Si alguien se quiere ir de tu vida, simplemente ábrele la puerta

Si alguien se quiere ir de tu vida, simplemente ábrele la puerta

Muchas veces queremos conservar cerca a nuestros amores, a esas personas que por un motivo u otro consideramos importantes, inclusive cuando sentimos que esas personas no merecen estar ocupando espacios importantes de nuestra vida y nuestro corazón.

Debemos aprender a acepar que cada quien es como es, que cada quien está donde quiere estar y con mayor acto de fe, aceptar que cada quien está donde le corresponde. Muchas veces estamos inclusive dispuestos a perdonar, a justificar a nuestros afectos, para mantenerlos a nuestro lado, sin embargo, puede ser que ellos mismos sean los que deciden alejarse, retirarse, pudiéndonos parecer más injusto aún.

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Pero debemos respetar las decisiones y las prioridades de cada quien, si alguien ya no quiere permanecer en nuestras vidas, no podemos secuestrarlo para que se quede. Ya el tiempo dirá lo que tenga que decir, si nosotros hemos dado lo mejor, si hemos valorado una relación, si hemos aportado, inclusive cuando el otro se enfrasca en restar, no debemos tener sentimientos de culpa, no nos merecemos sentirnos mal de ninguna manera, ya esa persona más temprano que tarde, podrá notar lo que perdió.

Muchas veces debemos estar alejados de alguien, para que esta persona logre valorar lo que tuvo, aunque esto no resulta de aliciente, sí que sirve para ubicar las cosas en su lugar y es ese juez llamado tiempo, quien por lo general se encarga de darle sentido a las cosas y aportar respuestas que hoy no son evidentes.

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Deja ir con dignidad a quien ha escogido otra opción distinta a estar contigo, por más complicado que sea perder a quien se ama, a quien se aprecia, a quien consideramos de los nuestros, mucho más complicado es resistirse y negarse a una realidad que sale de nuestro control.

No basta con que no retengamos a esa persona o no intentemos hacerle cambiar de parecer, tratando de vendernos y de hacerles ver que cometan lo que nosotros consideramos un error, porque para los efectos del otro podemos haber aceptado maduramente una decisión, pero en paralelo, podemos sentir cómo nuestro mundo interior se quiebra en pedacitos, por ello es necesario que a nivel interno soltemos todo lo que nos duele, aceptemos de corazón lo que ha ocurrido y sanemos nuestras heridas.

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Cuando en sentimientos y pensamientos evitamos que esa persona se marche, lo que hacemos es intentar retener algo en nuestro interior que termina explotando, bien sea humillándonos frente al otro, mendigando su afecto y reclamando un lugar que ya no nos pertenece o bien dañando nuestro presente y toda posibilidad de darnos la oportunidad de sanar, no solo por nosotros, sino para quien esté interesado en darnos un lugar especial en su vida.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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