La traición de quien creíamos un buen amigo, puede resultar de las más peligrosas

La traición de quien creíamos un buen amigo, puede resultar de las más peligrosas

La traición siempre duele, venga de quien venga, pero aparte de dolorosa, la traición de un amigo cercano puede hacernos mucho daño.

Esas bromas tipo: “si algún día dejas de ser mi amig@, tengo que matarte porque tienes demasiada información”, pues nos hablan justamente del riesgo que podemos correr en algunos casos por la confianza entregada a alguien más.

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Por supuesto muchos dirán que si somos personas correctas, no debería haber información que se pueda usar en nuestra contra, que nos comprometa o que sencillamente tenga la potencialidad de generarnos algún problema. Pero más allá de que si actuamos o no de manera correcta en nuestras vidas, un buen amigo a quien le hemos entregado nuestra confianza, puede tener demasiada información que en caso de querer hacernos mal, servirán como armas letales.

Los buenos amigos escuchan las cosas que no le diríamos a nadie, inclusive aquellas que remotamente pensamos, pero que no seríamos capaces de llevar a cabo, saben de nuestras dudas, de nuestras quejas, de nuestras aventuras ejecutadas o deseadas, conocen nuestra bondad y esa parte maliciosa, que no solemos mostrar a nadie más, saben nuestras verdades y las mentiras que en algún momento tuvimos que pronunciar, saben a quién tratamos por cortesía aun cuando daríamos mucho por no tener que dirigirle ni la mirada.

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Los buenos amigos están allí para eso, es normal, hay complicidad, inclusive cuando son personas que no cuentan del agrado de muchos, cuando pasan a formar parte de ese grupo íntimo y de confianza, podemos sentir que estas personas pudiesen incluso no ser favorables para el resto, pero para nosotros son lo máximo, pensando que por tener nexos que nos unen y alimentar los afectos, estamos exentos de que hagan con nosotros lo que han hecho a otros.

Pero lamentablemente un día podemos darnos cuenta de que nos han salpicado, que la confianza que depositamos está a la venta o disponible para cualquier cambio, que el afecto no era tan fuerte, que ante cualquier oportunidad, nos han traicionado, nos han puesto en una posición comprometida, que nos hace daño y nos coloca en riesgo de perder otras cosas adicionales a esa amistad, que evidentemente no era tal.

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La traición puede tener muchas justificaciones, sin embargo, no son más que excusas para quien no sabe valorar lo que otra persona le entrega y el egoísmo, la envidia disfrazada, la necesidad de atención, las ganas de borrar sonrisas en caras que no sean las suyas, beneficiarse de alguna manera o simplemente pensar que están haciendo lo mejor, pueden ser los argumentos más poderosos al momento de traicionar. Algunas veces inclusive estas personas pierden a alguien por ganar un nuevo afecto.

No podemos andar desconfiando de nuestros amigos, solo tenemos que ver que la traición es algo potencial y si no queremos sentirnos comprometidos, midamos la información que pueda generarnos algún daño con su uso o con su manipulación. Los amigos verdaderos no traicionan, el detalle es que esa distinción solo la podemos hacer al final de la historia.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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