El no corregir pequeños percances, puede generar el efecto bola de nieve

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El no corregir pequeños percances, puede generar el efecto bola de nieve

Evidentemente el conflicto no es el estado preferido de la mayoría, aunque algunos lo disimulan muy bien. Las diferencias y los percances desgastan, deterioran la relación y opacan la cotidianidad. A veces son pequeñas diferencias, pero si no las atajamos a tiempo y permitimos que afecten la relación, serán mucho más graves los efectos que si abordáramos los temas que nos incomodan de manera efectiva.

Las parejas siempre presentarán diferencias, es utópico pretender que no es así, tendríamos que estar evaluando una relación donde al menos una de las dos personas no tiene ningún tipo de expectativa de la relación y puede fluir con facilidad ante cualquier escenario, pero esos casos no son los que determinan la mayoría.

Muchas veces generamos una tormenta donde no había ni una gota de agua, pero esto por lo general ocurre cuando no tenemos muchas herramientas o experiencia en resolver los conflictos que se nos presentan a nivel interpersonal.

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Cuando actuamos con responsabilidad con la relación, con nosotros mismos y con nuestros límites podremos abordar lo que nos incomoda, de la manera más sana para la relación. Las cosas tienden a complicarse cuando nos enganchamos en cualquier detalle y a todo queremos darle la vuelta o cuando una o ambas partes es evasiva y no quiere afrontar ningún tipo de inconveniente.

El no dar la cara a los pequeños detalles que resultan molestos y que generan consecuencias a la relación, da la oportunidad a que las cosas se acumulen, que se pierda la espontaneidad por evitar conflictos y las situaciones se nos vayan de las manos cuando el contenedor explote.

Cualquiera de los dos extremos donde nos manejemos, nos generará un conflicto, si creamos un problema por todo o si ignoramos cualquier alarma, las dos vías nos conducirán por una misma ruta: una relación saturada, donde sus integrantes no están compenetrados, en ocasiones ni siquiera se conocen realmente, donde no se dice lo que se piensa y se siente o se mantienen en niveles superficiales de la relación.

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Aprender a reconocer cuando algo puede ser una amenaza para la relación, por pequeño que parezca, nos permitirá evitar el efecto bola de nieve y podremos abordarlo de la manera más oportuna e inteligente posible.

Lo que determina una buena relación, de otra conflictiva, no es la ausencia de problemas, percances o diferencias, es solo la manera de manejar esas situaciones que requieren madurez, temple y sobre todo tener presente el sumar cosas positivas a la relación, considerando que ambos están en el mismo proyecto y que existe un mañana. Por ello se cuidan las palabras, las acciones y se evita sobremanera el herir y lastimar, porque las diferencias se arreglan desde el corazón, no desde el ego.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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