No sigas buscando en mí aquello que hace mucho dejé de ser

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No sigas buscando en mí aquello que hace mucho dejé de ser

Lamento que hayas aprendido a valorar lo que recibías de mí en el momento en el cual te diste cuenta de que había cambiado. Sí soy otra, no encontrarás sino rastros de aquella persona que daba todo por ti, que te colocó en un lugar prioritario en su vida, que te acariciaba mientras dormías y suavemente decía cuánto te amaba.

No soy la misma que confió en ti para depositar su afecto, sus más profundos miedos, las miradas cómplices, las sonrisas que solo tú pudiste generar. No soy la que se le iluminaban los ojos al ver mi nombre escrito por ti, junto a un mensaje cariñoso. No soy la que te buscaba y me interesaba por ti, porque estuvieses bien.

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No te sigas preguntando en dónde está esa mujer… me llena de indignación, me hace sentir que mientras mi amor se iba muriendo tú no estabas allí, me hace sentir que esa persona cargada de arrogancia, de egoísmo, de malagradecimiento no eras tú. Me da rabia, dolor, frustración el hecho de que seas justamente lo que yo esperé cuando prácticamente no me importa, cuando lo que hagas me es indiferente.

Mi deseo, mi entrega, mis sentimientos, no murieron de la noche a la mañana, no activé un interruptor y puse fin a lo que fui, mucho menos lo hice yo sola. El desamor también se siembra y por lo tanto se cosecha.

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Si para ti todo resultaba más importante qué yo, ¿qué sentido tendría mi dedicación? Si para ti mis esfuerzos siempre eran pocos, ¿para qué seguirlos haciendo? Hice mil cosas para llamar tu atención, para traer tu amor de vuelta, para sentirte conmigo, mientras que veía como te alejabas cada vez más de mí. Y qué iba a imaginarme que justamente el dejarte de amar sería lo que te traería de vuelta.

Lo siento por ti y lo siento por mí, mis sentimientos siempre fueron los mejores hacia ti y lamento que no lo hayas sabido valorar, pero a su vez agradezco la lucidez que da el desamor, la consciencia que permite ver más allá del otro, el espejo que se coloca en frente para decirnos: Nadie merece tus lágrimas, si tu amor no es correspondido o bien recibido, no te esmeres en entregarlo, ahí estás tú y eres quien merece lo mejor de ti. Mientras no sepas amarte solo recibirás las migajas que otros quieran darte. Ámate y cuando lo sepas hacer, nunca más te sentirás malquerida.

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Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

La belleza se posa en el árbol de quienes se sienten en paz

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La belleza se posa en el árbol de quienes se sienten en paz

Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas transmiten belleza en todo lo que hacen o por qué otras personas encuentran conflictos allá por donde pasan. La respuesta podría estar en las actitudes y comportamientos que nos acercan a estar en paz con nosotros mismo y por ende con los demás. La paz es difícil de hallar, pero podríamos empezar con la máxima de no lastimar a los demás con lo que nos causa dolor a nosotros mismos.

Buda preguntó una vez: el mal hacer se debe a la mente. Así, si la mente se transforma, ¿el mal hacer puede permanecer? Esta cuestión nos lleva a la reflexión. Sería bueno modificar la manera de pensar acerca de las cosas y situaciones para que mejoren. Si nuestro pensamiento cambia en el proceso, también lo harán nuestras vidas.

Cada persona tiene su propia idea o concepción de la paz. Pero, diferentes estudios psicológicos nos ayudan a que no la confundamos con otros conceptos que se le parecen o que se le asocian. Por ejemplo, la paz no es aburrimiento, porque precisamente al experimentarla es cuando comenzamos a movernos. Tampoco es ausencia de dificultad, porque no hay nada más difícil que poder sentirse completamente en paz.

Manos iluminadas

Estar en paz consigo mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.

¿Por qué algunas personas nos hacen sentir bien?

Las personas en paz transmiten una energía especial que les hace brillar y que crean en los demás sentimientos positivos. Esto es debido a las neuronas espejo, las cuales hacen que tendamos a reproducir a nivel mental lo que hace la persona que tenemos delante nosotros. Por lo tanto, cuando estemos con estas personas también nosotros encontramos cierta paz.

Además, las emociones son tan contagiosas como los resfriados. Un experimento de David Goleman, psicólogo estadounidense y profesor de psicología en la Universidad de Harvard, así lo puso de manifiesto. Los participantes que se sometieron al estudio fueron contagiados por las emociones de las personas que observaban en fotografías.

Hay personas que nos hacen sentir bien. Que nos transmiten sensaciones agradables o nos recuerdan momentos especiales. Nos envuelven con una placentera sensación de tranquilidad o seguridad, ya que aportan un halo de protección a nuestra vida diaria. Aunque a veces no sepamos explicar muy bien por qué, estas personas están llenas de detalles que van sumando positividad a nuestra vida y que hacen que nos sintamos a gusto.

Niña con paloma

La paz es la felicidad del alma

El ser humano busca la felicidad más que ninguna otra cosa. Esa es la meta consciente o inconsciente de todas nuestras actividades, de todos nuestros afanes. Buscamos la felicidad en determinadas situaciones, en oficios concretos o en determinadas personas para que nos aporten lo que nos falta para complementarnos.

Pero, una vez que obtenemos lo que deseamos, descubrimos que no podemos ser felices si no estamos en paz con nosotros mismos. La paz es la condición indispensable de la felicidad. La paz interior es una sensación subjetiva de bienestar, es impalpable pero muy real ya que nos llena de una profunda tranquilidad. Se trata de un estado en el que nos liberamos de las principales preocupaciones, miedos, estrés y sufrimiento.

La felicidad del alma es un estado en el que nos apartamos mental y emocionalmente de los problemas y conflictos cotidianos haciendo un alto en la vertiginosidad de la rutina diaria. Muchas personas piensan que es imposible alcanzar un estado de paz interior. Afirman que la vida cotidiana es tan incierta y a veces tan caprichosa que no es posible encontrar la serenidad.

Sin embargo, eso no implica que sea imposible alcanzar la paz interior. Cuando tenemos un locus de control interno podemos decidir qué guerras vale la pena luchar. Una vez que tomamos las riendas de nuestra vida, podemos aspirar a la paz interior.

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No tienes mala suerte en el amor

Amanda Cass Corazón en mano

No tienes mala suerte en el amor

Escuchamos muchas personas afirmando que no tienen suerte en el amor, que a todos los demás les va mejor que a ellos en sus relaciones afectivas, que todas las personas que se cruzan por su vida son iguales, y muchos etcéteras que representan la inconformidad en cuanto a los resultados obtenidos de sus relaciones amorosas.

Para consuelo de muchos, solo los que entienden realmente la naturaleza humana, no tienen una película predefinida de lo que debe ser la pareja ideal y están abiertos a un proceso de crecimiento en conjunto, son los que logran sentirse realmente satisfechos en sus relaciones sentimentales y esto, lastimosamente no resultan siendo la mayoría.

Amanda Cass Diente de León

El hecho de tener expectativas en nuestra mente de lo que debería o no ser nuestra pareja o nuestra relación, nos hace ajustarnos a un libreto, a una lista de chequeos, donde las deviaciones de lo que tenemos idealizado, solo abren paso a la frustración y a la inconformidad.

Podemos darle varios enfoques al hecho de pensar que tenemos “mala suerte” en el amor. En primer lugar, considero que la suerte no existe, más allá del resultado consecuencia acciones previas y considerar que “la suerte” debe tocarnos para que nos vaya bien en el amor resulta bastante desesperanzador, demostrando que no sentimos ningún tipo de control sobre los hechos, sino que estamos sujetos a azares del destino.

Amanda Cass niña triste en loma

Somos los creadores de nuestra vida y todo parte en nuestra mente y se manifiesta a través de nuestros pensamientos, que poco a poco toman vida. Si creemos que “no tenemos suerte en el amor”, pues todo lo que materialicemos estará alineado con esa creencia, así que si vamos a creer en la suerte, ¡al menos creamos que tenemos buena suerte para todo!

Retomando el punto de las expectativas, de los estándares y de lo que creemos debe ser una relación, acá hay mucha tela que cortar. No importa si las expectativas son altas o bajas, el hecho de tener una idea de cómo debería ser nuestra relación, en lugar de construir y trabajar por eso que queremos, nos coloca en desventaja, quizás inclusive dejemos de darle la oportunidad a quien engranaría perfecto a nosotros por ideas preconcebidas.

Amanda Cass Pareja

Ante la expectativa solo estamos en un ciclo de control, en un algoritmo permanente que nos lleva por muchos caminos si el resultado es el obtenido o no y siempre está bajo la lupa el otro y difícilmente nosotros mismos, por lo que con facilidad logramos identificar las fallas que vemos en el otro, esperando o exigiendo cambios, mientras que no somos capaces ni siquiera de hacer una autoevaluación objetiva, optando muchas veces por terminar relaciones, para iniciar una nueva en donde solo parece haber cambiado el personaje, que termina interpretando una película igual o parecida, con resultados bastante similares.

Nunca partamos de la idea de que es el otro el que debe cambiar, más sano aún: no nos vinculemos afectivamente esperando que el otro encaje en nuestro patrón, dejemos las expectativas a un lado y aceptemos que tendremos diferencias, que habrá buenos y malos momentos, que si se forma un buen equipo, los problemas se solventarán y se crecerá en pareja. Recordemos que ante todo somos humanos y tenemos intereses medianamente parecidos. Olvidémonos de la suerte,  tratemos de ser lo que buscamos en el otro y obtendremos el mejor engranaje.

Imágenes cortesía de: Amanda Cass

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Madurar, entre otras cosas, es aprender a perder en el amor

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Madurar, entre otras cosas, es aprender a perder en el amor

Perder en el amor siempre dolerá, siempre nos generará un sabor amargo en la boca, porque a fin de cuentas cada uno sabe lo que representa apostar por una relación de pareja y tener ilusiones y expectativas de lo que pudiese ocurrir.

Quienes menos sufren en el amor, no porque amen menos, son aquellos que no tienen expectativas y saben amar en presente, lo cual no representa no proyectarse a futuro, sino saber disfrutar sin medos de lo que se vive, sin miedo a perder, sin miedo a que las cosas cambien, sin miedo a salir lastimados, por lo general este tipo de personas ama sin apegos, sin necesidades, sino desde la preferencia.

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Perder en el amor es algo nos puede ocurrir a cualquiera, de hecho es raro que alguno de nosotros no haya pasado por una experiencia de estas, pero a medida que pasan los años, no es que nos acostumbremos a perder, es que sencillamente manejamos las pérdidas de otra manera, el mundo no se nos cae encima y por lo general nos sentimos preparados para vivir en soledad el tiempo que sea necesario, para procesar el duelo, para reencontrarnos con nosotros mismos, cosa muy fructífera luego de culminada una relación, para prepararnos para nuestro próximo vínculo.

Cuando maduramos entendemos que no podemos mandar en los sentimientos de otros, que tenemos responsabilidades en la relación, que lo que sembramos lo cosecharemos, podemos distinguir con mejor criterio qué nos conviene y qué debemos dejar pasar y nos cargamos de experiencia, esa que nos permite tomar las mejores decisiones en nuestras vidas, inclusive aquellas que dolerán por un tiempo, pero nos evitarán dolores permanentes.

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Aprendemos muchas veces más con los daños, que con los años. Indudablemente las heridas nos hacen cambiar, nos hacen crecer, quizás sea el camino más rápido de aprendizaje, pero sin duda el más doloroso.

Muchas veces nuestra credibilidad en el amor se ve disminuida gracias a nuestras experiencias, sin embargo, madurar no se trata de ponernos una coraza impenetrable, sino aprender que todo es transitorio, que algunas veces podremos perder en el amor, pero que de aquí podremos rescatar la vivencia, lo compartido, las cosas positivas, el aprendizaje y solo con el hecho de haber amado, ya tendremos una ganancia. No todo resultará como nosotros lo queremos o lo planificamos y entender que eso está bien y no es una derrota, es una muestra de madurez.

