Te resultó más sencillo ver mis errores, que ver todo lo que hice por ti

Te resultó más sencillo ver mis errores, que ver todo lo que hice por ti

Quizás injusto sería un buen adjetivo para calificar tus conclusiones. Ciertamente en ningún momento hice algo por ti o por nosotros buscando llevar o superar un record personal, sin embargo, si de juzgarme se trata, cómo me hubiese gustado que al menos te hubieses dado por enterado de mi esfuerzo prácticamente constante por complacerte, por ayudarte, por facilitarte la vida, por hacerte feliz…

Cuando algo no va bien, una lupa se coloca sobre los errores

Un ambiente armónico permite ser objetivos al momento de evaluar determinadas circunstancias, permite observar las cualidades de alguien sin ningún velo y evaluar con justicia sus errores. Sin embargo, cuando el ambiente se torna turbio, hasta las cosas comunes parecen desagradar, la paciencia se pierde con facilidad y las cosas positivas se desvanecen en la nada.

La tolerancia parece venir en un frasquito, cada vez que lo necesitamos tomamos un sorbo o vertemos sobre aquello que sentimos que lo requiere, sin embargo esa cantidad es limitada, por lo que conscientemente debemos restaurar las cantidades de aquello que resulta esencial en las relaciones interpersonales. Porque siempre habrán cosas que nos disgusten, siempre podemos pensar que hay mejores maneras de llegar a un resultado, siempre podemos desear que alguien a quien amamos mejore (de acuerdo a nuestro criterio) alguna de sus características.

El llenado de ese frasco debe estar cargado de mucho reconocimiento de lo que somos, de observación, de empatía, de protección y de amor. Cuando el frasco de la tolerancia se vacía y no reponemos su contenido, terminamos por sensibilizarnos ante lo que consideramos errores, demandamos cosas que no llegan y vemos con frustración los intentos infructuosos del otro de llegar a un punto determinado.

Lo cierto es que en las relaciones en algún momento algo pareciese romperse y en ese punto dejan de importar las cosas que hemos recibido, nos cargamos de información que mueve la balanza en contra de la relación, hasta que finalmente se produce algún tipo de ruptura.

Evidentemente ese algo no revienta de la noche a la mañana, es por ello que debemos estar alertas en nuestras relaciones, cultivarlas y cuidarlas, los detalles son la gasolina diaria… El desamor toma tiempo, sin embargo hay detonantes que aceleran el proceso y predisponen a los integrantes de una relación colocándoles ese cristal que solo ve errores, limitaciones, cansancio y por los cuales se vislumbra una brecha interesante separándonos de lo que no nos hace bien.

Todo ello tiene una connotación mental, pero se necesita un nivel de consciencia determinado y una disposición mutua para que se considere lo positivo, lo que suma y a fin de cuentas lo que justifica una relación determinada. El amor todo lo puede, pero luchar con una mente terca puede ser un proceso desgastante, sea una mente que no nos pertenece o en el peor escenario, la nuestra.

Por: Sara Espejo –Mujer.Gurú

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