Pocas cosas pueden ser tan humillantes como exigir fidelidad

Pocas cosas pueden ser tan humillantes como exigir fidelidad

Si te encuentras en cualquier punto de tu relación en donde consideras conveniente y oportuno EXIGIR fidelidad, no quisiera desalentarte, pero lo único que deberías exigir, especialmente a ti mism@, es una revisión de esa relación, sus términos y sus compromisos que al parecer necesitan ser impuestos, en lugar de asumidos desde el corazón.

Nadie ofrece lo que no tiene para sí, si alguien no se es fiel a sí mismo y no se respeta, difícilmente podrá respetar a la persona que se relacioné con él. Mientras que por el contrario, quien se ama y es capaz de amar de forma sana, no necesita que le dicten las pautas.

No podemos imponer en el otro lo que creemos merecer, ni amor, ni respeto, ni atención… ni fidelidad, todo esto debe nacer de cada quien, sin que exista un ápice de presión por parte de quien lo recibiría. Si no se da de forma espontánea, más temprano que tarde llega a un punto de quiebre.

Si nos ponemos un tanto prácticos y dejamos un tanto los sentimientos a un lado, ¿realmente podemos pensar que nos conviene tener a alguien al lado de quien desconfiemos en tal medida, que le lleguemos a exigir algo, que se sobreentiende en cualquier relación que corresponda a nuestra cultura, salvo algún acuerdo mutuo?… Pues lo más probable es que la respuesta sea no.

Evidentemente para cada quien tiene un peso particular la fidelidad dentro de la relación, para algunos es algo esencial, mientras que otros le dan mayor peso a muchas otras cosas, por lo que su importancia tiende a bajar en el esquema de prioridades.

En lo particular, pienso que la fidelidad tiene mucho que ver con el amor, con el respeto, con el cuidado, con la lealtad y quien falle en términos de fidelidad, está quebrantando otros pilares esenciales de las relaciones. Evidentemente sumando a los mencionados, nuestra querida confianza, que es la que nos da la paz que toda persona merece al vincularse a alguien más.

Cuando hablamos de que alguien desconfía de su pareja, solemos achacarle una buena cantidad de complejos e inseguridades a esta persona, pero lo cierto es que a veces cuando se ama, quien recibe ese amor, tiene habilidades especiales para quebrantar la confianza y quizás sean cosas ligeras o bien se estén experimentando segundas, oportunidades luego de un engaño que hacen más difícil el creer. En todo caso será complicado para ambos lados.

Ciertamente una infidelidad no debe ser necesariamente el fin de una relación, sin embargo, ambas partes deben estar conscientes de que algo se rompió para no poder repararse nunca más y si quieren seguir juntas, deben aprender a vivir con eso, cada quien colocando de su parte. Evidentemente quien ha sido infiel, deberá como hormiga intentar recuperar la confianza y la otra parte, deberá ser capaz de creer y apostar por una nueva relación, juntos y comprometidos.

Si las tendencias no cambian a la infidelidad y al irrespeto no cambian, o al menos así lo percibe la parte más afectada, pues sería oportuno preguntarse ¿cómo se quiere vivir el resto de los días? Pero resulta bien importante considerar que si se decide soltar esa relación que se convirtió en dolorosa y angustiante,  se debe trabajar en la sanación de las heridas, en el perdón y en el soltar, evitando generalizar, porque si no se estará viendo posibles amenazas a la paz y a la tranquilidad en cualquier relación que se establezca a posterior.

Reconoce tu valor y entiende que el amor bonito, sano y leal, llegará a ti, cuando te sientas merecedor (a) de él.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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