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Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

A veces dos personas deben separarse para aprender a valorarse

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A veces dos personas deben separarse para aprender a valorarse

Las relaciones interpersonales pueden ser muy paradójicas, más aún las relaciones amorosas, donde dos personas con diferentes orígenes, creencias, crianzas, hacen un pacto para compartir vidas, para aprender y crecer juntos.

Las relaciones podrán durar el tiempo que cada una de ellas elija, siendo la separación para algunas, el fin y para otras el inicio de un nuevo reconocimiento, como pareja, como personas que se aman y muchas veces es solo luego de un proceso de separación cuando pueden aprender a valorarse, a entenderse e inclusive a darse cuenta de lo mucho que se aman.

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La distancia es un detonante de muchas reacciones, ciertamente la distancia es un escenario perfecto para la idealización, para crear en nuestra mente la imagen que queramos, aunque esto no tenga mucho que ver con la realidad, podemos olvidar lo negativo y resaltar, e inclusive exagerar lo positivo, llegando a desmeritar los motivos que generaron la separación.

Sin embargo, la distancia es también una buena oportunidad para hacer una evaluación consciente de lo ocurrido, reconocer responsabilidades, justificar acciones, reconocer el espacio que el otro ocupaba en nuestras vidas, apreciando y agradeciendo cada una de las cosas que aportaba. Se puede en la distancia, sin los factores propios de la cotidianidad, los sentimientos de fondo y las intenciones reales de un proyecto que pudo haberse visto empañado por la rutina, los detalles diarios, los malos hábitos de convivencia.

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Una separación puede ser para algunas parejas, lo mejor que les puede ocurrir para consolidarse, para valorarse, para entenderse, para comprometerse a apostar por una segunda oportunidad con la consciencia plena de cómo se siente perder lo que se ama y que se prefiere cerca. Los cambios son posibles, es factible llegar a acuerdos y buscar soluciones a lo que aconteció que favoreció a la separación, siempre y cuando las dos personas estén dispuestas a remar en la misma dirección.

Ciertamente hay parejas que cuando se separan no están dispuestos a darse una segunda oportunidad, inclusive luego de haberle dado más valor al otro luego de la separación. Sin embargo, muchas de las que resuelven intentarlo nuevamente, logran un nivel de engranaje, de madurez y de cuidado del amor y de la relación que por lo general tiene muy buenos resultados.

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No es necesario que nos separemos para aprender a valorar la relación o a quien tenemos a nuestro lado, siempre será preferible cuidar el amor cuando se tiene, sin generar heridas, sin abrirle paso a la posibilidad de ruptura. Pero si llegase a ocurrir, puede ser una muy buena oportunidad para ver las cosas a través de otra perspectiva y si ambos están de acuerdo retomar el camino juntos.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

El amor se da, no se exige

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El amor se da, no se exige

Nada más descabellado que exigir amor de otra persona. El amor es el más perfecto sentimiento, es la energía creadora que nos sostiene, que nos mantiene unidos, que nos mantiene vivos, pero jamás podemos exigirlo, solo está a nuestro alcance darlo y sin hacerlo con la intención de que retorne a nosotros, sencillamente esperar lo mejor.

Cuando amamos, estamos ofreciendo lo mejor de nosotros, estamos abriendo un espacio en nuestro corazón especialmente para esa persona, estamos invirtiendo nuestros pensamientos, imaginando, proyectando, recordando, buscamos la manera de resultar especiales para quien tiene el privilegio de ser amado por nosotros, invertimos nuestras esperanzas e ilusiones, nos creamos fantasías, damos nuestro tiempo, a sabiendas de que jamás lo recuperaremos.

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Pero aun dando de nuestra vida todo, eso bajo ninguna circunstancia será considerado un vale para exigir amor. Sí, puede parecer cruel, que amando tanto no tengamos garantías, pero es así. Se ama, cuando se ama, ni antes, ni después, se ama porque nace, porque se nutre ese sentimiento, porque se siente, no porque se exige.

Incluso podemos decir que hay muchas maneras de amar, y aun cuando nos amen, ese amor no resulte como lo buscamos, pero solo podemos decidir recibirlo o no, sin poder cambiar la forma de amar del otro.

