Algunas veces tendremos que cerrar puertas que ya no conducen a ninguna parte

Algunas veces tendremos que cerrar puertas que ya no conducen a ninguna parte

Tenemos muchas formas de demostrarnos a nosotros mismos cuánto nos queremos, cuánto nos cuidamos y cuánto estamos dispuestos a defendernos… El amor propio comienza por aceptarnos, por entender que como seres humanos que somos, estamos dotados con muchas virtudes, pero también tenemos aspectos mejorables, entendiendo a su vez que todos somos diferentes, sin tener la necesidad de compararnos con otros y mucho menos de vivir por complacer a otra persona.

El reconocer que algunas veces las cosas no son como las esperamos y que en la mayoría de las oportunidades podemos tomar acciones para no resultar más afectados de lo necesario, requiere madurez y entendimiento de la situación.

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Muchas veces nos quedamos en situaciones en donde comprometemos nuestra integridad e inclusive nuestra dignidad, principalmente por miedo, miedo de lo que podamos perder, miedo a quedarnos solos, miedo a no conseguir algo mejor, miedo a que nos reemplacen, miedo a salir de lo conocido… Y así vemos pasar el tiempo y con él, en lugar de armarnos del valor que requerimos para salir de allí, nos vemos cada vez más envueltos por las limitaciones que nosotros mismos nos hemos creado.

Debemos entender que cuando una situación no nos hace bien, nos roba la paz, nos lastima de alguna manera, tenemos la responsabilidad y el derecho de replantearnos a nosotros mismos, de encontrar salidas, de dejar personas, de abandonar lugares, de cerrar ciclos… de cerrar puertas, especialmente aquellas que ya nos llevan a ninguna parte… Y esto es sin duda una demostración de amor y respeto por nosotros mismos.

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Nadie dice que es sencillo, dejar ir puede ser una de las cosas que requiera mayor valor, cuando es algo que nos importa, cuando de alguna manera hemos invertido nuestros recursos, cuando hemos depositado nuestras ilusiones en algo o en alguien, pero debemos ir aprendiendo a soltar lo que nos retrasa, a decir adiós a aquello que no nos permite volar, nos debemos la oportunidad de ser, en un camino que nos conduzca a donde queremos estar.

No alberguemos esperanzas donde sabemos que no ocurrirán cambios que no sean generados por nosotros, si ya dimos lo que teníamos que dar, aportamos, intentamos darle la vuelta a lo que nos incomodaba y aun así una determinada situación sigue haciéndose presente para restarnos bienestar, demostremos que entendemos que la persona más importante a nuestro cargo somos nosotros mismos, que si no estamos bien, no estaremos en condiciones de dar de nosotros lo mejor.

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Aprendamos a querernos y con ello a tomar las acciones más convenientes, hagamos lo mejor posible porque las cosas estén en armonía para todos, pero si evidentemente no hay compatibilidad con una situación y nosotros, optemos por cerrar algunas puertas, permitiendo el acceso a nuestras vidas a lo que nos nutra, lo que nos haga feliz y lo que nos aporte de forma positiva.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

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