4 tipos de personas de las que debes desintoxicar tu vida

4 tipos de personas de las que debes desintoxicar tu vida

La vida es un continuo aprendizaje y nuestras relaciones nos aportan gran parte de la información y la práctica que necesitamos para crecer. Si bien es cierto que cada relación es una invitación a realizar una proyección de nosotros en la otra persona, también es cierto que muchas veces nos conviene comenzar tomando la lección del amor propio en primera instancia y apartar de nuestras vidas a toda persona que nos robe la energía vita, que actúe de manera premeditada en nuestra contra o centralice sus esfuerzos en perjudicarnos la vida.

Acá traemos 4 tipos de persona que sin duda nos conviene mantener a distancia o con acceso restringido a nuestras vidas:

Personas que nos mienten continuamente: Ciertamente hay mentiras de mentiras, algunas con mayores consecuencias que otras, pero quien opta por adoptar la mentira como hábito en su relación son nosotros, no podrá aportarnos algo diferente a la decepción consecuencia de engaño, tras engaño, desilusión tras desilusión.

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Personas que nos irrespetan: A veces es mucho más importante que nos respeten a que nos amen, el respeto es la muestra de lealtad, de que ocupamos un lugar en la vida de alguien más, que no está en planes quebrantar. Quien nos irrespeta no nos merece, nos hace daño y algo terrible que comúnmente ocurre y que debe llamar la atención, es que cuando se habla de irrespeto, éste siempre va a más, por lo general el respeto se pierde a lo largo del tiempo y el mal manejo de esa conducta hace que la situación cada vez sea peor.

Personas que nos utilicen: Todos merecemos afecto y cercanía sincera, no el interés de que podemos satisfacer alguna necesidad, ser proveedores de algo o facilitarle la vida a los demás. Quien dice querernos, pero ese afecto va relacionado con lo que podemos hacer por esa persona, debe aprender a apreciarnos por lo que somos, más allá de lo que podemos aportarle a su vida en momentos determinados.

Personas que no nos valoren: Evidentemente no tenemos que ser importantes para todos, pero quienes estén en nuestras vidas, más aun, los que tengan lugares especiales, deben valorarnos, deben sentirse afortunados porque de alguna manera compartimos algo de lo que somos y de lo que es nuestra vida en general con ellos. Quien no sepa darnos valor, sino por el contrario nos lleve a menos, no debería tener mayor acceso a lo que es nuestra vida.

Todos somos especiales, todos estamos en un proceso de evolución y contamos con mayores y menores recursos al momento de relacionarnos y esto puede justificar algunas cosas y abrir nuestro campo de tolerancia. Pero cuando nuestra vida se ve afectada negativamente por personas de nuestro entorno, es necesario tomar medidas y en algunos casos, medidas drásticas, que quizás nos duelan en primera instancia, pero terminen por favorecer nuestras vidas.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

No puedes ser feliz si te empeñas en aferrarte a lo que te entristece o te angustia

No puedes ser feliz si te empeñas en aferrarte a lo que te entristece o te angustia

La felicidad es un preciado tesoro que nos puede mantener en su búsqueda durante toda la vida, creyendo encontrarlo en personas, experiencias, sitios, logros… para al poco tiempo darnos cuenta de que no estaba allí… corriendo a otro espacio en donde nos convencemos de que sí estará… para luego caer en la realidad de que tampoco estaba allí.

La felicidad solo la encontraremos dentro de cada uno de nosotros, pero inclusive el hecho de saber que está allí, no nos hace encontrarla, es una buena pista, pero no es suficiente saber dónde se encuentra para experimentarla, para conectarnos a ella.

Mientras prendemos a establecer esa conexión con nuestro interior, que nos lleva a entender que todo está perfectamente bien tal y como está y que nosotros no necesitamos de nada, ni de nadie, porque lo tenemos absolutamente todo, podemos aplicar algunas prácticas que solemos adoptar que no nos permitirán ser felices.

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Uno de los principales saboteadores de nuestra felicidad no es nuestro vecino con su escandalosa música, no es esa pareja celosa que no nos deja vivir tranquilos, no es ese presidente que consideramos que no sabe gobernar… es lo que llevamos en mente: son los apegos y la incapacidad de vivir el presente.

