Lo que no quiero en una relación de pareja

Lo que no quiero en una relación de pareja

Muchas veces no estamos muy seguros de lo que queremos en una relación de pareja, sin embargo, bien sea por experiencia, por observación o por simple sentido común tenemos muy claro lo que no queremos.

Resalto en esta entrada la importancia de irle dando mucha mayor fuerza a lo que sí nos gustaría obtener y vivir en cualquier aspecto de nuestras vidas, ya que cuando nos concentramos e invertimos demasiado tiempo pensando en lo que queremos evitar, terminamos atrayendo a nuestras vidas justamente eso.

Más allá de qué y cómo materializamos, de forma personal puedo hacer un listado de aquello que no deseo en mis relaciones, especialmente de pareja, que encienden mis alarmas cada vez que asoman:

No quiero a una persona mentirosa: La honestidad tiene un valor que pocos saben apreciar y cualquier cosa que fracture la confianza como mentiras, engaños o administración de verdades resultará contraproducente.

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No quiero a alguien que intente controlarme: Esas personas que intentan que uno se adapte a sus formas, a sus maneras y a sus sueños, sin dejarnos oportunidad de vivir por modo propio, de sentir y especialmente de ser, se convierten en carceleros y asesinos de sueños y nosotros si lo permitimos, nos convertimos en sus cómplices.

No quiero a una persona que me busque solo cuando se siente solo o cuando le convenga: Si bien no es sano invertir todo nuestro tiempo en alguien, tampoco lo es buscar acercamiento solo cuando se siente una necesidad de compañía. Ambas personas deben tener espacios propios, pero también deben preferir el compartir muchas cosas de sus vidas.

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No quiero una persona con temor al compromiso: Estas personas suelen lastimar, incluso cuando se sienten involucrados a nivel sentimental, pueden percibir en paralelo que están perdiendo su libertad, lo cual los puede llevar a tomar decisiones que vayan en contra de la relación.

No quiero personas inseguras: Quienes no sienten seguridad en sí mismas, procuran tambalear la de los demás, quieren hacerlos sentirse pequeños, pretenden controlarlos, aislarlos y por lo general tienen un problema severo de control de celos, cualquier escenario resulta para ellos una amenaza.

No quiero personas que no son congruentes entre lo que dicen y lo que hacen: Pueden endulzarte los oídos, mientras te amargan la vida. Prefiero incluso quien diga poco y demuestre con acciones sus intenciones.

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No quiero a alguien mezquino: La mezquindad no solo se asocia a cosas materiales, quien es mezquino lo es con todo lo que puede dar, inclusive con los sentimientos, cualquier cosa que salga de él representa una pérdida, más que una inversión.

No quiero a una persona rígida: La rigidez acompaña a la frustración, el no poder cambiar, el no poder adaptarse, el esperar algo específico, no hace otra cosa que querer transformar al otro con el fin de que se adapte a sus expectativas y cualquier cosa que represente una desviación, será motivo de inconformidad.

No quiero una persona que me compare con alguien más, menos que me ponga a competir: Todos somos seres únicos y maravillosos, diferentes a todos los que nos rodean, quien nos quiera, deberá hacerlo por lo que somos y no por los patrones que se encuentran en su mente.

Nuestras relaciones siempre tendrán cosas que no nos agraden, pero en principio debemos buscar acoplarnos con aquellas personas con las cuales podamos establecer ciertos acuerdos, especialmente de las cosas que nos generan incomodidad. Muchas de las cosas  mencionadas acá es muy difícil que si alguien las tiene, lleguen a cambiarlas. Por eso es importante aprender a filtrar y no estar con alguien esperando que cambie.

Si la persona con la cual nos relacionamos tiene actitudes que no podemos soportar, consideremos estos aspectos como no negociables y entendamos en las primeras etapas que probablemente ésa no sea la persona con la que nos sentiremos en paz. Si por el contrario creemos que podemos adaptarnos y cambiar nuestra visión, hagamos el intento, pero nunca esperando que sea el otro el que genere el cambio.

Por: Sara Espejo  – Mujer.Guru

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