Suele haber más curiosidad en conocer la vida ajena, que la propia

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Suele haber más curiosidad en conocer la vida ajena, que la propia

El conocerse a sí mismos no suele ser tan interesante para muchas personas, como conocer a otros. SI se pudiese adoptar esto desde el punto de vista del interés sano de descubrir en el otro un universo completo y trascender a través de él, perdería importancia el hecho de que generara mayor interés, porque nos descubrimos día a día a través de los espejos que se nos presentan a través de nuestras relaciones.

Sin embargo, el punto que queremos resaltar en esta entrada es el paradójico interés que muchos muestran al momento de tomar parte en la vida de los demás, mientras que el descubrirse a sí mismos y verse tal cual no es ni siquiera mínimamente interesante.

La mayoría de las personas que tienen demasiado tiempo disponible para monitorear y evaluar las vidas ajenas, terminan por invertir poco tiempo en sus propias vidas. Lo cual les llega a hacer pensar que las vidas ajenas tienen cosas más interesantes que apreciar que las propias, confundiendo así las causas y las consecuencias.

Si pudiésemos invertir nuestras energías en nosotros mismos, seríamos capaces de ver al resto del mundo con ojos más ambles y menos juiciosos. El entender nuestra propia naturaleza es lo que nos hace ser más compasivos con los demás, lo que nos hace desarrollar la empatía y desear a fin de cuentas que cada quien tenga un desarrollo personal, sin ser foco de los juicios de quienes como espectadores observan su vida.

Todos cometemos errores, pero para muchos resulta más sencillo observar los de los demás que mirar adentro. Crear caminos alternos para otros, puede ser más sencillo que levantarnos de nuestra silla para recorrer el nuestro y mirar con decepción a los demás por no resultar lo que esperamos resulta más apropiado que decepcionarnos de nosotros mismos.

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Cada quien a nuestro alrededor está haciendo lo mejor que puede con los recursos con los que cuenta, evidentemente nosotros también lo hacemos. A veces hace falta un llamado de atención para que cada quien deje de mirar a los demás como algo ajeno a sí mismo. El juzgar a otros termina por juzgarnos a nosotros mismos, en especial todo aquello que llama nuestra atención del comportamiento de otros, nos grita que veamos en nosotros aquello que criticamos.

Si somos foco de la atención de otros, muchas veces será porque nos aprecien y otras veces porque se entretienen con nuestras vidas, sin pensar que nos pueden hacer daño con sus intervenciones y hasta sus intromisiones. Pero debemos aprender a ignorar y en algunos casos rescatar lo que nos ayude a crecer y a mejorar la versión de quienes somos.

Nuestra vida es un regalo, el conocernos completamente no es posible, pero sin duda resulta un recorrido muy productivo ver en nosotros algo interesante que descubrir y orientarnos a ello. Vivamos  y dejemos vivir a los demás… si vamos a participar en la vida de alguien más, asegurémonos de que será para favorecerle.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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