8 Enseñanzas para toda la vida que nos dejan los hermanos

8 Enseñanzas para toda la vida que nos dejan los hermanos

Los hermanos, independientemente de la afinidad, de la diferencia de edades, del sexo, de la personalidad, pueden ser quienes más puedan nutrirse de una relación fraternal desde tempranas edades. Sí, es cierto que algunas de estas enseñanzas puedan aprenderse en solitario o bien con otras personas, pero sin duda que a través de una relación de hermanos, las lecciones crecerán con nosotros para nunca dejarnos.

Compartir:

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Los hermanos de manera natural, espontánea o forzada, se ven expuestos a compartir sus cosas, la comida, el espacio, el amor de papá y mamá… Quienes tienen hermanos, deben ser capaces de recordar al menos alguna oportunidad en la cual encontraron a su hermano con su pantalón preferido, estuvieron horas buscando una gorra, que su hermano había decidido usar, o esa pintura de labios que solo pudieron hallar en la cartera de la hermana… Sí, no siempre es consentido, pero el compartir es un hecho en cualquier relación entre hermanos.

Trabajar en equipo:

Quien tiene un hermano sabe la diferencia de los resultados producto de trabajar de manera individual a trabajar en equipo, desde ordenar el cuarto, hasta convencer a los padres de ir a un paseo… el trabajo en equipo se aplica desde muy temprano cuando se tiene un hermano.

Perdonar:

Imposible no perdonar a esa persona que estamos obligados a ver todos los días, así que el perdón entre hermanos puede tardar, cuando están pequeños algunos minutos, a medida que crecemos esto puede tomar algo más de tiempo, pero la semilla está sembrada, sabremos que más pronto que tarde terminaremos perdonando a ese hermano… y no una, sino las veces que sean necesarias, aunque inclusive nos digamos: ésta es la última vez.

Aceptar:

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Cuando se trata de hermanos no tenemos muchas opciones que digamos, son los que tocaron, no podemos ponernos ni con mucho juicio, ni con mucha inconformidad, sea el mejor o esto sea discutible, tendremos que aceptar su manera, su forma y amarlo por sobre todas las cosas.

Confiar:

Cuando tenemos un hermano aprendemos a confiar, a contarle nuestras cosas, nuestros problemas, nos sentimos seguros, que no vamos a ser traicionados, ni vamos a correr riesgos en relación a la información que entreguemos. Evidentemente en este punto se pone en juego la responsabilidad y la búsqueda de lo mejor para ese hermano.

Cuidar el uno del otro:

Lo más común es que el hermano mayor cuide del más chico, pero el cuidado en mayor o menor escala es bidireccional, así sea guardando un pedacito de su postre preferido, defendiéndolo de algún compañero de la escuela o diciendo a mamá que su hermano se ha quedado atascado en algún sitio de la casa, el cuidado de un hermano a otro, la defensa, la protección, la complicidad, son unas de las grandes enseñanzas que nos dejan una relación de hermanos.

Aprender:

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De todas las relaciones se aprende algo, de todas las personas que interactúan con nosotros podemos obtener un conocimiento, una lección, un ejemplo, pero los hermanos resultan ser las figuras desde donde el aprendizaje es más constante y frecuente, son una fuente de descubrimiento y conocimiento que nutre a ambas partes.

Amar:

Definitivamente, luego de los padres, son los hermanos a través de los cuales aprendemos a amar, a demostrar afecto, a sentirnos amados, son ellos inclusive los que nos ayudan a formar nuestro propio concepto y hasta las pautas de merecimiento.

Ciertamente los hermanos podemos pelear, dejarnos de hablar, podemos distanciarnos, juzgarnos, pero ellos son para nosotros nuestros primeros amores, así como nosotros para ellos, no importa las vueltas que dé la vida, nuestro origen es el mismo y en él hay mucho amor concentrado que alcanzará para la eternidad.

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