Te quiero más allá del apego, la costumbre y el miedo a la soledad

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Te quiero más allá del apego, la costumbre y el miedo a la soledad

Querer de forma consciente es amarse primero a uno mismo para desinfectar apegos enfermos o gélidos vacíos que otros están obligados a calmar. Amar de forma madura es entregarse libremente al otro en un acto de autenticidad, pero nunca para apagar soledades y jamás para perder la propia dignidad.

El propio Einstein dijo una vez que el amor nunca podría explicarse bajo la óptica de la ciencia, porque ese acto biológico, químico y fascinante jamás podría ser cuantificado u observado bajo un microscopio. Sin embargo, el padre de la teoría de la relatividad se equivocaba. Porque si hay algo que ha podido demostrar la neurología a día de hoy es que el amor es adictivo.

Los avances en el campo de la neurociencia apagan muchas veces nuestro sentido del romanticismo y ese halo poético con el cual revestimos en ocasiones nuestras relaciones, cual caramelos algo envenenados. El amor está impregnado de dopaminas, y ello hace que muchas veces caigamos casi como narcotizados ante un vínculo del que nos cuesta mucho escapar o más aún: ver el daño que nos causa.

El amor es ciego, lo sabemos, y todos podemos caer en una de esas relaciones basadas en un apego insano, asfixiante e intenso a la vez. Sin embargo, es responsabilidad nuestra abrir los ojos para vernos primero a nosotros mismos. La relación que nos despersonaliza, que nos extrae esas entrañas privadas donde reside la autoestima y el autoconcepto no es saludable. Es como inmolarse en las hogueras de una inmerecida infelicidad.

Te proponemos reflexionar sobre ello.

El amor basado en el apego es pura adicción

Algo que resulta curioso dentro del plano científico o clínico es que se ha estudiado más la depresión asociada al desamor que el amor asociado a la manía, a la adicción. Esto es así por una razón muy sencilla: histórica y culturalmente se ha tenido una imagen de ese amor desmedido, apasionado, dominante y ciego como algo admirable, positivo y hasta inspirador.

Admitámoslo… A todos nos han vendido la idea de que los mejores amores son esos del todo o nada. Esos donde fundir las mitades de nuestro corazón hasta crear uno solo, esos donde dar el aliento para que el otro respire y ser rescatados de todos nuestros miedos, sanados de cada una de nuestras soledades. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado con todas estas imágenes, porque todas ellas esconden algo de tragicómico, pinceladas agridulces y el implacable veneno de las decepciones.

Hay que tenerlo claro, las relaciones basadas en el apego afectivo son insanas porque tienen en su mano esa goma de borrar que hace desaparecer todos los “autos” de nuestra personalidad, a saber: la autoestima, el autoconcepto, el autorrespeto… Además, cuando quedamos subordinados a este tipo de amores dependientes, por curioso que parezca, no es nada fácil ver lo que nos ocurre con claridad. No importa que otros nos avisen, de nada sirve que nos digan que “nosotros no somos así”.

El amor basado en el apego es obstinado y ciego y no tiene pies ni cabeza, pero sí un corazón grande y herido que necesita su droga afectiva, ese cuyo efecto secundario resulta implacable.

Te quiero por encima de los miedos, las soledades y la costumbre

Los neurólogos nos dicen que el amor es obsesivo porque está regulado por la serotonina, e incluso que es propenso a la imprudencia porque tanto la corteza cerebral como la amígdala pierden un poco el control o su “cadena de mando”. Ahora bien, que muchos de nuestros comportamientos sean el resultado de todo este naufragio químico no significa que no podamos amar de forma saludable, a través de una experiencia alegre, satisfactoria y plena.

Lo más recomendable en estos casos es invertir primero en el propio crecimiento personal, en gestionar nuestros miedos, en convertirnos en personas maduras emocionalmente y no en eternos buscadores de apego para nutrir nuestras necesidades.

Tal y como dijo una vez Antoine de Saint-Exupéry, amar no es mirarnos constantemente el uno al otro. Al final uno acaba perdiendo toda perspectiva. Amar de forma consciente es poder armonizar nuestros corazones para mirar juntos la belleza del mundo unidos siempre en una misma dirección. Es lo que podríamos llamar, “tener conciencia de pareja”.

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Esta dimensión maravillosa, la “conciencia de pareja”, estaría formada por estas tres “C” sobre las que vale la pena reflexionar un instante.

  • Compromiso. El compromiso no está basado solo en ese contrato afectivo íntegro y respetuoso hacia otra persona, sino también en nosotros mismos. Debemos cuidar de nuestro bienestar psicológico para poder comprometernos plenamente con el ser amado.
  • Comunicación. Toda pareja estable y feliz es hábil a la hora de comunicar, lo hacen con asertividad, a través de una escucha activa, de la empatía y de esa cercanía real donde no caben los egoísmos ni los chantajes.
  • Correspondencia. La correspondencia no es otra cosa más que esa reciprocidad donde entender que amar no es solo dar, también es recibir. Una pareja no es un juego de fuerzas, sino un equipo que llega a acuerdos, una alianza donde ambos ganan, donde se favorece el crecimiento personal del ser amado como forma de inversión en la propia relación.

