Y solo pude ser feliz cuando aprendí a soltar

Y solo pude ser feliz cuando aprendí a soltar

Todo en mi vida era un continuo querer controlarlo todo, querer que las cosas salieran a mi manera, que mi pareja me amara y me lo demostrara como quisiera, que mi hijo hiciera las cosas a mi manera, que las personas que se acercaban a mí lo hicieran de una forma específica y así todo lo que conformaba mi vida, mi trabajo, mi hogar, mis relaciones… El resultado era siempre común: Sufrimiento cada vez que un resultado se desviaba de lo que quería.

Los cambios en mí no surgieron de la noche a la mañana, pero sí hubo un antes y un después de tomar consciencia de cómo estaba llevando mi vida… y es que a veces solo hace falta eso, darnos cuenta de algo que hacemos de forma automática, para comenzar a generar los cambios necesarios.

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Aprendí a soltar, aprendí a desprenderme, a aceptar que todo el mundo tiene una manera de ser particular, que el hecho de que sea diferente a la mía no significa que sea mejor o peor, solo es diferente. Cada uno de nosotros es un universo, que debe aprender a relacionarse con otros, pero cada quien lleva consigo una mezcla particular de principios, de creencias, de estilos de vida, de prioridades, de sueños… y cada uno merece por condición natural ser respetado como individuo en su propio proceso de crecimiento.

Entendí que aferrarme al resentimiento y a la culpa me hacía la vida más pesada, hacía inclusive que me sintiera inconforme con lo que la vida me daba, y por algún motivo, como una fuerza magnética, mientras no aplicaba el perdón, a mi vida llegaban más y más experiencias, bien sea parecidas o que me revivieran ese dolor original que yo había decidido alojar en mí.

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También aprendí que es mejor sorprenderse gratamente con las personas que decepcionarse y que para que esto ocurriese lo mejor que podía hacer era dejar de esperar de algo de ellos. Entendí que la mejor manera de pedir amor es dando amor, cuando damos de nosotros mismos, eso que damos se devuelve multiplicado.

A pesar de que en teoría estaba clara de que cada quien está con quien quiere y donde quiere, me costó mucho entender que mientras más insegura estaba de mi relación, más situaciones extrañas vería, peor me sentiría y más afectaría mis vínculos sentimentales. Me va mucho mejor desde que confío plenamente en que soy merecedora de amor y de respeto y que cualquier cosa que no se alinee con ello, de una manera u otra, saldrá de mi vida.

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No retengo nada que me ate, no acumulo nada que me dañe, no me guardo los perdones y me voy prontamente si me doy cuenta de que algún lugar ya no es mi lugar. La vida está llena de cambios y aceptarlos, crecer y disfrutarlos es una de las prácticas que se encuentran más alineadas con el disfrute de la vida y la felicidad misma.

Por: Sara Espejo –Mujer.Gurú

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