A veces nos duelen más esas relaciones que nunca llegaron a ser

A veces nos duelen más esas relaciones que nunca llegaron a ser

Las relaciones que quisimos tener y no tuvimos por un motivo u otro, pueden llegar a generarnos incluso obsesiones, solo por el hecho de utilizar nuestra mente en nuestra contra e imaginar una cantidad de escenarios donde esa relación es justamente la adecuada para nuestras vidas, la que nos pudo haber hecho felices, la que despertaría aquello que sentimos dormido, la que nos permitiría ser nosotros mismos, por la que cambiaríamos algunas cosas, etc.

Esa sensación de frustración también puede notarse en relaciones que terminan, pero luego alguna de las partes se arrepiente y no encuentra la vía para volver.

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Lo cierto es que podemos generarnos muchísimo daño solo con pensar que allí en ese sitio a donde no podemos llegar, está lo que hemos estado buscando. Es tan absurdo torturarnos de esa manera, ocupando nuestros pensamientos en aquello que no fue, ni será, en lugar de enfocarnos en las cosas que sí tienen posibilidades.

Quizás si lo vemos de una manera más simplista, podemos relajarnos pensando que lo que no debe estar en nuestras vidas, sencillamente no estará y al contrario. Esto corresponde a la idea de que cada experiencia y relación está asociada a lo que debemos aprender, para lo cual nos resulta de utilidad una persona o una situación en particular.

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Debemos aprender a aceptar que quien se quedó en el pasado o quien hoy forma parte de esos sitios a los cuales no tenemos acceso de la manera en la cual nos gustaría, no deben formar parte de nosotros, especialmente en pensamientos, donde todo se idealiza, donde todo puede ser perfecto.

Es sencillo tener una relación de ensueños si solo la imaginamos, puede tener exactamente lo que nos gustaría, podemos ser tan especiales como queramos y recibir ese amor que anhelamos. Pero la realidad nos invita a centrarnos en lo que sí vivimos y en lo único en lo que realmente podemos trabajar y tenemos capacidad de acción y eso no es algo diferente a nuestro momento presente, a nuestra vida real y no imaginaria.

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Cuando dejamos de soñar con personas que no estarán en nuestras vidas por los motivos que sean, podemos enfocarnos en ver las oportunidades que se nos presentan, abrirnos a amores que podamos hacer parte de nosotros y a ver a esas personas que sí pueden extendernos sus manos para recorrer ese camino de la vida que tiene tantas cosas que ofrecernos, más allá de lo que imaginamos.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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