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Aprendamos a respetar los sentimientos de los demás, así como esperamos que respeten los nuestros, o vamos a decir que nos gustaría que aquella persona que nos ama, pero que sencillamente no nos vemos compartiendo con ella nuestra vida, no nos gusta o no consideramos compatible, tuviese la potestad de exigirnos amor? Rotundo no.

Las oportunidades de amar y ser amados, de que existan sentimientos en equilibrio, se dan cuando ambas partes tienen el mismo proyecto y las mismas intenciones, de resto debemos aprender a vivir sabiendo que alguien se muere de amor por nosotros sin ser correspondido y que quizás, aunque nos haga sufrir, tenemos un amor que no podemos demostrar porque no nos lo permiten, que solo podemos sentirlo para nosotros, por frustrante que resulte.

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Independientemente amar siempre es ganancia para quien lo hace, quien lo sabe o quiera recibir, será bendecido, pero no podemos obligar a nadie a que acepte nuestras demostraciones de amor, nuestras atenciones, nuestro tiempo y menos podemos obligar o exigirle a alguien que nos ame. Amémonos lo suficiente como para establecer límites, basados no en orgullo, sino en dignidad.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Hay personas que te cargan sus mochilas y otras que te ayudan a llevar las tuyas

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Hay personas que te cargan sus mochilas y otras que te ayudan a llevar las tuyas

Ciertamente en la vida nos tropezamos con muchos tipos de personas, algunas de ellas nos aligeran la vida, nos apoyan, nos hacen viajar sin mucho peso en nuestro equipaje, ocupándose incluso de parte de las cosas que solo nosotros deberíamos cargar. Mientras que por otro lado están aquellas que consideran que su equipaje es muy pesado y no ven otra mejor opción que endosárnoslo para poder seguir.

Definitivamente una de las cosas que nos hace grandes es ayudar a otros en sus tránsitos, sin embargo debe haber un equilibrio, no debemos cargar con más cosas que las podemos soportar, porque sencillamente llega el momento, de que por más que queramos ser útiles y condescendientes con otros, no podremos avanzar, sencillamente sentiremos hundirnos en un punto sin poder dar tan siquiera un paso más.

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Debemos ser conscientes con nosotros y establecer límites al momento de ayudar a los demás, tanto en carga, como en tiempo. Para algunos resulta sencillo descargarse en uno en cuanto a responsabilidades, en cuanto a emociones, en cuanto a energías. Pero no hacemos mucho bien cuando actuamos desde la lástima, considerando que esa persona lleva mucho peso y es mejor quitárselo. Nos hacemos mal a nosotros mismos y le hacemos mal a esa persona.

Todos crecemos aprendiendo a manejar nuestras cargas, a soltar lo innecesario, a equilibrar lo que debemos llevar. Si no soltamos lo que nos sobra o no podemos llevar, de manera adecuada, sino que le traspasamos la carga a otro, no estamos aprendiendo, solo nos estamos acostumbrando a la comodidad que representa que alguien más se responsabilice por nosotros.

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Puede haber momentos en los que prestemos nuestra ayuda, pero esto no puede ser un estado permanente, esta no debe ser a costumbre, amar no es resolver la vida de quien amamos, sino aportarle herramientas que le resulten útiles para hacerlo, apoyar en lo que podamos y acompañar en los tránsitos en donde sea posible.

Cada quien debe ser responsable de administrar su vida, de asumir las responsabilidades, de entender qué es lo que realmente debe llevar consigo y resolver sus asuntos internos. Nadie puede vivir, ni aprender, ni crecer por otro y nadie debe condenarse porque alguien no sepa controlar su vida.

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Evidentemente nos acostumbramos con facilidad a lo que nos genera comodidad, pero el hecho de que nos dé comodidad, no significa que nos haga bien, cada carga es propia y el abuso a otro en cualquier dirección pasa factura a ambas partes. No podemos estar cómodos sabiendo que otro está llevando nuestra mochila y menos cargando las de quien no puede llevar la suya.

