El error fue mío, siempre creí que te importaba tanto como tú a mí

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El error fue mío, siempre creí que te importaba tanto como tú a mí

Cuando apostamos por alguien en cuanto a amor se refiere, por lo general lo hacemos considerando que recibiremos lo mismo que nosotros estamos dispuestos a aportar, que podremos entregar lo mejor de nosotros con la expectativa de que seremos valorados y cuidados con atención y afecto. Sin embargo, siempre será un riesgo, que nos puede conducir a obtener resultados diferentes a los esperados con consecuencias dolorosas.

Las decepciones se presentan en nuestras vidas cuando esperamos de los demás desde nuestro enfoque de la vida, desde lo que nosotros haríamos en una situación determinada. Muchas veces se hace imposible no seguir este patrón, porque junto a él van unidos nuestros sueños, lo que nos hemos proyectado, por diversos motivos, por creencias, por lo que creemos es el deber ser, por lo que nos gustaría que fuese nuestra vida, incluyendo cómo queremos ser amados.

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Cada persona es un contenedor único, donde su mezcla es particular y depende de sus experiencias, de su crianza, de sus creencias, de sus relaciones anteriores, de sus afectos, el cómo actúa, piense y siente. Si bien es cierto que todos tenemos la capacidad de discernir, también es cierto que las bandas no tienen que necesariamente coincidir, lo que es aceptable para alguno no debe serlo para otro, lo que está bien para alguien, para otra persona no es así, todo es muy relativo y en medio de esa relatividad surgen las decepciones, esperando que alguien actúe como a nosotros nos gustaría.

El respeto, el amor, la atención, no son cosas que deban exigirse, son cosas que se dan, con la esperanza de recibirlas a cambio, sembramos con acciones y detalles lo que esperamos cosechar, nos comportamos, o al menos debería ser así, de la manera que nos gustaría que se comportaran con nosotros. Porque si bien es cierto  que debemos dar sin esperar, la realidad es que el equilibrio es lo que normalmente fomenta las relaciones sanas y sustentables.

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Nadie pierde por dar amor, nadie pierde por cuidar a quien ama, nadie pierde por respetarse a sí mismo y la relación en la que se encuentre, pierde quien no actúa de esa manera, quien es mezquino en sus sentimientos, quien no valora lo que recibe, quien engaña, quien piensa solo en sí mismo, pierde el que no sabe recibir ese amor.

Por eso ante la decepción, ante la consciencia de que hemos dado lo mejor de nosotros mismos y no hemos recibido a cambio lo que esperamos, evitemos el sufrimiento, probablemente es la manera más rápida que tiene la vida de decirnos que estamos en el lugar equivocado. Agradezcamos la experiencia, la lección y con más voluntad que nunca miremos nuestro futuro con la seguridad de que el dolor fortalece, que nos cambia, pero para mejor, no para atrincherarnos o cerrarnos oportunidades, sino justamente para presentarnos otras que sí valgan la pena.

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One thought on “El error fue mío, siempre creí que te importaba tanto como tú a mí

  1. Blanca E.P.L says:

    Espero y me disculpes por mi mala ortografía, en mi caso nunca conocí a la persona que estaba interesada en mi eso me supongo, me celaba, me hacia seguir por personas, nunca me hablo de frente y decirme cuales eran sus sentimientos, en lugar de hacerme sentir que le interesaba era todo lo contrario, que se burlaba como si fuera el juego del gato queriendo atrapar al ratón, algunas de las personas que me seguía se burlaban de mi, estaba destrozando mis nervios, si el de esa forma quiso que me enamorara de el fue todo lo contrario, no lo odio ni le deseo nada malo pero no son formas a mi parecer de enamorar o llamar la atención de alguien esto a mi sentir fue un juego por parte de esta persona …………me siento humillada, avergonzada, burlada…….

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