Y quedé tan rota, que solo podía cortar a quien se acercase

Y quedé tan rota, que solo podía cortar a quien se acercase

Así me sentía, con el alma quebrada en pedazos, con mis fuerzas tan escondidas que las hacía totalmente fuera de mí… Me sentía quebrada, tanto que no encontraba cómo atender mis heridas sin lastimarme aún más.

Entendí que las peores cosas que podemos afrontar están asociadas al quiebre emocional de nosotros mismos, cuando perdemos la esperanza, cuando la decepción nos envuelve y no podemos justificar, ni entender tanto dolor. Pero junto a esto aprendí, que son los momentos de quiebre los que nos hacen más fuertes, los que nos vuelven más humildes, los que nos ayudan a encontrarnos a nosotros mismos.

Entendí que nos formamos a través de nuestras experiencias, que las desilusiones nos sacan de lugares en los cuales no debemos estar, que nos hacen abrir los ojos ante realidades que no nos conviene mantener en nuestras vidas. Entendí que los momentos más desafortunados, donde más sumergidos en total oscuridad nos sentimos, son los que más nos acercan a lo que realmente somos.

complejidad

A veces sentimos tanto dolor que no somos capaces de caminar hacia la salida, solo podemos ensimismarnos, cubrirnos a nosotros mismos y solo permitirnos que el tiempo sane lo que ni siquiera podemos nosotros tocar. En oportunidades, personas que nos aprecian o que intentan acercarse con algún buen propósito se encuentra con una especie de barrera conformada por nuestros pedazos y terminan lastimados o alejándose por no poder estar presentes en ese momento transitorio, donde estamos viviendo una metamorfosis.

Mientras más pronto nos demos cuenta de que la voluntad de sanar es crucial, mientras más pronto rescatemos los aprendizajes de esas experiencias que nos lastimaron, mientras más rápido saquemos de nosotros el rencor, la rabia, la ira, la tristeza y ocupemos esos espacios por amor, por amor a la vida, a las personas que permanecen, a lo que nos gusta y en especial a nosotros mismos, pues mucho más sencillo será que esos filos se rebajen, hasta paulatinamente volverse una superficie suave, permeable, cálida y lo más importante, mucho más resistente.

Hoy miro mi pasado y ya no siento dolor, lo acepto y lo más importante, ya no tengo miedo de volver a quebrarme. Sé que los quiebres forman parte de la vida, que muchas veces los necesitamos, que la única manera en la cual podemos garantizarnos el no salir lastimados, es dejar de vivir. De resto, todo en la vida lleva consigo el riesgo de que las cosas no salgan como las esperamos y ello nos generará dolor en mayor o menor magnitud, pero debemos recordar que la decisión de cómo nos cambia o nos mueve cualquier experiencia es solo nuestra y siempre podemos darnos la oportunidad de crecer con cada una de ellas.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

 

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