Esas personas que aceptan lo peor de ti, son lo que te impulsan a ser mejores

Esas personas que aceptan lo peor de ti, son lo que te impulsan a ser mejores

Los cambios verdaderos no vienen dados porque alguien venga y nos recomiende: “necesitas cambiar esto”, porque nos presionen o amenacen. Inclusive cuando la recomendación nos llame la atención y la consideremos apropiada, un verdadero cambio se dará desde nuestro interior, involucrando nuestra consciencia y cambiando las creencias que alimentan a nuestro inconsciente. De lo contrario solo será una fachada, ajustada al autocontrol, pero más pronto que tarde saldrá a relucir lo que realmente somos.

Las personas que nos aceptan tal cual somos, sin pretender cambiarnos, viendo nuestra parte más oscura y aun así nos aman, paradójicamente son un estímulo para crecer como seres humanos, para sacar la mejor versión posible de nosotros, por generar un cambio desde lo más profundo para nosotros mismos y para esa persona que incondicionalmente nos acepta.

La mayoría de nosotros quisiera adaptar a todo el que pertenece a nuestro entorno a lo que consideramos que está bien. Todos tenemos un esquema de creencias, una escala de valores y unas preferencias específicas de cómo deberían ser y cómo deberían comportarse las personas, en especial en lo que a nosotros se refiere. Afortunadamente el hecho de que nos gustaría no lo hace realidad, especialmente porque cada uno de nosotros también se ajustaría a lo que otros desean.

El no recibir lo que queremos crea en nosotros frustración, pero cuando aceptamos a las personas tal cual son, esa frustración deja de existir, porque no esperamos algo en particular y la brecha entre la realidad y la expectativa, tiende a cero. Sin embargo, tenemos un nivel de consciencia que algunas veces nos habla de las cosas que podemos mejorar, cómo podríamos colaborar con la felicidad de alguien más, especialmente si ese alguien es amado por nosotros.

Y es allí donde se presenta la decisión de ser mejores, no por peticiones externas, no por exigencias, ni imposiciones, solo por el hecho de valorar a quien nos ama tal cual somos y sentirnos capaces de proponernos un cambio que nos ayude a mejorar por nosotros y por esa persona. Nos invitan de forma sublime a mostrar una versión mejorada de nosotros mismos, desde el lenguaje del amor y allí siembran la semilla de la transformación, de la evolución y el crecimiento.

Esas personas especiales se convierten en un espejo para nosotros vernos a través de ellos, para darnos cuenta de las cosas que nos hacen mejores o peores seres humanos y nos dan la posibilidad de escoger sin chantajes, sin límites de tiempo, sin amenazas, sino desde la aceptación de nuestra parte oscura, a partir de lo cual mágicamente comenzamos a iluminarnos.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Estado civil: Felizmente sola

Estado civil: Felizmente sola

En este mes alusivo al amor, me tomo un momento para reconocer el principal amor de mi vida y me emociono y hasta me da risa, que soy yo misma, ya no me cuesta decirlo. Me lleno de orgullo de haber podido llegar a este punto en el cual sé que la relación que requiere mi mayor atención, aquella que durará para toda la vida es justamente la que tengo conmigo misma.

He pasado por muchos tipos de relaciones, no solo sentimentales, viviendo diferentes experiencias, pero teniendo como factor común que mi atención se enfocaba en la otra persona, en satisfacer sus necesidades, en complacer sus deseos, en nunca fallarle, en estar disponible, en fabricar tiempo y a veces hasta ganas… Y todo esto me costó en muchas oportunidades dejarme a mí de lado, postergarme, fallarme, alejarme de lo que yo quería.

Quizás en ese momento no me pesaba, aunque sentía que algo se rompía en mi interior y lo que luego identifiqué y tuve que reparar fue esa confianza que tenía en mí misma para hacerme feliz a mí, antes de pensar en la felicidad de alguien más, que irónicamente siempre terminaban por olvidar los sacrificios, las atenciones, el amor… Mientras que yo me alejaba cada vez de mí misma.