Para concluir, hemos de entender que la variable “amor” no basta en la ecuación de una pareja. Una relación es como un músculo que necesita ser ejercitado a través del sentido del humor, del respeto y la libertad personal. Seamos capaces de favorecer ese desapego saludable basado en la ausencia del miedo, en la “no dependencia” y ante todo en la “no adicción”.

15 Tipo de relaciones personales que NUNCA debes tener

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15 Tipo de relaciones personales que NUNCA debes tener

Podríamos decir que todas las relaciones interpersonales tienen algo que aportarnos, sin embargo, hay muchas de ellas que lo que tienen que aportarnos nos cuesta muchas lágrimas y nos borra muchas sonrisas. Acá te dejamos algunas que debes tener en cuenta para evitar si esperas una relación que no afecte tu armonía y no desgaste tus energías:

  1. Relaciones en donde tenemos que fingir ser como no somos.

  2. Relaciones con personas acostumbradas a mentir frecuentemente.

  3. Relaciones con personas que nos hacen sentir menos.mujer-con-hombre-diminuto-en-la-mano

  4. Relaciones con personas controladoras que desean que todo se ajuste a sus formas.

  5. Relaciones con alguien que nos corte las alas.

  6. Relaciones en donde la dependencia es el nexo principal.

  7. Relaciones con alguien que no valore tus logros.

  8. Relaciones con infieles empedernidos.

  9. Relaciones con personas deshonestas o con tendencias a cometer actos fuera del marco de la ley.

  10. Relaciones en donde sientas miedo de expresar tus sentimientos o tus pensamientos.perdonar infidelidad

  11. Relaciones en donde existe la envidia hacia las cosas positivas que nos ocurren.

  12. Relaciones en donde nos sentimos utilizados o que se están aprovechando de nosotros.

  13. Relaciones con una persona que no nos da una posición privilegiada dentro de sus prioridades.

  14. Relaciones en donde nos sintamos abusados en cualquier sentido.ruptura de pareja mujer guru

  15. Relaciones en donde vemos futuro, si lo que estamos buscando es una relación que se pueda sostener en el tiempo.

Muchas veces sabemos lo que tenemos que hacer, inclusive sin tener que leer el tipo de relación que llevamos en un listado, pero a veces no es sencillo reconocer los efectos que una relación puede tener en nosotros o bien tomar la decisión de separarnos. La mayoría de las separaciones no son agradables, pueden resultar dolorosas, sin embargo, debemos ser los primeros cuidadores de nosotros mismos, procurando relaciones que nos aporten, que nos hagan sentir bien, en donde podamos crecer de manera individual y como parejas.

Esperamos que este listado te pueda ayudar para reconocer lo que debes mantener en tu vida e ir tras aquello que realmente te convenga. La vida es realmente corta para desperdiciarla en relaciones que no nos ofrecen lo que merecemos, no la desperdiciemos esperando que algo cambie y menos que alguien cambie. Aceptemos a las personas cómo son, pero reconozcamos cuándo no es conveniente mantenerlas a nuestro lado.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Que hoy sonrías a la vida por lo que un día lloraste es un placer impagable

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Que hoy sonrías a la vida por lo que un día lloraste es un placer impagable

Tu vida ha quedado marcada por muchos instantes, como aquellos en los que sentiste amargura o aquellos que te trajeron decepciones que no esperabas. Momentos relacionados con las circunstancias, pero también con las personas, de manera que han sido capaces de cambiar una relación en menos tiempo del que el segundero tarda en repetirse. Lo han hecho sin medir ni formas ni consecuencias, cuando nosotros intentamos tener todo el cuidado del mundo.

Personas que incluso han aprovechado tus momentos de reflexión para clavarte pequeñas puñaladas por la espalda. Después a ti te ha tocado sufrir todos los daños, gracias a que quisiste minimizarlos y la otra persona aprovechó este espacio de reflexión para terminar con todo. Después a ti te a tocado cargar con la “rabia” de sentirte el tonto, de comprobar como por querer proteger a los dos has sido el único que ha salido herido.

Te das cuenta de que mientras deliberabas para causar el menor daño posible alguien “te la ha jugado”. Sin el menor atisbo de decencia. Eso causa ira y rencor e incluso puede hacer que te sientas estúpido. Una sensación que piensas que no se marcará en la vida.

Estás en tu derecho de sentirlo. Puedes vivir perfectamente con ello, pero no sabes cuándo se te pasará por completo. De repente, un día precedido de otros de tantos y sin apenas ser consciente de ello, llega el momento esperado en el que piensas: “De lo que me libré, dichoso el momento”.

Detente porque es un momento “deluxe”: adiós a la ira, que entre la indiferencia y bienvenido sea el humor. Esa sonrisa de alivio al ser conscientes de lo que nos hemos librado es altamente cotizada en la bolsa de la salud psicológica. Para saborearlo, antes has tenido que actuar de forma limpia, ser dañado y luego quizás guardar rencor durante un tiempo.

Has pasado por lo necesario, ese era el décimo de la lotería que has jugado como cualquiera que se atreve a jugar y también a perder. En esa sonrisa solitaria o acompañada, está el premio gordo.

Nuestras decepciones en la vida, nuestros “detox” futuros

Gestionar una decepción o una traición no es fácil. Tampoco lo es estar atascado/a en una rotonda que siempre te lleva a las mismas discusiones. Prolongar un malestar por costumbre, por piedad, es entrar en un bucle de estrés sin fin. No hay nadie tóxico “per se”; eso es falso. Hay relaciones que lo son o que se transforman en ello. Identificarlas y acabar con ellas no es tarea fácil, sobre todo si pretendes hacerlo como una persona madura.

Jamás te sientas débil por haber intentado hacer las cosas bien y haber sido traicionada/o. En un futuro, sabrás como tomar un “zumo detox” sin haberte intoxicado antes. Sabrás detectar las señales que no te interesan antes de que te lleguen hacer daño de verdad. Aprenderás a ir cerrando puertas sin hacer ruido y sin que nadie se estampe con ellas. Además aprenderás a asumir que el resto tienen el mismo derecho a hacerlo contigo.

Querer hacer las cosas bien en la vida dice mucho de nosotros. Acabar con matrimonios de 40 años, amistades de la infancia o dejar nuestra primera oportunidad laboral, que hace tiempo que dejó de ser oportunidad para convertirse en castigo, son cuestas de pendientes pronunciadas.

Sin embargo hay personas que no se toman la molestia de hacerlo con cuidado y te toman la delantera, traicionándote de una forma vil, burda y cobarde. No te sientas nunca ridícula por haber querido hacerlo bien, por no jugar sucio. Sentirás ira, pero deja que fluya.

Todas esas decepciones se convertirán en tu “detox” futuro. A la próxima señal de desgaste, no más rodeos. No más relaciones inocuas prolongadas. No querrás hacerlo tan bien para hacerlo de la mejor forma posible: indiferencia absoluta.

Después de la ira, la indiferencia, y por último la sonrisa

Lo que pase con la evolución de los demás no es asunto tuyo, pues hasta la gente más despiadada puede llegar a tener suerte en la vida. Piensa en dónde estás respecto a lo que quieres ser, y reconoce el valor de mantenerte en ese camino frente a la tentación en la que han caído otros. Este, y no otro, es el mejor punto de referencia para que, pese a las decepciones, no abandones a tu sensibilidad en las despedidas que son necesarias.

No vamos a negar que es un proceso duro ir desvinculándose de ciertas personas y hábitos a lo largo de la vida. Creerás que pierdes tu identidad y cada golpe te parecerá un pozo sin fondo. No sabemos si en realidad estamos cambiando para bien o para mal hasta que un día cualquiera empezamos a recordar lo que un día nos masacró emocionalmente de una forma distinta.

De repente, en un momento, nos reconocemos como supervivientes.

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No nos sentimos extraños respecto nosotros mismos. Miramos nuestras manos, sentimos el peso de nuestras piernas y tomamos conciencia de nuestra presencia. Incluso sin pedir ayuda y sin que nadie nos la prestara, seguimos en pie. Entendemos que en la levedad del ser, está toda nuestra potencia para estar presentes de verdad.

No necesitamos ya el visto bueno de nadie. Nos da igual ser perdedores a la vista de los demás. Hemos ganado la batalla que solo podría librarse de forma interna. Empecemos pues a reírnos, solos o acompañados. Por encima de la rabia, sintamos ese orgullo por haber actuado de cara y en sintonía con la persona que somos.

La sonrisa solo se dibuja auténtica cuando te hace sentir en paz contigo mismo, pese a que las circunstancias eran difíciles y existía el peligro de que te traicionaran, como finalmente terminó sucediendo. Ahora, tu sonrisa es el eco porque, si bien un día alguien te decepcionó, tú no lo hiciste contigo mismo.

Ya sabes cómo funciona el proceso y eso sirve de mucho. El que ríe el último ríe mejor porque no se ríe de nadie. Contempla a lo lejos cómo los que provocan daño se adentran más, casi sin oxígeno, en la oscuridad que ellos mismos han invocado.

Vía: lamenteesmaravillosa

La dignidad no es negociable

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La dignidad no es negociable

Algunas veces en nombre del amor, ponemos nuestra dignidad en una posición comprometida, exponiéndonos a situaciones en donde podemos resultar humillados, menospreciados o poco valorados. Generalmente en esas situaciones se va detrás de alguien que no está dispuesto a darnos el valor que nos corresponde y cuando esto ocurre e insistimos, hay dos personas que no nos aman y una de ellas somos nosotros mismos.

