Hay quienes no entienden que las personas de tanto lastimarlas, se van… y no regresan

Hay quienes no entienden que las personas de tanto lastimarlas, se van… y no regresan

La tolerancia es una facultad que se desarrolla con el tiempo y la experiencia, cuando amamos a alguien, cuando la preferimos en nuestras vidas, a pesar de ser mucho más sensibles a sus acciones, tendemos a soportar cosas que en otras circunstancias, con otras personas involucradas, jamás ni siquiera lo consideraríamos.

Sin embargo, a pesar de que podemos buscar las maneras de ampliar nuestra paciencia y elevar nuestros umbrales, muchas veces algo dentro de nosotros en algún momento nos grita basta y por lo general cuando eso ocurre, no hay vuelta atrás.

Cuando alguien acumula heridas, en algunos casos se fortalece y en otros, se acostumbra a una dinámica que le hace sufrir y le va drenando su energía vital, costándole más salir de un círculo en el cual se ve cada vez más involucrado y afectado.

Nadie espera que justo la persona que aprecia, que ama y en la cual confía sea precisamente quien le lastime, pero ocurre más de lo que nos gustaría. El amor muchas veces es la excusa perfecta para maltratar, para humillar, para utilizar, para explotar, evidentemente cuando se aplica una mala interpretación del amor.

El amor no debe hacer que soportemos de forma pasiva abusos o maltratos, nadie merece de nuestra parte más amor que el que somos capaces de ofrecernos a nosotros mismos. Nadie debe tener la libertad de maltratarnos con nuestro consentimiento.

Debemos aprender a establecer límites, a cuidarnos y a decirle al mundo que no estamos dispuestos a que nos lastimen. Debemos entender que vale más una digna soledad, que una relación que nos haga sufrir, que nos coloque en una posición que nos lleve a menos o nos robe la sonrisa del rostro.

Incluso cuando en algún momento no hemos podido establecer límites claros o hemos dado oportunidades a quien ha abusado de ellas de manera repetitiva, no debemos sucumbir o pensar que es tarde, las heridas siempre pueden ser más profundas y los daños cada vez más graves. Nunca será tarde para reconfigurar nuestra vida, para abrir los ojos e ir tras lo que realmente nos conviene vivir.

De todo podemos aprender algo y las relaciones tormentosas nos brindan una oportunidad de oro para valorarnos, para darnos a respetar, para recuperarnos de lo que hemos permitido y para entender que no importa lo que haya ocurrido. Siempre podemos reinventarnos y comenzar de nuevo, con más fuerzas, sanando nuestras heridas y diciéndole al mundo aquí voy de nuevo.

Quien te quiere, no te lastimará, si esa persona que valoras está aprendiendo a amar mientras te hace daño, no es tu obligación quedarte de conejillo de indias mientras aprende. Mientras más pronto digas basta, menos pedazos tendrás que unir para rearmarte. No naciste para ser lastimado, naciste para ser amado y con un amor que no tiene que medirse en cantidad, sino en calidad. Quien te va a querer, que te quiera bien, si no que se acostumbre a tu ausencia.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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