Recuperarme no fue sencillo, ya no sabía ni en dónde estaba, ya no recordaba lo que era importante para mí sin la influencia de alguien más, me costó, me costó muchísimo, pero ya estoy aquí, conmigo y con estas ganas enormes de cuidarme y amarme como lo había olvidado, como en realidad no sabía hacerlo.

Ahora me encuentro sola, pero no me siento sola, de hecho siento que estoy con la mejor compañía de todas, me sorprendo cada día con las cosas que descubro en mí, cosas que quizás en compañía, y menos de la manera en la cual venía priorizando, hubiese podido hacer.

Ya no le temo a la soledad, la disfruto, abrazo cada momento que me puedo dedicar a mí, que me puedo consentir, no me importa ver una película sola, no necesito arreglarme para alguien que no sea yo, no espero a usar esa ropa interior sexy hasta que alguien pueda verla, ni postergo preparar mi comida preferida, con que yo la disfrute es más que suficiente.

No espero la aprobación de nadie, si le agrado a los demás, perfecto y si no, no me preocupo, la única aprobación que me importa en este momento es la mía y aprendí a aceptarme, a quererme, a ser paciente, a entenderme y dejé atrás todos los miedos, las críticas, los desaires, las injusticias y todo lo cruel que fui. Me perdoné por las cosas que dejé de vivir y por no haber estado cuando lo necesite, me encontré y nunca más me pienso dejar ir.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

El amor no necesita ser entendido, necesita ser demostrado

El amor no necesita ser entendido, necesita ser demostrado

El amor en uno para cada quien, por lo que hay muchísimas maneras de amar. Algunos tratan de descifrar el amor, intentan teorizarlo o darle una definición. Pero el amor no necesita ser definido, no necesita medirse y no necesita ser entendido, lo que sí necesita es ser demostrado.

Cada uno de nosotros tiene una manera a través de la cual demuestra su afecto. Pero muchos caemos en el error común de darlo por sentado, de asumir que con sentirlo basta y que esa persona a quien se lo dedicamos, debe de alguna manera asumirlo, sin dudar, solo aceptar que existe. Por más intenso que sea el amor, si no se demuestra pierde validez, en especial para quien lo recibe, porque para fines prácticos no lo está haciendo.

Es cierto que cuando nos aman se siente, no hay dudas, pero esto ocurre justamente porque recibimos demostraciones de ese amor, porque sentimos el interés, el cuidado, la dedicación, el esmero que quien nos ama manifiesta.

Los detalles alimentan el corazón, las palabras dulces, las colaboraciones, los buenos deseos, esas caricias que nos llegan al alma o ese simple mensaje de “te extraño”, “buenas noches” o “avísame cuando llegues”, pueden ser las pequeñas cosas que nos hablen de amor, sin ni siquiera mencionarlo.

Debemos aprender a darle importancia a la congruencia entre lo que sentimos y lo que decimos y hacemos, mientras estas cosas estén en armonía nuestras palabras tendrán sentido, las promesas tendrán valor, potenciaremos nuestros sentimientos y nuestros actos no necesitarán ser subtitulados para hablar el lenguaje del amor.

A veces el amor otorga una confianza que no es favorable para las relaciones y como amamos y entendemos que ese sentimiento es recíproco, no nos esforzamos mucho por alimentar ese vínculo, sino que por el contrario postergamos, desatendemos e incluso dedicamos de nosotros lo que nos queda luego de una amplia repartición, donde van incluidos tiempo, tolerancia, detalles, energía, buenas maneras, palabras respetuosas y terminamos dando lo mejor de nosotros a otras personas, que no son necesariamente quienes se lo merecen.

No nos cuesta nada, no nos llenemos la boca de un amor que no demostramos, porque aun cuando el amor es una energía súper poderosa, le restaríamos prestaciones que tienen efectos maravillosos en quien lo recibe y definitivamente la ley del amor nos habla constantemente de que el amor que damos, lo recibiremos de vuelta. ¡Así que a amar y a demostrar ese amor!

