Mi peor decisión fue dejar la puerta entreabierta por si querías regresar

Mi peor decisión fue dejar la puerta entreabierta por si querías regresar

Ciertamente uno toma decisiones de acuerdo a lo que pensamos será mejor para nosotros, pero en muchos de los casos, cuando a relaciones amorosas se refiere y específicamente cuando se ha producido una ruptura, ese “mejor”, solo se asocia al miedo de perderlo todo, a la necesidad de aferrarnos a lo conocido y al tener excusas que nos permitan autosabotearnos por tiempo indefinido.

No saber colocar puntos finales en nuestras relaciones, trae una cola larga de consecuencias, de las cuales queremos comentarte:

Sentimientos y pensamientos atrapados: Por más que aseguremos que no estamos pendientes de esa persona, que solo dejamos una ventana de posibilidades en caso de que decida regresar, le estamos dando un protagonismo que no le corresponde y una y otra vez se pasará por nuestra mente y removerá las veces que quiera nuestros sentimientos con nuestra absoluta aprobación.

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Incapacidad para iniciar nuevas relaciones: Si no podemos desprendernos de alguna relación anterior, será sencillo entender que nos costará vincularnos a una nueva persona y en caso de hacerlo nuestra mente trabajará la mayor parte del tiempo en una matriz de comparación, tabulando cada detalle, buscando la similitud en las emociones que despierta esa relación en nosotros, buscando defectos o bien reconociendo virtudes, pero en todo caso viajando constantemente a una imagen, generalmente idealizada, de alguien que siendo prácticos ha dejado de estar.

Oportunidades desperdiciadas: No es lo mismo querer estar solos luego de una relación que consideramos importante, por decisión propia, a no ser capaces de ver las oportunidades que se nos presentan de vincularnos afectivamente nuevamente. Mientras tengamos un drenaje de energía y de atención por algún elemento del pasado, nunca podremos estar atentos a nuestro presente.

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Frustración por no recuperar lo perdido: A veces dejamos la puerta entreabierta, pero solo lo sabemos nosotros mismos, la otra persona no tiene intenciones de volver a cruzar por allí, aunque vea la puerta abierta de par en par y eso no hace más que generarnos frustración, resentimiento y tristeza.

Falta de valoración: Podemos caer en un juego en el cual quien se ha ido sabe que puede regresar cuando quiera y de la misma manera volverse a ir. De modo que puede satisfacer alguna de sus necesidades y sin mayor complicación volver a alejarse, restándonos valor o simplemente ajustándose a lo que nosotros estamos proyectando al permitir esa situación.

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Permanente sensación de duelo: No se termina de pasar la página, se mantienen expectativas, nos llenamos de esperanzas y a la vez de resentimiento… No llegamos a afrontar un duelo o bien lo hacemos de manera permanente.

Como podemos ver no es fácil ubicar ventajas de no cerrar puertas de manera oportuna, aun cuando pensemos que nuestros sentimientos y nuestra conducta no se ven afectadas por esa situación, siempre va a resultar trayendo problemas a nuestras vidas el no colocar un punto final donde corresponda. Es mejor concluir la historia y si nos sirve de algo, saber que muchos libros ya concluidos tienen una segunda parte, sin necesidad de mantener la primera sin concluir.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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