Lo que recibimos de los demás es un reflejo de lo que nos damos a nosotros mismos, si sabemos respetarnos, cuidarnos y querernos, difícilmente otra persona sentir por nosotros algo diferente, sencillamente porque queriéndolo o no, proyectamos en los demás lo que llevamos dentro y establecemos límites de respeto determinados por lo aquello que creemos merecer.

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Aprendamos a valorarnos a nosotros mismos, a colocar el amor propio por encima del amor a otra persona, alguien que no se ama, no puede inspirar amor, solo lástima, quizás culpa, pero nunca amor. Si decidimos arrastrarnos por amor, no debemos quejarnos de recibir migajas, inclusive de que nos vean con desprecio, porque no podemos pretender que los demás hagan por nosotros lo que no sabemos hacer: respetarnos.

Comencemos por querernos, aceptarnos, entender que si decidimos dedicar nuestras energías a alguien, debemos ser correspondidos, si no lo somos, debemos marcar retirada, aunque nos duela, porque no tener a alguien en nuestras vidas, siempre será mejor que no tenernos a nosotros mismos.

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A veces podemos pensar que una persona en particular es lo mejor que podemos conseguir, que se nos está pasando el tiempo, que tenemos limitaciones para conseguir el amor, que todos tienen mejor suerte en el amor que nosotros, pero todo esto no es más que el reflejo de la poca seguridad que sentimos en nosotros mismos y la poca confianza en el proceso de la vida.

Dejemos ir a quien no quiere estar, dejemos de buscar a quien sabe dónde encontrarnos, destinemos todos esos pensamientos improductivos, que dedicamos a alguien que no nos tiene como prioridad en sus vidas a cómo podemos hacer para hacer de nosotros nuestra mejor versión, amándonos por sobre todas las cosas.

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Entendamos que es mucho mejor una soledad digna a conformarnos con los restos de alguien. No debemos suplicar atención, mucho menos amor. Busquemos relaciones equilibradas, que nos brinden satisfacción, placer, risas, compañía, solidaridad y podamos dar lo mejor de nosotros, siendo gratamente correspondidos.

La dignidad no se negocia, no se trata de ser orgullosos, se trata de entender nuestro rol y el valor que debemos darnos a nosotros mismos. Nadie nos obliga a nada, son nuestras decisiones las que nos colocan en determinadas situaciones, así que tomémoslas colocando nuestro amor propio como prioridad.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Solemos entender el valor de los momentos cuando se convierten en recuerdos

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Solemos entender el valor de los momentos cuando se convierten en recuerdos

La realidad es que pocas personas logran percatarse de lo que viven en su momento presente y darle el valor que corresponda, especialmente por estar pensando en otra cosa o esperando algo diferente que podría ocurrir en el futuro.

La frase: era feliz y no lo sabía, tiene tanto contenido de verdad que produce tristeza, vamos por la vida detrás de algo que muchas veces ni siquiera sabemos exactamente qué es lo que es, para luego de mucho recorrer, sentir que ese algo lo tuvimos en nuestras manos y no supimos reconocerlo.

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Debemos estar conscientes del presente, donde todo ocurre, debemos ser capaces de apreciar las cosas importantes en los pequeños detalles, ésas que nos dibujan en el rostro una sonrisa. Podemos tener nuestra mente siempre ocupada, por lo general preocupada  y de esta manera perdernos lo que tenemos justo en frente, esa persona especial que nos acaricia, ese juego con nuestro hijo pequeño que a veces queremos que termine pronto para hacer cosas de “mayor importancia”, ese café matutino que nos despierta y muchas veces nos tomamos por el simple hábito adquirido, son solo muestras de pequeños detalles que llenan nuestras vidas.

El poder accionar es algo que solo ocurre en el presente, porque es de lo único que disponemos, poder decir lo que sentimos, poder abrazar, poder dar, poder recibir, solo lo podemos hacer en un solo tiempo. El pasado son solo recuerdos que traemos al presente de una manera por lo general distorsionada y el futuro aun no es accesible a nuestras vidas.

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Así que no permitamos que algo esté en nuestros recuerdos para darle valor, no vivamos buscando aquello que creemos necesitar, ni esperando que las condiciones cambien para ser felices. Seamos felices con lo que tenemos en este preciso momento, demos prioridad a nuestros afectos, dediquémonos tiempo, hagamos las cosas con amor y entrega, pensemos que no tendremos otra oportunidad para vivir un momento determinado, así que hagámoslo desde el corazón, que cuando llegue a ser un recuerdo no queramos sumarle valor, ni mucho menos cambiarlo, que estemos satisfechos con lo que dimos e hicimos con los recursos que teníamos para ese entonces.

La vida se diluye rápidamente, saquémosle el jugo, exprimamos el tiempo, perdamos la costumbre de postergar, de no decir lo que sentimos, de no disfrutar y de no agradecer. Cada momento contiene la magia que nosotros le impartamos. Si este fuese tu último momento, ¿cómo lo vivirías?