Ilustraciones cortesía de: Pascal Campion

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

La verdadera distancia se siente al estar al lado de quien quieres y no poder tenerle

La verdadera distancia se siente al estar al lado de quien quieres y no poder tenerle

Amores no correspondidos, amores cercados, amores platónicos, amores que fueron y dejaron de ser… Amores imposibles…

Si pudiésemos reunirnos todos los que hemos tenido cerca a esa persona especial, sin poderle siquiera rozar la piel, de seguro ocuparíamos una gran extensión, casi tan grande como la frustración que se siente el no poder exteriorizar lo que sentimos, que las condiciones nunca lleguen a estar dadas para ello, o en caso de poder decir lo que llevamos dentro, simplemente no ser correspondidos.

A veces no resulta sencillo apartarnos de alguien, sin considerar el amor, podemos estar sujetos a realidades que nos mantienen a un paso de esa persona especial, aun cuando estemos a kilómetros en cuanto a distancias afectivas se refiere.

Bien sea por trabajo, por residencia, por vínculos cercanos, podemos ver con frecuencia como esa persona que habita en nuestro ser se desenvuelve y simplemente es, sin nosotros.

Muchas veces tenemos que callar, que guardar apariencias, por protección, por dignidad, por no ser inoportunos o no exponernos a un rechazo, pero esos sentimientos que callamos terminan por rompernos por dentro.

entiendo

Debemos aprender a canalizar nuestros sentimientos, debemos aprender a aceptar que no siempre las cosas serán como queremos, pero no por ello vamos a permitirnos vivir en modo añoranza o en modo lamento. Si no podemos materializar el amor con esa persona que por algún motivo nuestro corazón eligió, lo prudente es aprender a soltar y evitar que esa realidad afecte negativamente nuestras vidas.

Muchas veces hasta los “no” que recibimos como respuestas, terminan siendo un regalo, pero en algunas ocasiones se nos hace imposible entender oportunamente el favor que nos hace la vida y lo que hacemos es sumergirnos en el drama y en la inconformidad, sin terminar de cerrar una puerta y sin posibilidades de abrir otras.

Las distancias afectivas no se producen por casualidad, debemos ser capaces de distinguir cuándo esas distancias pueden ser acortadas y  cuándo en definitiva solo tendrán la posibilidad de incrementarse. Eso dependerá de la otra parte, de nosotros y de los factores externos que a veces incluyen terceras personas.

escalera en espiral

Es crucial evaluar si vale la pena dedicar energías tan solo a pensar en aquello o si por el contrario lo más sano resulta conveniente buscar la forma de que no nos afecte, de sanar y de continuar, agradeciendo lo que fue, aunque haya sido solo para nosotros y adoptando la mejor disposición para seguir adelante y acercarnos a quien nos pueda recibir en su vida, tanto como nosotros estemos dispuestos a aceptarle en la nuestra.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Hay quienes no entienden que las personas de tanto lastimarlas, se van… y no regresan

Hay quienes no entienden que las personas de tanto lastimarlas, se van… y no regresan

La tolerancia es una facultad que se desarrolla con el tiempo y la experiencia, cuando amamos a alguien, cuando la preferimos en nuestras vidas, a pesar de ser mucho más sensibles a sus acciones, tendemos a soportar cosas que en otras circunstancias, con otras personas involucradas, jamás ni siquiera lo consideraríamos.

Sin embargo, a pesar de que podemos buscar las maneras de ampliar nuestra paciencia y elevar nuestros umbrales, muchas veces algo dentro de nosotros en algún momento nos grita basta y por lo general cuando eso ocurre, no hay vuelta atrás.

Cuando alguien acumula heridas, en algunos casos se fortalece y en otros, se acostumbra a una dinámica que le hace sufrir y le va drenando su energía vital, costándole más salir de un círculo en el cual se ve cada vez más involucrado y afectado.

Nadie espera que justo la persona que aprecia, que ama y en la cual confía sea precisamente quien le lastime, pero ocurre más de lo que nos gustaría. El amor muchas veces es la excusa perfecta para maltratar, para humillar, para utilizar, para explotar, evidentemente cuando se aplica una mala interpretación del amor.

El amor no debe hacer que soportemos de forma pasiva abusos o maltratos, nadie merece de nuestra parte más amor que el que somos capaces de ofrecernos a nosotros mismos. Nadie debe tener la libertad de maltratarnos con nuestro consentimiento.

Debemos aprender a establecer límites, a cuidarnos y a decirle al mundo que no estamos dispuestos a que nos lastimen. Debemos entender que vale más una digna soledad, que una relación que nos haga sufrir, que nos coloque en una posición que nos lleve a menos o nos robe la sonrisa del rostro.

Incluso cuando en algún momento no hemos podido establecer límites claros o hemos dado oportunidades a quien ha abusado de ellas de manera repetitiva, no debemos sucumbir o pensar que es tarde, las heridas siempre pueden ser más profundas y los daños cada vez más graves. Nunca será tarde para reconfigurar nuestra vida, para abrir los ojos e ir tras lo que realmente nos conviene vivir.

De todo podemos aprender algo y las relaciones tormentosas nos brindan una oportunidad de oro para valorarnos, para darnos a respetar, para recuperarnos de lo que hemos permitido y para entender que no importa lo que haya ocurrido. Siempre podemos reinventarnos y comenzar de nuevo, con más fuerzas, sanando nuestras heridas y diciéndole al mundo aquí voy de nuevo.

Quien te quiere, no te lastimará, si esa persona que valoras está aprendiendo a amar mientras te hace daño, no es tu obligación quedarte de conejillo de indias mientras aprende. Mientras más pronto digas basta, menos pedazos tendrás que unir para rearmarte. No naciste para ser lastimado, naciste para ser amado y con un amor que no tiene que medirse en cantidad, sino en calidad. Quien te va a querer, que te quiera bien, si no que se acostumbre a tu ausencia.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Haz las paces con la soledad y permítete ser selectivo con quienes recibes en tu vida

Haz las paces con la soledad y permítete ser selectivo con quienes recibes en tu vida

La soledad puede no estar bien vista por muchos, suele desvalorizarse y ser apreciada por algunos como una especie de castigo por no ser lo suficientemente bueno para mantenerse junto a alguien. Pero la realidad es que la soledad es el estado en el cual podemos aprender a conocernos y a amarnos de una forma tan particular que nos garantizará relaciones con otras personas de calidad.

Cuando no nos conocemos, cuando no hemos aprendido a amarnos en soledad, es muy probable que nos vinculemos con personas sin aplicar muchos criterios de selección, solo intentando llenar una posición.

Nunca estarás solo si aprendes a hacerte amigo de ti mismo.

Debemos poder apreciar que si bien es cierto que estar en pareja es positivo, es muy satisfactorio  y hay pocas cosas que se comparan con la experiencia de estar enamorados y más cuando gozamos de una compañía de calidad; también es cierto que si solo buscamos llenar un espacio, podemos terminar vinculándonos con quien sea y evidentemente terminar frustrados por lo que efectivamente logramos obtener de una relación.

El estar vinculados afectivamente no debe ser a cualquier costo. Debemos darnos el tiempo necesario para seleccionar a esa persona que queremos que pase a formar parte de nuestras vidas. No tenemos que desesperarnos por vincularnos sentimentalmente a alguien… Eso se nota y vibramos con una energía que termina por atraer relaciones poco satisfactorias.

Debemos partir de que el estar solos no está mal, por el contrario, es una de las mejores condiciones en las cuales nos podemos encontrar  y si logramos encariñarnos en la relación más importante que tendremos, de seguro, al estar con alguien más, no nos conformaremos con menos de lo que nosotros mismos podemos ofrecernos.

Aprendamos a valorar los períodos que nos permiten contactar con esa parte de nosotros que solo veremos estando en soledad. Reconciliémonos con el hecho de hacer las cosas por y para nosotros mismos: atendernos, arreglarnos, cuidarnos, prepararnos esa comida especial, comprarnos ese vestido que nos gusta, ver esa película… Sin pensar en agradarle a nadie, sin pensar en complacer a una persona diferente a nosotros mismos, sin necesidad de comentar nada, sin esperar un reconocimiento… Solo disfrutando de nosotros mismos y conociéndonos un poco más.

El amor que normalmente perdura es ese que nos llega sin avisar, sin esperarlo, sin buscarlo, cuando más en paz nos sentimos con nosotros mismos, cuando no creemos que la soledad es un problema… Y cuando podemos tomarnos el tiempo suficiente para evaluar si lo que se nos presenta realmente coincide con lo que nos gustaría que permaneciera en nuestras vidas.

Imágenes cortesía de: Sophie Wilkins

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

No insistas en lo que la vida te ha dicho de muchas maneras que no es para ti

No insistas en lo que la vida te ha dicho de muchas maneras que no es para ti

Con frecuencia para quienes tenemos la creencia de que nosotros somos responsables de todo lo que nos ocurre y que somos los creadores de nuestro destino a través de cada una de nuestras acciones y decisiones, nos resulta un tanto complicado el aceptar los “no” que nos puede brindar la vida.

Pero resulta de mucha utilidad aprender a leer la vida y a entender sus señales, que muchas veces parecen resaltar como anuncios publicitarios gigantes y aun así, si no estamos preparados para apreciarlas podemos pasarles de largo sin percatarnos de su existencia.

Existe una delgada línea que separa la posibilidad de lograr lo que deseamos en nuestra vida y aceptar que los resultados que obtenemos distan de lo que nos gustaría. Para poder evaluar cuál debe ser nuestra actitud ante determinada situación, nos convendría silenciar nuestra mente y escuchar a esa parte de nosotros que nos guía hacia donde nos conviene estar.

Esa parte sensitiva, que parece captar nuestra esencia no se rige por caprichos, por miedos, por ego, no le interesa satisfacer las expectativas de los demás y busca el mayor beneficio para la mayoría de los involucrados. Además parece tener un nivel de sabiduría superior al que pudiésemos podido acumular en nuestra experiencia vital corriente.

Si dejamos que sea esa parte de nosotros la que interprete las señales, de seguro podemos distinguir con facilidad cuándo levemos levantarnos y luchar un poco más o sencillamente aceptar y agradecer que si alguna puerta permanece cerrada por más intentos que hagamos por abrirla, es sencillamente porque no nos conviene atravesarla.

La vida tiene formas diferentes de comunicarnos sus intenciones, ella pareciese entender qué es lo que necesitamos vivir para potenciar nuestro proceso de aprendizaje, para sacar el mayor provecho a nuestras experiencias y para ponernos algunas trabas para persuadirnos de no tomar una ruta inconveniente.

Si bien solemos asumir las piedras en el camino como retos que superar, también podríamos traducir en valentía el aceptar que algo no es para nosotros, que no merece nuestro tiempo, ni la inversión de energía. Ese hecho de aceptación puede evitarnos el desgaste característico de resistirnos o luchar en contra de algo que no nos es posible cambiar.

Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar. 

Aprendamos a agradecer  los  “sí” y especialmente los “no” que nos da la vida. Dejemos de insistir en aquello que nos ha dado muchos indicios de que resultará inconveniente en nuestras vidas, dejemos de forzar las cosas y aprendamos a aceptar.

Cuando aceptamos comenzamos a fluir con la experiencia, comenzamos a confiar en el proceso de la vida y dejamos de lado la necesidad de “ganar”, sustituyéndola por el placer de vivir y éste quizás sea el primer paso a la liberación y a la felicidad.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Enamórate las veces que sean necesarias… Hasta que te salga bien

pareja intensa

Enamórate las veces que sean necesarias… Hasta que te salga bien

El enamorarse es una de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir, pero muchas veces por traumas de nuestro pasado e inclusive por vivencias que ni siquiera nos pertenecen, asumimos cualquier cantidad de bloqueos que no nos permiten darnos la oportunidad de enamorarnos a plenitud e inclusive podemos llegar a bloquearnos a cualquier relación que nos exponga a los riesgos que trae consigo el enamorarnos.