Si nos aferramos a cosas que nos entristecen, generalmente de recuerdos nostálgicos de cosas que quisiéramos tener en nuestras vidas en el presente, o cargados de dolor por lo que sentimos que no fue justo vivir, pues de seguro mataremos cualquier posibilidad de que el presente nos atrape y nos haga vivirlo a plenitud.

Si nuestra cabeza está enfocada en aquello que nos llena de angustia, de miedo, de necesidad de control, evidentemente eso tampoco favorecerá a nuestro estado de calma, desde donde apreciamos las cosas sin colocarles adjetivos, sin clasificarlas como buenas o malas.

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Aprendamos a soltar, a agradecer lo que pasó aunque no entendamos bien el porqué de las cosas,  y aprendamos a confiar en lo que la vida tiene para mostrarnos. Si estamos dispersos o distraídos nos perderemos de muchas cosas, gran parte de nuestra vida nos pasará sin haberla vivido realmente, por haber estado aferrados a algo que dolía o preocupaba.

La preocupación no resuelve conflictos, no quita problemas, sino que roba la paz. La angustia no permite encontrar soluciones, no ver más allá de lo trágico y lo terrible que pudiese pasar. Si aprendemos a confiar, nos daremos la oportunidad  de vivir el presente, con la creencia de que la vida tiene muchas cosas buenas que ofrecernos y que solo están allí esperando por nosotros.

Soltar lo que nos mantiene en el pasado o lo que nos hace temerle al futuro,

es sin duda la primera clave para ser felices.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Cómo detectar amistades tóxicas

Cómo detectar amistades tóxicas

Las amistades suponen por definición un refugio para ambas partes, una relación que en términos generales suma  a nuestras vidas, nos aporta fuerzas, entusiasmo, ánimo, sustento, afecto, sin embargo, en algunas oportunidades una amistad puede resultar contraproducente y generar más efectos negativos que otra cosa.

Es cierto que todos tenemos algo de toxicidad en lo que damos en nuestras relaciones interpersonales, sin embargo, hay algunas personas que pueden resultar para otras en foco de negatividad.

Es importante tener en consideración algunas características de las personas que pusiesen estar restando a nuestras vidas a través de su vínculo de amistad:

Fomentan relaciones unidireccionales, donde están acostumbradas solo a recibir y no son capaces de dar, exigen, demandan y se ofenden cuando no podemos estar allí para satisfacer sus necesidades.

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Personas competitivas, no en el mejor sentido, las personas que suelen llevar su vida en una constante competencia con quienes se puede comparar, resultan tomándonos como patrones de referencia. Se sienten amenazados ante cualquier conato de que puedan ser superados en cualquier aspecto de la vida y jamás se sentirán a gusto con que nos vaya mejor que a ellos.

Personas interesadas, la amistad no es sincera, sino persigue un fin, está supeditada a algo que se pretende obtener, no se juega limpio y por lo general hay mucha manipulación en medio. Está asociada a personas falsas, que no se sienten capaces de fomentar nexos honestos, sino a través del trueque, de la ganancia e inclusive de la venta de la confianza al mejor postor.

Personas amargadas, cualquier detalle es un estímulo para despotricar del mundo, para poner su peor cara o desatar una ola de palabras cargadas con todo lo que llevan dentro. Son personas que pueden transformar cualquier momento agradable en una situación de la cual queramos salir eyectados a alta velocidad.

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Los juicios y las críticas están a la orden del día, suelen criticar cualquiera de nuestras acciones, para ellas siempre habrá una mejor manera de hacer las cosas, una vía más rápida, una mejor respuesta. Irónicamente, en la mayoría de los casos, su vida no sirve de modelo, pero siempre creen tener la potestad de opinar, criticar y juzgar la manera de los demás.

Saca lo peor de nosotros, esto podría ser positivo, porque nos ayuda a conocer aspectos de nosotros mismos, que quizás no teníamos idea de tener. Sin embargo, una persona que es capaz de sacar de nosotros lo peor, de seguro es buena como lección, pero no de amiga.