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Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Tanto que hacer con tu vida y ¿prefieres dedicarla a lo que no te hace feliz?

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Tanto que hacer con tu vida y ¿prefieres dedicarla a lo que no te hace feliz?

Parece un tanto ilógico, pero es lo que hacemos la mayoría de las personas con nuestro tiempo. Dedicamos la mayor parte de nuestra vida a cosas que no nos hacen felices, muchas veces ni siquiera logramos descubrir qué es aquello que nos hace vibrar, vivimos una vida sin propósito, sin pasión, en donde cada uno de sus días se parece mucho al anterior.

La vida nos ha sido ofrecida para disfrutarla, para bailarla, para sentir sus aromas y entender sus mensajes, la vida es para conocer personas, sitios, sabores, para admirar amaneceres y dormirnos con el sonido del mar de fondo, la vida es para admirar cada milagro, para enamorarnos de lo que hacemos, para reír, incluso para llorar, para aprender a amar y para ser amados.

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La vida es complicada si la vemos de esa manera, si aprendemos a relajarnos, a fluir con ella y a dedicarle nuestro tiempo a lo que nos hace feliz, realmente estaremos montados en la ola correcta, aprendiendo y creciendo, pero siempre disfrutando.

El amar la vida comienza por amarnos a nosotros mismos, aceptarnos, dejar de juzgarnos y limitarnos, no sabotear nuestros planes y menos nuestra vida cuando creemos que todo marcha bien, sentirnos merecedores de todas las bendiciones, porque ellas están allí disponibles para cada uno de nosotros. Solo cuando miramos con ojos de escasez es que obtenemos de la vida sobras y migajas.

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Pensemos prósperamente, no nos conformemos con un poquito, ni un parcial, vayamos detrás de sueños gigantes, que si nos sentimos capaces y merecedores, esos sueños se nos harán pequeños. Aprendamos a valorar las pequeñas cosas, que de seguro más adelante nos daremos cuenta de que en esos detalles estaba lo realmente importante de la vida.

No dejes que la monotonía te atrape, rinde tu tiempo, si tienes obligaciones que cumplir, organiza tu agenda de manera tal de que lo que te hace feliz no quede por fuera, ni un solo día. De igual manera cualquier cosa que demande tu tiempo hazla con amor, con agradecimiento por lo que te ofrece y así estarás entrando en sintonía con la prosperidad de la vida y a tu corazón le será más sencillo mostrarte el camino cuando tu actitud ante la vida es positiva.

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Aprende a silenciar tu mente, a veces ella por no salir de la zona de confort se encarga de alimentar ideas catastróficas asociadas a las consecuencias de atreverse, de ir tras lo que realmente queremos y si le damos control total, terminamos en una castrante cárcel creada por nosotros mismos. Tienes mucho por hacer, dedica tu vida a lo que realmente lo merezca.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Hay personas que te alegran la vida al entrar a tu vida y otras al salir de ella

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Hay personas que te alegran la vida al entrar a tu vida y otras al salir de ella

Cuando damos cabida a nuestras vidas a nuevas personas, normalmente lo hacemos con la intención de que nos aporten o al menos que no nos resten, sin embargo, en muchas ocasiones a medida que nos involucramos más con alguien, no nos queda más remedio que reconocer que lo que hacen es restarnos.

Existen personas que nos roban energía vital, que nos desgastan con sus actitudes, que cuando deciden o decidimos alejarnos sentimos un gran alivio, inclusive nuestro cuerpo experimenta una explosión hormonal que nos hace acercarnos más a ese anhelado estado de felicidad.

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No debemos olvidar que toda persona que se acerca a nosotros nos hace una invitación a una revisión interior, nos invita a crecer a través de ellos. Cuando estamos vinculados a una persona desgastante es útil preguntarnos para qué y esto puede abrirnos una serie de posibilidades por donde podemos enrumbar nuestro crecimiento.

Algunas personas nos enseñan sencillamente a amarnos lo suficiente como para no tener que someternos a las conductas de otros, a colocar nuestra vida como prioridad y ser lo más fieles posibles a nosotros mismos, respetándonos, diciendo que no de manera oportuna, sintiéndonos merecedores de lo mejor.

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Algunas otras nos muestran aspectos no aceptados por nosotros, nos podemos reflejar en ellas y tratar de ver en nuestro interior aquello que debemos trabajar para ser mejores cada día.

También ocurre que sirvamos de maestros o ayuda para quien está vinculado a nosotros y podamos ayudarlo, pero esto nunca debe costarnos nuestra paz, debemos prestar apoyo, servir al otro sin caer en déficit con nosotros mismos.

Sea cual sea el escenario, mientras más pronto veamos lo necesario, con mayor velocidad podemos alejarnos de cualquier lección dolorosa. Y así cuando ocurre no tendremos amarres inexplicables, sino que dejaremos ir desde lo más profundo sin sentir ningún tipo de vacío o remordimiento en nuestro interior.