Ninguno de nosotros tendrá nunca el éxito garantizado en el amor, ni siquiera porque hagamos las cosas de la mejor manera posible, por demos de nosotros lo mejor y hagamos lo que consideramos necesario para que nuestra relación funcione, podremos asegurar que tendremos un desarrollo particular.

Todos estamos expuestos al riesgo de que las cosas no se den como las quisiésemos, que la persona de quien nos enamoramos, no nos retribuya, que nos engañen, que nos enamoremos de alguien que cambie tanto que no lleguemos a reconocer o que sencillamente no fue como creíamos. Corremos el riesgo de dejar de sentir, de perder el impulso y dejar de intentar. Corremos el riesgo de dejar de mirar de manera compasiva a al otro y someterlo a nuestros juicios y críticas. Corremos el riesgo de enamorarnos de alguien más y lanzarlo todo por la borda.

Pero eso es parte del amor, si nuestro corazón no se llega a acelerar por alguien más, si no sentimos que nos falta el aire sin una persona en particular, si no llegamos a sentir que nos duele el alma ante una decepción, nos habremos perdido de una de las experiencias que más vivos nos hace sentir.

No te preocupes por si saldrá bien o mal, agradece la oportunidad que tienes de vivir el amor, de conocer a personas especiales que logren dejarte algo de ellos y quienes puedas dejar algo de ti. Hazlo lo mejor que puedas, entrégate sin reservas, sin miedos a que saldrás lastimado. No importa si no ha resultado anteriormente, ninguna persona es igual a otra y las relaciones y sus desenlaces no tienen por qué serlo.

Abre tus canales, activa la energía del amor en tu vida, está dispuesto a dar lo mejor de ti… Inclusive si lo tienes que hacer varias veces… Al  final la vida puede resumirse en cuánto amaste y cuánto te amaron, así que no te resistas, la vida se trata de eso, de amar, de aprender, de crecer, de rearmarnos y seguir amando, las veces que sean necesarias, porque si no nos cerramos al amor, sino que seguimos confiando y seguimos dando de nosotros lo mejor, sin darnos cuenta, más pronto que tarde estaremos viviendo el amor que deseamos y tendremos lo necesario para mantenerlo en nuestras vidas.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Imágenes cortesía de Amanda Cass

Nunca es tarde para perdonar, pero algunas veces es tarde para pedir perdón

Nunca es tarde para perdonar, pero algunas veces es tarde para pedir perdón

Evidentemente para las buenas acciones no existe una fecha de caducidad, pero cuando la buena acción, viene posterior a algún hecho, palabra u omisión, que haya dañado o lastimado a alguien, puede ser que nos encontremos con una barrera que no nos permita materializar nuestras intenciones, y a veces mientras más tarde ocurra, más difícil será.

Podemos pensar que algunas veces será preferible esperar que las aguas se calmen o sencillamente no nos damos cuenta de manera oportuna de lo negativo que pudimos haber ocasionado en alguien más, sino que lo hacemos luego de un tiempo, en donde pudieron haber pasado muchas cosas.

Puede ser que la persona a la cual hemos lastimado, se haya decepcionado aún más por la ausencia de reconocimiento y las pocas intenciones mostradas de nuestra parte con respecto a sus expectativas, o en el mejor caso, pudo haber pasado la página y decidido avanzar.

Sea cual sea el caso, una de las cosas que nos permitirá estar tranquilos con nuestra consciencia, es estar atentos a las consecuencias que tienen nuestros actos en los otros, procurando siempre generar el los demás el mayor bien posible. Sin embargo, como somos humanos y tenemos posibilidades de equivocarnos, tendremos que ser capaces de reconocer nuestros errores, de tomar acciones para enmendarlos y de procurar evitar que quienes nos rodean alimenten odios, rencores y desprecio, hacia nosotros.

Evidentemente cada quien es responsable de lo que siente, de cómo le afectan las acciones que cometen los demás y cada interacción y en especial cada herida, nos da una lección que debemos aprovechar, no tanto para conocer a los demás, sino para conocernos a nosotros mismos, para entender por qué somos sensibles a ciertos puntos, por qué nos duelen más unas cosas que otras, a qué le damos más importancia y una de las cosas más relevantes por descubrir es si existe algún patrón en las heridas o en las personas que las propinan, porque en estos puntos hay mucha tela que cortar.

