Hay situaciones en las que la mejor manera de decir las cosas es no diciendo nada

Hay situaciones en las que la mejor manera de decir las cosas es no diciendo nada

Algunas veces subestimamos el poder que tiene el silencio en nuestras vidas, el cual puede generar el efecto que millones de palabras no pudieron.

Evidentemente no se trata de reprimir nuestras palabras, nuestras ideas, pensamientos y sentimientos, sino más bien utilizar el silencio como un recurso más de la comunicación, donde podemos comunicarnos a través de él.

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A veces se llama más la atención con un silencio que con una palabra, en la mitad del silencio se logra transmitir todo aquello que va más allá de lo audible, de lo que puede ser interpretado por alguien más o sencillamente que solo se escucha con la finalidad de responder.

Callar en un momento determinado no significa que debe hacerse siempre, pero sí que se debe aprender a escuchar, aprender a oír nuestro interior y reflejar con actitudes y gestos lo que verbalizadamente no llegamos a expresar.

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Cuando hacemos mucho ruido, podemos distorsionar un ambiente, podemos decir cosas que no resulten convenientes, sino que por el contrario terminen complicando una situación aún más. La prudencia y la inteligencia deben estar presentes cuando queremos manifestarnos, pudiendo discernir entre las opciones que generan mayores beneficios a la situación puesta en el tapete.

“Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar.― Ernest Hemingway”

En la comunicación los recursos de expresión son de gran utilidad y el aprender a manejarlos marcará la diferencia en cuanto a la efectividad y la asertividad. La experiencia nos irá dando la luz necesaria para aprender a callar o a hablar en momentos determinados. Hay quienes no logran un equilibrio al respecto y optan por los extremos, o se callan y guardan todo, lo cual termina enfermando el contenedor de pensamientos y sentimientos no expresados, o quienes tienen como norma decir todo lo que piensan y sienten sin importar las consecuencias, conveniencia o daños generados, a ellos mismos o a los involucrados.

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Aprendamos a utilizar los filtros, a leer entre líneas, a no ser tan evidentes y a valorar nuestros silencio, que es el mejor recurso cuando hemos intentado dar un mensaje a través de todas las palabras posibles o bien cuando no queremos precisamente ser esclavos de ellas.

“Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar.― Diógenes Laercio”

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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