No te dejé de querer, pero el amor por ti y por mí, resultaron incompatibles

No te dejé de querer, pero el amor por ti y por mí, resultaron incompatibles

Escucho pacientemente tus interrogantes, veo tu mirada triste y decepcionada, veo la atención que solo se produjo por mi adiós y quisiera poder ser mejor en este momento y no sentir tanta rabia, porque no tuve más alternativas que dejarte ir, que soltarte de mi corazón.

He perdido la cuenta de las veces que intenté que nuestra relación tomara un rumbo diferente, sin llegar a decidir terminar, imagino que ya no importará renombrar todas las negativas, los desplantes y hasta las burlas que recibí de tu parte.

Te advertí en la última etapa que nos encontrábamos muy mal, que nuestra relación no sobreviviría mucho más si no tomábamos medidas importantes. Siempre he pensado que no es lo que le ocurre a la pareja lo que marca la diferencia, sino cómo lo manejan. Ante cada uno de mis planteamientos, obtenía tu indiferencia, tu maltrato, tus amenazas. No llego a descifrar si no te importaba o si no entendías la magnitud de la gravedad.

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Lo cierto es que cada día era un paso más hacia el fin, nada ocurría que nos desviara de ese camino… un vacío al fondo… vacío al cual llegamos y ahora sí quieres sujetarte de algo. Para pocas cosas en la vida, aseguro que “ya es tarde”, pero ésta es una de ellas.

Tuviste el tiempo, tuviste mi apoyo, tuviste mis ganas, tuviste mi amor y mis mejores intenciones de que recogiéramos cada uno de los pedazos de nuestra fracturada relación y entre los dos la rearmáramos, la reforzáramos con amor, la decoráramos con paciencia, la bañáramos de comprensión y le rociáramos las ganas de ambos de que las cosas funcionaran.

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Pero aquí ya no había cabida para eso, no sé por qué te duele que nos alejemos, si ya tú estabas allí, hablo de forma literal, apenas llegaba a ver tu cara una que otra mañana si llegaban a coincidir nuestros horarios, que cada vez procurabas que fuesen más encontrados. Mi piel no recordaba la tuya, nuestros labios no se tocaban, nuestras palabras no se cruzaban, a menos que fuese en esas discusiones que caracterizaron nuestras últimas dinámicas.

Me sentía cada vez más anulada, menos viva, menos deseada, me miraba al espejo y solo me encontraba de vez en cuando… hasta que un día me di cuenta de que ya no estaba allí, me había convertido en alguien totalmente diferente a lo que quise hacer de mi vida… Y en ese momento, comencé a buscarme y solo me encontré cuando me di cuenta de que o te amaba a ti o me amaba a mí… y eso fue lo más cercano a un renacimiento, por el cual me agradeceré a cada instante de mi vida.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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