Personas controladoras, siempre se termina haciendo lo que ellas quieren, nuestros intereses quedan rezagados. Quieren opinar en todo, en cómo nos vestimos, cómo contestamos un mensaje, la película que se verá y hasta el novio que se escogerá…

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Las amistades deben ser una bendición en nuestras vidas, no convertirse en un problema. Ciertamente debemos aceptar a cada quien como es, pero para darles espacio en nuestras vidas, debemos asegurarnos de que el nexo es sano, que ambas personas estamos dispuestas a sumar, a dar lo mejor para colaborar con la felicidad y el bienestar de la otra persona. Si no es el caso, debemos sencillamente alejarnos, restar influencias y comenzar a aceptar en nuestras vidas todo lo que nos permita brillar y nos dé luz, que no quiera opacarnos, ni apagarnos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

Que no te haga falta lo que no te hace bien

Que no te haga falta lo que no te hace bien

Aunque para muchos suene ilógico extrañar o echar de menos algo que no resulte beneficio para nuestras vidas, la realidad es que ocurre con mucha más frecuencia de la deseada. Solemos acostumbrarnos a muchas dinámicas que no nos hacen bien y en caso de distanciarnos por algún motivo, terminamos por extrañarlas y hasta quererlas de vuelta en nuestras vidas.

Somos responsables de lo que hacemos con nuestras vidas, de lo que aceptamos en ella y de las situaciones y las personas a las que les damos cabida y mantenemos cerca. Algunas veces tenemos ideas distorsionadas del amor, de la calidad del afecto que damos y recibimos, con demostraciones que creemos positivas, pero que resultan tóxicas para ambas partes.

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Debemos aprender a amarnos a nosotros mismos, antes de pretender a amar a cualquier otra persona o pretender que alguien más nos ame. Saber amarnos es lo único que nos mantiene cerca de las personas que nos convienen y saber colocar límites a quienes no nos hacen bien o bien, aprender a alejarnos, así sea solo de manera emocional de cualquier situación que comprometa nuestro bienestar.

El no saber manejar la soledad, nos hace tomar decisiones equivocadas en nuestras vidas, nos hace querer sustituir la soledad con cualquier compañía,  inclusive aquellas que afortunadamente ya no forman parte de nuestras vidas, peros seríamos capaces de traer de vuelta, por el simple hecho de no querer estar solos.

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Cuando aprendemos a caminar solos, a no verlo como algo negativo y podemos prescindir de cualquier compañía, tomamos el control de lo que aceptamos en la vida en cuanto a relaciones se refiere. Ya quien se acerque a nosotros tendrá como límite inferior lo que nosotros podemos conseguir estando solos, ése es su punto de partida, no nos conformamos con menos, no permitimos que alguien se acerque a restarnos calidad de vida, a llevarnos a menos a hacernos sentir mal.

Es por ello que conocernos en soledad y disfrutarnos se convierte en un objetivo crucial, es una experiencia que no todo el mundo se permite, quizás influenciados por una sociedad que habla de que el estar solos es un reflejo de la poca capacidad que tenemos de relacionarnos, de enamorar, de conquistar, cuando en realidad quienes pueden y disfrutan de estar solos, resultan las que mayores capacidades tienen de relacionarse y pueden ofrecer un amor de calidad, por elección y no por necesidad.

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No nos acostumbremos a nada que nos reste bienestar y en el mismo orden de ideas, no nos acostumbremos a extrañar a nada ni a nadie que no nos haga bien, soltemos de raíz lo que nos daña, aprendamos de la experiencia y miremos al futuro seguros de que lo que las experiencias venideras se acercarán cada vez más a lo que merecemos.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Las cosas que no se dicen para no lastimar, siempre terminan haciendo más daño

Las cosas que no se dicen para no lastimar, siempre terminan haciendo más daño

Las cosas que no se dicen evitando hacer daño, están cargadas de información que no se puede colocar en un contenedor y engavetar. Generalmente corresponden a una realidad que se hará sentir más temprano que tarde.

Como muchas veces ocurre, lo que se mantiene al margen de la honestidad, sale a la luz repotenciado, ya no solo se trata de la herida que genera el hecho mismo, sino el adicional propinado por el engaño, por la administración de información por la falta de sinceridad e inclusive en algunos casos la humillación que sobreviene del engaño.

Hay, como en todo, niveles de justificación para evitar descubrir una situación, puede que sea más humano y estar mejor visto un padre que no quiere decirle a sus hijos que está desahuciado y le queda muy poco tiempo de vida, en comparación a un esposa infiel que no encuentra beneficio alguno en confesar a su esposo que ha estado con alguien más.

