Permítele que duela… ya pronto no será más que un recuerdo

dolor de amar

Permítele que duela… ya pronto no será más que un recuerdo

Muchas veces nos negamos de tal manera al dolor, que terminamos quebrándonos de a poco por dentro con tal de no sentirlo, queremos atravesar malos momentos y pasar un borrador o un interruptor que nos ahorre el sufrimiento… No nos permitimos sentir, no aceptamos con naturalidad el duelo y por evitar el dolor, por ocultarlo o negarlo, termina doliéndonos el doble.

Debemos aprender a tomarnos la vida con ligereza, con tranquilidad y sobre todo con confianza. Nada, absolutamente nada es permanente en la vida, todo está sujeto al cambio, en constante movimiento y el tener esto en cuenta nos permite atravesar cada situación de nuestra vida con mucha más consciencia, prestándole mayor atención y sobre todo nos da la oportunidad de fluir en lugar de resistirnos o aferrarnos.

Todo pasa, lo bueno, lo malo… las personas, los trabajos, las etapas, las edades, los roles… Todo cambia y con el dolor no pasa algo diferente… Aunque sí que es cierto que podemos alargar su permanencia en nuestras vidas como si se tratase de un invitado de honor que no quisiéramos que nos abandonara nunca.

Al dolor podemos tenerle presente al despertar, ante cada situación potencial de felicidad, al respirar, al recordar… podemos asociarlo a cada una de nuestras dinámicas y darle cada vez más fuerza, hasta que sea natural en nosotros, hasta que le hayamos cedido el poder totalmente y terminemos viviendo a través de él.

Y en este momento nuestro ego nos tendrá dominados, nuestra mente no se comportará como nuestra aliada, sino como una enemiga que conoce todo de nosotros y sabe exactamente qué pensamiento poner en primer plano para que las heridas nunca sanen.

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Pero si nos permitimos ser, más allá de la mente, si dejamos que las situaciones fluyan sin alimentar rabia, dolor, tristeza, solo dejando que nos visiten y con la misma se marchen… nuestras emociones también transitan con rapidez si no les prestamos demasiada atención, terminaremos por pasar al otro lado de la historia, a donde deja de doler para siempre y aunque aun esté el recuerdo, ya no le acompañan las lágrimas o la incomodidad… ya no tiene connotación, ni nos desvela o nos despierta en la madrugada…

Ya lo vemos como lo que es, un simple recuerdo y solo cuando nosotros lo decidamos vendrá a nuestra vida y ocupará algún lugar… Inclusive lugares irrelevantes, pequeñitos y sombríos. Las cosas son lo que queramos que sean. Decide por la libertad emocional y deja atrás todas las cadenas que solo te atan a un pasado doloroso.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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