Por más sospechas que tengas, descubrir un engaño siempre duele

Por más sospechas que tengas, descubrir un engaño siempre duele

No puedo negarte, que a pesar de que había algo que estaba activando mis alarmas, que aunque mis dudas se apoderaban de mi mente y cada vez la sospecha se hacía más fuerte, no dejaba de desear que todo fuese un malentendido. Deseaba que no fuese más que un problema que a nivel interno debía resolver, por inseguridad, por miedo, quizás por eso que a veces llamamos “auto-sabotaje”, que se hubiese apoderado de mí, al sentirme tan cómoda a tu lado y estuviese levantando de alguna manera barreras de protección.

Pero para mi suerte y a la vez mi lamento, como el destino de la mayoría de las mentiras, todo  cayó por su propio peso, y sin buscar, ni indagar, las respuestas a mis dudas llegaron a mis manos, para tener la dolorosa tarea de descubrir tu engaño. Para tener que procesar que no eras más que una ilusión, una fachada, con contenido incierto, con contenido falso y tóxico.

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Podemos llamarlo intuición, pero muchas veces tenemos señales al frente y nosotros mismos nos negamos a verlas, decidimos pasarlas de largo y apostar por confiar, por sentir que nos cuidarán tanto como nosotros podemos hacerlo con las personas que nos importan.

Descubrir un engaño nos deja en la terrible posición de colocar en tela de juicio absolutamente todo lo que proviene de la misma fuente, cada palabra, cada gesto, cada alegría, cada entrega, queda manchada de manera irremediable por la duda, por esa sensación de que todo ha sido mentira.

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Vemos el rostro avergonzado de quien nos ha engañado y compasivamente podemos notar su falta de norte, su carencia de escrúpulos, su limitación de poder pensar en alguien más que no sea en sí mismo… Y si podemos apartar el dolor y la rabia producto de la decepción, sentimos lástima, lástima porque esa persona no es capaz (entiéndase: no tiene capacidad), de valorar lo que tiene y en medio de su necesidad de tenerlo todo, de no querer dejar pasar una oportunidad, en simultáneo lo pierde todo.

Nada vuelve a ser como antes, independientemente de la decisión que tomemos, nada será lo mismo, nos quedará el sabor amargo de la desilusión y esa persona jamás volverá a ocupar la posición que tenía antes. Dependiendo del engaño y de las personas involucradas, las mismas se debatirán entre dejar pasar el engaño y tratar de continuar rearmando los pedazos, haciendo del perdón el mayor aliado; alejarse de la fuente del dolor y continuar el camino con mayor precaución; o bien, continuar y buscar venganza. Sea cual sea el escenario, siempre tendrá la sombra del engaño a cuestas, con las consecuencias propias de la decepción.

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Sin caer en un estado paranoico, debemos estar alerta a las señales, si algo nos genera desconfianza, más si no es nuestro hábito, prestémosle atención, porque normalmente, arrojará el resultado que en el fondo ya sabemos y cada uno de nosotros lo mínimo que merece en sus relaciones personales es respeto, consideración, empatía y reciprocidad y nunca debemos conformarnos con menos de lo que nosotros estamos dispuestos a ofrecer.

Por: Sara Espejo – Mujer.Guru

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