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Sin embargo, en ambos ejemplos lo relevante es que esa información no suministrada, le quita libertad de decisión a quien se le está ocultando información. El que administra la información está pensando desde su conveniencia y quizás está procurando hacer daño, pero por lo general termina siendo cuestionado y juzgado por ello, y la impotencia o la burla que se siente por no haber recibido una información de manera oportuna y no haber podido actuar de acuerdo a su criterio, normalmente termina por hacer más daño, decepcionar y alejar más.

Hay quienes prefieren vivir en mentiras que las protejan del dolor, inclusive pueden obviar indicios, pueden dejar pasar detalles, pero cuando estas personas se exponen a mayores dosis de realidad por lo general sufren un choque muy fuerte y no pueden escaparse del sufrimiento que lleva consigo la fantasía cuando la realidad no coincide en mucho con ella.

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Hay otro tipo de personas que prefieren que les digan la verdad, para usarla a su manera, aunque sea dolorosa, aunque sea indeseada. No es lo mismo tomar decisiones con la mayor cantidad de variables posibles que con una selección de ellas. La verdad puede doler, pero hay cosas que no se pueden cambiar y es válido defender el derecho a obtenerla y con ella hacer lo que se cada quien considere. Cualquier engaño tiende a empeorar el escenario original y lastimar aún más a quien se busca proteger de la verdad.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

¿Tienes una personalidad intimidante?

¿Tienes una personalidad intimidante?

Hay una diferencia entre tener un carácter fuerte y desarrollar una personalidad intimidante. Hay personas que han tenido que batirse con la vida en duras batallas. Esto les templa el carácter, pero a veces también les quita la dulzura. Lo peor es que en ocasiones las batallas que han librado hacen que adopten posiciones defensivas todo el tiempo, caminado con una coraza y considerando enemigo todo territorio que pisan.

Todos hemos conocido a esas personas de gran corazón que, sin embargo, no lo parecen. A veces son gente muy exitosa en su profesión e incluso en su vida social, pero alrededor de ellos se forma una atmósfera de temor. Tienen reacciones fuertes y la gente termina sintiendo miedo de ellas.

La suavidad y la flexibilidad están íntimamente relacionadas con la vida, mientras la dureza y la rigidez están asociadas a la muerte”.

-Walter Riso-

Quienes tienen una personalidad intimidante muchas veces no se dan cuenta del efecto que producen. Saben que son buenas personas y no entienden por qué los demás se atemorizan por sus expresiones o gestos de los que emana demasiada dureza. Para saber si ese es tu caso, pregúntate si tienes uno o más de los siguientes rasgos.

El silencio rodea a una personalidad intimidante

Si después de hablar, notas que la gente a tu alrededor guarda silencio después de hablar, es hora de preguntarte si tienes una personalidad intimidante. Quizás, sin darte cuenta, te expresas con demasiada rudeza. Puede que seas cortante o demasiado categórico al expresar lo que piensas. También es posible que los demás te admiren tanto que teman decepcionarte.

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Funciona de esta manera: no emites opiniones, sino que lanzas conclusiones. Es como si en el fondo estuvieras diciendo la última palabra acerca de un tema, en tus palabras va implícito que ni se admite réplica ni la vas a considerar. Esto equivale a cerrar la conversación. Hablas para que te escuchen y el tono que usas es el de la autoridad. De este modo, no todo el mundo se sentirá animado a seguir la charla.

También es frecuente cuando tienes una personalidad intimidante que llegues a una reunión alegre y participativa, y tu presencia haga que los ánimos bajen un poco. Puede haber un silencio o simplemente una especie de desconcierto. Te das cuenta de que la gente no actúa de forma espontánea cuando estás presente.

Sientes que lo importante es ser “sincero”

Quienes tienen una personalidad intimidante suelen ser “sincericidas”. Casi siempre se ufanan de ser honestos y de no tener pelos en la lengua para expresar lo que piensan o sienten. Sin embargo, podrían estar confundiendo la sinceridad con la desconsideración o la grosería.

En este tipo de personalidad es común que haya un cierto rechazo a los modos o maneras excesivamente amables. Sienten que la verdad, entre más cruda, más verdad es. Asumen que decir las cosas con tacto equivale a maquillarlas o falsearlas. No ven la diferencia entre amabilidad y zalamería.

