He llegado a un momento en el que no coloco mis manos en el fuego por nadie

He llegado a un momento en el que no coloco mis manos en el fuego por nadie

A medida que conocemos a las personas nos podemos dar cuenta de que en ningún caso podremos confiar plenamente en alguien, esto no quiere decir que vayamos predispuestos a que las personas pueden fallarnos o pueden reaccionar de una manera que consideremos inadecuada. Simplemente es una forma de no esperar algo de alguien, de no tener expectativas y entender que cada persona actúa de acuerdo a una realidad muy particular y que todo cambia.

Si evaluamos nuestro propio comportamiento quizás podamos notar que a lo largo de la vida hemos cambiado muchas cosas, con suerte nos hayamos flexibilizado en relación a algunos puntos y con menos fortuna nos hayamos radicalizado con respecto a otros. El punto es que quizás lo que juramos jamás hacer en algún momento, hayamos terminado por hacerlo y nos sintamos a gusto con ello, sin culpa ni remordimiento, solo con creencias diferentes en relación a ello. Inclusive pudimos haberlo hecho y sentir remordimientos, pero aun así haberlo hecho.

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Luego, si nosotros mismos somos capaces de actuar en contra de algo que en algún momento nos pareció descabellado, pues a partir de este punto deberíamos ser capaces de observar a los demás.

Muchas veces, por no decir la mayoría de las veces, las personas no cometemos acciones que decepcionen a alguien más con intereses específicos de lastimarle, solo que decidimos actuar de una manera determinada, considerando unos factores específicos, que corresponden a lo que pensamos en el momento de la acción. Decisión de la cual nos toca asumir las consecuencias.

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Todos somos seres cambiantes, además de estar sometidos a un entorno cambiante y para protegernos de la decepción o la traición, uno de los mecanismos que podemos adoptar es no colocar nuestras manos en el fuego por nadie. Evitemos depositar toda nuestra confianza en los demás, evitemos poner cosas vitales en manos de otra persona, procuremos no tentar a los demás dándoles las herramientas perfectas para manipularnos o para ejercer control sobre nosotros, entendamos que las decepciones duelen y que mientras más apreciemos a alguien, más dolor nos generarán las acciones que vayan en contra de lo que esperamos.

Puede ser que tengamos la dicha de estar rodeados de las mejores personas, pero sepamos que las realidades, las intenciones, los intereses, los sentimientos y las maneras pueden cambiar y muchas veces la lealtad se fractura, se tambalea o se quiebra por completo. Podemos amar, querer, apreciar intensamente,  sabiendo que los riesgos de salir lastimados cuando se quiere son muchos, pero al menos evitemos colocar nuestras manos al fuego o asegurar sobre otro lo que no depende de nosotros.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

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