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Aprendamos a saber cuándo ha sido suficiente, cuándo ya podemos soltar los amarres y partir a nuevo destino. Nadie nos devolverá el tiempo que invirtamos de manera equivocada, por eso procuremos siempre optar por aquello que nos nutra y le dé sosiego a nuestro ser.

La vida es para disfrutarla, no para sufrirla, el sufrimiento es opcional, así que si nos encontramos en una relación que nos genera más incomodidad que placer, evaluemos las opciones, decantando siempre por la que nos dé paz.

Decir adiós puede no ser sencillo en algunas circunstancias, pero en otras es la experiencia más liberadora.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Las mejores cosas siempre son gratis: soñar, abrazar, reír…

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Las mejores cosas siempre son gratis: soñar, abrazar, reír…

Las mejores cosas de nuestra existencia, en realidad, nunca son “cosas”: son momentos, lecciones, recuerdos, son abrazos intensos bajo la lluvia y emociones que recorren nuestra piel por aquellas palabras sinceras susurradas al oído. Todo ello acontece cuando nos sentimos verdaderamente libres y receptivos a lo que nos rodea, sin miedos, sin actitudes limitantes, sin prejuicios…

Una de las premisas que definen a la psicología positiva es la eterna cuestión de cómo ser más feliz. Martin Seligman, máximo representante de esta tendencia y célebre psicólogo famoso ante todo por sus trabajos sobre la depresión y la indefensión aprendida, nos señala que una forma de conseguirlo es mediante el “engagement”. Sería esa capacidad para involucrarnos en los aspectos más positivos y simples de la vida, tales como soñar, abrazar, reír…

Las mejores cosas de esta vida son gratis y no se pueden ver, porque las ofrecemos y las sentimos con los ojos cerrados: besar, abrazar, soñar…

Por curioso que resulte, no siempre es fácil darnos cuenta de cómo nos enriquecen este tipo de actos tan simples. A veces, perdemos el rumbo de tal manera que al final, acabamos construyendo una vida en la que no somos felices. Nosotros mismos alzamos nuestras propias cárceles y esos escenarios donde se pierde el valor de las cosas más sencillas, las más auténticas…

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Las psicología positiva y el valor de las pequeñas cosas

Hasta no hace mucho la psicología se centraba -ante todo- en describir esas áreas asociadas o bien a patologías o a aspectos negativos como la depresión, el estrés, la ansiedad. A casi nadie se le había ocurrido enseñarnos algo tan esencial como aprender a “ser felices”. Era como si cada uno de nosotros llegáramos al mundo con “un chip” instalado de fábrica que nos facilitaba alcanzar ese estado de forma natural.

No obstante, el ser humano tiene una extraña “habilidad” para no ser feliz o al menos, no sentirse tan realizado o satisfecho como desearía. Por ello, en 1999 la Organización Gallup fundó el Instituto de Psicología Positiva y en el 2006 Martin Seligman se convirtió en uno de los principales abanderados de esta tendencia que incide en diferentes aspectos, como que la riqueza no da la felicidad o y que la modernidad o la tecnología tampoco hace a las personas más alegres…

Un aspecto esencial que nos enseña la Psicología Positiva es que las emociones negativas nos ayudan a sobrevivir de forma individual. El miedo, nos empuja a huir, la tristeza a reconocer que algo va mal para “reconstruirnos por dentro”. Por su parte, las emociones positivas nos permiten conectar con los demás para sobrevivir como especie, de ahí los abrazos, las palabras amables, las caricias, la amistad, el amor…

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Las mejores cosas nunca son “cosas”

Tal Ben-Shahar es toda una referencia en el campo del estudio de la felicidad y el liderazgo. Es profesor de Harvard y sus clases siempre baten récords de matriculación por el gran interés que suscitan sus teorías, las mismas que ha reflejado en libros como “La búsqueda de la felicidad” o “Practicar la felicidad, un diario para tu realización”.

Disfruta de las pequeñas cosas de la vida, algún día te darás cuenta de que eran las mejores.

Queda claro que al gran público ya no nos interesa tanto saber qué es una depresión o qué síntomas tiene el estrés. Las personas queremos que nos indiquen cómo ser un poco más felices o al menos, cómo lograr sintonizar con nuestro interior y el entorno para sentirnos bien.

Estas serían algunas de las claves que nos indica el profesor Tal Ben-Shahar.

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Claves donde se inscribe la felicidad

Las mejores cosas son aquellas que no se programan y que surgen de forma espontánea. Uno de los focos de estrés e insatisfacción más habitual es el hecho de marcarnos altas metas o el proponernos alcanzar aspectos poco realistas.