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Lo cierto es que decir las “verdades” de una forma excesivamente ruda solo consigue un efecto de malestar. A veces resulta tan brutal la forma en que se dicen, que el interlocutor olvida el contenido que se le está comunicando y se queda solo con la impresión de la forma en que se dijo. Finalmente, las cosas dichas de mala manera terminan no escuchándose.

Regañas a los demás cuando dan muestras de debilidad

Si eres alguien con una personalidad intimidante, te costará mucho trabajo entender las fragilidades o debilidades de los demás. Si te cuentan un problema, los animarás enérgicamente para que pongan empeño en salir de la dificultad cuanto antes. Sientes que el otro necesita una voz de autoridad que le exija superar la situación y no un hombro dónde llorar.

El punto es que las personas sí pasamos por algunos momentos en los que necesitamos consuelo afectivo de los otros. No que sientan lástima, sino que simplemente nos escuchen y nos acompañen sin juzgarnos. Que tampoco nos digan qué hacer. Muchas veces no queremos que nos digan cuál es el camino a seguir, sino que nos conforten mientras logramos tomar fuerzas nuevamente.

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Una personalidad intimidante hace que otros se distancien. Finalmente tanta dureza externa termina aislándote de los afectos. Las actitudes excesivamente defensivas frecuentemente se vuelven contra uno mismo. Tal vez la tuya no sea una personalidad del tipo “Mary Poppins” o “Madre Teresa”, pero eso no quiere decir que debas ser excesivamente duro con los demás. Seguramente tienes mucho que aportar y valdría la pena que reconsideraras la forma en que te aproximas y te comunicas con el otro.

Vía: lamenteesmaravillosa

En 5 minutos se pueden reducir los síntomas de la depresión

En 5 minutos se pueden reducir los síntomas de la depresión

Los síntomas de la depresión son evidentes en algunos casos, pero no tanto en otros. A veces, tanto el individuo como su entorno desconocen que una persona está deprimida: esto sucede especialmente con los niños y las personas mayores. También ocurre lo opuesto. Una persona que está temporalmente triste o melancólica es diagnosticada por todo el mundo como deprimida, sin que realmente lo esté.

Cuando se habla de depresión, se está hablando de una condición mental que rebasa los límites de una tristeza natural. Es un estado que no se incuba de un día para otro, sino que en muchos casos tarda años en manifestarse plenamente. Aunque hay elementos, variables, estructuras o factores neurofisiológicos comprometidos, no siempre la depresión se origina en ellos, sino que también puede ser, y en muchos casos los es, la causa de los mismos.

No puedes evitar que el pájaro de la tristeza vuele sobre tu cabeza, pero sí puedes evitar que anide en tu cabellera”.

-Proverbio chino-

Los síntomas típicos de la depresión incluyen desánimo, tristeza, irritabilidad y sensación de cansancio o de falta de energía. También sentimientos de impotencia y de rechazo hacia uno mismo o hacia la imagen propia. Aparecen pensamientos y sensaciones asociadas al abandono, la culpa y la necesidad de protección.

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Síntomas de la depresión no tan evidentes

Hay síntomas de la depresión que son mucho menos evidentes. Generalmente corresponden a personas que detectan la situación “de manera pre-consciente”. Esto quiere decir que logran darse cuenta de que hay algo que no está funcionando. Sin embargo, no logran identificar con exactitud el problema ni le dan la importancia que en realidad tiene: lo que hacen es desarrollar algunas conductas que les permitan ignorarlo u ocultarlo.

Uno de los síntomas de la depresión es la presencia hábitos extraños de comida y de sueño. Por ejemplo, cuando las personas son excesivamente pudorosas con lo que comen y sienten asco frecuentemente por los alimentos. O quienes tienen horarios caóticos para comer y a veces omiten tomar alimentos durante más horas de lo usual. Lo mismo ocurre al contrario. Esas personas que para llenar el vacío que sienten no paran de comer.

Otro síntoma encubierto en las personas con depresión puede ser esa inquietud por proyectar un alegría que no sienten y que en el fondo los demás tampoco se creen. Además, en cuanto a su comportamiento social podríamos decir que se relacionan con todo el mundo, pero eluden el acercamiento real. No pasan mucho tiempo con los demás y siempre están llenas de pretextos para no ir a una reunión, un paseo, etc.

