Madurar es sonreír frente a esa persona que te hizo llorar

Madurar es sonreír frente a esa persona que te hizo llorar

La vida nos somete a muchas situaciones y vivencias, entre ellas nos vemos expuestos a cruzarnos en nuestro camino con personas que despiertan en nosotros profundos sentimientos, pero que por una razón u otra acaba decepcionándonos, inclusive generando en nosotros el dolor que expresamos a través de nuestras lágrimas.

Todo proceso doloroso, debe llevar consigo un proceso de duelo asociado, vivir cada una de las etapas del mismo, nos permite luego levantar la mirada y volver a ver al mundo con más ánimo, con más fe y confianza. Estas etapas por lo general son cinco y no necesariamente se viven de manera lineal, podemos saltar de una a otra, pero cuando llegamos a la etapa de aceptación el proceso normalmente se ha cerrado.

Mujer morena con ojos cerrados apoyada en la pared

  • Negación: Fase en la cual sentimos rechazo a lo que vivimos.
  • Ira: Fase en la cual cuestionamos de forma iracunda nuestra situación.
  • Negociación: Fase donde tratamos de acordar con nosotros mismos o con la persona involucrada, intentando buscar una solución.
  • Depresión: Fase en donde la tristeza se apodera de nosotros.
  • Aceptación: Fase en la cual se asume la separación como inevitable.

Resulta conveniente tomarnos el tiempo que consideremos necesario para cerrar nuestro ciclo, sin embargo debemos poner todo nuestro esfuerzo en no alargar voluntariamente las etapas previas a la aceptación, ya que es allí donde experimentamos el mayor sufrimiento.

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Debemos ser capaces de rescatar de aquella relación que nos hizo sufrir, lo mejor y todo el resentimiento, pena, rabia, frustración, dejarla ir, perdonar lo que sea necesario y continuar con pasos firmes, dándonos una nueva oportunidad de ver las cosas con un sentido positivo, con la confianza en que todo mejora.

No nos molestemos con la vida, ni nos incomodemos, hasta que llegue el último día, no podremos saber con certeza si recibimos una estocada que solo nos hizo sufrir o un favor que nos cambió la vida para bien, que nos abrió el camino para horizontes nuevos, que nos hizo conocernos a nosotros mismos o bien eso que llaman “el amor de nuestras vidas”.

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Actuemos con confianza de que la vida siempre quiere lo mejor para nosotros, sin pensar que nuestro destino está escrito, ni mucho menos, vivamos agradecidos de cada momento, porque seguramente cada uno de ellos nos lleva a donde debemos estar.

El paso del tiempo y lo que transcurre en él es lo que nos permite estar frente a algo que nos hizo llorar y sencillamente sonreír.

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