No quiero estar contigo, pero tampoco quiero que estés con alguien más

No quiero estar contigo, pero tampoco quiero que estés con alguien más

No querer estar con alguien, pero desear que esa persona no esté con alguien más, puede ser muestra de egoísmo, de inmadurez, de cinismo, pero ocurre con muchísima frecuencia en el contexto de las relaciones amorosas.

A todos nos agrada sentirnos queridos, sentir que somos importantes en la vida de alguien y quizás solo por ego, nos complace mantener lugares prioritarios para quienes estuvieron con nosotros en algún momento.

Este tipo de conductas varía en intensidad de ligera a extrema, siendo el primer caso inofensivo y solo generando una especie de recelo en quien ve cómo de alguna manera está siendo reemplazado por alguien más en la vida de quien le amó. Sin embargo, el segundo caso, puede traer consecuencias muy negativas para todos los involucrados.

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En los casos extremos, la persona que se ve suplantada, siente celos, siente frustración y egoísmo de no poder seguir teniendo el papel protagónico en la vida del otro. Pudiendo inclusive, tomarse la tarea de fomentar un acercamiento, con tal de dejar por fuera al factor amenazante.

Si las intenciones de relacionarse fuesen genuinas, no habría mayor inconveniente, solo sería una pareja más que ha decidido darse una nueva oportunidad, sin embargo, en la mayoría de los casos, quien se siente amenazado de perder su posición en la vida de alguien, está consciente de que no quiere entablar una relación con esa persona nuevamente, que tiene suficiente motivos para estar separados, pero le basta con tomarse el tiempo requerido para sacar del juego a su rival.

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Muchas veces intentan engañarse a ellos mismos, tratando de encontrar motivos que fomenten un retorno, diferente a que no desea que la otra persona esté con alguien más. Hay quienes afirman que esta situación solo se da cuando hay amor, cuando hay fuego aún, pero aunque puede ser cierto, por lo general es solo ego herido, necesidad de control, necesidad de sentirse querido y de no perder espacios y miedo a perder lo que en algún momento sintió suyo.

Si hay motivos equivocados para estar con alguien, sin duda, este está en los primeros de la lista, no se es feliz con alguien, pero no se desea que ese alguien sea feliz con alguien más, aunque esto represente sacrificios personales con tal de garantizar los espacios ocupados.

Debemos aprender a cerrar ciclos, a recordar los motivos que nos impulsaron a separarnos y en caso de querer darle una segunda oportunidad a alguien, debemos asegurarnos de que partiremos de una buena causa, no del miedo o el egoísmo.

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Todos merecemos ser felices, solos o acompañados y debemos ser capaces de aceptar que no siempre ocuparemos el mismo lugar para quien nos amó. Por lo menos por reciprocidad debemos respetar su vida y su deseo de que le vaya bien, de que encuentre en alguien más lo que quizás con nosotros no fue factible. Al quitarle la oportunidad a esa persona de relacionarse nuevamente, también estamos impactando nuestra vida, y no necesariamente para bien.

Todo cambia, aprendamos a aceptar que cada persona ocupará en nuestras vidas el lugar que le corresponda y de igual manera nosotros ocuparemos los espacios que nos corresponden. Sembremos en nuestras relaciones lo mejor y lo demás vendrá por añadidura.

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