Por otro lado, otro de los síntomas encubiertos de la depresión tiene que ver con la sensibilidad emocional de las personas que la padecen. Esta sensibilidad puede estar muy “a flor de piel”. Así, su alegría es desmedida en los pocos ratos en los que están contentas. Por otro lado, montan en cólera por hechos que para otras personas, o para ellas mismas en otro momento, pasarían desapercibidos. Lloran frente a situaciones que no ameritan tanto. En esos casos también puede haber una depresión encubierta.

Una técnica de 5 minutos

En 2007, un grupo de investigadores de la Universidad de Essex, en el Reino Unido, llevó a cabo un experimento para evaluar el efecto de la naturaleza en el estado de ánimo. Partían de la idea de que el encuentro con un entorno natural mejora la actitud. Sin embargo, descubrieron que el impacto era mucho mayor de lo que habían supuesto en sus hipótesis iniciales.

Los expertos concluyeron que, en un lapso de tan solo 5 minutos, el contacto con la naturaleza lograba reducir hasta en un 70% los síntomas de la depresión. Intuitivamente todos sabemos que si estamos desanimados, no es buena idea quedarnos encerrados. Lo que no sabíamos es que el lugar perfecto para tramitar emociones negativas era un bosque, un jardín o cualquier lugar en donde haya vida natural. También ignorábamos que para experimentar el efecto que produce este contacto no se necesita demasiado tiempo: solo 5 minutos.

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Actualmente hay varias corrientes que se han definido como “ecoterapias”. Se trata de enfoques que defienden lo clarificador que puede resultar para nosotros retomar el contacto con la naturaleza. Aseguran que en todos los casos este contacto da lugar a un vínculo sanador. Varias investigaciones han probado que estar en un ambiente más puro durante un corto espacio de tiempo, y dejando los problemas atrás, recarga nuestros niveles de energía.

Cuando aparecen los síntomas de la depresión, bien sean típicos o encubiertos, vale la pena integrar el contacto con la naturaleza como complemento a la terapia formal. Solo tienes que buscar un lugar verde y permanecer en él durante al menos cinco minutos. El contacto apacible con otras formas de vida activa la sensación de bienestar y nos ayuda a restaurar el equilibrio emocional. No cuesta nada y te toma muy poco tiempo. Inténtalo.

Vía: lamenteesmaravillosa

He llegado a un momento en el que no coloco mis manos en el fuego por nadie

He llegado a un momento en el que no coloco mis manos en el fuego por nadie

A medida que conocemos a las personas nos podemos dar cuenta de que en ningún caso podremos confiar plenamente en alguien, esto no quiere decir que vayamos predispuestos a que las personas pueden fallarnos o pueden reaccionar de una manera que consideremos inadecuada. Simplemente es una forma de no esperar algo de alguien, de no tener expectativas y entender que cada persona actúa de acuerdo a una realidad muy particular y que todo cambia.

Si evaluamos nuestro propio comportamiento quizás podamos notar que a lo largo de la vida hemos cambiado muchas cosas, con suerte nos hayamos flexibilizado en relación a algunos puntos y con menos fortuna nos hayamos radicalizado con respecto a otros. El punto es que quizás lo que juramos jamás hacer en algún momento, hayamos terminado por hacerlo y nos sintamos a gusto con ello, sin culpa ni remordimiento, solo con creencias diferentes en relación a ello. Inclusive pudimos haberlo hecho y sentir remordimientos, pero aun así haberlo hecho.

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Luego, si nosotros mismos somos capaces de actuar en contra de algo que en algún momento nos pareció descabellado, pues a partir de este punto deberíamos ser capaces de observar a los demás.

Muchas veces, por no decir la mayoría de las veces, las personas no cometemos acciones que decepcionen a alguien más con intereses específicos de lastimarle, solo que decidimos actuar de una manera determinada, considerando unos factores específicos, que corresponden a lo que pensamos en el momento de la acción. Decisión de la cual nos toca asumir las consecuencias.

