No busco a nadie que sane mis heridas, solo espero a alguien que no me vuelva a lastimar

No busco a nadie que sane mis heridas, solo espero a alguien que no me vuelva a lastimar

Aún estoy sanando mis heridas, aún me cuesta confiar, camino cautelosa, me acerco sin ser evidente. No estoy negada al amor, sé que todos somos diferentes y que una mala experiencia no debe definir el resto de mis relaciones, pero eso no llega a calmarme.

Soy de las que se cae y se vuelve a levantar las veces que sean necesarias, que sabe cuidar desde sus raspones, hasta sus heridas más profundas. No busco a nadie que alivie el dolor que otra persona me causó, o mejor dicho, el dolor que yo misma me permití sentir, solo espero recibir en mi vida a quien no me cause más dolor, a quien me quiera bien, a quien no pretenda cambiarme, ni adaptarme a sus formas… Espero a alguien que no me engañe y que esté tan dispuesto como yo a dar lo mejor de sí día a día para construir ese amor bonito, ése que vale la pena vivir.

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Sí me he desilusionado muchas veces, pero eso me ha enseñado a no esperar tanto de los demás, a entender que todos somos un universo y que aun sin pretenderlo, podemos hacer mucho daño, pensando que estamos haciendo lo más conveniente.

Cada herida me ha hecho crecer, me ha hecho entender que las cosas pueden desviar su curso y aquello que amamos, puede convertirse en lo que más dolor nos cause.

Por un tiempo caminé tras una armadura, tan gruesa que no permitía acercamiento alguno, en ella me sentía sola, pero me sentía segura, ella no dejaba entrar ningún elemento que pudiese hacerme daño, pero tampoco dejaba entrar ningún sentimiento que me nutriese, menos que pudiese entregarle a alguien algo de mí.

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Finalmente me di cuenta de que la solución no era aislarme, ni dejar de sentir, ni dejar de mostrarme, que una armadura solo estaba haciendo el proceso de sanación de mis heridas más difícil, más largo, más complejo. Entendí que solo ventilando mis heridas, ellas podrían sanar, yo soy responsable de ellas, pero su cuidado requiere de  amor, de atención y de reconocimiento… No de alguien más, sino mío.

Ahora sé que el amor lleva consigo el riesgo de salir lastimados, pero que eso es parte de la vida, si hemos salido heridos, debemos agradecer haber tenido la oportunidad de amar, eso ya es una ganancia incomparable y una experiencia de vida que nos hace, aunque no queramos, crecer y conocernos.

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Un mal amor no nos condena, solo nos enseña… y con el paso del tiempo aprendemos a sanar nuestras heridas y abrirle paso a una nueva persona especial, no con miedo de que nos lastime, no con la esperanza de que nos remiende, solo con la mejor disposición de construir lo mejor y recibir lo que estamos dispuestos a ofrecer.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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