Si tienes que perderte a ti mism@ para que tu pareja sea feliz, estás con la persona equivocada

Si tienes que perderte a ti mism@ para que tu pareja sea feliz, estás con la persona equivocada

Las relaciones al principio suelen mostrarnos su rostro más amable, cada cual se muestra de la forma que considera más atractiva para el otro y como se hacen esfuerzos por no dar a conocer los lados oscuros, no resulta necesaria una cuota elevada de paciencia. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurre, la confianza gana terreno y cada quien muestra de sí una versión más cercana a lo que en realidad es, pueden comenzar a notarse los problemas de engranaje.

Evidentemente no debemos aspirar que el acoplamiento sea perfecto, que no requiera ajustes y que se dé de una vez y para siempre,  pero sí debemos aspirar que no debamos nosotros ceder completamente para que las cosas funcionen, que tengamos que anularnos o perdernos para que la otra persona se sienta cómoda y satisfecha.

Ninguna persona que tenga buenos sentimientos hacia alguien, pretenderá que se pierda a sí mismo por satisfacer las demandas de los demás. Y nadie que se quiera a sí mismo debería estar dispuesto a dar algo más allá de lo que establezcan los límites que preservan su esencia.

Algunas veces todo ocurre tan de a poco, que no nos damos cuenta de en qué momento comenzamos a perdernos, solo sabemos que dejamos de ser nosotros mismos, no nos sentimos identificados con lo que ha resultado de nuestro ser, nos miramos al espejo y no reconocemos a esa persona. Lo que recordamos en el mejor de los casos es que teníamos una vida, que no necesitábamos de nadie, que nos sentimos al menos nosotros mismos, antes de comenzar a ceder espacios, antes de adaptarnos a lo que nuestra pareja quería, antes de cortar nuestras alas para que no estorbaran.

Pero lo importante es darnos cuenta de lo que nos hemos perdido por ganar espacio en la vida de alguien más, que si esto ha ocurrido, no es otra cosa más que un indicador de que no nos hemos relacionado con la persona que resulta más beneficiosa para nosotros, aunque debamos reconocer que ella ha servido de instrumento para medir parámetros de lo que le permitimos a los demás en relación a nuestras vidas, para reconocer prioridades y hasta para reencontrarnos con una versión fortalecida de nosotros mismos. A fin de cuentas, cada persona que se cruza en nuestro camino, la necesitamos para crecer, así que honremos el aprendizaje y sigamos adelante.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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