Por: Sara Espejo

Para quien decide terminar una relación, tampoco resulta sencillo

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Para quien decide terminar una relación, tampoco resulta sencillo

Muchas veces sentimos que quien termina una relación se encuentra en una posición de absoluta ventaja en relación a quien debe aceptar la decisión, sin embargo, la realidad es que quien deja a su pareja o toma la iniciativa de dar fin a una relación amorosa, puede llevar inclusive la peor parte.

Quien toma la decisión debe pasar por el proceso de darse cuenta de que la relación se ha venido a menos y se encuentra de acuerdo a su criterio en un punto donde no hay vuelta atrás, debe evitar hacer daño a su pareja, especialmente cuando aún hay presentes sentimientos, debe evaluar las consecuencias de la decisión, considerando que nadie inicia una relación con la intención de terminarla.

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Debe a su vez soportar su dolor, más el dolor que está generando en quien hasta el momento ha sido su pareja, aclarando expresamente los motivos, que quizás para la otra parte no hayan estado claros. Debe concluir cuándo los esfuerzos por mejorar o salvar la relación han sido suficientes. Probablemente haya tenido muchos momentos de análisis de la otra persona, de dudas, de miedos, de imaginarse escenarios, en donde se ve solo y esto muchas veces lo hace reflexionar y alargar la toma de decisión.

Quien decide terminarla puede sentir algunas de estas emociones: alivio, culpa, lástima o miedo. El alivio es la más benévola, es la que suscita a una relación que ha sido tormentosa, que ha robado la paz, ha cortado las alas o ha sido de alguna manera desgastante. Luego están la lástima y la culpa, que pueden ser auto inducidas o generadas por el otro, que utiliza estrategias de manipulación con el fin de retomar la relación o al menos hacer sentir mal a quien le ha dejado.

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El miedo a la soledad puede atacarnos y muchas veces estamos en una relación por tiempo prolongado sin ningún tipo de justificación, por eso resulta frecuente que existan detonantes (más no causantes), como terceras personas que impulsen a salir de una relación que ha perdido el sentido, con cierta garantía de que no se pasará por el camino de soledad, que para muchos puede ser de difícil tránsito.

Ciertamente el que decide terminar tiene cierto control sobre la situación, sin embargo, el proceso no resulta más sencillo para esta persona, también atraviesa un duelo con la mayoría de las etapas características del mismo. Debe afrontar la vida desde otra manera y debe salir de lo conocido (no necesariamente bueno), a algo diferente.

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También están los casos de relaciones en donde la persona que deja no ha tenido ningún tipo de conexión sentimental con la otra persona, que no ha apostado nada en la relación y sencillamente sale de ella sin ningún tipo de efectos o consecuencias negativas. Estos casos no son la mayoría, pero existen, por lo general para la otra persona no resulta sorpresiva la decisión.

En conclusión, quien termina una relación puede sufrir tanto o más que quien está al otro lado de la decisión.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Soy de las que piensa que el amor, en cualquiera de sus formas, debe darte paz

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Soy de las que piensa que el amor, en cualquiera de sus formas, debe darte paz

Ciertamente el amor es uno de los sentimientos más poderosos, en cualquiera de sus presentaciones, es la energía que en definitiva mueve al mundo y de lo que estamos hechos cada uno de nosotros.

Más allá de lo que cada uno entienda por amor, existe el hecho fundamental de que el amor debe estar presente en tu vida para alegrarte la vida, para hacerte sonreír, para sacarte suspiros, para recordar con nostalgia, para vivir intensamente.

El amor de ninguna manera puede estar confundido con dependencia, con apegos, con prisiones, con presiones, con control o imposiciones, el amor de fluir libremente, debe permitir al otro ser y sobre todo permitirnos a nosotros mismos ser.

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Ningún tipo de obligación debería existir en el amor, sobre todo en el de pareja, en ése en que escogemos una persona para compartir nuestros buenos y malos momentos, debe existir el compromiso de apoyar, de compartir, de aligerar la carga, de contribuir con la felicidad del otro, pero sin ningún tipo de obligatoriedad, debe nacer de ambos corazones y de esta forma perpetuarse en el tiempo.

Son las almas libres las que pueden amar desde la plenitud, sabiéndose conscientes de que no necesitan al otro, pero lo prefieren, que pueden ser felices solos o con alguien más, pero han tomado la decisión de dedicar su amor a esa persona específica, sin que esto sea una promesa de para siempre, sino un compromiso de intentar hacer lo mejor posible cada día, dar lo mejor de sí y trabajar desde la construcción. Procurando siempre la mejor disposición para hacer las cosas bien, desde los buenos sentimientos y con las mejores intenciones.

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En definitiva el amor debe darte paz, tanto al dar como al recibir, sin excluir obviamente los problemas que se deben afrontar juntos, que siempre van a estar presentes, pero cuidando siempre el uno del otro, con la firme intención de formar el mejor equipo para solventar cualquier adversidad. Hasta en los momentos de crisis de debe procurar mantener un ambiente donde la armonía prevalezca, donde el ambiente sea propicio para la resolución de los problemas y no para la complicación de los mismos.

Si sientes que puedes estar relacionado con alguien que esté robando tu paz, piensa que tú estás permitiendo esa situación y desde tu corazón toma las medidas necesarias para cambiar esa circunstancia. Revisa tu interior, evalúa qué es lo que está fuera de orden y por qué estás manifestando esa realidad. Si has hecho lo pertinente y de tu parte has procurado los cambios que bajo tu criterio solventarían la situación y nada ocurre, es válido partir o dejar ir. Solo tú eres responsable de tu vida y de mantener tu paz.

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Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Dejar ir a alguien, es dejar ir una parte de ti

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Dejar ir a alguien, es dejar ir una parte de ti

Sentir que cuando dejamos ir a una persona que ha sido especial en nuestras vidas, representa dejar ir una parte de nosotros en ese acto, hace que la decisión no sea sencilla y que nos duela.

Independientemente de los motivos que tengamos para dejar ir a una persona, siempre tenemos algún tipo de apego que nos llena de tristeza. El solo hecho de pensar en los planes rotos, en las ausencias, en el vacío que dejará en nosotros, luego de haber ocupado un lugar con alguna prioridad en nuestras vidas, nos hace querer volver el tiempo atrás e intentar cambiar las cosas que generaron estos resultados.

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Evidentemente eso no es viable, no podemos volver al pasado y lo mejor que podemos hacer es aceptar que las cosas no resultamos como lo esperábamos y es el momento de cambiar, de seguir adelante, de secarnos las lágrimas cuantas veces sean necesarias, pero apostando por cosas mejores a nuestro futuro.

Algunas veces dejar ir a un ser especial de nuestras vidas se complica aún más, porque esa persona parece darse cuenta luego de que hemos tomado la decisión de soltar, que las cosas pudieron haber sido distintas con un tanto de esfuerzo de su parte, hay promesas de cambios y hay intenciones de recomenzar.

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Está muy en uno la decisión en este caso de optar por una segunda oportunidad, con los riesgos que ello conlleva, inclusive los riesgos pueden incluir, dejar de lado a personas que han tocado nuestros corazones intentando sanar nuestras heridas, significa cerrarle la puerta a nuevos proyectos que tengamos planteados, con la posibilidad latente de que no obtengamos resultados diferentes, sino que solo se consiga postergar una decisión, con pérdidas mayores a futuro.

También está la opción de que la segunda oportunidad abra espacios inexplorados, donde todo finalmente encaja y los motivos para dejar ir, o para marcharnos se desvanecen, pero evidentemente solo lo sabremos al tomar esa opción.

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No estamos acostumbrados a cerrar ciclos, cerrar libros y comenzar otros nuevos, por lo general dejamos el marcador en alguna página por si necesitamos releer algún contenido, por si queremos revisar nuevamente en esas líneas si era allí que se encontraba aquello que nos acercaría a nuestra felicidad.

Ante la duda, siempre escuchemos a nuestro corazón, él nos ayudará siempre a tomar la decisión más conveniente para nuestras vidas y para la mayoría de los involucrados. Actuemos con fe y con respeto hacia nosotros mismos y hacia quienes nos quieren. Si dejar ir es la opción que más validez presenta, pues soltemos desde nuestro corazón y atendamos el vacío que sentimos por esa ausencia, que muchas veces nos insinúa que siempre será parte de nosotros y debemos aprender a vivir con él.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru