Es de mala educación decir TE AMO, con la boca llena de mentiras

Es de mala educación decir TE AMO, con la boca llena de mentiras

El amor es el más puro de los sentimientos, pero a su vez que más se profesa sin llegarlo a sentir. Muchas veces con intenciones insanas, otras veces por el mero desconocimiento de lo que implica amar.

Cuando un “te amo” es pronunciado sin el debido respaldo, es como entregar un billete que no vale nada, de mentira, se convierte en un engaño para quien lo recibe y piensa que tiene algún valor.

Evidentemente algunas veces sentiremos que amamos a alguien para luego darnos cuenta de que era una mera ilusión o bien podemos sencillamente sentir que ese amor ya no es tal y se ha ido apagando día a día, tristeza tras tristeza, decepción tras decepción. Y esto resulta válido, el amor puede transformarse y más aún cuando no es un amor incondicional puede morir.

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Pero siempre que pronunciemos esa poderosa frase debemos procurar realmente sentirlo, aunque cuando no sea así, todo caerá por su propio peso, porque más allá de las palabras, están las acciones que sustentan los sentimientos, está el interés, el cuidado, los detalles, las caricias y miradas que cuando existe amor, se encargan de sacarlo a relucir.

Las malas intenciones tarde o temprano son descubiertas y más allá de herir a quien se engaña con falsos “te amo”, está el efecto que se genera en quien las produce. Quien dice un te amo sin sentirlo, con la intención de obtener algún tipo de beneficio está restándole mérito a lo que ello significa en su vida, está tomando a la ligera la energía que nos nutre y de esa manera mezquina el amor vendrá de vuelta hacia él.

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Las mentiras tienen cortos recorridos, pero con difícil retorno y podemos perder personas muy especiales por no ser honestos y sinceros en relación a nuestros sentimientos  y a lo que queremos de una relación.

Aprendamos a utilizar las palabras adecuadas, procurando que ninguna de ellas dañe a quienes las dirigimos, siendo honestos con los demás y sobre todo con nosotros mismos. No estamos obligados o presionados a amar a nadie y mucho menos a manifestar aquello que no sentimos, por lo cual no hay necesidad de cubrirse de mentiras y pretender ocupar espacios que sabemos que no nos corresponden.

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Pensemos que lo que sembremos, cosecharemos, así que aprendamos a reconocer nuestros sentimientos y a llamar las cosas por su nombre, evitando de esta manera generar daños innecesarios en las personas para quienes somos importantes.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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