Duele menos un adiós que una triste compañía

Duele menos un adiós que una triste compañía

A muchos de nosotros nos cuesta convencernos de que algo en nuestras vidas ha dejado de aportarnos cosas positivas y que ha pasado a ser fuente de dolor y frustración. Es triste someternos a cualquier cosa, sobre la cual podemos elegir, que nos mantenga sumergidos en el drama, en la intranquilidad, en la desesperanza.

Ciertamente hay situaciones dolorosas de las cuales no nos podemos zafar con facilidad, bien porque tenemos un compromiso, porque sentimos que debemos compartir una carga o porque consciente o inconscientemente tenemos un ancla puesta en ese sitio que solo retiraremos cuando hayamos aprendido lo necesario y de cualquier manera en estos casos, es necesario cambiar nuestro enfoque y buscar la manera de preservarnos durante el proceso.

Por otra parte, hay situaciones opcionales, que ya nos mostraron lo que teníamos que ver, que son desgastantes y aun así, encontramos una y otra excusa para permanecer allí.

Vale la pena revisar los motivos que nos impiden decir adiós, sin embargo, no es difícil adelantar que algunos miedos estarán rondando en nuestra mente. Evidentemente si a lo que nos hemos anclado, no es algo, sino alguien, es posible que aun resultando nocivos los efectos de la relación sobre nosotros, puedan existir sentimientos sobre los cuales podamos sustentar nuestras ganas de estar allí y prolongar nuestra estadía.

Sin embargo, cuando en balanza colocamos lo gratificante de la relación, versus lo abrumadora que pueda ser y la balanza se inclina hacia lo negativo, es momento de evaluar con objetividad cada una de nuestras posibilidades, entendiendo que muchas veces es el amor propio el que debe prevalecer.

Es necesario que sea el amor y el egoísmo el que nos oriente, porque muchas veces actuamos de manera impulsiva y perdemos grandes amores, solo por no saber diferenciar y darle valor a lo que realmente lo tiene en nuestras vidas.

Las relaciones cambian, nosotros cambiamos, pero si nos escuchamos realmente, podremos tomar decisiones acertadas, procurando el mayor bien para la mayoría de los involucrados. Si es necesario decir adiós, lo sentirás desde el fondo de tu ser, cada célula de tu cuerpo te hablará de lo mismo y no deberías demorarte más.

“Poder decir adiós es crecer.”

No tengas miedo de decir adiós, a veces para llegar al sitio donde más nos conviene estar, es necesario que tomemos rutas alternas, atajos e inclusive que andemos en dirección contraria, pero al final del camino, normalmente nos damos cuenta de que no era posible habernos saltado ni un solo paso de los andados, que cada uno nos llevó a donde debíamos estar… Y es ahí donde  entendemos por qué no funcionó antes. Pero para abrir nuevas puertas, siempre es necesario cerrar otras.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú