No te conviertas en madre de tu pareja

No te conviertas en madre de tu pareja

Uno de los errores más comunes que solemos cometer las mujeres cuando entablamos una relación amorosa, es querer asumir un rol de madre que definitivamente no nos corresponde. Si bien es cierto que una pareja puede invitarnos con su actitud a que lo mimemos, lo cuidemos y a que lo formemos, debemos entender que aun cuando cada ser humano se encuentre en constante proceso de crecimiento, nuestro rol de pareja no debe tener que ver con el de madre.

Si hemos sacado a un hombre de su casa materna, esto no significa que debe aclimatarse a su nueva dinámica considerando que tiene una madre sustituta. Inclusive cuando sea eso lo que él espera es la mujer quien debe establecer su posición de pareja, de compañera, de amiga, de amante, pero no de madre.

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Cada uno de nosotros en edades de tener una pareja, está lo suficientemente capacitado para valerse por sí mismo, inclusive para esas “terribles labores” que implican limpiar, cocinar, planchar, recoger, etc. Y cada pareja debe ser capaz de establecer rutinas en las cuales cada quien tenga su cuota de participación y generar acuerdos con los que ambos se sientan cómodos y no explotados o sobrecargados de actividades, mucho más hoy en día cuando la mujer tiene una vida fuera de casa tanto o más agitada que el hombre.

No es responsabilidad criar a nuestras parejas, ni ocupar espacios vacíos que arrastre desde su niñez. Una pareja no es un experimento que vamos a completar, ya cada quien viene de su hogar con sus valores, con sus creencias, con sus maneras y lo mejor será que compartamos algunas o que al menos no haya ninguna que genere una incompatibilidad radical, pero no nos vinculemos a alguien con la esperanza de que cambie o con la intención de enseñarle cómo hacer algunas cosas.

Evidentemente todos crecemos en pareja, las relaciones son una oportunidad perfecta para crecer, para proyectarnos a través de otro y hacer de nosotros una mejor versión, gracias a lo que tomamos de esa persona y de lo que somos capaces de ver en nosotros a través de ese alguien que decide compartir con nosotros su vida. Pero la crianza no debe tomar parte de ese proceso.

Por mucho sentido maternal que tenga la mujer, debe abstenerse de cuidar a su pareja como si de un niño pequeño se tratase, evitando también los regaños constantes, órdenes o llamados de atención. El hombre debe sentirse como tal y no como un niño obediente o pero aun malcriado al cual intentamos adoctrinar o adaptar a nuestras maneras.

Ciertamente debemos ser capaces las mujeres de comunicarle a nuestras parejas lo que nos gusta, lo que esperamos de ellos, las consecuencias de sus acciones y cualquier otra cosa que no queremos dar por sentada y preferimos establecer las aclaratorias que tengan lugar, pero de ninguna manera eso debe ser sustituido por un rol de madre encausando a su hijo.

Ese hombre ya tuvo una madre, que independientemente de su desempeño colaboró a lo que es hoy en día. Nosotras podemos querer siempre lo mejor para nuestras parejas y nos complacerían muchas actitudes y comportamientos, pero el sembrar lo necesario para obtener algún tipo de resultado no debe salir de una nueva madre, sino de una compañera de vida.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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