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Todos somos seres cambiantes, además de estar sometidos a un entorno cambiante y para protegernos de la decepción o la traición, uno de los mecanismos que podemos adoptar es no colocar nuestras manos en el fuego por nadie. Evitemos depositar toda nuestra confianza en los demás, evitemos poner cosas vitales en manos de otra persona, procuremos no tentar a los demás dándoles las herramientas perfectas para manipularnos o para ejercer control sobre nosotros, entendamos que las decepciones duelen y que mientras más apreciemos a alguien, más dolor nos generarán las acciones que vayan en contra de lo que esperamos.

Puede ser que tengamos la dicha de estar rodeados de las mejores personas, pero sepamos que las realidades, las intenciones, los intereses, los sentimientos y las maneras pueden cambiar y muchas veces la lealtad se fractura, se tambalea o se quiebra por completo. Podemos amar, querer, apreciar intensamente,  sabiendo que los riesgos de salir lastimados cuando se quiere son muchos, pero al menos evitemos colocar nuestras manos al fuego o asegurar sobre otro lo que no depende de nosotros.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Si las cosas van mal, no te dejes llevar

Si las cosas van mal, no te dejes llevar

¿Vemos el mundo como es o como lo sentimos? Esta pregunta es muy importante, pero al mismo tiempo responderla se nos hace muy difícil. Porque cuando estamos bien, todo parece ir viento en popa; en cambio si un día estamos tristes, el mundo parece estar en nuestra contra. En el último caso, la realidad nos reta a que realicemos un esfuerzo. Si las cosas van mal, no te dejes llevar.

Sabemos que todo termina pasando, que hasta la circunstancia más complicada llega a su fin, que hasta la peor de las tormentas esconde al sol detrás de sus nubes. Sin embargo, cuando estamos sumergidos en esa situación negativa, parece que todo se nos cae encima.

No te dejes llevar por esas respuestas emocionales negativas originadas por situaciones terribles. Si lo haces, no podrás ver ni encontrar la salida.

No te dejes llevar cuando tus emociones negativas aparezcan

Es inevitable sentir emociones negativas igual que es inevitable tener que afrontar acontecimientos y circunstancias que se opongan a nuestros deseos. Dichas emociones cumplen una función, centrarnos en lo que nos está sucediendo, detenernos a reflexionar sobre las circunstancias y ponerles una solución. No obstante, su función adaptativa puede quedar enterrada cuando la emoción toma el control de nuestras acciones y de nuestros pensamientos.

Es entonces cuando nuestros pensamientos se llenan de derrotismo, bajando los brazos y abandonando esas conductas que intentan equilibrar la racha negativa por la que atravesamos: minimizar la pérdida. En estos casos, en vez de quedarnos con la información que la emoción nos pretende trasmitir, dejamos que esta se convierta en una caja de resonancia que se reproduce de manera insidiosa, mermando nuestro ánimo… y con él nuestras fuerzas.

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Así que si te encuentras en una situación así, no te dejes llevar por tus emociones negativas. Tampoco intentes luchar contra ellas: nunca serán tus enemigas si les das el trato adecuado. Simplemente, extrae de ellas su información y su energía. Acepta que ahora forman parte de ti, pero no permitas que se conviertan en víricas, contaminando todo pensamiento y conducta que generas.

Por muy complicada que sea una situación, siempre hay una puerta de salida. Por eso, no te dejes llevar por lo que ahora están sintiendo. Si lo haces, una gran bruma nublará tu perspectiva.

Sí, en ese momento te sientes fatal. Tu pareja te ha dejado y crees que ya no encontrarás a nadie más. Te han despedido del trabajo y consideras que es la gota que ha rebosado el vaso. Has sufrido una decepción y crees que tienes que empezar a desconfiar de todo el mundo. Todo esto no te ayuda, te limita y prolonga un sufrimiento y un dolor a los que les has dado la mano.

La importancia de asumir una distancia emocional

Aunque nos encontremos agobiados y sintamos que no hay esperanza posible debido a los nubarrones que hay en nuestras mentes, es necesario hacer un esfuerzo para distanciarnos emocionalmente de la situación vivida. No estamos viendo nada claro, de manera que, ¿por qué no alejarnos un poco?

Hacerlo nos ayudará a ver lo que ocurre con una mayor claridad. Adquiriremos una nueva perspectiva que nos dará información útil para salir del punto en el que nos encontramos atrapados.