  • La necesidad de aparentar juventud eterna, de acumular cosas, de alcanzar éxitos… Todo ello tiene un límite, y ese límite es no caer en el perfeccionismo neurótico sino en el positivo, aquel que es realista, que agradece lo que tiene, lo que uno es y lo que le rodea.
  • No hay que tener “miedo al miedo”. Lo señalábamos antes, las emociones negativas como el miedo son toques de atención individual que hay que saber atender y aceptar, para después superar. Si vivimos, por ejemplo, con miedo a equivocarnos jamás aprenderemos, jamás daremos el paso hacia la oportunidad o el cambio.
  • Conoce tus emociones y sírvete de ellas. Ya sabemos que las emociones negativas son armas de autoconocimiento, y en lo que respecta a las positivas, debemos verlas como canales de crecimiento y de expansión. El simple hecho de propiciarlas y desarrollarlas cada día a través del afecto, de la comunicación empática, del respeto y el cariño nos permitirá conectar con los demás para poder crecer por dentro y por fuera, y a su vez, ser mucho más libres.

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Para concluir, algo que nos señala Ben-Shahar es que no debemos obsesionarnos con la idea de una felicidad eterna. Algo así es poco más que un ideal imposible. Se trata más bien de liberarnos de todas las cargas posibles y de vivir en equilibrio, en armonía, en serenidad.

Las mejores cosas no siempre las trae el dinero ni el éxito. De hecho, es muy posible que la auténtica felicidad ya esté a nuestro lado, con nuestros amigos, nuestras parejas, nuestros hijos..

Vía: lamenteesmaravillosa

En este momento de mi vida estoy buscando hacer exclusivamente lo que me hace feliz

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En este momento de mi vida estoy buscando hacer exclusivamente lo que me hace feliz

Cuánto tiempo tuvo que pasar para darme cuenta de que invertía la mayoría de mi tiempo en cosas que realmente no me llenaban, que guardaba para mí y para lo que realmente me apasionaba solo las sobras, los minutos restantes, quizás representaban un sacrificio de mis horas de sueño, pero de seguro nunca tenían una posición privilegiada en mi lista de prioridades.

No conforme con esto, el tiempo que finalmente fabricaba para aquello que me hacía vibrar iba cargado de una cuota de remordimiento y por pensamientos constantes que me desconcentraban y me hacían preocuparme por cosas que estaban aconteciendo en mi mente en otro tiempo, o bien me cargaba de nostalgia, con recuerdos de mi pasado… En fin pocas veces lograba estar realmente allí.

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Resulta que en algún momento comencé a perder el interés por casi todo lo que hacía, mi vida completa gritaba por un cambio, me sentía consumida en la rutina, en la generación de dinero, en un callejón en donde muchos estamos, pero que algunos creemos morir asfixiados en él. Comencé a cuestionarme muchas cosas de lo que hacía, comencé a estar consciente de cómo vivía mis experiencias. Necesitaba entender por qué todo lo que había tenido mi atención durante prácticamente toda mi vida, ahora resultaba tan banal, tan prescindible.

Comprendí que no por nuestra crianza, por la sociedad, por los lineamientos que nos dictan desde que somos muy pequeños, llegamos a creer que lo más normal representa una mejor vida, pero resulta que si no te hace vibrar, no importa, no es lo que debes hacer, no  es donde debes estar.

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Debemos escuchar a nuestro corazón cuando se expresa y nos dice: ¡Muévete! Debemos dejar los miedos a un lado y actuar, debemos escuchar esa voz interior que tenemos toda la vida mandándola a callar, cuando ella trata de llevarnos a donde debemos estar. Nuestra mente acostumbrada a sus creencias y sus pautas quiere mantenernos “seguros”, todo lo desconocido es un riesgo, pero de seguro no habrá sitio más seguro que una urna.

No es sencillo callar nuestra mente, no es sencillo romper paradigmas y sencillamente dejarnos guiar por nuestra intuición. Más aún cuando no logramos identificar esa voz. Pero si interpretamos lo que sentimos tendremos una buena guía, si sentimos esa alegría que proviene del alma, si no podemos borrar la sonrisa de nuestro rostro, muy probablemente estaremos orientados por un buen camino.

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Dedica tu tiempo a hacer lo que te haga feliz, haz las cosas con amor, agradece cada oportunidad, cada día, cada respiro, estamos aquí y mientras eso ocurra es nuestro deber hacer que valga la pena, que nuestro libro de vida tenga muchas experiencias, amores, lágrimas, intensidad, pasión!!… que pasemos realmente por la vida y no al contrario. Que nuestro corazón se acelere muchas veces al día mostrándonos la vibración de la vida. Nunca digas que es tarde, no importa cómo hemos invertido nuestro tiempo, lo importante es lo que haremos desde este preciso instante en adelante.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

Lo que duele es no haberlo intentado en aquel momento, cuando había oportunidad

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Lo que duele es no haberlo intentado en aquel momento, cuando había oportunidad

La intuición nos habla casi a cada instante, pero no siempre la atendemos. Las corazonadas son como el rumor que uno escucha al poner el oído en una caracola. Están ahí, pero no siempre desciframos su lenguaje, hasta que un día, comprendemos lo que quisieron decirnos en su momento: “hazlo, atrévete, vete a ser feliz“.

