No pretendas recibir “un amor bonito, sano y leal…” cuando lo que das va en dirección contraria

No pretendas recibir “un amor bonito, sano, leal…” cuando lo que das va en dirección contraria

¿No les pasa que se topan con personas tan cínicas, que ni siquiera se dan cuenta de que lo son?

Definitivamente a veces uno no sabe si reírse o llorar de la cantidad de cosas que debemos ver, presenciar, vivir o sufrir. Ciertamente cada uno de nosotros debemos esperar de la vida como un compendio, lo mejor, lo más maravilloso, lo más especial y más aún ¡debemos creer que nos lo merecemos! Pero de forma adicional, debemos entender que lo que entregamos al universo se nos devuelve y a veces de forma multiplicada.

No podemos pretender, que si estamos entregando sobras de amor, que si estamos tomando decisiones tardías, que si estamos irrespetando acuerdos o peor aun tirando a la basura las oportunidades (inclusive posteriores), que se nos han dado, vamos a recibir de vuelta lo mejor de la vida con su mejor lazo.

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No resulta lógico pensar que luego de comportarnos de manera totalmente egoísta, de cometer acciones que han dañado a las personas que nos quieren, donde hemos decantado por apaciguar nuestro ego herido, aun cuando no solo estamos afectando a quienes nos pudieron haber lastimado en algún momento, pues del otro lado recibiremos empatía de la más pura, comprensión y quizás lástima… Lo cumbre es que sí pudiésemos recibir eso… Pero junto a un reconocimiento de esa persona que se siente lastimada, de que no tiene absolutamente más nada que buscar con nosotros.

Podemos inspirar muchas cosas, pero no pretendamos que inspiraremos unas increíbles ganas de hacer las cosas bien, de construir, de ofrecer, de aportar, de confiar, de creer que un proyecto a nuestro lado valga la pena… Eso de un amor bonito, sano y leal, lo podremos pretender cuando aprendamos a amar, no solo a alimentar nuestro ego.

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Amarnos a nosotros mismos no tiene mucho que ver con tomar venganzas, engañar, armar complots para desenmascarar, amarnos a nosotros mismos va de la mano con el respeto, con valorarnos, con darnos el lugar que nos corresponde, con ser humildes y reconocer muchas veces que lo que hemos recibido no es otra cosa diferente a la que hemos sembrado y que muchas veces el papel de moralistas no compagina mucho con nuestra inmoralidad.

Y si vamos a hablar de amar a alguien más, debemos hacerlo desde la honestidad, desde la protección y el cuidado, como si realmente no quisiéramos dañar a esa persona que nos interesa, que ha apostado por nosotros, inclusive cuando pudieron retirarse.

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Aprendamos a cuidar los afectos y a no victimizarnos por no asumir las consecuencias de nuestras acciones, aprendamos a dar lo que nos gustaría recibir y si no estamos preparados para amar a alguien, más allá de lo que nos creemos amar a nosotros mismos, abramos un compás de espera para crecer, para interesarnos por lo que sienten y piensan los demás y para revisar qué estamos dispuestos a dar, porque la incongruencia entre lo que damos y lo que nos gustaría recibir, suele pasar por cinismo.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

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