A veces si ignoras, te buscan y si buscas, te ignoran…

A veces si ignoras, te buscan y si buscas, te ignoran…

Parece irónico y un tanto cruel, pero para muchos será conocida la historia resumida en el título de esta entrada. La indiferencia del otro, en muchos casos, en lugar de generar rechazo por parte de quien intenta llamar la atención, termina por generar un interés mayor.

Podemos decir que esta conducta se justifica en la alimentación del ego, que no aguanta una negativa por respuesta y el que le ignoren representa el inicio de un reto que ganará al derribar las barreras que lo separan de su objetivo. Por el contrario, lo sencillo, lo que no presenta mayor obstáculo y no amerita mucho esfuerzo, se asume como seguro y con ello puede inspirar desinterés.

Tenemos cierta tendencia por irnos por lo complicado, quizás por aquellas creencias de que lo mejor requiere sacrificios, que si vale la pena, no será sencillo, que sin pena no hay ganancia… Creencias que solo inyectan a la vida un drama innecesario, porque la vida será como la pensemos, como creemos que será y si esto es lo que albergamos en nuestra mente, pues debemos estar preparados para asumir reto tras reto que nos presente la vida, presentándonos una y otra vez la oportunidad de sacrificarnos y esforzarnos por aquello que deseamos.

Mientras tanto, para quienes creen en la simpleza de la vida, les resulta más sencillo darle la bienvenida a las maravillas presentes en cada detalle, sin que eso requiera sacrificios o inversiones realmente trascendentales de tiempo, energía y cualquier otro recurso.

Lo cierto es que no todos somos iguales, no todos reaccionamos de la misma manera ante situaciones similares y es por ello que no es viable generalizar o establecer una estrategia para despertar el interés de quienes nos gustaría tener cerca. Sin embargo, si debemos calcular demasiado, quizás esto no corresponda a lo más enriquecedor sea para nosotros.

Si te ignoran por estar, por buscar, por dar… No estás siendo sanamente correspondido, no te desgastes en quien no lo valora. No todo el mundo está preparado para recibir y cuando lo hace, en lugar de utilizarlo como alimento para el alma, lo hace para alimentar su ego. Desde allí se le dice adiós a la humildad, a la autenticidad, a lo real y se le da paso a esa posición arrogante que da por sentado el cariño que le ofrecen y prefiere una cruzada en la cual se juegue su conquista, como un trofeo inalcanzable, que pone a prueba sus capacidades y su sed de victoria.

A veces estaremos en cualquiera de los roles, inclusive sin habernos dado cuenta, pero tomemos consciencia para valorar a quien nos dedica su interés y aun cuando no demos para recibir, procuremos relaciones equilibradas, donde nos sintamos cómodos y correspondidos en cuanto a lo que ofrecemos y obtenemos en nuestras dinámicas afectivas.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú