Y llega un punto en donde ya no tenemos más opción que terminar

Y llega un punto en donde ya no tenemos más opción que terminar

Las relaciones amorosas pasan por diversas etapas y cada una de ellas lleva el riesgo potencial de que se debiliten las bases y una ruptura tenga lugar. Sin embargo, más allá del momento en el cual se halle la relación hay detonantes y situaciones que no dejan muchas opciones para seguir trabajando en una relación.

Algunos de estos detonantes pueden tomarnos por sorpresa y aun cuando el amor esté presente y tengamos muchos proyectos pendientes por ejecutar, nos veremos forzados a dar por terminada una relación.

Las causas por las cuales debemos tomar distancia de forma abrupta pueden ser variadas, pero normalmente están vinculados a escenarios que ponen en juego nuestra integridad física, mental o emocional.

Los límites del respeto se ven sobrepasados y por algo llamado dignidad no resulta conveniente permanecer donde algo tan importante se ha quebrado. Evidentemente podemos pensar que el respeto no se pierde de la noche a la mañana, sino que ocurre de manera progresiva, pero existen muchos casos en los que podremos marcar un antes y un después de un episodio en particular.

El compromiso y la lealtad pueden quebrarse en un instante y también en un instante se descubre un engaño. En un instante podemos ver como todo en lo que previamente hemos confiado, sencillamente se desvanece ante nuestros ojos. En un instante la imagen de la persona a la que amamos puede romperse en mil pedazos sin posibilidad alguna de repararse. En un instante la violencia puede hacerse presente y dar sus peores manifestaciones y así sin quebrarnos algo de manera evidente, nos quiebra por dentro.

Y entonces vemos ese punto, en donde no tenemos más opción que retirarnos, al alcance de nuestras manos y entendemos en medio del dolor y la desilusión que la única salida viable, que preservará lo que ha quedado de nosotros es tomarla y aferrarnos a ella, sin detenernos a pensar y mucho menos a sentir, sin recordar y solo asumiendo un proceso de duelo que sentimos adelantado a su tiempo.

Evidentemente nunca ésa será la única opción, pero la mayoría de las veces sabremos cuándo quedarnos e intentar recuperar lo que se ha roto en nombre del amor que aun pueda existir, no es algo distinto a un gran error. Todos sabemos hasta cuándo podemos aguantar, qué tanto podemos ceder y todos debemos tener límites claros que no deben excederse sin que tomemos las medidas adecuadas.

No se trata de orgullo, no se trata de no dar más oportunidades, se trata de entender que hay cosas que será difícil dejar pasar, que en muchos casos lo mejor que podemos hacer es alejarnos y proteger nuestra integridad, evitando heridas más profundas, preservando nuestra dignidad y especialmente dándonos a respetar a través del amor propio.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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