El problema no es de quien confía, sino de quien traiciona

El problema no es de quien confía, sino de quien traiciona

Muchas veces vemos una curiosa conducta, que pareciese defender lo “negativo” y tratar de justificar una mala acción como una reacción ante algo natural y positivo.

Es cierto que cada quien tiene una escala de valores determinada, que la bondad y la maldad son relativas y que cada quien actúa desde lo que en su micromundo está bien o es la mejor opción. Sin embargo, hay ciertos parámetros, especialmente cuando hablamos de una misma cultura, que nos hablan de que hay cosas que no nos gustaría recibir de otra persona y que por sentido común deberíamos evitar dar.

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No podemos responsabilizar a alguien de depositar su confianza en otra persona cuando resulta ser víctima de una traición, el problema no lo tiene quien confía, salvo quizás si la dinámica es rutinaria y repetitiva. Quien confía apuesta por la naturaleza bondadosa y cuidadosa del otro, no lo hace esperando recibir a cambio una decepción. El problema lo tiene quien no sabe valorar la confianza que le han otorgado, que no sabe cuidar sus relaciones interpersonales y quien por algún motivo tiene niveles de compromiso que pueden ser quebrados por cosas que considera más importantes.

Si a alguien le roban su reloj, no podremos acusarle de usarlo en la calle, así como sería injusto señalar a una mujer ultrajada y responsabilizarla por el hecho de haber llevado una falda corta. Quien está cometiendo una falta es quien agrede, no quien participa de la vida esperando que el mundo sea un lugar seguro y amable.

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Siempre resulta beneficioso ser empático, tratar de comprender las razones de fondo que llevan a alguien a cometer una acción, pero debemos ser cuidadosos con no caer en injusticias con la parte más afectada. Es válido y muy práctico entender que cada quien hace lo mejor que puede con los recursos que tiene y allí caben todos los desaciertos posibles, pero no es sano defender a quien agrede, culpando al agredido.

La confianza es sumamente frágil, una vez fracturada puede permanecer así para siempre o llevar un proceso de recuperación lento y a veces doloroso. Pero si decidimos seguir adelante en una relación donde la traición ha estado presente, lo más sano es tener la mejor disposición para que las cosas salgan bien, para que la confianza reaparezca y tratar de eliminar esa sombra llamada duda.

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Quedarnos en un punto medio resulta desgastante, permanecer pero que en cada pensamiento, palabra y acción esté presente la duda y el resentimiento envenena el alma y acaba con cualquier sentimiento positivo. Ante esa situación será mucho más sano un cierre de capítulo que dé inicio a un nuevo comienzo.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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