Entre las múltiples y singulares experiencias del mundo emocional está sin duda esa extraña sensación donde uno pone la mirada atrás y se da cuenta de muchas cosas. Una de ellas es la de haber descubierto tarde algo que ya percibimos en su momento. Un viaje para el cual debimos comprar el billete, un rostro y un nombre que nunca debimos amar o una cerradura en la que nunca debimos introducir la llave.

¿Por qué actúa así el ser humano? ¿Por qué no procedemos de forma acorde a nuestras intuiciones o deseos en un momento dado? Hemos de entender en primer lugar que las personas no somos infalibles. Avanzar en nuestros ciclos vitales es como poner los pies sobre las rocas que cruzan un río. Unas serán más seguras que otras, y a instantes, será necesario confiar en nuestro instinto para dar ese salto arriesgado pero acertado.

En otros momentos, sin embargo, no hay más remedio que retroceder para tomar perspectiva y recuperar el equilibrio. No siempre estamos preparados para esos grandes pasos aunque una voz nos diga que es lo mejor para nosotros. Lejos de lamentarlo, lejos de sumirnos en un adagio triste y perpetuo de lo que “pudo ser y no fue”, es necesario instaurar nuevas perspectivas.

pies andando en un rio

El momento perdido y el “yo” melancólico

Empezaremos siendo objetivos: hay trenes que ya no vuelven a pasar. Llegarán muchas más ofertas de trabajo, sin duda, pero no aquella que no te atreviste a aceptar porque te obligaba a irte lejos. Llegarán también muchas más personas a tu vida, pero nunca esa voz sincera que prometía ser lo mejor para ti, y que aún así, dejaste ir. Ahora bien, que dejáramos pasar una oportunidad concreta no implica que aparezcan otras diferentes e igual de ilusionantes.

Poner nuestra mirada en el retrovisor de nuestras vidas nos hace caer a menudo en un extraño sortilegio. Llegamos a pensar que lo que hicimos o no hicimos en su momento pudo traernos la auténtica felicidad. “¿Por qué lo dejé ir si era lo mejor para mí?” ¿Por qué decidí hacer esto o lo otro si algo en mí me indicaba que no era lo correcto? Este tipo de pensamientos que nos llevan a una suerte de deriva emocional tienen un nombre: son los pensamientos contrafactuales.

Cuando empezamos a especular imaginativamente sobre lo que hubiera podido ocurrir, aplicamos el pensamiento contrafactual. Es un mecanismo mediante el cual el ser humano imagina, visualiza o construye alternativas a los hechos y a los acontecimientos ya sucedidos. Se activan con una meta fallida, con una relación perdida, con un sueño evaporado por la falta de valentía, para dar forma mediante la imaginación a lo que tendría que haber pasado.

imagen lluvia

Son muchas las personas que viven mentalmente sumidos en este especie de “multiverso” o universos múltiples donde diferentes “yos” llevan a cabo “lo que pudo haber sido y no fue”No obstante, lo único que se consigue con ello es diluir por completo la propia identidad. Vale la pena recordar lo que dijo Heidegger una vez sobre este mismo tema: el ser humano está destinado a renovar su pasado nostálgico -y a veces dramático-, hacia un futuro más esperanzador y sabio.

La voz de la intuición a la que no siempre atendemos

Comparábamos al inicio nuestras corazonadas con ese rumor que se escucha al poner el oído en una caracola. Uno lo oye, no hay duda, pero no sabe muy bien qué es ese sonido o de dónde viene. Es interesante saber que esos murmullos del interior de las caracolas, lejos de ser el rumor del mar o producto de nuestra imaginación, es en realidad el aire del exterior vibrando en ese objeto semicerrado. La propia caracola hace de amplificador.  

Con las corazonadas, sucede algo parecido. Tenemos una sensación que escuchamos a modo de rumor sin darle demasiada importancia. Sin embargo, es así como se construyen las intuiciones: un elemento externo interactúa con nuestro corazón, con nuestra mente para tomar contacto con nuestro ser inconsciente. Es entonces cuando una voz interior vibra para darnos un mensaje concreto acorde a nuestra identidad. “Hazlo, es tu OPORTUNIDAD”.

tiovivo representando el ir y venir de un momento

A veces, el hecho de desoír esa voz trae una consecuencia que ya conocemos: el arrepentimiento. Malcolm Galdwell, sociólogo y experto en esta materia nos indica que los mensajes que envía la intuición son difíciles de descodificar. No siempre los entendemos, no siempre queremos escucharlos porque la lógica o la presión de quienes nos envuelven pesa demasiado. Es algo que vamos entrenando con el tiempo, siendo más receptivos, libres y conscientes de nosotros mismos.

Queda claro también que muchas veces “esa voz” se equivoca, pero si hay algo que de verdad duele, que de verdad pesa y lacera el alma no es precisamente el habernos equivocado en un momento dado. Lo que duele es no haberlo intentado cuando tuvimos la oportunidad.

Vía: lamenteesmaravillosa