Llorar, drenar el dolor… Alivia el corazón

Llorar, drenar el dolor… Alivia el corazón

Algunas veces sentimos que demostrar nuestras emociones es sinónimo de debilidad, de poco autocontrol y creemos que las personas fuertes no andan por la vida derrumbándose ante las adversidades, sino que mantienen una postura firme que les permite salir adelante.

Sin embargo, cuando somos muy rígidos, inclusive con nosotros mismos, en nuestros estados de soledad, solemos ser más propensos a quebrarnos, precisamente por tener pocas vías de drenaje y no permitirnos flexibilizarnos ante las diversas situaciones.

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Es el conocernos, el entender nuestras debilidad, el no mandar a callar nuestro corazón ante una pena, lo que nos hace poder salir airosos de las situaciones que nos generan dolor. Guardar la pena, aparentar que no existe o que no duele, siempre hará estragos en nuestro ser. Manifestaremos por cualquier vía lo que no sabemos expresar y nos generemos un daño mayor del que una respuesta oportuna y una atención a nuestro interior pensamos podría generarnos.

Es evidente que conscientemente no nos gusta estar tristes, no nos gusta sentirnos vulnerables, sin embargo son sentimientos y emociones normales que enfrentamos todos los seres humanos. Esto no es un llamado a ir por el mundo derramando lágrimas, inspirando lástima o buscando consuelo. Es un llamado a darnos la oportunidad de drenar nuestro dolor, de no engavetarlo, de no pasarlo desapercibido, porque en el momento que esa gaveta se abra, que de seguro lo hará se habrá vuelto ese dolor mucho más grande, generará consecuencias mucho perores en nosotros.

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Si queremos llorar, no pasa nada, lloremos, drenemos esas angustias, no debemos sentirnos débiles, sino humanos, atravesando y dándole cara a algo que nos acontece. Somos seres emocionales y nuestro cuerpo necesita expresarse y necesita drenar, atendamos como a un pequeño niño nuestras demandas, hagámonos saber que todo estará bien, que está bien sentirse así, pero que pronto todo se solventará.

Nunca nos demos la espalda o nos recriminemos falta de fortaleza, la mayor fortaleza radica en poder darnos contención cuando la necesitamos, en darnos el tiempo y tomar las acciones que sean necesarias para sanar, para superar una decepción, para atravesar un duelo. Luego de prestarnos la debida atención, podemos recobrar energías y prepararnos para alzar nuestro vuelo, sin ninguna carga a nuestra espalda, sin ningún remordimiento, sin ninguna herida abierta.

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Contar con personas que nos quieren en momentos complicados es muy positivo, sin embargo, siempre debemos ser nosotros mismos los que manejemos nuestras penas y tomemos las acciones necesarias para salir adelante con las menores secuelas posibles.

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