Te di otra oportunidad y nuevamente me fallaste

Te di otra oportunidad y nuevamente me fallaste

Resulta complicado aceptar el hecho de que las personas difícilmente cambian, que más temprano que tarde terminan repitiendo un patrón de conducta que los ha definido a lo largo de sus vidas. Y resulta muy doloroso verse afectado por cualquier tipo de decepción, pero sin duda el dolor se multiplica cuando se siente por segunda vez.

Como bien se dice, si te lastiman una vez, la culpa es de quien lo hace, si te lastiman dos, es tu responsabilidad. Parece obvio que lo más sano ante la herida, ante la traición, ante el engaño, es marcar una retirada que nos permita recuperarnos y protegernos. Pero algunas veces nuestras ganas de que las cosas sean diferentes, nuestras esperanzas en que las personas o las circunstancias cambien, nos hacen dar segundas oportunidades.

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Lamentablemente las segundas oportunidades no llevan consigo garantía alguna de que esta vez lo que obtengamos se diferente, y aun cuando las asumamos con la mejor disposición, con las mejores intenciones, podemos vernos en la incómoda posición de atravesar por algo igual o peor a lo anterior.

Acá no solo nos decepcionamos nuevamente del otro, sino que nos sentimos mal con nosotros mismos, nos cuestionamos, perdemos esa confianza que podamos sentir en relación a la toma de decisiones, además de la confianza en quien nuevamente nos ha restado valor y nos ha lastimado.

Hombre triste

No siempre una segunda oportunidad lleva al fracaso, pero por lo general las cosas resultan como la primera vez, quizás con el agravante de que como hemos dado una nueva oportunidad, se asume que estaremos dispuestos a hacerlo las veces que hagan falta.

Debemos entender que los cambios no surgen de la noche a la mañana y que cada uno de nosotros tiene creencias, intereses, prioridades, costumbres y personalidades que de alguna manera nos define, los cambios que se pueden mantener vienen como consecuencia de una revolución interna, sin presiones externas, sino por decisión y toma de acciones que vayan en una dirección determinada. Para ello es necesario el reconocimiento, la aceptación y el paulatino cambio de lo que podríamos mejorar. Pero esos procesos raras veces se concretan, por lo que tarde o temprano las personas terminan actuando la misma manera en situaciones similares.

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No te sientas mal si la persona que le diste una nueva oportunidad otra vez te ha fallado, quizás no es algo personal, sino tiene que ver con los recursos que tiene para afrontar cada una de las circunstancias de su vida. Pero sí ten claro, que eres la única persona que puede evitarte el sufrimiento. Muchas veces aunque nos duela profundamente es necesario dejar salir de nuestras vidas aquello que nos daña, así aun tengamos fuertes sentimientos hacia ello. Siempre será preferible trabajar una herida hasta curarla, a resignarnos a que esa herida nunca cicatrice.

Por: Sara Espejo

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