Hay silencios que te gritarán que es hora de marcharte

Hay silencios que te gritarán que es hora de marcharte

Ojalá no te ocurra, ojalá ya no lo hayas vivido, porque el salir de donde no quisieras, sabiendo que la única persona que tiene  intenciones de quedarse eres tú, es una de las decisiones más dolorosas de tomar.

Los silencios, las ausencias, las carencias, los vacíos, son especialistas en mostrarnos la vía de escape, algunas veces buscaremos obviarlos, taparlos, mirar hacia otro lado y poner música tan fuerte que lo abrumador del silencio quede sometido a no escucharse.

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Pero tarde o temprano, la situación se volverá insostenible y las cosas caerán por peso propio, aquello que queremos negar se nos mostrará por todas partes, especialmente cada vez que nos miremos a los ojos frente a un espejo, ya sabremos lo que hay que hacer, ya sabremos que no hay retorno y aun así siempre intentaremos hacer algo más…

Quizás con la intención de agotar los recursos, de no sentir que hubo algo que pudimos haber hecho y no hicimos, con las ganas de liberar nuestra consciencia de sentimientos de culpa, aunque ya sepamos, que no hay mucho que podamos hacer, que algo allí ha estado agonizando y sencillamente es mejor dejarlo morir, que tenerlo en contra de su voluntad conectado a un respirador artificial, a un marcapasos, a una sonda… técnicamente allí no hay nada que buscar, ni nada que esperar.

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El silencio nos grita desde esa dimensión que ya no es conocida, desde ese vacío donde todo hace eco… Y en algún momento, decidimos oírle, nos damos cuenta de que hemos estado conviviendo con un amor muerto, que su hedor ya espanta, que hemos estado ciegos, sin olfato, sin gusto… anulamos nuestros sentidos… Pero ya no más. Así mismo nos damos cuenta de que nosotros permanecemos vivos, que no tenemos que sacrificar lo que nos queda para dar, para sentir, para soñar, que podemos marcharnos y continuar el camino.

No dejemos que una parte de nosotros muera, no dejemos que nuestro corazón sea tan duro como una lápida, porque no es allí donde debe estar ese cadáver…

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A un amor que dejó de existir, se incinera y se lanzan sus cenizas al viento y se recuerda con alegría todos los gratos momentos que nos dejó, lo maravilloso que nos hizo sentir, junto a esas cenizas se van las cosas negativas, perdonamos, entendemos, aprendemos y quizás guardamos un espacio para almacenar lo que valió la pena, con ese pedacito del otro ser en nuestro corazón es suficiente para recordarnos lo afortunados que somos por haber amado y especialmente por la posibilidad que tenemos de volverlo a hacer.

No permanezcas, donde sabes que ya no tienes que estar.

Abre tu camino y prepárate para lo mejor de tu vida.

Por: Sara Espejo – Mujer.Gurú

 

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