Ahora bien, ¿cómo podemos tomar una distancia emocional? Podemos empezar por pensar en una situación del pasado que hayamos experimentado y en la que experimentamos unas sensaciones parecidas. ¿Verdad que la pudimos superar? Además, con el tiempo, relativizamos la importancia que le dimos a todas esas adversidades por las que hemos transitado.

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Esto permitirá que nos demos cuenta de que esta situación es igual. Tan solo ha cambiado el contenido, pero en realidad vamos a salir de ella. También puede ayudarnos hablar con otras personas y prestar atención a cómo viven ellas aquello por lo que estamos pasando. Ponernos en su lugar nos ayudará a ver nuestra situación desde una nueva perspectiva.

Piensa que aunque creas que no tienes el poder de cambiar nada de lo que te está sucediendo, esto no significa que tengas que dejarte arrastrar. Nadar contracorriente, a veces, es necesario. Sobre todo en esos momentos en los que las emociones empañan tanto tu visión que puedes terminar padeciendo depresiones severas. Así que no te dejes llevar por lo que sabes que en un futuro podrás ver desde una perspectiva mucho menos dramática.

Imágenes cortesía de Anne Solin

Vía: lamenteesmaravillosa

Y aprendí a hacer lo que me gusta, en lugar de lo que le gustaría a otro

Y aprendí a hacer lo que me gusta, en lugar de lo que le gustaría a otro

Uno de los principales pasos que debemos dar cuando estamos en la búsqueda de nuestra libertad emocional es dejar de darle prioridad a lo que otros opinen de nosotros, de nuestras acciones y nuestra vida en general.

Cuando nuestras decisiones no se basan en acercarnos a lo que queremos, a procurar lo que nos haga sentirnos bien y cómodos, lo que nos facilite sentirnos felices, sino que se basan en querer adaptarnos a un patrón, complacer, querer agradar o buscar la aprobación de otros, estaremos caminando en línea recta hacia la frustración y la infelicidad.

En temas sociales, ciertamente es importante la aceptación de los demás, sin embargo, esto no debe justificar que adoptemos una manera para encajar dentro de los parámetros de algo o alguien.

Aceptación propia

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Debemos comenzar aceptándonos a nosotros mismos, reconociéndonos con virtudes y defectos y queriéndonos tal cual somos. Si pasamos la vida queriendo complacer a los demás, puede que jamás nos lleguemos a conocer nosotros mismos y adicionalmente jamás le daremos a los demás la oportunidad de ver y apreciar lo que en realidad somos.

Muchas veces solo es falta de coraje y predisposición, el actuar para complacer a otros, es hasta cómodo, porque de alguna manera sabemos lo que esperan de nosotros. Sin embargo, cuando decidimos ser lo que somos, hacer lo que nos gusta,  lo que nos hace felices, estamos dándonos una nueva oportunidad y podemos sorprendernos con las reacciones de los demás, que si nos valoran realmente, lo más probable es que se alegren por vernos hacer lo que realmente queremos, respetándonos y acompañándonos, de ser posible, en nuestro proceso.

Dar a los demás no es sinónimo de sacrificio

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Si algo lo hacemos a disgusto, de la mala manera o afectándonos negativamente, muchas veces será tendremos que dejar de hacerlo o cambiar nuestra actitud al respecto. Hay responsabilidades que no podemos evadir, pero que si cambiamos la manera en la cual las vemos, quizás dejen de hacernos carga y generarnos malestar.

Vivir sacrificadamente no es vivir, el dar no es una penitencia, debemos dar sin esperar algo a cambio, pero a sabiendas, sin que sea el propósito, de que lo que damos, recibimos y lo que no damos, nos lo quitamos. Lo que sí bajo ningún concepto es válido es endosar nuestra vida para que a otros les genere beneficios, mientras nosotros nos marchitamos en el proceso.

Vive tu vida, nadie puede hacerlo por ti, haz lo que te gusta, dedica tiempo a lo que te hace feliz. SI tú estás bien, si te amas y te quieres, si respetas tus espacios, si sabes decir sí y no de forma oportuna, lo demás solo podrán respetarte y te querrán como eres, quizás mucho más que siendo lo que ellos pretenden que seas. Date la oportunidad de sorprender al mundo siendo tú, pero especialmente de sorprenderte a ti mism@.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru