, es importante saber que este estilo de personalidad esconde sus tesoros y sus bellezas en las profundidades y es ahí donde se halla su incomensurable belleza.

Veamos ahora con detalle cuáles son sus características.

personas calladas

Las 5 características de la persona silenciosa e introvertida

Antes que nada es importante resaltar aquí la abundante bibliografía que contamos al respecto de este tema. Libros como “El líder introvertido: aprovecha tu talento silencioso” de Jennifer B. Kahnweiler, son interesantes ejemplos con los que ampliar nuestro conocimiento sobre este perfil de personalidad.

No obstante, y a grandes trazos, estas serían algunas características básicas sobre la mente de las personas más reservadas, más silenciosas:

  • Piensan antes de hablar. Son considerados a la hora de comunicar, saben escuchar, reflexionan y más tarde responden.
  • No les agrada la superficialidad. Su foco de interés navega en las profundidades de la realidad, son imaginativos, les gusta relacionar ideas, conceptos, son soñadores y suelen hablar con ellos mismos todo el tiempo.
  • Las personas calladas suelen caracterizarse por una buena autoconfianza. No se dejan llevar tampoco por opiniones ajenas, tienen unos valores sólidos y unas ideas claras.
  • Prefieren escribir a comunicar. Se sienten más cómodos con la palabra escrita.

Por último, tal y como hemos señalado con anteriormente, la soledad es un refugio común en la persona introvertida. Sin embargo, cabe señalar que no la buscan como mecanismo de huida, sino como espacio para recuperar la energía y la claridad cuando el mundo les satura con sus estímulos, sus voces, sus prisas y sus rumores.

Porque al fin y al cabo, las personas calladas son cómplices de esa sabiduría que nace de la reflexión, la imaginación y ante todo, del tranquilo silencio.

Vía: lamenteesmaravillosa

Quien no tiene vida propia, es especialista en meterse en la de los demás

pensees-collectives-sophie-wilkins-2012-2860a0c7

Quien no tiene vida propia, es especialista en meterse en la de los demás

Ciertamente solo aquel que tiene una cantidad de tiempo ocioso considerable, le rinde la vida como para estar inmiscuyéndose en la vida de otros, más cuando no es para nada positivo que lo hace.

Hay quienes están más pendientes de lo que hace su vecino, que lo que ocurre en su núcleo familiar y no es de extrañar que por dedicar su tiempo evaluando, criticando y juzgando a otros, muchas cosas de su propia vida salgan de control sin ni siquiera percatarse.

Hoy-es-el-día-de-dejar-atras-la-envidia

Quienes tienen verdadero aprecio por su vida, valoran este tránsito, también valoran sus recursos, incluidos su tiempo y su energía, no le es grato invertir en algo que no les incumbe parte de su vida, procuran andar por la vida seleccionando de ella lo mejor, por eso se caracterizan por no acumular rencores en su corazón, no odiar, no buscar excusas para no ser felices y sobre todo por ver con benevolencia las acciones de los otros.

Evidentemente es positivo ayudar a quien lo necesite, apoyar, soportar, aportar, cualquier intervención positiva de nuestra parte a cualquier otra persona, mientras sea bien recibida, siempre podrá sumar. Lo que diferencia a una persona empática, compasiva y dispuesta a ayudar de otra que se mete en la vida de los demás para juzgar, criticar, limitar y apabullar, no es solo la intención matriz, es la manera de ver la vida de cada una, de lo que se nutre cada espíritu.

Mujer dos caras

Una persona que se caracteriza por juzgar a los demás, está en una clara declaración de su arrogancia, de sentir que la razón está de su lado, que nadie tiene derecho a hacer las cosas de una manera diferente a lo que su patrón mental le indique y por lo general nunca logra conectar con el resto de manera sincera, porque sus energías siempre van dirigidas a encontrar la falla, el defecto o la caída en el otro, para sentirse cada vez más regocijado y continuar su ciclo de críticas y desvalorización.

Quienes encajan dentro de estos patrones distan de apreciar los encantos de la vida y de ver más allá de lo evidente ante los ojos, se pierden de conocer realmente a los que les rodean, limitando sus acciones a restar.

El amor por la propia vida genera una conducta que favorece no solo a quien lo siente, sino a quienes le rodean, pudiendo fácilmente ser luz que irradia a su alrededor, donde inclusive lo que puede verse negativo a su alrededor se ve iluminado.

mujer-soplando flor

Decide cómo alimentas tu vida, de qué te nutres, dedícale tiempo a lo que genere valor, haz de ti lo mejor que puedas y procura ver a los demás más allá de lo que crees son defectos. Cada persona es una lección de vida, sé tú la que se recuerde con cariño y rodéate de personas que si van a intervenir en tu vida, sea para procurarte el mayor bien, de lo contrario, no les des mayor alcance en tu vida.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

felices2

Esto es lo que nos hace felices: un estudio de 76 años

En 1938 la Universidad de Harvard (USA) comenzó una investigación llamada “Estudio sobre el desarrollo adulto”. Su principal objetivo era determinar qué es lo que realmente nos hace felices. La investigación se extiende hasta la actualidad y es uno de los más completos en su área.

Para realizar la investigación se pidió la colaboración de 700 hombres jóvenes, inicialmente. Algunos de ellos eran personas que gozaban de una posición acomodada, mientras que otros pertenecían a clases pobres de Boston. Los investigadores acompañaron a estas personas a lo largo de sus vidas para evaluar cómo buscaban y eventualmente construían su felicidad.

Actualmente la investigación cuenta con más de 1.000 hombres y mujeres, algunos de los cuales son hijos de la primera generación de voluntarios. El actual director del estudio es el psiquiatra Robert Waldinger, que también es maestro Zen.

Con base en las conclusiones extraídas en estos 76 años de estudio, el profesor Waldinger ofreció un pequeño esquema de lo que podría llamarse “una buena vida”. La investigación ha permitido establecer qué es lo que realmente hace felices a las personas (o al menos la mayoría) y enseguida te contamos cuáles son algunos de esos hallazgos.

Lo más felices nos hace: la calidad de nuestras relaciones

Una de las conclusiones más importantes del estudio sobre el desarrollo adulto es que las personas se sienten auténticamente felices cuando logran establecer relaciones humanas de calidad. “Lo que encontramos es que en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo”, dijo Waldinger.

amistades

Respecto a la pregunta sobre qué es una relación de buena calidad, el académico señaló que es aquella en la cual te sientes confiado y puedes ser tú mismo. En otras palabras, no te sientes juzgado y tienes la convicción de que cuentas con la otra persona en prácticamente cualquier circunstancia. Este tipo de vínculo puede hacerse con la pareja, con la familia o con amigos y compañeros.

El dinero y la fama son cortinas de humo

En varias ocasiones la investigación ha aplicado cuestionarios sobre el concepto de felicidad entre los participantes, e incluso entre personas que no forman parte del estudio. Les preguntan qué les haría felices. Un 80% de los consultados ha dicho que sería feliz si tuviera más dinero y un 50% aseguró que la fama le daría la dicha. Sin embargo, tras analizar los resultados después de que mejorara la condición económica o los éxitos sociales de estas personas se concluyó que la suposición que hacían a priori no se reflejaba en los resultados después de la mejora.

mujer con máscara negra

Todo parece indicar que el dinero y la fama actúan en nuestras mentes como una especie de cortina de humo. Se podría concluir que quienes piensan de ese modo no están admitiendo que lo que buscan en el fondo es aprobación, respeto y compañía. Sin darse cuenta asumen que dinero y a la fama serán vehículos para ganar más y mejores vínculos con los demás.

Esto quiere decir que inconscientemente creen que si tuvieran mayor dinero o fama, serían más valorados por los demás, lo cual es falso. Tanto la fama como el dinero sí atraen nuevos vínculos, pero en muchos casos se trata de nexos poco auténticos, no basados en la genuina valoración del otro. Muchos se acercan a los ricos y famosos por los beneficios que pueden obtener, pero no porque experimenten auténtico afecto por esas personas.

Si ya hay una respuesta, ¿por qué no somos más felices?

El estudio de Harvard ha encontrado la respuesta a la pregunta de cómo podemos ser felices y se trata de una respuesta relativamente sencilla y muy concreta. Pero esto lleva a una nueva pregunta: ¿por qué entonces hay tantas personas infelices? ¿No bastaría con que invirtieran más tiempo y esfuerzo en sus relaciones para que pudieran vivir mejor? Ahí está realmente la clave del asunto.

Establecer relaciones de calidad no es tan sencillo. Y no lo es porque exige que para hacerlo hayamos desarrollado previamente un conjunto de valores y virtudes que no están simplemente ahí, servidas a la carta. Para construir vínculos valiosos necesitamos ser generosos, bondadosos, pacientes y cercanos en el trato.

felices

En la vida, el asunto no es encontrar “personas especiales” con las que podamos establecer vínculos maravillosos. De lo que se trata más bien es de que nosotros mismos seamos maravillosos en nuestras relaciones. Esto es lo que constituye la base de un vínculo de calidad.

La conclusión fundamental de los 76 años que tiene el estudio de Harvard es muy simple: todos buscamos, fundamentalmente, ser amados. Eso sería un sinónimo de ser felices. Sin embargo, muchas veces no se logra construir relaciones de amor genuino porque todavía nosotros no hemos desarrollado esa profunda capacidad de dar amor.

Vía: lamenteesmaravillosa

Te perdono… No porque lo merezcas, sino porque yo lo necesito

-Audrey-Kawasaki5_727

Te perdono… No porque lo merezcas, sino porque yo lo necesito

El perdón es la herramienta de liberación que tenemos todos los seres humanos, pero que no todos sabemos aprovechar. Muchas veces pensamos que al no perdonar de alguna manera mantenemos en deuda a quien nos ha lastimado, pero lo triste es que el único notificado de esa cuenta es uno mismo.

El perdón no es el un reconocimiento de que no hemos resultado heridos producto de las acciones u omisiones de alguien o de nosotros mismos, tampoco debe representar que las relaciones deberán continuar como si el dolor no hubiese sido generado, menos aún es la autorización para que nos lastimen nuevamente.

mujer con flores 4

El perdón es la decisión que parte de lo más profundo de nuestro ser, de permitir soltar aquello a lo cual le hemos dado el poder de seguirnos afectando más allá del agravio original. Ciertamente las decepciones pueden ser muy fuertes, el hecho de resultar heridos, especialmente por quienes contaban con nuestra confianza y afecto, nos puede generar un profundo dolor que podríamos no saber manejar.

Afortunadamente podemos seguir adelante y solo nosotros decidimos cómo queremos hacerlo, si con una carga a cuestas o con mayores herramientas, recursos y experiencias que nos hagan el camino más llevadero. Nadie puede perdonar por nosotros, solo cada uno tiene el poder de hacerlo, más allá de las palabras, sino partiendo desde el corazón.

mujer con mariposas Audry

Saquemos nuestra nobleza a relucir, aprendamos a comprender lo que en un momento no fue digerible, a fin de cuentas todos estamos acá cometiendo errores continuamente y si les sacamos provecho, pues nos quedará la lección. Todos podemos haber lastimado a alguien y unas disculpas u otras acciones de mayor envergadura pueden no ser suficientes para resarcir el daño, dependerá de quien haya sido afectado los efectos que se sigan generando en su interior.

La vida como la conocemos es corta, pero si aprendemos a mirarla con detenimiento, podremos ver que la bondad impera sobre la maldad y que las acciones hirientes corresponden más a egoísmos que a malos sentimientos, los cuales pueden tener una raíz profunda que aligere de culpa a quien las cometa.

mujer con flores 3

No vinimos acá a ser jueces de las acciones de otros, tampoco hemos venido a ser víctimas de alguien, menos de nosotros mismos, así que miremos más allá de nuestro ego y entendamos que otorgar un perdón es un gesto de nobleza, especialmente en lo que a nosotros mismos se refiere.

Hagamos el bien, que el universo se encarga de poner cada cosa en su lugar, la venganza, el rencor, la amargura que atrae consigo cualquier herida solo será disipado a través del perdón… no importa si el otro lo merece o no… pensemos sencillamente, que nosotros lo necesitamos.

Imágenes cortesía de: Audrey Kawasaki

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

sarcasmo

El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

A menudo, no falta quien defiende aquello de que las personas sarcásticas son más inteligentes, más ágiles y brillantes en el dominio de las palabras. Sin embargo, esa forma de ingenio a veces se carga de veneno, de una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.

El sarcasmo como forma de comunicación tiene muchos adeptos y seguidores. Por ejemplo, lo podemos ver en varias series de televisión, ahí donde sus protagonistas muestran una mente privilegiada, excepcional y a instantes inspiradora, capaz de resolver infinidad de enigmas criminales y desafíos médicos. Sin embargo, estos personajes se caracterizan a la vez por un tipo de lenguaje mordaz, aderezado por ciertas dosis de desprecio hilvanadas por grandes dotes de sarcasmo.

Hemos de tenerlo claro, este tipo de lenguaje mordaz, satírico pero ingenioso es claramente perjudicial para la comunicación efectiva. En ocasiones, no solo hay un claro desprecio, muchas veces existe una clara incapacidad de establecer un diálogo neutral, un intercambio armónico de mensajes donde no se derive en la burla como forma de expresar poder o dominancia.

Por otro lado, hay un aspecto que no conviene descuidar. El sarcasmo es más común entre personas que mantienen una relación de confianza, como pueden ser los compañeros de trabajo, nuestros familiares o incluso nuestras parejas. Un hecho que intensifica aún más el efecto desgastante y afilado de esta dimensión.

Los “matones” intelectuales y su arma favorita: el sarcasmo

Hay un tipo de bullying para el cual existe una mayor indulgencia. Hablamos sin duda del sarcasmo, y ese tipo de agresiones tan comunes como permitidas que se dan ante todo en nuestro mundo adulto, en nuestros entornos laborales y en especial en esos espacios privados donde se encierran las dinámicas antes señaladas: las de pareja, familia e incluso de amistad.

Según el “Ranking Bully Types” del 2010, los matones intelectuales están especializados en la condescendencia. Son perfiles que camuflan sus inseguridades a través de grandes palabras y frases arrogantes. A su vez, disfrutan consiguiendo que los demás se sientan inferiores bajo la clara creencia de que ellos son más inteligentes, más hábiles y, por supuesto, brillantes.

Lo más negativo de todo ello es que muchas veces glorificamos estos comportamientos o incluso los interpretamos como bromas inocentes. Al principio, hay quien es incapaz de ver en ese acto una forma de intimidación o desprecio. Uno termina sonriendo el ingenio y el sutil juego de palabras admirándose por tal artimaña lingüística. Sin embargo, cuando el matón intelectual persiste cada día en su artillería verbal, la cosa no solo cambia, sino que tiene consecuencias serias.

La primera consecuencia es la vulneración del vínculo relacional con esa persona. Es un atentado hacia la autoestima del otro, es una agresión y un “matoneo” constante e implacable. El segundo aspecto, tan interesante como devastador a la vez, es descubrir que el artesano del sarcasmo rara vez es consciente de su comportamiento ni de sus actos intimidantes.

Estas personalidades suelen camuflar una clara insensibilidad interpersonal o social, un embotamiento emocional donde lo único que se busca a cada instante es imponer su destreza intelectual, su habilidad de palabra e ingenio, porque esas son las únicas herramientas de las que dispone el sarcástico para reafirmarse como persona.

Tres modos de hacer frente a las agresiones sarcásticas

Es muy posible que a todos nos cautive el sutil ingenio verbal de personajes como Sherlock Holmes. Sin embargo, más allá de una mente brillante y un cerebro maravillosamente dotado, debe existir también una persona cercana, empática y respetuosa. Porque de nada importa el ingenio de una frase si el mensaje que transmite es dañino.

Este tipo de dinámicas pueden verse muchas veces en esas cenas que se hacen con amigos. No suele faltar, por ejemplo, esa pareja (ya sea hombre o mujer) que deja caer un comentario sarcástico y ocurrente sobre el cónyuge que al instante provoca las risas de toda la mesa, excepto de la propia víctima. De algún modo, todos son cómplices de esa agresión encubierta, de ese desprecio camuflado ante el que debemos estar más atentos para poner límites. Para frenarlos. Te explicamos cómo.

Mujer con nubes alrededor agresiones

Cómo defenderse de la persona sarcástica

La primera recomendación es simple y básica: no asumiremos una actitud pasiva ante el sarcasmo. Tampoco se trata de reaccionar con rabia, iniciando una afrenta poco útil. No podemos olvidar que, generalmente, estamos ante una persona muy hábil con las palabras, pero pobre con las emociones, y es ahí donde tenemos nuestra ventaja. Por tanto, lo primero que haremos es expresar con tranquilidad “que no nos ha sentado bien el comentario”.

  • Exige literalidad. El sarcástico tiene un máster en las metáforas y en las más siniestras ironías. No las aceptes, exígele que sea literal. Las personas maduras transmiten valentía y claridad en la palabra, los inseguros se camuflan en los juegos de palabra.
  • La tercera recomendación es explicarle al “matón intelectual” los efectos de su comportamiento. Si es nuestro compañero de trabajo o un amigo, hay que dejarle claro que no nos hace sentir bien y que en caso de no mostrar más amabilidad o cercanía, optaremos por la distancia.

Por otro lado, si el artesano del sarcasmo es nuestra pareja, hablaremos del dolor que nos causa y de que ese atentado continuo hacia nuestra autoestima no es reflejo de un amor sincero, ni lógico, ni consciente ni maduro. Exige respeto, honestidad y afecto transmitido a través de ese alimento enriquecedor que es el lenguaje y la palabra.

Recuerda siempre que el sarcasmo y los agresores intelectuales no merecen ser alimentados con la admiración, sino cortados con la verdad de aquello que ocasionan sus actos.

Imagen principal cortesía de Nicoletta Ceccoli

Vía: lamenteesmaravillosa

La dignidad personal es reconocer que merecemos algo mejor

mujer-columpio

La dignidad personal es reconocer que merecemos algo mejor

Las personas tenemos un precio, un valor indiscutible llamado dignidad personal. Es una dimensión incondicional que nos recuerda cada día que nadie puede ni debe utilizarnos, que somos libres, seres valiosos, responsables de nosotros mismos y merecedores a su vez de un adecuado respeto.

La dignidad es sin duda uno de los conceptos más interesantes a la vez que descuidados dentro del campo del crecimiento personal. De algún modo a muchos se nos ha olvidado que esta dimensión no depende del reconocimiento externo, nadie tiene por qué otorgarnos un valor determinado para que nosotros mismos nos sintamos merecedores de obsequios.

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca meramente como medio”
-Immanuel Kant-

La dignidad es una cualidad inherente que viene de “fábrica”. Tal y como dijo Martin Luther King una vez, no importa cuál sea tu oficio, no importa el color de tu piel ni cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria. Todos somos dignos, y todos tenemos la capacidad de construir una sociedad mucho mejor basada en el reconocimiento de uno mismo y en el de los demás.

Sin embargo, dignidad y vulnerabilidad siempre van de la mano. Porque esta cualidad innata depende directamente de nuestro balance emocional y de la autoestima. De hecho, en ocasiones basta con que alguien nos quiera mal para que no nos sintamos dignos de ser amados. Basta también con que pasemos una temporada sin empleo para llegar a pensar que no somos dignos ni útiles para esta sociedad.

Te proponemos reflexionar sobre ello con nosotros.

Qué no es dignidad personal

Entender desde bien temprano que merecemos lo mejor, que debemos ser respetados por lo que somos, tenemos y nos caracteriza, no es orgullo. Defender nuestra identidad, nuestra libertad y nuestro derecho a tener voz propia, opinión y unos valores, no es narcisismo. En el momento que entendemos todo esto nuestra personalidad se refuerza y conseguimos una adecuada satisfacción interna.

Sin embargo, hemos de admitirlo, si hay una dimensión de nuestro bienestar psicológico que más secuelas deja tras haberla descuidado, olvidado o dejado en manos de otros, es ella, la dignidad. De ahí, que siempre debamos recordar algo muy sencillo a la vez que ilustrativo: la esperanza no es lo último que una persona debe perder; en realidad, lo que jamás debemos perder es la dignidad personal.

Veamos a continuación de qué maneras se nos escapa este valor, este principio de fortaleza interior.

Mariposa

Perdemos la dignidad personal cuando…

La dignidad no son unas llaves que ponemos en nuestros bolsillos y que de vez en cuando, dejamos a otros para que nos las guarden. La dignidad no es una posesión material es un valor intransferible, incondicional, propio y privado de cada uno. No se deja, no se pierde ni se vende: va contigo SIEMPRE.

  • Las personas perdemos nuestra dignidad cuando nos dejamos humillar y boicotear de forma sistemática.
  • Perdemos nuestra dignidad de forma fulminante cuando dejamos de amarnos a nosotros mismos.
  • La dignidad se pierde cuando nos volvemos conformistas y aceptamos mucho menos de lo que merecemos.
  • Por curioso que nos parezca, también podemos dejar escapar esta dimensión en el momento en que nos excedemos, en que exigimos privilegios y vulneramos el sentido del equilibrio y la igualdad respecto a nuestros semejantes.

Tal y como podemos ver, no solo la falta de seguridad personal y de amor propio genera la pérdida de esta raíz de nuestro bienestar. A veces, hay quien se vuelve indigno en el momento en que da el paso hacia el abuso, hacia la falta de consideración y el egoísmo extremo.

Los 5 pilares de la dignidad personal

La dignidad es quizá un tema mucho más tratado por la filosofía que por la psicología. Kant, por ejemplo, definió en su momento a la persona con adecuada dignidad personal como alguien con conciencia, voluntad propia y autonomía. Sin embargo, en las definiciones más clásicas sobre esta dimensión se descuida un aspecto esencial: la dignidad también se expresa cuando somos capaces de conseguir que quienes nos rodean, se sientan respetados, dignos y valorados.

“Todo ser humano es persona. Hay que respetar a la persona como referente, con independencia de que posea o no la propiedad de la conciencia”.
-Evandro Agazzi-

Estamos pues ante un valor personal, pero también ante una actitud proactiva. No importa que nos venga de “fábrica” como señalábamos al inicio. Debemos ser capaces de propiciar y crear entornos donde impere la dignidad, ya sea en nuestras familias, en nuestros entornos laborales y en la propia sociedad.

Veamos ahora qué pilares sustentan esta valiosa dimensión.

circulo de mujeres en dignidad

Cómo aprender a ser personas con una dignidad más fuerte

El primer aspecto es comprender que somos dueños de nosotros mismos. Somos nuestros directores de orquesta, nuestros gurús personales, nuestro timón de mando y nuestra brújula. Nadie tiene por qué llevarnos ni arrastrarnos a océanos que no son nuestros, a escenarios que nos traen la infelicidad.

  • El segundo pilar es sin duda algo tan simple como complicado en ocasiones: darnos permiso para alcanzar aquello que queremos. Muchas veces no nos sentimos merecedores de algo mejor, de algo bueno y enriquecedor. Nos limitamos a aceptar lo que la vida ha querido traernos como si fuéramos actores de reparto en el teatro de nuestras vidas.
  • Define tus valores. Aspectos tan básicos como una identidad fuerte, una buena autoestima y unos valores sólidos configuran las raíces de nuestra dignidad personal, y esos aspectos que nadie puede ni debe vulnerar jamás.
  • Autoreflexión y meditación. A lo largo del día, es conveniente que tengamos un instante para nosotros mismos. Es un espacio propio donde tomar contacto con nuestro ser para hacer un adecuado diagnóstico sobre cómo nos sentimos. La dignidad queda “tocada” de muy diversas formas a lo largo de cada día, y es necesario identificar esos golpes, esas pequeñas heridas que sanar.

Por último, y no menos importante, es vital también que seamos capaces de cuidar de la dignidad de los demás. Lo señalábamos antes, porque ser digno es también saber reconocer al igual, sea cual sea su condición, su situación, su origen, su estatus o su raza. Aprendamos por tanto a crear sociedades más justas empezando siempre por nosotros mismos, por nuestra dignidad.

Vía: lamenteesmaravillosa

Al final, es mentira que tengamos que arrepentirnos por lo que dejamos pasar

Pareja-agarrada-de-la-mano-por-la-via-del-tren

Al final, es mentira que tengamos que arrepentirnos por lo que dejamos pasar

A lo largo de nuestras vidas se nos presentarán muchísimas oportunidades, algunas de ellas las tomaremos y otras las dejaremos pasar, por diversos motivos y por naturaleza, al final veremos con nostalgia aquellas que pudiendo hacer de nuestras vidas algo diferente decidimos no tomar.

No podremos asegurar si ese “diferente” se podría traducir en mejor, pero la simple intriga de no haber dado un paso en el momento que pudimos, nos puede hacer sentir una gran frustración o tristeza por los potenciales resultados.

silencio mujer con mariposa

Por eso en nuestro día a día debemos dejar los miedos a un lado, callar nuestra mente y escuchar esa voz que de manera sublime nos invita a caminar por una ruta determinada. Los miedos son nuestros peores enemigos, cuando logramos restarle poder y asumir nuestra vida de una forma con mayor valentía, el riesgo a quedarnos con las ganas, a no ir por el camino que más rápido nos ubica donde debemos estar, disminuye de manera considerable.

Para tranquilidad de todos, existe una ley espiritual india que nos alivia la carga o el remordimiento que podríamos sentir por haber dejado pasar una oportunidad, ella nos dice que: “lo que sucede es la única cosa que podía hacer sucedido”, lo cual, sin ser destinista, nos invita a reflexionar en el hecho de que siempre tendremos millones de posibilidades, pero nuestra decisión estará determinada por nuestro nivel de preparación, nuestra experiencia, nuestra conexión con nosotros mismos al momento de decidir.

hombre-pensando

Así que no tiene mucho sentido arrepentirnos por las cosas que vivimos y menos por las que dejamos de vivir, vivimos exactamente lo que teníamos que vivir para aprender, crecer y hacernos al final lo que somos, inclusive cuando a través de nuestro ego lo veamos insuficiente. Todo en nuestra vida es perfecto tal y como es, cuando aprendemos a aceptar, a fluir y ver con los ojos del alma, sencillamente podemos agradecer por cada una de las experiencias, inclusive agradecer por aquellas oportunidades que en su momento dejamos pasar.

Tengamos de referencia la naturaleza, que contiene la sabiduría del universo en cada una de sus formas, ella no se resiste, ella fluye, ella acepta tácitamente y no conoce de arrepentimientos.

mujer-caminando

Tenemos una herramienta muy poderosa que es nuestra mente, que si aprendemos a usarla a nuestro favor, nos será muy sencillo alinearnos con la prosperidad de la vida, pero si le damos el control, ella nos manejará a su antojo, haciéndonos sentir inconformes con nuestras vidas, siempre pensando que hay algo mejor que no tenemos, incapacitándonos para apreciar y vivir lo que está al alcance de nuestras manos.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Ser bueno no es lo mismo que ser tonto

Figura-humana-con-corazón

Ser bueno no es lo mismo que ser tonto

Ser bueno no es para nada sinónimo de ser tonto. Según un estudio de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría, ser bueno es rentable porque nos proporciona bienestar emocional. Los valores humanos actúan en este caso como factores de protección.

Existen diez valores aplicables a todas las culturas que son considerados como buenos.La bondad, el universalismo, la independencia del pensamiento, llevar una vida excitante, hedonismo, logro o éxito personal, el poder y valores más tradicionales como la seguridad, la conformidad y la tradición.

Llevar una vida acorde a valores bondadosos nos proporciona protección frente a una sociedad que muestra cada vez más un umbral de tolerancia más bajo hacia los problemas. Cada vez hay más problemas adaptativos que acaban generando patología, como son las depresiones, los cuadros de ansiedad, el estrés, etc.

Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro

Todo aquello que lanzamos hacia los demás es un boomerang que recibiremos en gran medida según obremos. Cuando buscamos el bien para nuestros semejantes, ya sea a través de un pensamiento, un sentimiento o una acción, potenciamos conexiones con los demás. Una conexiones que nos reportan emociones confortables, protagonistas de nuestro bienestar emocional.

La mayoría de lo que damos se nos es devuelto en algún momento o circunstancia de la vida, muchas veces multiplicado. Así que si se trata de ayudar, a través del amor debemos saber que, al darlo, automáticamente estamos abriéndonos para que se cumpla en nosotros esa ley natural mediante la cual se vuelve a reciclar el sentimiento.

La construcción del bien común es una labor de todos. En el momento actual hay una sensación de indiferencia en la sociedad, la gente está harta y se ha instaurado la desconfianza. Todos tenemos la sensación de que en muchos aspectos la vida nos han engañado. Más allá del diagnóstico de la situación, la cuestión fundamental es cómo salir de ella.

La sociedad necesita comportamientos ejemplares de cada uno de los individuos que la componen: con independencia de juzgar a las personas que lo hicieron mal en el pasado, esta es la única forma honesta de asegurarnos un futuro mejor.

Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas

El único símbolo de superioridad es la bondad

Todo acto de bondad es una demostración de poder. Ser una persona benevolente no implica aumentar la tolerancia frente a lo ruin, o tener conformidad hacia lo inepto, sino más bien tener la voluntad de hacer el bien. Recuerda que eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu vida.

Para Buda Gautama, por encima de todo está la bondad afectuosa. Así como la luz de la luna ilumina sesenta veces más que la de las estrellas, la bondad afectuosa libera al corazón de una forma sesenta veces más efectiva que todos los demás logros juntos. Si nos alimentamos de bondad, los miedos y los pesares morirán rápidamente de hambre.

La paciencia es la virtud que mejor describe a las buenas personas. Enmarca la capacidad de dar libertad y margen de error a las personas que queremos. El arte de la bondad parece que es un bien escaso, pero quizás es más común de lo que creemos.

La mejor forma en que la vida recompensa a las buenas persona es a través de la gratitud. Un halago significa que reconocen nuestra labor, el cariño significa que nuestra compañía es grata para otros, el agradecimiento significa que somos capaces de ser útiles para otras personas, ya sean con nuestras palabras, actitudes o conductas. Los tres elementos a la vez (halagos, cariño y gratitud) nos permiten tener relaciones más estrechas y cercanas.

“La gente buena es sabia porque, de forma consciente o inconsciente, entiende de lo que se trata; lo que hacemos por los demás lo hacemos por nosotros mismos”

No me grites que estoy sorda de un pie

mujer-cambios

No me grites que estoy sorda de un pie

No me grites que estoy sorda de un pie y por mucho que alces la voz no te voy a obedecer. Yo sigo mi camino y a veces me equivoco, pero por mucho que grites no harás que aminoren mis pasos: solo mostrarás tu falta de educación.

Ya sabes lo que dicen, no por mucho gritar uno tiene más razón, sino al contrario, uno obtiene menos respeto y mayor incomprensión. Dicen que las palabras son el mejor vehículo para la comunicación, pero también dicen, y lo olvidamos más, que cuanto más suben de volumen más valor pierden.

Gritamos porque es un recurso fácil para llamar la atención, pero lo que en realidad demostramos es nuestra falta de habilidades de comunicación.

Para llegar a un punto de encuentro valen más un “gracias” o un “por favor”, una expresión razonada, que no unos gritos que silencian cualquier tipo de razón. No me grites, cuéntame, escúchame, ten paciencia y ayúdame a aprender de mis errores. Aprendamos el uno del otro, no nos perdamos en aullidos sonoros como si fuéramos lobos, no somos animales salvajes, somos seres racionales.

El que grita nos busca para atacarnos con su arma de combate: la palabra

No me grites, no me ataques, no utilices las palabras sin medirlas. Sé consciente de que las palabras, si no pasan el filtro de la razón, pueden envenenar toda una relación. Sé valiente y habla. Piensa que si me gritas no habrá punto de encuentro porque no voy a entrar en tu juego.

No me intimides a voces, porque no voy a escucharte. Voy a huir de tus aullidos como si conmigo no hablaras, porque para hablarme antes tienes que respetarme. Y las claves del respeto vienen de saber escuchar y aceptar que no todo el mundo piensa como tú… y habrá algunas cuestiones en las que ese mundo empiece conmigo.

No hay mayor forma de respeto ante uno mismo que no haciendo caso de las faltas de respeto que cometen hacia ti. Si quieren tu atención deben merecérsela, no se la regales a unos gritos de un cualquiera.

Si no sabes cómo comunicarte, si sientes que estás frustrado y la ira llega a tu boca antes de que puedas pensar lo que dices, ponte en mi lugar y quizás así me entiendas y no me grites. Si no sabes cómo hacerlo te daré un consejo: “los dramas, las etiquetas, los “debería” y los “tengo siempre la razón” no son buenos alimentos para una relación”.

Tampoco ayuda eso de guardarse las pequeñas cosas para luego gritar a todo volumen y con detalles aquello que te molestó. No me grites pasados unos días. Háblame, enséñame, comparte conmigo aquello que te molestó y así podemos estudiar si lo nuestro tiene o no solución. Lo nuestro, porque es nuestro…

Y si nos encontramos en una bifurcación, será mejor que cada uno escojamos nuestro camino en lugar de usar los gritos para expresar nuestro dolor. No me grites porque así no aprendemos nada, no me grites si me aprecias o me amas.

chica tapándole cara su pareja

Si quieres enseñar modales, haz de modelo

No me digas tus bondades, no te vendas como víctima o eterno sufridor, muéstrame aquello que quieres; sé un modelo, no un provocador. Si pides algo más vale que sea algo que tú haces y que lo pidas con educación. Recuerda que recibe aquel que da, no el que exige sin demostrar nada.

Piensa que todos nos equivocamos, que no somos perfectos… pero que también aprendemos, cambiamos y construimos cosas a nuestro alrededor. Háblame de tus miedos, ábreme tu corazón, déjame entenderte y así podamos cambiar los gritos por un “por favor”.

Aprendamos juntos, conozcámonos, no intentemos cambiarnos, sino que intentemos ser como somos, pero con más educación. No me grites cuando no te guste lo que hago porque si me quieres me aceptas tal y como soy. No intentes cambiarme a gritos, así solo haces daño. No me grites porque estoy sorda de un pie y por mucho que lo hagas no dirás a dónde voy.