Y quizás ya es hora de dejar de dar lo mejor de ti, a quien no se cansa de decepcionarte

Y quizás ya es hora de dejar de dar lo mejor de ti, a quien no se cansa de decepcionarte

Muchas veces en la vida podemos actuar de forma tan terca, que todo pareciese que lo asumiéramos como un reto de vida o muerte, inclusive esta actitud la aplicamos en el mantenimiento de nuestras relaciones personales.

Al parecer nos colocamos una armadura con la que sentimos estar preparados para todo, aunque esto incluya una nueva decepción, por parte de quien hemos decidido sea importante para nosotros.

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Nos dedicamos a dar motivos para ser amados, a mostrar de nosotros lo mejor, sin fachadas, pero con la intención de ganarnos a pulso un lugar en el corazón de esa persona especial. Muchas veces dejamos de lado a quienes nos quieren bien, que procuran lo mejor para nosotros y se esfuerzan por vernos sonreír, por dedicar nuestro  tiempo, atención y afecto a quien tiene un complicado expediente, que no solo forma parte de su pasado, sino que no pierde oportunidad de alimentar.

Aprender a filtrar quien merece de nosotros lo mejor es crucial, nos mantendrá alimentando relaciones de calidad, siendo recíprocos con quienes realmente están, con quienes suman, con quienes hacen nuestras vidas más bonitas.

Debemos dejar atrás cualquier patrón que nos empuje a relacionarnos con personas tóxicas, que sencillamente no merecen ni siquiera tener la oportunidad ni de ilusionarnos, ni mucho menos de desilusionarnos.

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Llega el momento que resulta necesario reconocer nuestro valor, a reconocer que muchas personas se sentirían realmente en un sueño con la sola posibilidad de ocupar un espacio de nuestras vidas. Todos merecemos a alguien que nos valore, que nos respete, que reconozca lo que hacemos y que retribuya nuestro afecto.

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Cuando las decepciones se hacen rutina, el problema deja de ser de quien decepciona, para ser solo nuestro, por permitirnos, por exponernos y por seguir apostando a lo que sabemos será una pérdida segura.

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No depositemos nuestras energías en personas equivocadas, ni siquiera es necesario estar con alguien para sentirse bien, la soledad es un también un regalo, especialmente cuando nos damos cuenta de que estamos amando de una manera que nos lastima. Los períodos de soledad nos ayudan a resetearnos, a colocar parámetros nuevamente, desde cero, a recuperar aquello que en nosotros se rasgó y no nos hemos dado el tiempo de remendar.

Estar en soledad no es malo, malo es estar con alguien que nos lastima de manera reiterada y peor aún es acostumbrarnos a esa dinámica. Si nosotros mismos no sabemos amarnos, nadie lo hará de una manera sana. Solo nosotros permitimos darle entrada a nuestra vida a todo lo que en ella existe y de la misma manera podemos indicarle a cualquier persona la salida cuando nos damos cuenta que resulta netamente inconveniente.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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