Siempre debemos procurar sanar, no guardar rencores y perdonar aun cuando sintamos que la otra persona no lo merece, pero las experiencias no deben pasar en vano, debemos ser capaces de aprovecharlas al máximo para aprender y continuar.

Así, que aprendamos a reconocer cuándo hemos generado daños a otros y abordemos la situación lo más pronto posible, evitando que cualquier emoción negativa se alimente a través del tiempo y haciendo menor la posibilidad de que cuando queramos enmendar las cosas o pedir perdón, ya sea tarde.

Del otro lado, aprendamos a liberarnos de cargas del pasado de forma oportuna, sin que sea necesario que el dolor nos toque a la puerta, sin tener que escuchar unas disculpas, perdonemos por beneficio propio, porque los únicos que nos dañamos alimentándonos del sufrimiento, somos nosotros mismos. Somos responsables de lo que permitimos, si hubo un daño y no supimos evitarlo, no permitamos que haya alguno mayor extendiendo en el tiempo todo aquello que continúa propinándonos dolor.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

Te di tanto amor, que no supiste qué hacer con él

amar equivocadamente

Te di tanto amor, que no supiste qué hacer con él

Y a veces así ocurre, nos entregamos tanto, damos tanto de nosotros, que quien recibe no tiene mucha idea de qué hacer o cómo corresponder… Muchas veces esa persona no está preparada para ser amada, al menos no de la manera que nosotros le estamos presentando y termina por evitar el compromiso que siente que lleva consigo el amor o bien acaba por autosabotear aquello que siente demasiado para sí mismo.

Todos tenemos diferentes maneras de amar, algunas se hacen sentir más que otras, cada amante es diferente, pero sea como sea, el que da amor, nunca sale perdiendo, el que no sabe recibirlo, es quien se llevará consigo las consecuencias de no haber sabido qué hacer con aquello que recibía.

Evidentemente no estamos obligados a corresponder el amor de nadie, pero debemos aprender a valorarlo, a saber cómo actuar en los casos donde queramos alimentar ese amor o en los casos donde sintamos la necesidad de salirnos del foco. Una persona que nos ama, de alguna manera nos está dedicando una parte de sí, nos está brindando la posibilidad de ser parte de su  vida y nos está reservando un lugar especial dentro de sus afectos, lo mínimo que merece una persona que nos considera de esa manera, es respeto.

No podemos ir por la vida haciéndoles daño a los demás, con la excusa de que somos inmaduros, de que nunca pedimos ser amados, de que no hicimos nada para que las cosas ocurrieran así… Y sí, es cierto que muchas personas se enamoran solas, que idealizan, que se imaginan y en función de eso dan y dan de sí, pero son mayores los casos de que ese amor es fomentado por algo más que el simple hecho de existir.

Si no tenemos intenciones de corresponderle a alguien, lo más sano y justo que podemos hacer es mostrarles nuestra realidad, de la manera más sutil, de la forma menos dolorosa y sobre todo evitar hacer uso indebido de ese amor, con fines de satisfacer nuestras necesidades o con intereses egoístas, pasando por encima de los buenos sentimientos de alguien hacia nosotros.

Nadie dijo que al amar no corremos muchos riesgos, que al entregarnos por completo, volveríamos ilesos, nadie dijo que siempre nos enamoraríamos de alguien capaz de retribuir nuestros sentimientos. Sí, podemos salir lastimados, podemos salir decepcionados, podemos salir sin ganas de confiar nuevamente en el amor, pero eso pasará…

El amor tocará nuevamente a nuestra puerta y quizás no abriremos por algún tiempo, pero luego, allí estaremos nuevamente y probablemente entenderemos por qué no funcionó antes, o quizás no, pero de seguro tendremos una nueva experiencia que no es otra cosa que un muestra de que estamos vivos y que crecemos a través de esas personas que nos dejan algo y en quienes dejamos algo.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú