Qué paz produce dejar de extrañar a quien ya te olvidó

Qué paz produce dejar de extrañar a quien ya te olvidó

Olvidar, dejar de extrañar a alguien, dejar de pensarle, es un proceso que no se realiza de manera voluntaria, por lo cual nos puede costar mucho trabajo. Mientras más nos preocupamos por olvidar, más presente están esos recuerdos, esos pensamientos y los sentimientos asociados.

Cuando sabemos o asumimos que alguien ya nos ha dejado atrás, que nos ha olvidado, es extraño sentir satisfacción o pensar qué bueno que esa persona ya no piensa en nosotros, más cuando de nuestra parte aún existen sentimientos. Por lo general nuestro ego quiere que seamos nosotros los primeros en olvidar, los primeros en dejar de sentir y si es posible que el otro lado culmine sus días recordándonos y mejor si piensa que hemos sido lo mejor que ha ocurrido en nuestras vidas.

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Pero mientras nuestro ego se concentra en cuál es el escenario que mayor satisfacción le produce, debemos desde nuestra verdadera esencia, la que no guarda rencor y solo acumula experiencia para su evolución, intentar ser escuchados por nuestro sistema, para tomar la lección y seguir adelante, fortalecidos, dejando atrás todo lo que no nos nutra, lo que no nos duela.

Que la paz no dependa de lo que hagan los demás debe ser nuestro norte, que la ubiquemos aún en turbulencias y nos podamos refugiar en ella. Evidentemente el no estar enganchados a una situación dolorosa, nos dará tranquilidad y cuando se trata de dejar de extrañar a alguien podemos sentirnos realmente liberados de ese atajo al dolor que mantuvimos por un tiempo determinado, inclusive cuando del otro lado hace ya mucho nos habían soltado.

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Nuestras decisiones deben estar enfocadas en las cosas que nos hagan bien y si es posible que favorezcan a los demás. Ayudarnos en el proceso resulta de utilidad cuando queremos soltar algo, no basta con enfocarnos día y noche en hacer actividades diferentes, con rodearnos de otras personas, inclusive iniciar relaciones que nos distraigan, será necesario hacer una revisión interna, sacar provecho de las experiencias, inclusive las dolorosas, reconocer las responsabilidades sin cargar culpas, perdonar hasta poder recordar sin rencor, hasta poder respirar sin dolor. Cuando esto ocurra podremos seguir adelante con pasos más firmes y mucho más ligeros de equipaje.

Aprendamos a agradecer las oportunidades, inclusive las que a través del sufrimiento representaron un aprendizaje y busquemos siempre la manera de verle el lado positivo a las cosas, porque siempre lo tiene. Un cambio de enfoque ante la vida, sin duda nos hará obtener los mejores resultados de nuestras experiencias.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

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